Brasilia, Río de Janeiro y Madrid.- Oscar Niemeyer, militante revolucionario y genio de la arquitectura moderna, ha muerto; pero su impronta vive en Brasilia, donde abundan sus majestuosas obras y monumentos que fascinan y cobijan a millones de visitantes. Esta urbe, una de sus más representativas esculturas, terminó por convertirse en 1987 en la única ciudad construida en el siglo XX declarada como Patrimonio Cultural e Histórico de la Humanidad.

Natural de Río de Janeiro, Niemeyer nació el 15 de diciembre de 1907 en el barrio de Orange. Se graduó en 1934 en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río, y en 1945 ingresó en el Partido Comunista de Brasil. En 1935 comenzó a trabajar en el estudio de Lucio Costa, y en 1936 conoció a Le Corbusier y a Gustavo Capanema.

En 1947 un proyecto suyo fue seleccionado como base para la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y en 1951 diseñó el proyecto del Edificio Copan y del Parque de Ibirapuera, en Sao Paulo. En 1955 fundó la revista Módulo, en Río de Janeiro, y asumiola jefatura del Departamento de Arquitectura y Urbanismo de Novacap, encargada de la construcción de Brasilia.

En 1956 organizó el concurso para escuela de Plano Piloto de Brasilia y dos años después diseñó el Palacio de Alborada en Brasilia y el edificio principal de la nueva capital. En 1962 fue nombrado coordinador de la Escuela de Arquitectura de la recién creada Universidad de Brasilia y en 1963 recibió el Premio Lenin Internacional da Paz.

Trabajador incansable, el maestro recibió importantes reconocimientos y galardones como el premio Pritzker (1988), considerado el Nobel de arquitectura; y la Orden de las Artes y las Letras de España (2009). También fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1990, y en 1998 obtuvo la medalla de oro del Instituto Británico de Arquitectura. En 2004 recibió el Praemium Imperiale en el Meiji Memorial Hall de Tokio. Al cumplir 100 años de edad en 2007, mereció reconocimientos y títulos, entre estos la Orden de la Amistad de gobierno ruso.

El 5 de diciembre, el afamado arquitecto Oscar Niemeyer murió a los 104 años de edad en el hospital Samaritano de Río de Janeiro, tras reportarse un deterioro de su salud, como consecuencia de una infección respiratoria. Su médico Fernando Gjorup, quien lo acompañó en los últimos momentos de vida, dijo que la familia del arquitecto estaba a su lado en el momento de su deceso, a las 21:55 horas (00:55 gmt).

El maestro fue ingresado el 2 de noviembre último con un cuadro de deshidratación e infección en los riñones. Anteriormente estuvo internado en mayo último en ese mismo hospital, adonde llegó con neumonía y deshidratado. En abril de 2011 el arquitecto fue hospitalizado por 12 días debido a una infección en el tracto urinario y fue además sometido a cirugía para la eliminación de la vesícula biliar y un tumor intestinal.

El cuerpo de Niemeyer fue velado en Brasilia en uno de los salones de la Presidencia con los honores correspondientes a un jefe de Estado.Según fuentes oficiales, Niemeyer fue el tercer brasileño que recibe estos honores, después del presidente Tancredo Neves (1985) y el vicepresidente José Alencar (2011).

Las puertas de Planalto fueron abiertas para que la población, testigos vivientes de sus obras, pudiera despedirse del considerado aquí genio de la arquitectura moderna. La mandataria Dilma Rousseff recibió al féretro con los restos del artista desde Río de Janeiro, y a donde fueron devueltos cuatro horas después para ser enterrados en el cementerio Sao Joao Batista. Rousseff decretó siete días de duelo oficial.

El Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de las naciones miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur) declaró al afamado arquitecto ciudadano ilustre post mortem de ese bloque.

La obra de Niemeyer

Niemeyer fue un gran promotor de las ideas de Le Corbusier, considerado uno de los personajes más influyentes de la arquitectura moderna internacional. Fue pionero en la exploración de las posibilidades constructivas y plásticas del hormigón armado.

Considerada como su obra maestra, Brasilia se construyó entre 1957 y 1963, por encargo del presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira, quien simpatizaba con Niemeyer en su idea de contar con una ciudad símbolo de la esperanza, de construir una utopía. La construcción de Brasilia fue un proyecto realizado junto a su colega y urbanista Lucio Costa, diferente a cualquier otra capital.

Sus edificios son monumentos vivientes, llenos de curvas y trazos sin igual, que ofrecen al visitante una visión fantástica del modernismo. Entre sus vistosas edificaciones figura el Palacio de Alvorada, la residencia oficial del Presidente de la República y la sede del gobierno federal, con los inmuebles que integran la Plaza de los Tres Poderes, ubicados todos frente al eje monumental.

Otra de sus construcciones insignias más populares es la Catedral Metropolitana de la capital, cuya obra se acerca a la forma de un barco. Sin embargo, algunos señalan que se parece a una flor. La entrada al edificio es a través de un pasaje subterráneo, y en el techo de la iglesia yacen ángeles colgantes. Las columnas inclinadas de techo aguantan una estructura de cristal que en las noches se ilumina y desde lejos semeja a las velas de una embarcación.

