Las contradicciones internas en el entorno palaciego y el brutal choque entre los pachamámicos fundamentalistas y los “neoliberales” tecnócratas echaron por la borda la absurda y reaccionaria teoría de la “reciprocidad” y “complementariedad” entre formas de propiedad y de producción opuestas. El centralismo democrático en boca de García Linera es una gran impostura para acallar a los “libre pensantes” e imponer al interior del MAS una tendencia fascista y reaccionaria en extremo.

Hace poco el entorno palaciego de Evo Morales organizó un acto protocolar en Palacio con la presencia del cuerpo diplomático, parlamentarios oficialistas, miembros del Ejecutivo y familiares para celebrar el 53 aniversario del Presidente. En la ocasión, el Canciller Choquehuanca le leyó al agasajado una oración de Gandhi haciendo alusión directa a la soberbia del Presidente, a su enfermizo autoritarismo, a su tendencia a manipular el poder para castigar a todos aquellos que se atreven a pensar de manera autónoma.

Después de leer la lapidaria oración, Choquehuanca propuso un brindis en homenaje al “hermano Evo” y, cuando tomaba asiento en el lugar asignado según su investidura, Evo le seguía con una mirada que denotaba bronca indisimulada, señal clara de que pronto habrá una especie de purga estaliniana en el gobierno masista. Este hecho, más allá de lo puramente anecdótico, tiene un contenido político. Está revelando –como muchos que conocen el entorno palaciego ya lo han dicho– profundas contradicciones políticas entre los pachamámicos fundamentalistas encabezados por Choquehuanca y el equipo de los tecnócratas “ex neoliberales” y oportunistas de última hora al mando de García Linera.

Se dice que el Canciller se habría cobrado la revancha por la derrota que sufrió en el conflicto del TIPNIS, donde el gobierno acentúa sus perfiles abiertamente pro imperialistas y “desarrollistas”, como dirían los ecologistas. El fundamento teórico posmoderno del gobierno masista se hace astillas al chocar con la realidad concreta y contradictoria que se conduce conforme a las leyes de la dialéctica, cuya esencia es la lucha de contrarios como motor del movimiento y de la transformación.

Las contradicciones estructurales entre el pre capitalismo encarnado en la propiedad comunitaria de la tierra y la tradición, y el capitalismo asentado en la propiedad privada y que toma como paradigma el “desarrollo”, chocan brutamente en el seno mismo del gobierno masista, echando por la borda la absurda y reaccionaria teoría de la “reciprocidad” y “complementariedad” entre formas de propiedad y de producción distintas y hasta opuestas. (1)

¿Cuál de las dos tendencias en pugna al interior del gobierno se impondrá? No cabe duda que Choquehuanca tiene las de perder debido a la acentuada derechización del gobierno, que abiertamente potencia la propiedad privada grande y pequeña socialmente expresada por los latifundistas, interculturales y cocaleros en el Oriente y los mineros grandes, medianos, pequeños y cooperativistas en el Occidente, en perjuicio de los indígenas originarios y de los mineros dependientes de la minería estatizada.

Tarde o temprano Choquehuanca será echado del gobierno cuando a Evo ya no le interese guardar un equilibrio entre estas dos corrientes palaciegas para dar la impresión de una falsa armonía en la que se funda la llamada “economía plural”.

Se acentúan las pugnas internas en el MAS

El hombre y sus organizaciones sociales, políticas, culturales, etc., viven y se desarrollan en el marco de la lucha de clases, y de manera instintiva o consciente (política) reciben la presión de los contendientes polarmente opuestos de la sociedad (ahora burguesía Vs. proletariado). Algunas veces la presión de la clase dominante y de su Estado logran arrastrar detrás de sí a los explotados y otras veces las grandes movilizaciones de las masas logran desgajar la unidad del Estado burgués y de sus instituciones, entre ellas de la policía y ejército, encargadas de garantizar la seguridad del orden social imperante y de los intereses materiales de la clase dominante.

Es en este contexto que debemos tratar de entender la disputa entre la presidenta de la Cámara de Diputados Rebeca Delgado y el ministro de Gobierno Carlos Romero en torno al proyecto ley de extinción de bienes en favor del Estado, elaborado por éste último. Se han rebelado contra dicha norma capas mayoritarias de pequeños propietarios del país que, de alguna manera, se rozan con el contrabando, y por otra parte un importante sector del pequeño comercio impulsado por el circulante que inyecta el narcotráfico.

