Bolivia está de fiesta, el acullico ha ganado, lo dicen los gobernantes y sus escuderos, luego que la ONU informó que Bolivia “reaccederá a la Convención Única de la ONU sobre Estupefacientes (Convención de Viena de 1961) con una excepción que permitirá el masticado de coca”. (Página 7; 10/I/13). La multitudinaria concentración en el viaducto de Cochabamba, mayoritariamente cocalera, festejó con Evo y Álvaro esta “victoria”. Para Evo “llegó el triunfo para que el mundo reconozca que la hoja de coca… es parte de nuestra vida y cultura“.

Pero en su discurso, el presidente Morales, “interpretando” la resolución, fue más allá y dijo: “Hermanos y hermanas, quiero que sepan, que la hoja de coca ya no está vista por la legislación internacional como cocaína, la hoja de coca nunca más será como estupefaciente,… No solo hemos legalizado el masticado, sino también el cultivo de coca en Bolivia. Este es el triunfo de esta hoja de coca en todo el mundo[1]. En la misma línea, Roberto Conaire (CSUTCB) señaló que “hablar de la defensa del acullicu y de la hoja coca es defender nuestra dignidad, nuestra soberanía”; por su parte Juanita Ansieta, dirigenta de las “Bartolinas” agradeció a los países que apoyaron y “comprendieron que la coca no es cocaína[2].

La referencia al masticado y no a la hoja, tuvo que ser el representante de la ONU en Bolivia quien corrija al presidente, señalando que “…lo que se logró es despenalizar el masticado de la hoja de coca en el territorio del Estado Plurinacional de Bolivia, dentro de sus fronteras, que en la práctica estaba vigente siempre, pero dentro de la legislación internacional estaba vetado”. De esta manera la puesta en escena presidencial quedó como una más de las “verdades” que el líder construye para legitimarse frente a la masa.

Pero, no es solo de lo dicho que se alimenta el Poder, sino también de lo no dicho, de aquellos aspectos fundamentales del mundo real que afectan la vida de acullicadores, la naturaleza y en general de los y las bolivianas, pero que la razón de estado cocalera calla. En lo que sigue señalaré tres de estos aspectos.

¿Victoria?

Para destacar la magnitud de lo alcanzado en Viena, en la alocución a sus seguidores el día 14 de enero, el presidente Morales afirmaba que “por primera vez después de la fundación del Estado colonial en 1825 el pueblo boliviano mediante el Estado Plurinacional gana en todo el mundo para hacer modificar convenios internacionales[3]. En el mismo sentido, Pablo Solón, intelectual orgánico del “proceso de cambio” decía que “Acorde con el artículo 49 de la Convención de Estupefacientes de 1961 después de 25 años de su entrada en vigor ningún país puede permitir el masticado de la hoja de coca… con excepción ahora del Estado Plurinacional de Bolivia.” En ambos casos se hace referencia al convenio de 1961, pero no al de 1988, año también de aprobación de la ley 1008.

La Convención de Viena, de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas, en 1988, reconocía ya el consumo tradicional: “cada una de las Partes adoptará medidas adecuadas para evitar el cultivo ilícito de las plantas que contengan estupefacientes o sustancias sicotrópicas, tales como…los arbustos de coca…. Las medidas que se adopten deberán respetar los derechos humanos fundamentales y tendrán debidamente en cuenta los usos tradicionales lícitos, donde al respecto exista la evidencia histórica, así como la protección del medio ambiente.” (Artículo 14.2)[4].

La resolución de enero de este año solo ha ratificado la de 1988, reconocer “los usos tradicionales lícitos”, por tanto lo obtenido en Viena es parte de una historia más compleja y menos heroica. En todo caso, la novedad de la nueva resolución es que se la realiza en el contexto de 28000 has cultivadas actualmente, según reportes oficiales, cuando el 88’ la Ley 1008 establecía solo 12000 Has.

¿Qué pasa si el consumo interno es menor?

Uno de los argumentos de los liderazgos cocaleros para justificar el incremento ha sido de las superficies cultivadas ha sido el crecimiento poblacional. ¿Pero será así? Estos días, el Gobierno ha anunciado que para mediados del presente año se hará conocer los resultados del estudio, financiado por la Unión Europea, de la demanda tradicional de la coca en Bolivia, documento base para la elaboración de la futura ley de régimen de la hoja milenaria. Desconocemos los resultados del estudio, pero existen evidencias que podrían sugerir más bien una reducción en el consumo.

Con o sin resolución de Viena, el acullico se lo ha seguido practicando, sin pedir permiso a nadie, sin temor de ser castigado, pero hay otros factores que están influyendo en esta reducción, una de ellas la rápida urbanización del país, que reduce el número de acullicadores. Actualmente asistimos a un abandono masivo del campo a la ciudad, un golpe de tuerca más a la descampesinización que la revolución del 52 había iniciado. Regiones enteras del norte de Potosí, Arque, Tapacarí, Bolívar, Independencia, Mizque, solo para mencionar algunas, están yéndose a vivir a centros urbanos o por lo menos fuera de su hábitat original, donde se “pijchea” menos, sea por su alto costo o por estar racialmente estigmatizada; de hecho, los nuevos migrantes jóvenes provenientes de estos territorios tienden a dejar de acullicar en la ciudad. Y si se lo hace, es en menor intensidad, por tanto menor cantidad que en sus lugares de origen, como se sabe fuertemente vinculados a la vida laboral, cotidiana y ritual.

