Londres, Roma, Washington y Naciones Unidas (PL y Bolpress).- Cada año terminan en la basura alrededor de dos mil millones de toneladas de alimentos, equivalentes a casi el 50% de la producción mundial. Este despilfarro se debe a múltiples factores, entre ellos las estrictas fechas de caducidad, las manías de los consumidores y las ofertas comerciales que obligan a comprar y comer más de lo necesario, revela el estudio Global Food, Waste Not, Want Not (Comida Mundial, no tires, no quieras).

La humanidad pierde y desecha cada año alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo humano, lo que equivale a casi un tercio de la producción mundial, estima el director general de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) José Graciano da Silva.

Los consumidores de los países desarrollados desperdician anualmente 222 millones de toneladas de alimentos en buen estado, sobre todo frutas y vegetales, un volumen similar a la producción alimentaria de toda África subsahariana (estimada en 230 millones de toneladas), revela la FAO en una investigación titulada Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo. Dicho estudio precisa que el desecho de alimentos anual per cápita en Europa, Estados Unidos y Canadá oscila entre 95 y 115 kilogramos, mientras que en África subsahariana y Asia del sur no llega ni a 11 kilos.

Luego de analizar todos los tipos de residuos generados en toda la cadena alimentaria (desde la producción hasta que los alimentos llegan a la mesa), el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC en inglés) calculó que solo en Estados Unidos se echan a la basura 165 mil millones de dólares en comida, lo que equivale al 40% de la producción anual. El 20% de esas pérdidas ocurre durante la cosecha y selección de productos, otro 40% en el transporte, el comercio y el procesamiento, y casi 40% cuando el alimento llega a manos del consumidor.

El NRDC estima que los supermercados de Washington pierden cada año alrededor de 15 mil millones de dólares en frutas y verduras que no se venden. En general, una familia norteamericana promedio de cuatro miembros desperdicia hasta 2.275 dólares en comida cada año y tira aproximadamente el 25% de los alimentos y bebidas que compra, precisó el estudio de la organización conocida también como “Onda Verde”.

Por su parte, la agrupación de Ingenieros Mecánicos del Reino Unido denunció en su informe Global Food, Waste Not, Want Not que entre 30 y 50% de los cuatro mil millones de toneladas de alimentos producidas cada año en el orbe nunca llegan a utilizarse. Solo en el Reino Unido hasta 30% de los cultivos de hortalizas no se cosecha porque su apariencia no cumple los criterios exigidos por los consumidores; en tanto que la mitad de la comida comprada en Europa y Estados Unidos termina en los botes de basura.

El director de Energía y Medio Ambiente de Ingenieros Mecánicos del Reino Unido Tim Fox llamó la atención sobre el despilfarro innecesario de tierra, agua y recursos energéticos que se utilizan para la producción, el procesamiento y la distribución de esos alimentos. Por ejemplo, anualmente se emplean unos 550 mil millones de metros cúbicos de agua para cultivar alimentos que nunca llegan a la mesa del consumidor.

La FAO aseguró que una reducción del 50% de los 1.300 millones de toneladas de alimentos desperdiciados (suficientes para nutrir a 500 millones de personas más sin ejercer presión adicional sobre los recursos naturales) ahorraría unos 1.350 kilómetros cúbicos de agua cada año.

Las causas del despilfarro

En criterio de la FAO, el NRDC y los Ingenieros Mecánicos ingleses, es inaceptable desperdiciar tanta comida cuando 900 millones de personas, uno de cada siete habitantes en el mundo, muere de hambre o sufre desnutrición crónica en un planeta en el que se produce el doble de los alimentos que se necesitan.

Los especialistas coinciden en que una de las razones principales de semejante desperdicio es la tendencia al consumo excesivo en los países de ingresos altos y medios. Debido a que la comida representa una parte muy pequeña de los presupuestos de las familias, éstas no son conscientes de la cantidad de alimentos que desechan.

Los consumidores estadounidenses, como en tantos otros países industrializados, están muy desligados de la cadena alimenticia y los volúmenes de recursos que en ella se invierten, por lo que es escasa la conciencia individual y colectiva sobre el tema. Cuando botan a la basura no piensan en la cantidad de agua, ni el abono, ni la tierra fértil que se invirtió en la producción, afirman los Ingenieros Mecánicos del Reino Unido.

Empeoran el problema las técnicas de producción agrícola, los sistemas de transporte y de almacenamiento, y las estrategias comerciales de los supermercados. El NRDC atribuye gran parte de las pérdidas de alimentos al exceso de existencias de productos “perfectos” que exhiben los supermercados para impresionar a los clientes y las “ofertas 2 por 1” que animan al consumidor a comprar más de lo necesario. También influyen los platillos súper abundantes que comercializan los restaurantes.