Estas inmensas mayorías se sienten en total indefensión, y son conscientes de que –en cualquier momento– pueden perder sus pequeños bienes que con tanto trabajo y sacrificios han logrado adquirir. No se trata de que posturas maniqueas (de si es bueno o malo el dinero que generan los narcotraficantes) definan el comportamiento del comercio; éste se desarrolla en función a sus propias leyes (demanda y oferta), no importa con qué dinero.

En esta disputa, Delgado expresa la presión de las masas y Romero el interés del Estado, que desesperadamente busca mecanismos que le permitan capturar recursos para defenderse de los efectos de la crisis internacional que se hace sentir cada vez con mayor fuerza, y que se reflejará en una caída en las exportaciones de minerales e hidrocarburos.

La controversia ha llegado a niveles insospechados y ha sorprendido a la opinión pública. La actitud torpe y grosera de Romero, probablemente porque no tiene suficientes argumentos para defender su proyecto de ley, le ha dado ventaja a Delgado, quien aparece como la víctima del troglodita. Las instituciones feministas han hecho un festín con las bravuconadas del Ministro.

El duro debate público entre la diputada y el ministro ha fisurado al bloque oficialista porque muchos parlamentarios masistas se han alineado detrás de Delgado. Para impedir mayores contradicciones, Evo Morales se ha visto obligado a postergar la aprobación del proyecto de ley poniéndolo a consideración del Tribunal Constitucional para que éste defina si es constitucional o no.

Por otra parte, han surgido cuestionamientos a las investigaciones que realiza la Fiscalía en torno a la banda de extorsionadores descubierta en el vientre de la administración del Estado. Según el parecer de amplios sectores oficialistas, la pesquisa se limita a elementos de segundo orden sin llegar a los verdaderos responsables del grupo delincuencial, insinuando que las cabezas de los ministerios involucrados están implicadas en el asunto.

El escándalo de corrupción también ha causado graves disensiones entre parlamentarios y ministros oficialistas. Muchos sectores sociales controlados por el MAS han planteado la necesidad de echar del gabinete a Romero, Suxo, Quintana y a otros. La situación se ha tornado incontrolable, al punto de que Evo Morales ha asumido franca defensa de sus ministros cuestionados, calificándolos como los mejores de Gabinete, postura que ha provocado mayor malestar y repudio a la corrupción generalizada en el oficialismo. (2)

La suerte de Delgado ya está echada porque el Presidente ha hecho público su malestar por la conducta de la parlamentaria y se da por hecho que será separada de la presidencia de la Cámara de Diputados. Morales y García Linera desautorizaron públicamente a la diputada, el primero la ha acusado de “infiltrada de la derecha” y el segundo, como siempre, ha tratado de justificar con imposturas “teóricas” la actitud del MAS en sentido de callar la boca de una parlamentaria que intenta pensar con cabeza propia.

El MAS y el “centralismo democrático”

Según García Linera, el MAS es un “partido” donde se conjuncionan armónicamente la manera cómo se conducen las organizaciones sociales (democracia directa y de consensos) y la forma cómo funcionan los partidos (el centralismo democrático), y donde no caben los “libre pensantes”. Repite mecánicamente que la forma de funcionamiento de las organizaciones políticas es la amplia discusión interna, que las minorías pueden discrepar al interior del partido para luego someterse a la posición de la mayoría y adoptar una sola línea hacia afuera, etc., etc.

La oposición de derecha y los “analistas políticos” dicen que ahí está la confirmación de la tendencia autoritaria del gobierno, que liquida la democracia no sólo en el MAS sino en todo el Estado plurinacional; que la voluntad del caudillo o del “jefe” sustituye a la democracia, etc. Sin embargo, ninguno analiza el verdadero fondo del problema: ¿Cualquier partido funciona en conformidad al centralismo democrático? ¿Puede llamarse partido al MAS? ¿Qué es un partido político?

Las agrupaciones políticas como el MAS, el MNR, el MIR o ADN parten del principio de que es condenable el método de la violencia en la transformación de la sociedad o en los cambios de gobierno, y se adscriben a los procesos democráticos, al parlamentarismo; el MAS plantea la “revolución democrático cultural” como base de su estructura ideológica. Estas organizaciones legalistas (no todos son partidos porque carecen de un programa, como es el caso del MAS), tienen la necesidad de organizarse en grandes bolsones electorales y sin fronteras políticas porque del voto depende su porvenir.

