Durante muchos siglos los pigmeos mbuti y batwa habitaron regiones de la República del Congo, Burundi, Rwanda y la República Democrática del Congo donde en esta última nación reside en la actualidad la mayor población. Los pigmeos o negritillos son quizás descendientes de poblaciones prehistóricas en África Subsahariana. El continente africano no está falto de esos ejemplos de supervivencia aunque este grupo étnico, según los investigadores, puede ser uno de los más representativos.

Por el siglo I d.n.e. esas poblaciones primitivas comenzaron a ser empujadas hacia el bosque por las migraciones de los bantúes. Los pigmeos, que en otros tiempos ocuparon un espacio más vasto, están confinados a los bosques tropicales más tupidos. En su inicio, esos movimientos migratorios bantúes provenían de la región de los Grandes Lagos en África Central y del valle del Nilo. Algunos movimientos migratorios secundarios partieron del norte de Camerún, en la parte occidental del continente.

A la llegada de los navegantes portugueses a las costas africanas en el siglo XV, la totalidad de los pigmeos habitaban ya las intrincadas y casi inaccesibles selvas. Este grupo étnico no fue víctima del comercio de esclavos iniciado por los portugueses, aunque los africanos eran enviados a América y el Caribe para trabajar en régimen de esclavitud en minas y plantaciones agrícolas, como ocurrió con otros nativos.

Sin embargo, muchos miembros de este grupo étnico han sufrido y sufren esclavitud, a través de la explotación de su fuerza de trabajo por parte de otros grupos. Igualmente, los pigmeos tienen que soportar un trato vejatorio. Aún se recuerda que a fines del siglo XIX y principio del XX niños pigmeos fueron llevados por los colonialistas belgas a Europa para ser exhibidos en zoológicos.

El tiempo al parecer se ha detenido en lo más profundo de la selva de Ituri, en la República Democrática del Congo, un mundo remoto, aislado, sin electricidad ni ninguna de las comodidades de la vida moderna. En la quietud del bosque un grupo de pigmeos mbuti avanza armado con lanzas de hierro. Los pigmeos batwa viven en Burundi y Rwanda, donde integran el uno por ciento de la población, respectivamente.

Los hombres van primero cubiertos de pies a cabeza con redes enrolladas que usan para la cacería y que obtienen de las lianas. Luego vienen las mujeres cargando canastos tejidos a mano y llenos con la carne de antílope, la misma que permitió a sus ancestros sobrevivir durante miles de años. En medio del campamento de los cazadores espera un grupo de comerciantes de la aldea más próxima que ha llegado para comprar toda la carne de animales salvajes, que los mbuti les pueden vender. La comercialización ha incrementado la demanda de carne de esos animales.

La demanda es tan grande que los expertos advierten que podría llevar a que este grupo étnico, que se dedica primordialmente a la caza y la recolección, acabe con la vida silvestre que le da sustento y con ello ponga en riesgo su propia subsistencia. En los últimos tiempos la situación se ha vuelto preocupante.

La Reserva Natural de Okapi creada por el Gobierno congolés debería estar a salvo de la cacería, pero según los expertos se ha encontrado que el activo comercio de carne de animales salvajes ha penetrado incluso la zona protegida. Con la cacería de cada antílope se va borrando lentamente el pasado más remoto del continente, opinan expertos. El país posee el segundo bosque tropical más grande del mundo donde residen entre 250 mil y medio millón de pigmeos, según la organización Survival Internacional.

Pero de acuerdo con Naciones Unidas, África pierde cuatro millones de árboles anualmente, a causa de la tala inmoderada, la minería y la oleada de inmigrantes que buscan desesperadamente tierra. El problema fundamental es la población que crece indeteniblemente y ha rebasado los 70 millones de habitantes. El resultado es que los bosques se están quedando sin fauna y en algunas áreas la desaparición ha sido de un 90%.