A pesar de la dispersión de la ciudad, caracterizada por los grandes espacios y avenidas, la organización motiva sorpresa, pues los hoteles su ubican en un área destinada para ello; en tanto las embajadas, enclavadas en la superficie de las representaciones extranjeras y los ministerios, hacen filas tras las principales edificaciones de poder. Brasilia se muestra ante sí como un gran avión, difícil de recorrer a pie, por ello, sus ciudadanos dicen que está hecha para andar en auto.

Además de la capital federal, en su ciudad natal, Río de Janeiro, construyó el Museo de Niteroi, otra de sus creaciones más impactantes, que recuerda una flor o un platillo volador; pero su ubicación, justo al borde de un acantilado con vistas a la gran bahía de Río, lo transforma en un sitio especial.

En Europa, Niemeyer dejó también su huella. Durante su exilio en Francia diseñó la sede del Partido Comunista en París, mientras que en Milán, Italia, proyectó el edificio de la Editorial Mondadori, muy parecido al Palacio de Itamaraty, con sus hermosas columnas que crecen desde el agua.

Una de sus últimas obras está en España, donde edificó el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer en Avilés, Asturias, y se caracteriza por ser un espacio abierto a todas las artes con una programación multidisciplinaria que incluye música, danza, teatro, cine y exposiciones. El complejo comenzó a construirse en abril de 2008 y se inauguró el 15 de diciembre de 2010 coincidiendo con su 103 cumpleaños.

Edificios, monumentos, esculturas e iglesias marcan el paisaje de ciudades brasileñas diseñadas por Niemeyer, cuyo quehacer innovador también se esparció a otros países como Cuba, Alemania, Argelia y Estados Unidos. Amigo del pueblo cubano y de su líder histórico, Fidel Castro, Niemeyer diseñó para la isla caribeña la escultura erigida hoy en la Universidad de las Ciencias Informáticas.

Centro Cultural Niemeyer, la huella del arquitecto en España

El portavoz del Gobierno del Principado de Asturias Guillermo Martínez lamentó el fallecimiento de Niemeyer, un coloso de la arquitectura del siglo XX que diseñó el Centro Cultural con su nombre en Avilés. El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, del Principado de Asturias, fue la única edificación diseñada por el reconocido arquitecto para España y la de mayor relevancia en Europa, según su propia confesión.

Situada en uno de los márgenes de la ría de Avilés, la obra, además, es la primera y principal pieza de la Isla de la Innovación, plan que busca la rehabilitación urbanística de una ciudad que durante décadas sufrió la contaminación proveniente de su industria pesada. Su construcción comenzó en 2008 y ocupa una parcela de 30 mil metros cuadrados, de los cuales 9.600 corresponden a los edificios del centro cultural.

El complejo, en el que predomina el color blanco, consta de un auditorio para conciertos con aforo para mil personas, una cúpula para exposiciones de dos mil metros cuadrados, una torre mirador, de 20 metros de altura, y un edificio que alberga cine y otros servicios. Todos ellos están articulados por una gran plaza abierta al público para actividades de carácter cultural y lúdico.

El Niemeyer, como se le conoce popularmente ya en toda Asturias, fue concebido, en palabras del propio creador, como una plaza abierta a todo el mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz. Se trata de uno de los proyectos constructivos y culturales más importantes levantados en este país ibérico en los últimos años, lo que sin duda tendrá una repercusión de gran relevancia en el futuro para la localidad asturiana y su entorno.

La apertura oficial de la institución, el 26 de marzo de 2011, coincidió con el 103 cumpleaños de un profesional que figura por derecho propio en la historia de la arquitectura y que entre sus lauros ostenta el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 1989. Este singular proyecto, con una gran carga escultórica, sigue el estilo de sus trabajos anteriores, caracterizados por la originalidad y la cuidada volumetría de sus construcciones, donde las formas curvas son la gran protagonista.

Un Consejo Asesor Internacional, integrado entre otros por el cineasta Woody Allen, el científico Stephen Hawking y el escritor Paulo Coelho, colabora con el equipo gestor del centro en la definición de los objetivos y la preparación de los contenidos.

Desde su apertura, por el Niemeyer han pasado figuras de la talla del propio Allen, Paco de Lucía, Gilberto Gil, Jackson Browne, Luis Eduardo Aute, Joan Manuel Serrat, el prestigioso violonchelista Yo-Yo Ma, Carlos Saura, Kevin Spacey y Wim Wenders. Hace un año, el complejo cultural acogió la proyección de los éxitos más recientes del cine brasileño.

Precisamente, la institución pretende convertirse en uno de los referentes de Iberoamérica en la producción de contenidos culturales, un espacio asociado a la excelencia, dedicado a la educación y la cultura. Sin embargo, el Niemeyer fue estremecido en septiembre de 2011 por un conflicto entre el gobierno de Asturias y la fundación que lo preside, acusada por el primero de supuestas irregularidades en el manejo del presupuesto de la institución.

A raíz de esta situación, el arquitecto brasileño remitió una carta abierta en defensa del Centro Cultural, en la que lamentó el cierre de su actividad aunque sea por un período de tiempo. Niemeyer confió entonces en que lo peor no aconteciera, y que no se perdiera un espacio fantástico para la promoción de eventos culturales y del diálogo siempre fecundo entre diferentes sectores, incluidos el arte contemporáneo y la arquitectura.

El mejor homenaje a su memoria será que este Centro alcance un desarrollo innovador, amplio y luminoso tal como el genio hubiera querido, expresó Martínez.

* Corresponsales de Prensa Latina en Brasil y España.