En este tipo de organizaciones no cabe el centralismo democrático y, por el contrario, es la voluntad del caudillo o del aparato dirigente la que define el rumbo a seguir, según sus conveniencias coyunturales. El centralismo democrático es una forma de organización exclusiva de los partidos bolcheviques, cuya finalidad programática es subvertir el orden social burgués. Esta forma de organización fue planteada por Lenin en la construcción del partido revolucionario, que necesariamente es una minoría con referencia a la gran masa de los explotados y a sus capas de vanguardia, integrado por militantes profesionales que dedican toda su vida a la actividad revolucionaria, es decir a difundir el programa y organizar a los explotados para consumar la revolución social.

Los bolcheviques consideran que la única manera de acabar con el orden social capitalista es la vía insurreccional; y una organización política para cumplir esta finalidad debe combinar una doble vida: la clandestina, la más importante, y la legal subordinada a la actividad clandestina, que consiste en usar los métodos democráticos y parlamentarios, pero siempre con la finalidad de convertir el parlamento en tribuna revolucionaria para organizar desde allí a las masas explotadas.

Nos preguntamos, ¿el MAS es un partido conspirativo que busca acabar con el régimen de la gran propiedad privada? No. Es una organización política sin programa y, por tanto, sin rumbo fijo que apuesta a la “revolución democrático cultural” para consolidar la propiedad privada, el orden social burgués y perpetuarse en el poder. Es un gran bolsón de eventuales electores que, en cualquier momento, dejarán de identificarse con los gobernantes y votarán contra ellos.

En este marco, el centralismo democrático en boca de García Linera es para acallar a los “libre pensantes”; es una gran impostura que pretende encubrir la imposición de una corriente autoritaria al interior del MAS. Así, el MAS lleva en sus entrañas una tendencia fascista y reaccionaria en extremo que trata de imponer la voluntad de los “pensantes” a la amplia masa gris que está obligada a obedecer. (3)

El destino de los movimientos políticos sin programa

Como consecuencia del agotamiento político de la clase dominante –incapaz de expresar programáticamente sus intereses materiales e ideológicos– y de la ausencia o debilidad del Partido revolucionario del proletariado, surgen como hongos en América movimientos políticos sin programa como el Bolivariano en Venezuela, el correísmo en Ecuador, el MAS en Bolivia, etc.

Estos movimientos políticos generalmente se organizan en torno a un caudillo y a un conjunto de postulados políticos muy generales y ambiguos porque no logran expresar con claridad los intereses de las clases que interactúan en la sociedad. Aparecen como la expresión de las capas radicalizadas de la clase media urbana y del campo, como ocurrió en el pasado con el foquismo que –en todas partes– terminó capitulando ante el democratismo burgués.

Por las características señaladas, estos movimientos oscilan –según la situación política imperante– entre las clases polarmente opuestas del sistema social capitalista; se presentan como movimientos populares enarbolando las necesidades de los oprimidos como consignas políticas, pero terminan defendiendo la propiedad privada y conteniendo el avance amenazante de la política revolucionaria, amparados en el regazo del imperialismo.

Se trata de movimientos políticos que tienen una existencia efímera porque empiezan y terminan con la vigencia del caudillo que aglutina en torno suyo al movimiento, en medio de interminables luchas intestinas de los segundones que reclaman su derecho a ser los sucesores políticos del líder desaparecido.

En Venezuela, frente a la inminente desaparición física de Hugo Chávez, parece sellada la suerte del Movimiento Bolivariano. Se puede anticipar que surgirán muchos personajes de diversas tendencias para suceder al caudillo, reclamando su derecho a conducir el movimiento y controlar el Estado. Estando ausente el caudillo aglutinante y la argamasa programática, inevitablemente se manifestarán las tendencias más dispares que hasta ahora han tenido una existencia larvaria.

El programa político es la argamasa que da cohesión a las organizaciones políticas y su duración es históricamente más larga mientras sus postulados se confirman o no en la realidad. Esto ha ocurrido, por ejemplo, con el MNR en Bolivia, cuyo programa muestra su inviabilidad para sacar al país del atraso y la miseria en más de dos décadas de las luchas sociales, y como cadáver político sigue manifestando sus estertores medio siglo después.

La elaboración programática no se da de la noche a la mañana sino que es el resultado de un largo proceso de gestación donde las agrupaciones políticas inevitablemente sufren escisiones y reagrupaciones por la presión de las poderosas tendencias de la lucha de clases. El programa revolucionario es resultado del conocimiento científico de la naturaleza estructural del país, de sus manifestaciones sociales, de las limitaciones y posibilidades de cada una de ellas y del planteamiento de objetivos estratégicos orientados a la transformación radical de la sociedad.