La Reserva de Okapi es valiosa y atractiva para los comerciantes de carne. A algunos pigmeos se les permitió seguir cazando las especies que no estuvieran en peligro para su subsistencia, por lo que tienen casi el monopolio de la venta de carne de la reserva. Una jornada de cacería transcurre de la forma siguiente: una partida de 15 hombres tiende cuidadosamente una red que le llega a la cintura, en un arco de un kilómetro de largo entre la maleza. Se oyen los gritos de los cazadores que persiguen a los animales hacia la red, donde son enredados, derribados y sacrificados con lanzas.

Las redes se tienden de la misma forma casi cada hora durante el día. En una buena jornada regresarán al campamento con no menos de 15 antílopes. Los comerciantes compran la carne y la preservan hasta que puedan enviarla fuera de la selva, donde se consume. Según los estudiosos el comercio entre pigmeos y bantúes no es nuevo. Sin embargo, el intercambio ha cambiado en su fundamento con el tiempo, su importancia ha crecido y ahora tiene una presencia permanente.

Hace algún tiempo los mbuti vendían parte de la carne que obtenían. Ahora venden casi toda quedándose con una pequeña porción. La cacería se ha convertido en una actividad comercial, no de subsistencia. Esta situación ha tenido un efecto devastador que pudiera afectar en un futuro la supervivencia de esa etnia prehistórica.

Congo: Esclavitud y colonización

Las República del Congo y Democrática del Congo son dos países ubicados en el África Central que están hermanados en la historia por su enfrentamiento a la explotación colonial, aunque sus victimarios fueron dos naciones diferentes del continente europeo. Tribus de pigmeos habitaron el territorio congolés en los primeros años de nuestra era, justamente en la época en que comenzó el predominio de dos importantes imperios de origen bantú, los anzicos y los betekes, vinculados a la evolución socioeconómica de la región.

El primer europeo en arribar a la zona fue el navegante portugués Diego Cao, quien llegó en 1482 a la desembocadura del río Congo, el más caudaloso de África, y posteriormente toda el área se convirtió en una de las principales zonas proveedoras de esclavos para trabajar en plantaciones agrícolas en América y el Caribe.

De sus tierras fueron arrancados miles de hombres y mujeres y enviados al denominado Nuevo Mundo para sustituir a la población india autóctona, casi exterminada al no poder resistir los rigores del trabajo para el cual no estaba apta, además de los crueles abusos de los amos. El intenso tráfico humano se mantuvo en las centurias siguientes hasta el siglo XIX, cuando en 1834 la Corona británica dispuso la prohibición del comercio de esclavos en sus colonias. Gran Bretaña, inmersa en la Revolución Industrial, ya no estaba interesada en la Trata que le había proporcionado amplios beneficios económicos.

Ya a principios del siglo XIX los colonos franceses habían desplazado a los portugueses en la que actualmente constituye la República del Congo. Los franceses presentes en Congo y la vecina Gabón, construyeron factorías en las costas y luego iniciaron expediciones hacia el interior. El francés Savorgnan de Brazza realizó su primera misión por el río Oggore, atravesando en 1878 el río Congo. En su segunda expedición 1879-1883 se firmaron tratados con el rey Makoko, soberano de Tekes, con el fin de asentar el dominio sobre esa parte del Africa Central.

Esa acción estuvo dirigida a impedir semejantes intentos por parte del inglés Stanley por la otra orilla del río, entre 1874 y 1877. Los convenios entre los nativos y las metrópolis eran sistemáticamente incumplidos por estas últimas. Brazza impuso una especie de protectorado y se pronunció por métodos pacíficos de colonización, mientras en la práctica se procedía al exterminio de poblaciones enteras que ofrecían resistencia a la presencia extranjera. La capital Brazzaville adoptó el nombre del funcionario galo.

En 1881 el gobierno de París designó a Brazza Comisionado, y todas las tierras conquistadas desde Gabón hasta el Congo quedaban bajo su autoridad. Durante el reparto de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885), las potencias europeas afirmaron la dominación colonial de Francia sobre el país, comprendido en el África Ecuatorial Francesa.

