¿Por qué decidieron adquirir una planta piloto de baterías de una compañía china que no está considerada entre las empresas más competitivas del mercado, en lugar de acelerar la ejecución del contrato suscrito con Kores y Posco, que sí podría abrir las puertas a una producción masiva de baterías de iones de litio a través de LG o Samsung, actuales líderes de la industria de tales dispositivos energéticos a nivel mundial?

Hace unos días, en un artículo publicado en Los Tiempos, La Razón y Página Siete comentaba sobre las razones por las cuales la gerencia nacional de recursos evaporíticos (GNRE) habría anunciado el incremento de la capacidad de producción de cloruro de potasio en la planta piloto. Hoy me veo obligado a complementar mis argumentaciones a la luz de nuevos datos sobre el emprendimiento más estratégico para el futuro de nuestro país.

Como es bien sabido, la llamada “estrategia de industrialización de los recursos evaporíticos” incluye tres fases. De acuerdo con un reportaje sobre el litio boliviano publicado por industrial minerals en julio de este año, en la primera, se esperaba una producción piloto de carbonato de litio y cloruro de potasio, desde finales de 2012; en la segunda, está programada una producción industrial de dichos compuestos químicos a partir de 2015; y, finalmente, en la tercera, que empezaría en 2014, se prevé la producción de cátodos, electrolitos y baterías de iones de litio. Está por demás decir que las dos primeras fases serían parte de un esfuerzo 100% nacional-estatal, en tanto que la tercera sí admitiría alguna participación extranjera-privada. En el Informe de Industrialización publicado en octubre de 2010, la GNRE describe los montos asignados a cada una de tales etapas, a saber: $us.17 millones, para la primera; $us.485 millones para la segunda y $us.400 millones para la tercera.

Cuando nos aproximamos al fin de 2012 y el proyecto piloto no da visos de inaugurar su producción piloto, a pesar de un corte de cinta – al parecer “trucho”, según reveló un trabajador de la planta en declaraciones a Erbol– realizado por el propio presidente del Estado Plurinacional en agosto, urge retomar el tema para alertar a la opinión pública sobre el riesgo que implica continuar con el actual estado de cosas.

Pero, volvamos a la principal motivación de este análisis: La información reciente sobre la que hablaba más arriba. Se trata de dos tipos de revelaciones. En cuanto a la primera, El Deber retrata la situación a través del siguiente titular: “El plan de baterías de litio ya se comió $us.19,5 millones”, dice. Aunque es necesario leer el texto completo de la noticia para entender que se refiere sólo a la primera fase de la estrategia, la primera conclusión que uno saca es que el proyecto piloto ejecutó por demás del monto asignado hace dos años.

Resulta irrelevante saber si la suma inicial era preliminar o cuándo se decidió incrementarla. Luego entraré en mayores detalles en relación a la fuente de estos recursos aunque es conocido que los primeros fondos provinieron de la COMIBOL y, el resto, del crédito del BCB. Lo cierto es que todo indicaría que hubo una ejecución financiera – digamos – “perfecta” de la primera fase de la estrategia. La pregunta que sigue es, sin embargo, si esta “eficacia” en el gasto de recursos escasos del erario nacional tendrá su correlato en la entrega de los resultados que la gente espera. La evidencia acumulada hasta la fecha no presenta ningún panorama muy alentador en este aspecto.

La segunda información tiene que ver con el detalle de desembolsos del Banco Central de Bolivia (BCB) al proyecto piloto de litio. Según noticias publicadas hace unos días por los periódicos Los Tiempos y El Día, el BCB habría transferido a la GNRE un total de Bs.600,88 millones, es decir aproximadamente un 72% de los Bs.836,40 millones aprobados por el organismo emisor en mayo de 2011 para financiar el Proyecto “Desarrollo Integral de la Salmuera del Salar de Uyuni” – Planta Industrial Fase II (Bs.801,05 millones) y el Proyecto “Implementación Planta Piloto de Baterías de Litio en Bolivia” – Fase III (Bs.35,35 millones). Conviene anotar que de acuerdo con la citada información, con los desembolsos realizados se habría alcanzado a un 71% del monto asignado para la Fase II y un 100% de la suma destinada a la Fase III de la Estrategia.

Debo recordar a mis lectores que a pocos días de la aprobación del Crédito del BCB, advertí sobre “la mayor gastadera de plata sin beneficio determinado de la historia de Bolivia”, llamando la atención sobre la actuación del directorio del BCB y preguntándome si la otorgación del préstamo sólo respondía a una consigna política.

Es importante también hacer memoria sobre los esfuerzos realizados por la GNRE por convencer al gobierno y al pueblo de Bolivia acerca de la pertinencia de utilizar parte de los recursos asignados a la segunda fase de la estrategia en la completitud de la primera con argumentos que me he visto obligado a descalificar en varios de mis artículos, entre los que se destaca aquél titulado “La planta de cloruro de potasio recién inaugurada no es ninguna planta semi-industrial”, publicado en HidrocarburosBolivia.com en agosto de 2012. En suma, por la información de El Deber se puede concluir que la fuente de los recursos que se gastaron por encima del monto presupuestado inicialmente para la primera fase de la estrategia fue el crédito del BCB correspondiente a la fase II.