En Bolivia solo el POR ha elaborado un programa de esta naturaleza, usando el marxismo como método de interpretación de la realidad. Ese programa se confirma todos los días en el desarrollo del proceso social del país, y por eso el trotskismo sigue vigente a pesar de su debilidad orgánica.

Notas:

1. Los avasallamientos indígenas a los centros mineros en manos de transnacionales expresan el choque de la primitiva propiedad comunitaria con la gran propiedad privada de los medios de producción; en esta medida, son acciones progresistas e instintivamente anticapitalistas. Es visible el cambio que se ha operado en el gobierno frente al problema. Inicialmente, cuando desarrolló una desbordante verborrea antiimperialista y anticapitalista, adoptó una actitud permisiva de las acciones directas de los indígenas; esta postura le valió ser acusado en el plano internacional como un gobierno que no ofrecía las suficientes garantías para la inversión extranjera. Ahora el MAS es un furioso defensor de la propiedad privada y de los intereses de los inversionistas. Pretende maquillar su imagen internacional, borrando para siempre el estigma de socialista y hasta comunista que había forjado al principio. Ahora el régimen está preocupado en lograr los halagos y certificaciones de las organizaciones internacionales para mostrar al mundo que Bolivia tiene estabilidad económica y garantiza los intereses de los “socios” que invierten en el país.

2. Causaron hilaridad las declaraciones de la Ministra de Justicia y del “politólogo” a sueldo del gobierno Hugo Moldis en torno al escándalo de corrupción. La primera ha dicho que será lo último que ocurra porque nunca más se repetirá un caso de corrupción en el seno del gobierno. Para adornar esta curiosa declaración, ha señalado que esa es la voluntad del “hermano Evo”, y las leyes que se han promulgado y muchas otras que está en estudio, tendrán la virtud de extirpar de cuajo toda manifestación de corrupción en el Estado plurinacional. El “politólogo” de marras, mucho menos imaginativo que la Ministra, ha dicho que el fenómeno de la corrupción viene desde hace mucho tiempo atrás, pero la gran variante es que el actual gobierno lo denuncia y combate, mientras que los anteriores neoliberales y oligárquicos lo toleraban y practicaban. Para el ciudadano común, el gobierno en todos sus niveles está nadando en el charco de la corrupción. Todos los días aparecen nuevos ricos vinculados al MAS y los dirigentes cocaleros se compran hoteles lujosos en el Chapare y ostentan vehículos caros.

3. Todo acto de rebelión de los pueblos o los individuos contra los opresores encierra un profundo contenido de dignidad. Se trata del grito irreverente y la acción transformadora del oprimido contra los dueños del poder orientada a acabar con el orden injusto constituido para imponer, por la acción creadora de las masas, un nuevo régimen de libertad. La historia de la humanidad está llena de los actos de rebelión que acaban en la victoria o la derrota y donde los actores terminan como héroes sublimizados por los oprimidos y convertidos a condición de villanos por los opresores. Los explotados del agro en el continente y el país se han rebelado una y otra vez contra el opresor foráneo o contra la autoridad local, en los momentos de victoria han cobrado venganza cruel contra los que los escarnecieron por siglos y en los momentos de derrota tuvieron el valor de entregar la vida. Los Katari, los Amaru, los Willca y tantos otros que no tuvieron el privilegio de ser identificados por la historia, supieron pagar con dignidad el precio de la rebelión. ¿Qué tiene que ver esta rica historia de rebeliones con la actitud del magistrado Cusi que denunció cómo el flamante “Tribunal Constitucional Plurinacional” se ha convertido en un servil instrumento del gobierno de turno? Nada. Cuando todos esperaban que el denunciante actuara con dignidad, se mostró como un cobarde vilmente humillado por el poder. Ni siquiera redactó la declaración leída a su nombre en una sonada conferencia de prensa, fueron los otros doctores quienes escribieron la vil nota de retractación; hasta le privaron del derecho de hablar con la prensa y organizaron la retirada muda de la pandilla en cuyas manos está el decidir si las leyes que se producen en este país son coherentes o no con la constitución política burguesa. Cusi, traicionando a los héroes de su clase, puso en primer plano sus intereses personales, el conservar el estatus de “magistrado” y gozar de un sueldo privilegiado, agachando la cabeza y permaneciendo en un tribunal que él mismo denunció como servil de los amos de turno.

* Secretario Ejecutivo de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba y dirigente del POR.