El Congo francés fue sometido a brutal explotación. Francia lo repartió entre 40 firmas concesionarias, a las que les garantizó por 30 años los derechos de tenencia de la tierra y su explotación a cambio de un impuesto de un 15 por ciento sobre los beneficios anuales. La metrópoli estableció un sistema de impuesto para la población autóctona que agravó su situación, explotada y alejada de las enormes ganancias de los europeos. La arrogancia de Francia también desconocía los derechos políticos de los nativos.

La construcción del ferrocarril Congo-Ocean que unía la ciudad de Brazzaville en el centro del país con el puerto de Punta Negra -en el extremo Sur- duró diez años, durante los cuales miles de africanos perdieron la vida debido a las infrahumanas condiciones alimentarias y laborales.

En 1944, por primera vez, la metrópoli admitió nativos en el gobierno local ante el creciente descontento popular, caracterizado por sostenidas revueltas en las principales zonas urbanas. Después de unas prolongadas maniobras dilatorias, el país obtuvo la independencia en 1960, no sin antes experimentar un extenso período de agitación política.

El otro Congo

En el siglo XIX comenzaron las exploraciones sistemáticas del continente, en las que se destacó el misionero escocés David Livingstone. La notoriedad que alcanzó este en sus exploraciones hizo que el propietario de un periódico estadounidense enviara al joven corresponsal Henri Morton Stanley a encontrar a Livingstone. Stanley partió en busca de Livingstone en Zanzíbar el 17 de noviembre de 1874 y se reunió con él en Boma sobre el río Congo, en 1877. A su regreso a Europa, Stone se entrevistó con un representante de Leopold II de Bélgica.

En 1876 Leopold II constituyó la Asociación Internacional Africana, con el concurso de varios capitalistas que tenía por finalidad el estudio y la explotación de las enormes riquezas de la actual República Democrática del Congo bajo su égida. El soberano belga convocó la Conferencia de Berlín que aceleró el reparto de África.

La presencia colonial belga en el país fue considerada como una de las páginas más sombrías de su historia, por la destrucción y robo de sus recursos naturales por las compañías concesionarias, la aplicación masiva del trabajo forzado y la excesiva fiscalización.

Durante la construcción de 1890 a 1898 de los 308 kilómetros del ferrocarril que une a Kinshasa (entonces Leopoldville), con el puerto de Matade, en el sur, murieron miles de africanos. Los métodos de la administración colonial condujeron a la fuga o la resistencia de las poblaciones autóctonas. Entre estas estuvo la Revuelta de los Betetela.

Para perpetuar la dominación en el país, el soberano creó un ejército denominado Fuerza Pública que fue comandado por oficiales belgas. Una comisión investigadora reconoció en 1904 que durante los primeros 15 años de dominio colonial, tres millones de africanos murieron a causa de enfermedades y malos tratos.

A lo largo de varias décadas del siglo XX el pueblo congolés protagonizó numerosas rebeliones que fueron reprimidas con suma crueldad. La falta de un órgano rector y una dirección política provocó que esos movimientos no fueran coordinados y llevados al triunfo. No obstante, la represión no pudo impedir el auge del sentimiento anticolonialista y el incremento del movimiento emancipador. La independencia fue proclamada en 1960. Los dos Congo al fin pudieron liberarse de la esclavitud colonialista después de inmensos sacrificios.

Witulandia colonia alemana en África

Witulandia fue la posesión de menor duración de Alemania en África, su extensión territorial no alcanzaba los ocho mil kilómetros cuadrados y la población se rebeló ante el anuncio de la partida de los teutones y la entrada de fuerzas británicas. Las colonias del imperio alemán (1884-1916), en el continente fueron Togo, Camerún, África del Sudoeste (hoy Nambia), y Africa Oriental Alemana (Tanzania), que en su conjunto poseían un territorio mayor en más de cinco veces al de la metrópoli.

Witulandia estaba situada en la costa norteña de Kenya, y la forma en que llegó a convertirse en colonia se apartó de los métodos tradicionalmente usados por los europeos, aunque coincidió con la época en que estos realizaban el reparto colonial de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885).

