El 25 de Diciembre es un día de fiesta para pueblos de culturas y religiones distintas, lejanas en el tiempo y en el espacio. ¿Por qué precisamente ese día? Seguramente se remonta a cinco mil años atrás. Los primitivos del hemisferio boreal vivían en el terror por el progresivo reducirse del día y por el debilitamiento de la luz. Vivían terrorizados pensando que la luz estaba por terminar e iniciaba el fin del mundo. Después del solsticio, es decir el día en que el sol permanece “detenido”, la “estrella de la mañana” reanudaba su vigorreplegando atrás la oscuridad y el frío. Se llevaba a cabo así el milagro del triunfo del sol, y, naturalmente, de la vida sobre la muerte.

En el Imperio Romano convivían en un clima de tolerante relativismo infinitos cultos politeísticos, tanto que el escritor y político romano Tito Petronio (20 dC – 66 dC) con su proverbial sarcasmo dijo en el Senado: “en nuestro territorio pululan tantas presencias divinas, que es más fácil encontar un dios que un hombre”.

Entre otros, florecía el culto tendencialmente monoteísta del “Dies Natalis Solis” (día del sol de Navidad), junto al culto del “dios Mitra”, nacido de una vírgen llamado “Salvador”, acompañado por doce discípulos. En la noche entre el 24 y el 25 de Diciembre, los fieles del dios se reunían en un lugar sagrado y subterráneo para cumplir a medianoche, ritos de iniciación. Al amanecer, apenas el sol nacía, salían en procesión detrás de la estatua de un niño, símbolo del dios sol.

En el borde extremo del Imperio, en Babilonia, siempre en el mismo día, se festejaba el dios Shamash. También el dios del sol, y, dios de la justicia y de la predicción, porque, según ellos, el sol lo veía todo, pasado, presente y futuro.

Los pueblos germanos, a su vez, adoraban la Yule (rueda), símbolo del sol. Es imposible no ponerse interrogativos, el hecho de que pueblos que no han tenido ningún contacto con la cultura del hemisferio norte, como los pueblos del continente americano, se encuentren increíbles analogías con los cultos del mundo occidental. En la península de Yucatán, en México y en el Perú del Imperio Incaico, era vivo el culto del dios Sol. Se llamaban rspectivamente, Bacab, hijo de una vírgen y Wiracocha.

El Emperador romano Valeriano fue previdente y unió en el Dies Natalis Solis todos los cultos que en el Imperio tenían atinienza con el sol. Sucesivamente Constantino, admirador del sol, abrazando la fe cristiana, transformó en fiesta cristiana la fiesta del sol invicto. El Dies Natalis Solis se transformó de este modo en Deus Domini, es decir, Día del Señor, la actual Navidad.

Se ignora cuándo haya nacido Jesús. Justamente en los Evangelios no se indica ni el día, ni el mes, ni el año. En los primeros años del cristianismo se hicieron muchos tentativos para poder individuar la fecha exacta. En el 337 d.C. el Papa Julio I decretó oficialmente, sobre las normas de Constantino, la fecha de Navidad. Así escribe la nueva Enciclopedia Católica del órden franciscano: “Fue asignada la fecha del solsticio de invierno porqué en ese día, el sol comienza su regreso a los cielos boreales, los paganos que adoraban el dios Mitra, celebraban el “Dies Natalis Solis Invictum” la Iglesia, suplantando las fiestas paganas solsticiales, heredaba la fiesta de Navidad Navidad y adaptaban la nueva religión a los antiguos cultos rituales.

El culto al dios Mitra, fue suspendido en 376 d.C. por orden del Prefecto de Roma, mientras que el Emperador Teodosio (347 d.C. – 395 d.C.) hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio iniciando la persecusión a los paganos.