Según Caludio Bereta, científico adjunto de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, Suiza, el origen del problema está en la distribución absolutamente desigual del poder adquisitivo. Datos de la FAO revelan que mientras 1.500 millones de seres tienen sobrepeso, no menos de 868 millones padecen subnutrición, contraste que ilustra la desigual distribución de alimentos, ingresos y oportunidades.

Ahorrar y reciclar

En Gran Bretaña se botan cada año a la basura más de ocho toneladas de comida buena porque las personas creen que el producto está vencido. Por ello, científicos británicos crearon un nuevo tipo de plástico que cambia de color cuándo un alimento está en mal estado. Este procedimiento resulta mucho más barato que otros consistentes en emplear etiquetas, lo cual evitará que sean arrojados a la basura alimentos que aún son aptos para el consumo, aseguraron los investigadores de la Universidad de Strathclyde.

En la misma línea, científicos de Uruguay experimentan con nuevas técnicas de irradiación de cítricos, verduras y raíces para que sean menos perecederos. “Las prácticas de irradiación se han utilizado para cambiar el color de ágatas; eliminar patógenos causantes de enfermedades en los humanos, y esterilizar productos médicos”, ilustró el director de la Autoridad Reguladora Nacional de Radioprotección del Ministerio de Industria, Energía y Minería Walter Cabral.

El Laboratorio Tecnológico uruguayo (LATU) dispone de un equipo de fuente cobalto 60, el cual desarrolla las primeras experiencias y constituye una unidad piloto para posibles plantas industriales. Esta técnica en las dosis debidas no compromete la salud humana, “lo fundamental cuando hablamos de alimentos es que se puedan comer y no pierdan sus características naturales, como el gusto y el sabor”, aseguró Cabral.

Por otro lado, despierta gran interés la producción de biogás en base a la fermentación de materia orgánica gracias a la acción de un grupo de microorganismos. Para fomentar su aplicación en América Latina y el Caribe, la FAO lanzó hace poco en Chile El Manual del Biogás, conjuntamente con el Ministerio de Energía de Chile y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El biogás es una mezcla compuesta principalmente por metano y dióxido de carbono y tiene importancia fundamental para el manejo adecuado de residuos agropecuarios, encontrar vías de descontaminación y generar energía renovable a partir de desechos animales y vegetales.

El biogás es utilizable en la generación de electricidad, calefacción y para la cocina, entre otros fines. Según la FAO, el uso de fuentes de energía no convencionales contribuye a tres necesidades básicas: mejorar las condiciones sanitarias mediante el control de los desechos orgánicos; generar energías renovables; y suministrar bio-fertilizante para los cultivos.

En China, científicos de la provincia de Zhejiang trabajan en un proyecto de investigación destinado a convertir los residuos de cocina en biocombustibles y abono orgánico. El plan, además de aliviar la escasez de energía, reducirá la contaminación ambiental, destacó el profesor de la Universidad de Tecnología de Zhejiang, en Hangzhou, Jianbing Ji.

La idea es obtener combustible para automóviles, en tanto el material sobrante de ese proceso serviría como abono orgánico. Los especialistas tienen previsto crear una línea de producción para reciclar 400 toneladas diarias de residuos de cocina en los próximos cinco años. Con esa cantidad se producirían 24 mil metros cúbicos de metano y 26 toneladas de biodiesel. Ese volumen de biodiesel pueden alimentar por día a 1.300 ómnibus, mientras que el de gas metano movería a 800 taxis.

Jianbing Ji recordó que las ciudades chinas producen cerca de 60 millones de toneladas de residuos de cocina cada año, equivalentes a entre 4,3 y 6,14 millones de toneladas de carbón. China puede producir anualmente al menos entre 300 mil y 500 mil toneladas de biodiesel a partir de esa fuente de materia prima, pero el elevado costo del proceso obstaculiza la expansión de esa industria.

En Estados Unidos, un equipo de científicos trabaja en una nueva tecnología para procesar residuos de alimentos y convertirlos en biocombustibles, que se podrá aplicar tanto en la industria como en casa. El método está basado en tratar los restos de alimentos con microondas concentradas para extraer los compuestos químicos útiles. El microondas activa la celulosa y libera varios elementos químicos, entre ellos el d-limoneno, empleado en la fabricación de perfumes.

El procedimiento –presentado por el académico James Clark de la Universidad de York de Gran Bretaña durante el Festival de Ciencia en Bradford– consiste en triturar los desperdicios. Para ejemplificar, el investigador utilizó grandes cantidades de cáscara de naranja. Si la tecnología se logra comercializar, podría procesar alrededor de seis toneladas de desperdicios de comida por hora con una sola máquina.