Resulta que el sultán de Witu, territorio situado cerca del delta del río Tana, tenía en el siglo XIX un viejo conflicto con el poderoso sultán de la isla de Zanzíbar, ubicada frente a las costas de Tanzania. El lugar vivía bajo constantes ataques de Zanzíbar, ya que era refugio para los esclavos que huían de la ínsula.

En 1867-antes de la verdadera carrera por África y de la unificación de Alemania- el sultán Ahmed de Witu se entrevistó con el explorador alemán Richard Brenner y le pidió que comunicara su deseo al rey de Prusia de obtener la protección de la nación europea para aliviarse de los ataques de los guerreros de Zanzíbar. Sin embargo, Prusia en ese momento no estaba interesada en los territorios africanos porque concentraba sus esfuerzos en unificar a Alemania, lo que completó en 1876.

Mientras que Berlín no tomó en serio la petición de Brenner en 1867, los hermanos Clement y Gustav Denhardt que visitaron Witu en 1878 y 1889 actuaron con más suerte. En 1884, cuando ya Alemania participaba en la disputa por África, al igual que las demás potencias europeas, los hermanos Denhardt concluyeron un tratado con el sultán Ahmed, y este le concedió un área costera de alrededor de 25 kilómetros cuadrados a la recién creada Compañía de Tana con todos los derechos privados y de soberanía.

Adicionalmente, el sultán estaba de acuerdo también en poner el resto de sus territorios bajo protección alemana. Entonces los hermanos Denhardt pidieron al gobierno alemán protección para sus intereses. La ocasión fue perfecta porque coincidió con el único momento en que el canciller Otto Von Bismarck (1815-1898), estuvo interesado en obtener territorios en África.

Envió el buque SMS Gheisenam al río Tana y allí, con un comando de tres oficiales y 30 soldados, marchó durante tres días hacia Witu. El 27 de mayo de 1885 se fundó el protectorado alemán de Witulandia. Clement Denhardt fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores por el sultán Ahmed, que le estaba muy agradecido por haber conseguido la protección alemana. Unos pocos soldados teutones fueron estacionados en Witulandia para establecer la soberanía alemana y proteger el territorio de los ataques de Zanzíbar.

El sultán Ahmed y su sucesor el sultán Fumo Bakari, continuaron gobernando sin la intromisión alemana. Los hermanos Denhardt trataron de conseguir financiamiento en Alemania para una nueva identidad, la Sociedad de Witu Alemana, fundada en 1887, que fracasó. Pero de la misma manera en que se había fundado Witulandia alemana por un entusiasmo repentino de Berlín, se disolvió el protectorado. Bismarck propuso a partir de 1885 mejorar las relaciones entre Alemania y Gran Bretaña, deterioradas a causa de las rivalidades coloniales.

Los británicos soñaban con crear un imperio colonial desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta El Cairo (Egipto), mientras los germanos ambicionaban un dominio centroafricano uniendo Camerún, en el África Occidental, con el África Oriental Alemana (Tanzania). En medio de esa situación se iniciaron las negociaciones entre Berlín y Londres.

En 1890 se firmó el Tratado de Hergoland-Zanzíbar. Alemania renunció a todas sus reclamaciones en Zanzíbar, Uganda y en la costa de Kenya y Somalia. Witulandia y Zanzíbar fueron reconocidos como territorios británicos y se definieron las fronteras coloniales. En cambio se transfirió a Alemania la pequeña isla de Hergoland en el mar del Norte frente a las costas alemanas, y África del Sudoeste (Namibia), y consiguió su acceso al río Zambeze mediante la franja de Caprivi.

En Alemania los simpatizantes del colonialismo se sintieron defraudados con el Tratado, y dijeron que su país había dejado “sus” reinos de Uganda, Witu y Zanzíbar por la diminuta Hergoland. En Witulandia las protestas fueron más fuertes que en Berlín. La decepción fue enorme cuando los alemanes anunciaron que no continuarían protegiendo el sultanato. Varios germanos resultaron muertos. Los hermanos Denhardt apenas pudieron escapar con vida y murieron pobres y decepcionados en su país natal.