Las quejas del propio gerente de evaporíticos reflejadas en otro artículo mío publicado en octubre en Página Siete respecto a la necesidad de pagar intereses al BCB por el préstamo contraído confirman que se empezaron a gastar recursos correspondientes a la segunda fase de la estrategia aun cuando no se había logrado producir ni un grano de nada. En ese artículo ya cuestioné el crédito del Banco Central (a una tasa de interés dada) para desarrollar trabajos de experimentación y pilotaje, cuando ni siquiera se tenía claramente definido el proceso de extracción que se utilizaría. Para entonces, sin embargo, no me había percatado de que los fondos prestados por el BCB estaban destinados a la producción industrial (no experimental) de carbonato de litio y cloruro de potasio. O sea que desde mediados del año pasado, en una aparente contravención administrativa, los recursos del BCB habrían estado sirviendo para tapar los huecos que quedaron de la implementación incompleta de la primera fase de la estrategia. Todo esto pone en cuestión la forma como viene operando el BCB en la otorgación de fondos del Estado, es decir, sin un mínimo interés por asegurarse de que los recursos: (1) sean utilizados en los proyectos aprobados y (2) produzcan algún tipo de resultados.

Ahora bien, revisando las cifras de la estrategia establecidas en el citado Informe de Industrialización se observa que los $us.118 millones aprobados por el BCB en mayo de 2011 corresponderían a la inversión comprometida para el primer año de ejecución de la fase II de la estrategia, lo que significa que sin más ni por qué entre octubre de 2010 y mayo de 2011 la GNRE decidió introducir un nuevo elemento en la estrategia: la adquisición de una planta piloto de baterías, como parte de la fase III de la misma. Como, posiblemente, para entonces el crédito del BCB ya estaba aprobado, lo que hizo fue “acomodar” la mencionada compra al presupuesto, reduciendo el monto asignado a la segunda fase de la estrategia en $us.5 millones, o sea en el valor de la planta piloto de baterías. En suma, intentó avanzar casi en forma paralela en las tres fases de la estrategia ingresando en un laberinto sin salida. Hoy por hoy lo único que puede mostrar como un verdadero avance son las gestiones de adquisición de una planta piloto de baterías que nunca estuvo en la estrategia inicial.

La pregunta que sigue es: ¿Qué fue del contrato de producción de cátodos de litio firmado en fecha 5 de julio de 2012 con el consorcio Kores-Posco de Corea del Sur? En mi más reciente contribución publicada en Los Tiempos, La Razón y Página Siete, di a entender que este contrato pudiera ser el as bajo la manga de la GNRE. Hoy debo confesar que pequé de demasiado optimista; todo hace pensar ahora que esta idea no pasó – ni por casualidad – por la cabeza de los conductores del proyecto piloto. ¿Por qué? Pues porque, para empezar, en el contrato suscrito entre la GNRE y el BCB no figuran recursos dirigidos al cumplimiento del acuerdo establecido con las empresas de Corea del Sur y, para terminar, la llegada de las primeras líneas de producción de cátodos de litio directamente de las salmueras del Salar de Uyuni (con el carbonato de litio como un biproducto casi residual y secundario) pondría en evidencia el fracaso de su estrategia.

Por tanto, la GNRE habría optado por el camino más perjudicial para el país, el de dejar esperando al consorcio surcoreano hasta que Bolivia produzca carbonato de litio para arrancar con la fabricación de cátodos. Si así fuera, todas las partes involucradas estarían actuando irracionalmente. Por un lado, las empresas surcoreanas, puesto que ya cuentan con un proceso patentado para obtener cátodos directamente de las salmueras del Salar de Uyuni sin necesidad de conseguir primero carbonato de litio. Por otro lado, la GNRE, que por su incapacidad, estaría obstaculizando el progreso del proyecto de industrialización del litio. Al parecer, los responsables del emprendimiento más estratégico del país no terminan de entender que su extravío técnico estaría ocasionando un grave daño económico al Estado boliviano.

Lo anterior nos obliga a preguntar a los ejecutores del proyecto: ¿por qué decidieron adquirir una planta piloto de baterías de una compañía china que no está considerada entre las empresas más competitivas del mercado, en lugar de acelerar la ejecución del contrato suscrito con Kores y Posco, que sí podría abrir las puertas a una producción masiva de baterías de iones de litio a través de LG o Samsung, actuales líderes de la industria de tales dispositivos energéticos a nivel mundial?

Por último, en la medida en que la llegada de la planta piloto de baterías está programada para el primer trimestre del año que viene, todo hace presumir que deberemos importar la materia prima necesaria para su funcionamiento. ¿Sabrá el pueblo potosino que la fábrica piloto de baterías a instalarse en La Palca podría constituirse en otro “elefante blanco” muy parecido a Karachipampa?

* Analista de la economía del litio.