La formulación y explicación vicepresidencial acerca del “centralismo democrático” como la razón principal para fundamentar el cuestionamiento gubernamental y consiguiente alejamiento de Rebeca Delgado de la Presidencia de la Cámara de diputados, ha provocado innumerables reacciones tanto acerca del origen de la práctica y la verdadera significación política, como de la pertinencia y justeza en su aplicación en el caso específico de la zarandeada diputada.

Al respecto, quisiera llamar la atención acerca de tres aspectos que no deberían pasar desapercibidos, en vista de que están íntimamente relacionados con el tipo de prácticas y acciones que una gran mayoría de bolivianos esperamos se realicen como resultado del proceso de cambio y transformación que, en este caso, están relacionados con el debate interno y la democracia, y el tipo de comportamiento que se debería esperar funcionarios públicos y militantes, en el manejo de los asuntos públicos.

En primer lugar, llama la atención el concepto y enfoque del “centralismo democrático” que el Vicepresidente Alvaro García utilizó, puesto que si bien puede ser asociado a las ideas que Lenin sostuvo antes y durante la revolución bolchevique, como instrumento para promover el debate más amplio y rescatar el aporte y pensamiento de todos los militantes revolucionarios; sin embargo, en los hechos ha sido asociado generalmente con la práctica estalinista de la época (y también de otros regímenes), para imponer su criterio y deshacerse de militantes y compañeros dentro de su partido, que dio como resultado el aislamiento y castigo, e inclusive la desaparición y muerte de muchos dirigentes y revolucionarios que formaron parte de la revolución rusa de 1917.

Adicionalmente, el concepto de “centralismo democrático” que fue utilizado por el Vicepresidente, está íntimamente asociado a la democracia burguesa representativa de mayorías y minorías que, se supone, el proceso de transformación y cambio ha superado, para incluir la democracia participativa y comunitaria, donde lo que se privilegia no es la supuesta “razón de la mayoría”, sino el debate, la propuesta y la búsqueda de consensos. Es decir, un centralismo democrático que no sirva para excluir, discriminar y sectarizar, sino más bien para abrir el debate, aportar ideas y construir consensos sobre la base de las mejores propuestas planteadas por el conjunto de miembros, organizaciones y sectores que componen, forman parte y construyen el cambio. El concepto de “centralismo democrático”, basado en las mayorías y minorías, es pues, a pesar de su enorme gravitación pasada como un aporte constructivo para enriquecer y profundizar los programas revolucionarios, una práctica que debería rescatar y asumir los avances en la propia democracia participativa y comunitaria que hoy buscamos construir ya no en aras del dominio de mayorías, sino en favor de los consensos y el rescate de las mejores propuestas.

Finalmente en tercer lugar, y habiéndose expresado aquella invitación para abandonar y dejar el proceso a todo aquel militante que no esté de acuerdo y comparta las reglas de juego del partido, debe mencionarse que este concepto de “centralismo democrático”, evidentemente es más acorde con aquel principio de “subordinación y constancia” de los cuarteles (pero principalmente de regímenes y sistemas autoritarios, excluyentes y sectarios), donde “las órdenes se cumplen y no se discuten”, con lo cual no sólo se burla el más elemental y básico principio de ejercicio democrático, sino que se da paso ya no, ni siquiera a determinado tipo de dogmas o “verdades” que se tiene la obligación de asumir como absolutas e incuestionables; sino a la imposición de órdenes que anulan toda posibilidad de aporte, discusión y análisis.

Aunque las consecuencias acerca de dicho discernimiento vicepresidencial (que siguieron a la molestia expresada públicamente por el Presidente Evo Morales respecto del rol de Rebeca Delgado en la Presidencia de diputados), han sido muy elocuentes acerca del tipo de centralismo democrático que se ejercitó en este caso; valga el mismo para aprender y, en su caso, corregir prácticas que hacen a la esencia del militante revolucionario, aludido por el propio Vicepresidente. En otras palabras, que centralismo democrático sí, pero no así.

* Sociólogo boliviano, Cochabamba.