El nuevo poder colonial británico inició su mandato en Witu con una expedición militar que acabó con la rebelión. Reemplazó al sultán Fuma Bakari, quien fue arrestado y murió envenenado mientras estaba detenido. Witu pasó a formar parte del África Oriental británica (Kenya). Así terminó la más breve colonia alemana en el continente.

Puntlandia, Estado inexistente

Cuando se dice Estado de Puntlandia es posible que alguien se encoja de hombros y probablemente nunca lo haya oído mencionar, mucho menos que conozca su ubicación geográfica porque no ha sido reconocido por la comunidad internacional. Puntlandia ocupa el extremo del llamado Cuerno de África al noreste de Somalia, en uno de los puntos más estratégicos del mar Rojo y el océano Índico y formaba parte de la Somalia Italiana en la época colonial.

En sus colinas y montañas se cultiva el árbol del incienso cuyo comercio se realiza desde hace siglos. Puntlandia es la tierra por excelencia del incienso, que puede considerarse su producto más típico. Los egipcios le dieron el nombre de Punt del Cabo Guardaful. Los relieves que decoran los muros del templo en Deir-el-Bahari muestran una expedición naval egipcia al país del Punt organizada a la región por Hatshepsut, reina gobernante y regente con Tutmosis III, durante la dinastía XVIII.

Se enumeran los productos de la tierra, oro, incienso, marfil, pieles de leopardo, plumas de avestruz, y aparecen otras menciones egipcias del País de Punt que fue tributario del Imperio egipcio en esa dinastía. El país también es mencionado en la Biblia y fue conocido por griegos y romanos, que desarrollaron el comercio. Algunos rituales religiosos exigieron el uso de incienso y mirra, y el primero de esos recursos se encontraba abundantemente en Puntlandia y también diversas variedades de mirra.

Más tarde llegaron los árabes. Los viajeros de esa nacionalidad mencionaron escasamente lugares del norte y noreste de Somalia, aunque consta que comerciaban allí con el marfil, oro, esclavos, en cambio, el comercio de incienso y mirra había cesado. Viajeros chinos les siguieron y se cita como productos de la zona camellos, ámbar gris, marfil, mirra, caparazones de tortuga, collares de perlas, incienso, avestruces, jirafas y cebras.

Los primeros establecimientos musulmanes se han situado en el siglo VIII y aunque fueron pequeños enclaves, el Islam se extendió con facilidad, estando islamizadas las poblaciones en el siglo XII o XIII. Según investigaciones, la vida pastoril continuó durante varios siglos.

Fueron los árabes los que les dieron a los habitantes del país el nombre de somalís, término que comprende a los autóctonos de Somalia y Somalilandia. La tradición atribuye el origen de los somalíes a Akll-ben- Abu Taleb, primo de Mahoma. Toda la región estaba bajo la influencia musulmana, desde el oeste del cabo Guardaful en el norte hasta las proximidades de Mogadiscio, actual capital de Somalia.

Los portugueses comenzaron a frecuentar las costas en el siglo XVI y consideraron el territorio como de su jurisdicción, pero su presencia no fue duradera. Los otomanos empezaron a disputarle el control de la región.

El Siglo XIX fue de pleno apogeo y expansión del colonialismo. Todo el continente padeció el dominio colonial, con Etiopía figurando como única nación libre aunque no escapó a los intentos colonizadores. Fue el siglo en que las potencias europeas llevaron a cabo en Berlín el reparto de África en zonas de influencia que agudizó el saqueo de las riquezas naturales y el sojuzgamiento de las poblaciones autóctonas carentes de derechos y víctima de sangrientas represiones.

Italia, Gran Bretaña y Francia se apoderaron del Cuerno Africano. La intervención italiana se inició en 1886 por una compañía comercial que arrendó a un sultán un territorio llamado Benadir. Las actividades esclavistas de la compañía se consideraron inconvenientes e Italia decidió su penetración directa comprando los derechos de la compañía y firmando un Tratado con el Sultán.

