Suecia se unió a Estados Unidos y al Reino Unido para oponerse a la re-adhesión de Bolivia a la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. Bolivia había denunciado la convención pidiendo sucesivamente volver a adherir a ésta con una reserva que permita la costumbre tradicional, milenaria y ancestral del país de masticar coca. Italia y Canadá también se han opuesto, pero es la objeción de Suecia particularmente la más preocupante.

La Convención Única de 1961 establece la eliminación del masticado de la hoja de coca dentro del plazo de 25 años después de que entrara en vigor la convención a finales de 1964. Este veredicto se basó en un informe descaradamente parcial realizado por la Comisión de Investigación sobre la Hoja de Coca en 1950, que no contiene indicios graves que justifiquen la prohibición.

En 2011, Bolivia trató de modificar la Convención Única de 1961 para eliminar la obligación de prohibir la masticación de hojas de coca en el país. Bolivia propuso una enmienda al artículo 49 , que suprime la obligación de prohibir la masticación de hoja de coca. El artículo permitía a algunos países una exención temporal, pero el masticado de la coca debía eliminarse en cualquier caso dentro de 25 años, fecha que expiró al final de 1989. [1] De no haber existido objeciones, la solicitud de Bolivia habría sido aprobada de forma automática.

Desde el principio estaba claro que el Gobierno de EE.UU. se opondría. Con el fin de evitar estar solos en esta posición, EE.UU., con el apoyo de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), convocó al grupo de los llamados “amigos de la convención” para protestar contra lo que percibían como un debilitamiento de la “integridad” de la Convención y sus principios rectores. Es decir, EE.UU. se las arregló para encontrar 18 aliados dispuestos a objetar y bloquear la enmienda.

Ante el fallido intento de enmienda, Bolivia se vio obligado a denunciar la Convención Única de 1961, solicitando su re-adhesión con una reserva sobre la masticación de la coca. Este procedimiento, permitido por la convención, sólo puede bloquearse si un tercio o más de los Estados miembros presentan una objeción. La Convención Única de 1961 cuenta con 184 miembros, de modo que se necesitaría la objeción de 62 países. Al 5 de enero de 2012, sólo los Estados Unidos, el Reino Unido, Suecia, Italia y Canadá habían objetado la enmienda. Los países pueden notificar su objeción hasta el 10 de enero de 2013.

Las reglas de la hipocresía

Estos cinco países también se encontraban entre los opositores a la propuesta de enmienda de Bolivia para modificar la Convención Única de 1961 con el fin de permitir la práctica tradicional de mascar coca. El argumento esgrimido fue la necesidad de proteger la integridad del tratado no permitiendo ninguna enmienda, el mismo argumento que usan ahora contra la re-adhesión de Bolivia. Sin embargo, los EE.UU., el Reino Unido y Suecia fueron precisamente los países que propusieron por primera vez enmiendas a la Convención de 1961, las cuales condujeron al Protocolo de 1972 que modificó la Convención de 1961. En aquel momento los países adujeron la necesidad de desarrollar y mejorar el sistema de control. Las reglas de la hipocresía: Quod licet Iovi, no Bovi licet. (Lo que le está permitido a Júpiter no se le permite al buey)

En particular, la objeción a la re-adhesión de Bolivia por parte de Suecia muestra una falta de respeto absoluto por los derechos de los indígenas del pueblo boliviano. Mientras que los otros tres países no se oponen al masticado de la coca como tal, Suecia subraya que “la ambición expresada en la convención es también la de prohibir sucesivamente los usos tradicionales de las drogas”. En otras palabras, Suecia se opone a la antigua tradición de la masticación de la coca, algo que está en directa contravención, por ejemplo, con la más reciente Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), un tratado que se compromete a respetar y proteger las prácticas culturales indígenas. Igualmente va en contra de la nueva Constitución de Bolivia (2009), que obliga al país a proteger la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural.

Suecia aduce que “la denuncia en ningún caso debería ser utilizada por un Estado Parte con el único propósito de formular reservas a la Convención y después volver a adherir. Tal práctica constituiría un abuso del procedimiento y socavaría la base del derecho internacional de los tratados”. Sin embargo, en 2002, Suecia mismo denunció el Convenio sobre la Reducción de los Casos de Pluralidad de Nacionalidades y sobre las Obligaciones Militares en el Caso de Pluralidad de Nacionalidades y luego volvió a adherirse con una reserva que limita sus obligaciones. Una vez más reinan las reglas de la hipocresía.

Italia también utiliza argumentos no válidos para oponerse, cuando aduce que “el procedimiento seguido por Bolivia – denuncia y readhesión con reserva de la Convención de 1961 – es contrario al principio de la “buena fe” en virtud del artículo 26 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, ya que parece dirigido a evitar los límites que establecen los artículos 49 y 50 de la Convención Única”. Pero el Comentario oficial sobre la Convención Única menciona explícitamente (p. 519) que “en virtud del párrafo 3 del artículo 50, una Parte puede reservarse el derecho a permitir los usos no médicos, mencionados en el párrafo 1 del artículo 49, de los estupefacientes en él indicados, pero también el de usos no médicos de otros estupefacientes sin estar sujetos a los plazos y a las limitaciones establecidas en el artículo 49”. En otras palabras, Bolivia tiene todo el derecho de hacer lo que hace, y el procedimiento que utiliza es correcto.