La Habana.- La política está presente en las principales tendencias del cine actual, en ocasiones como una simple corriente o moda, en otras como resultado de una necesidad más profunda. Es decir, hay películas con un tema claro y abiertamente político. Hay otras que de manera más sutil tienen una evidente vocación política. Y no faltan las que, determinado por una preocupación ideológica, se proponen cuestionar, impugnar y atacar las estructuras y valores vigentes de la sociedad.

En otras palabras, el llamado cine político no se limita a un tipo de filmes que tratan de manera explícita un tema político. Están también las obras cuyo significado político no está claro hasta el momento de la reflexión y análisis. La relación del cine y la política es a través del espectador. Entendiendo al cine como una técnica especial de información que condiciona las ideas del individuo y a partir de ahí genera nuevos esquemas interpretativos de la realidad.

Técnica de información que, por supuesto, es muy distinta a la verbal y escrita debido a su increíble potencialidad y eficacia mediante la velocidad de sus efectos. La información visual impacta de una manera más intensa y profunda. Dirigida al sistema neurovegetativo es de consecuencias inmediatas. No existe, como en la verbal y escrita, una mediatización en sus respuestas por no haber un proceso de racionalización que tamice el impacto de la imagen.

El italiano Elio Petri, un cineasta “comprometido” en el mejor sentido de la palabra, decía que toda sociedad tiene el cine que se merece. Así, por ejemplo, subrayaba que los italianos estaban más politizados que los franceses, y que si alguna película suya era prohibida en Italia, de inmediato se armaba un gran escándalo y el veto no duraba una semana. Pero que, en cambio, en Francia, se hacía un cine más burgués, y que cuando los cineastas galos intentaban hacer críticas profundas se encontraban aislados y eran presa fácil del sistema.

En la inmensa mayoría de los filmes que circulaban por el mundo se puede apreciar que los hábitos, la moral, los sentimientos, la forma de presentar los problemas son los de la burguesía. Pero el papel de la ideología es hacerlos pasar por naturales y universales. De esta manera, el hombre de a pie, el hombre de la calle, el obrero “comparte” durante hora y media, al menos, los problemas, las esperanzas, las emociones de un personaje que sería en la vida real un enemigo de clase. Acepta esta visión del mundo sin percatarse que para él es imaginaria. Que no corresponde a su situación real de explotado en la sociedad de clases.

Nada puede ser más natural que contar la historia de un personaje protagónico con sus problemas y sentimientos. Pero se nota de inmediato el interés que tiene la clase dominante en que las cuestiones se planteen como problemas individuales, alejadas de toda realidad social e histórica.

Por otra parte, es erróneo pensar que estos filmes están realizados por el sistema solo para difundir su concepción del mundo entre la única clase a dominar. Este cine está también destinado a la burguesía misma (sobre todo a las capas pequeño-burguesas), que necesitan este espejo para reconocerse en él con sumo placer.

Para coger confianza en la universalidad de sus valores. O para creer que los mismos están al abrigo de los cambios históricos. Es decir, ver al orden social actual como un orden natural, eterno. Y su posición en este orden como una posición a desear y no a derribar.

Finalmente, una opinión del propio Elio Petri sobre la naturaleza del cine político: “El cine es un instrumento que puede ser muy útil, pero no se hace la revolución con él. Una sola película no puede siquiera hacer evolucionar la opinión. Muchas películas pueden cambiar una mentalidad. Una película política es una acción entre muchas otras, de todo género, que pueden conducir a una toma de conciencia colectiva”.

* Colaborador de Prensa Latina.