En 1889 el Benadir fue adquirido por Italia y el Sultán quedó bajo el protectorado italiano. Puntlandia, sin embargo, se mantuvo fuera de la influencia italiana. En el siglo XX todo el territorio somalí estuvo bajo la autoridad de un gobernador asistido por un secretario general. Las fuerzas militares comprendían 56 oficiales y 2.500 soldados nativos.

Los límites de la Somalia Italiana fueron fijados en diversos tratados con Etiopía, con Gran Bretaña en la zona de la Somalia Británica y con Kenya, Djibuti, también en el Cuerno de África, era posesión de Francia. En 1936 se creó con Somalia, Eritrea y Etiopía la colonia de África Oriental Italiana. El gobernador y el Secretario General de cada una de las colonias estaban dirigidos por un virrey.

En 1940 los italianos ocuparon la Somalia Británica que fue agregada a la Somalia Italiana en el marco de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Al año siguiente, 1941, con la contraofensiva aliada, Somalia y toda el África Oriental Italiana fue ocupada por los británicos. En la ola independentista que recorrió África después de la guerra, Somalia como otras naciones del continente obtuvo su independencia en 1960. Se creó la República donde estaba incluida Puntlandia, igual que en los tiempos coloniales.

Los años siguientes a la independencia fueron sacudidos por turbulencias políticas casi permanentes, que se agravaron con la derrota de las fuerzas de Somalia en 1977 tras la invasión a la re4gión del Ogaden, en Etiopía. La agudización del clima político y las rivalidades entre distintos grupos de poder, determinaron la huida del jefe del ejecutivo en 1991, dejando a Somalia huérfana de un gobierno central.

Ante tales acontecimientos también en esa fecha fue proclamada la República de Majeerteen, independizada de Somalia, que culminaría después de crear instituciones democráticas y una administración moderna con el establecimiento de la República de Puntlandia en 1998. La República de Puntlandia no ha sido reconocida por ningún estado, por tanto no pertenece a la Unión Africana ni a Naciones Unidas. Ella sigue considerándose parte de Somalia, con la autoimpuesta obligación de restaurar y mantener la unidad de la nación somalí en base a un sistema federal cuando cambien las actuales circunstancias políticas.

Mozambique independiente

El comienzo del poblamiento cientos de años atrás de la zona donde está ubicado Mozambique coincidió con la utilización del hierro y la diversificación de los cultivos en la etapa en que aparecieron en escena las tribus bantúes que migraron desde el norte. Tiempo después este país, situado en el litoral del África Oriental, se vio impactado tanto en lo económico como en lo cultural, por su relación comercial con el Asia Menor, la India y el Lejano Oriente a través del océano Indico, siendo poseedor ya de los instrumentos de hierro producidos por los bantúes.

Desde antes de nuestra era la zona se vio influenciada por indios, árabes y chinos. Dos mil años de comercio por el Índico fueron favorables al desarrollo de ciudades-Estado costeras como Kilwa, Malinde, Sofala y Mombasa. Los contactos entre Portugal y parte de lo que hoy es conocido como Mozambique se iniciaron con la llegada del navegante Vasco de Gama en 1498. El rey portugués estaba interesado en la apertura de una ruta comercial más segura hacia la India.

Con ese fin financió el proyecto del navegante. El hecho quedó registrado por el establecimiento de ciudades en la costa africana oriental, mientras permanecía virgen el interior del territorio. La capital del imperio Monomatapa que enfrentó el arribo de los portugueses se encontraba en Mashona y era parte de la Federación de Makalanga, por lo que esas actividades de Portugal afectaron al área conocida actualmente como Zambia, Zimbabwe y parte de Mozambique.

En 1505 el rey lusitano Manuel dio órdenes de esclavizar a los mercaderes de Sofala. Pero anteriormente los portugueses habían explotado la rivalidad existente entre las ciudades-Estado para obtener posiciones en la región. En esas ciudades-Estado halladas por los portugueses, el progreso material y cultural avanzó mucho más que el desarrollo político y este fue un factor explotado por los colonizadores. En esa etapa los portugueses nunca lograron imponer un control político duradero en toda la zona.