Si hay menos pijcheadores, se requieren menos superficie cultivada, algunos dicen menor a la señalada por la ley 1008. Pero no es solo la cantidad de coca, es también la calidad de esta, la que está detrás del debate del acullico.

La coca de consumo interno es fumigada

Si afirmara que la coca acullicada por los presentes en la concentración del 14 de enero, incluido los jerarcas gubernamentales, era chapareña, por tanto contaminada con productos agroquímicos, lo creerían? Todo apunta a que fue así.

Cuál es la diferencia entre la coca que acullicaban nuestros abuelos y abuelas y la que consumimos hoy? Pues que era una coca saludable porque no era fumigada. Este es un hecho que el gobierno y las organizaciones sociales cocaleras no están interesados en hablar; estamos asistiendo a un problema de contaminación humana masiva por masticar hoja de coca que para su producción se han utilizado productos agroquímicos sintéticos (abonos, pesticidas, fungicidas, herbicidas) que afectan a la salud humana y de la naturaleza, en el corto y largo plazo, cuyos alcance y magnitud desconocemos dada la casi nula información al respecto.

Esta realidad es aplicable tanto a la coca chapareña como la yungueña, considerada la mejor para el acullico. En la ciudad de Cochabamba, por ejemplo, todos los puestos de venta son de coca fumigada. Existen evidencias que más del 90% de la coca consumida en el país es fumigada, y sobre el cual se desconocen acciones del gobierno defensor de la llamada “hoja sagrada”.

Solo un ejemplo de lo afirmado. El GRAMOXONE actualmente es utilizado masivamente para deshierbar los cocales. Originalmente conocido como Paraquat, usado en EEUU, fue prohibido en Europa por la OMS el 2007 por su peligrosidad en seres humanos. El Gramoxone es nocivo en contacto con la piel, absolutamente tóxico por ingestión, siendo causa mayor de envenenamientos mortales; es muy tóxico por inhalación, irrita las vías respiratorias y la piel; existe el riesgo de lesiones oculares graves, así como la posibilidad de sensibilización en contacto con la piel. La exposición a GRAMOXONE/Paraquat por ingestión, inhalación o por vía cutánea puede provocar a largo plazo insuficiencia renal, hepática y cardiaca, así como cicatrices en los pulmones y estrechez esofágica. No existe antídoto para el herbicida.

Para decirlo en lenguaje de economistas, la producción cocalera internaliza los beneficios económicos de vender una coca no saludable, pero no asume los costos que supone protegerse, mitigar, curar los efectos provocados por el uso indiscriminado de estos productos, menos la contaminación de suelos y aguas en estos ecosistemas. Más aún, desconocemos los alcances de los impactos sobre la salud humana y de la naturaleza, provocados por el uso indiscriminado de estos agroquímicos, por tanto, aplicando principios precautorios, esta producción debiera suspenderse mientras no se cuente con información suficiente.

El Chapare es una de las bioregiones más contaminadas y contaminantes por los agroquímicos vinculados con la coca (y otros productos agrícolas), y es la región más protegida por las políticas de gobierno. El Parque Nacional Carrasco es un ejemplo trágico de ello. En todo el gobierno de Evo Morales no se han tomado medidas por detener la expansión cocalera en la zona chapareña del área protegida, mucho menos erradicar un cato de coca, pero Vandiola, reconocida como zona tradicional según la ley 1008, (art. 9) y una de las pocas bioregiones donde aun se produce coca orgánica, lugar por excelencia de cocales antiguos (las “mama cocas”), ha sufrido la sistemática represión violenta, con muerto incluido (el año 2006), y la erradicación forzosa de estos cocales.

La demanda de una coca saludable, producida orgánicamente, según principios agroecológicos debe ser parte de una discusión pública entre productores y consumidores; ¿que hará el gobierno? ¿Intervendrá en el asunto para regular el uso de agroquímicos? ¿Será capaz por ejemplo de establecer que cato de coca no producido orgánicamente, su producto no será comercializado y será sometido a la erradicación? Coca para el acullico sí, pero orgánica.

Notas:

[1] http://www.erbol.com.bo/noticia/seguridad/14012013/evo_la_coca_ya_no_sera_vista_como_estupefaciente_onu_dice_lo_contrario

[2] http://www.paginasiete.bo/Generales/Imprimir.aspx?id=312430

[3] http://www3.abi.bo/#

[4] http://www.unodc.org/pdf/convention_1988_es.pdf; 24 pp.

* Investigador CESU – UMSS.