El control era en una delgada franja costera que iba desde Cabo Delgado hasta Sofala, donde estaban empeñados en dominar el comercio de oro que procedía de las famosas minas de Monomatapa, que se creía formaban parte de las famosas “minas del rey Salomón”.

A instancias del rey de Bélgica Leopoldo II, las potencias coloniales celebraron entre 1884 y 1885, una Conferencia en Berlín donde acordaron repartirse África en zonas de influencia. Fue una división territorial arbitraria pues no tenía en cuenta grupos étnicos, familiares, culturales y tradiciones.

La reunión colonialista buscaba evitar enfrentamientos entre las metrópolis, debido a rivalidades por el dominio de zonas, además del control de importantes riquezas naturales. Portugal siguió una política oscilante con sus territorios, que se resumía en utilizar los medios a su alcance para infiltrar desde simples mercaderes hasta granjeros, también envió misioneros que enarbolaban la religión cristiana para la conquista.

En los lugares donde la política tradicional de autoridad era fuerte y la preparación militar adecuada para la resistencia a la conquista de los europeos, los lusitanos tuvieron un especial cuidado. Prepararon el territorio mediante contactos con estos Estados, utilizando enviados especiales para conocer sus debilidades y fortalezas, y luego procedían a atacar con justificaciones como provocación o protección de los blancos o misioneros.

Entre 1890 y 1900, Portugal obtuvo el control total de esta nación para desarrollar una política colonial propiamente dicha. Los Comisionados de la Corona en Mozambique fueron formados en moldes estrictamente militares. El Gobernador General fue la piedra angular de la administración colonial seguido por los gobernadores provinciales, y estos, a su vez, por intendentes de distritos que controlaban el trabajo de los jefes de puesto. Las autoridades coloniales y las compañías tenían derecho a castigar a todo hombre, mujer o niño, que trabajaban en sus plantaciones.

Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se produjo en casi toda África un fuerte reclamo por la independencia. El conflicto universal marcaría un antes y después en el continente. Los africanos que sirvieron en los ejércitos europeos contra el fascismo contribuirían a impulsar las ansias emancipadoras.

En Mozambique surgieron en la clandestinidad o en el exilio partidos que comenzaron a trabajar a favor de la independencia. En respuesta, las autoridades portuguesas encarcelaron a los dirigentes y aumentaron en 40 mil los hombres de las fuerzas armadas coloniales, e instalaron nuevas bases militares en puntos estratégicos del país.

Los gobernantes portugueses modificaron nominalmente en 1961 el estatus político de sus colonias, denominándolas provincias de ultramar, para evadir sus obligaciones de presentar informes a las Naciones Unidas sobre los territorios bajo su dominio. Un gobernador general con poderes civiles y militares asumió sus funciones en 1961 y al año siguiente, en 1962, una bomba voló en pedazos la estatua del dictador portugués Oliveiro Salazar en la ciudad de Lorenzo Marques (actual Maputo, la capital). La represión que siguió al hecho causó cerca de 60 muertos entre civiles y desató una ola de repulsa que estremeció al país.

La lucha anticolonial adquirió coherencia y politización a partir de la creación del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), en 1962. El Comité Central de la Organización decidió pasar a la lucha armada en 1964. Las acciones se extendieron a sitios como Niassa, Zambezi y Tete.

El camino del pueblo mozambicano hacia la independencia fue largo y lleno de dificultades, sobre todo porque Portugal solicitó y obtuvo ayuda militar de la OTAN y la Sudáfrica del apartheid. Las tropas coloniales cometían atroces masacres contra la población con el fin de atemorizarla e impedir el apoyo a los combatientes.

Pero para las autoridades de Lisboa la suerte estaba echada. El mundo había cambiado, incluso en la propia metrópoli, donde un movimiento militar derribó la dictadura. Con la independencia el 25 de junio de 1975, concluía la esclavitud colonial establecida cinco siglos antes.

* Colaborador de Prensa Latina.