Hace seis años (2007) alertamos con el equipo de la revista Willka sobre el devenir de lo que hoy se hizo realidad. En aquella oportunidad sostuvimos pese a todo los riesgos de ser acusado de derecha o extrema izquierda (pero sin ser ninguno de los dos) que en el palacio de gobierno y en el funcionamiento del nuevo régimen existía el inicio de un alarmante proceso de expropiación del poder de la sociedad. Esto desde los grupos sociales con profunda ascendencia criollo-mestizo y desde un sistema o lógica institucional que reproducía las intimidades del Estado republicano colonial. Por ello sostuvimos:

El momento actual que vive Bolivia es una riqueza histórica y social para la reflexión y acción tanto para el mundo indígena/originario/popular y para las viejas y nacientes nuevas castas señoriales y liberales dominantes. Para los primeros, la posibilidad histórica de entrar de una vez y para siempre en la historia oficial de este país o por el contrario reconstruir y poner en marcha su propio proyecto histórico anhelado en el tiempo, la autodeterminación social y, para los segundos, la posibilidad real de perder su hegemonía o por el contrario regenerarla nuevamente cambiando por un “nuevo” tipo de dominación para mantener el proyecto civilizatorio occidental y los intereses corporativos acumulados en su historia…

Varios de estos intermediarios y los ventrílocuos acuden a discursos indígenas/originarios para dejar tender, desde estos discursos, prácticas y discursos y generar la posibilidad de inhibir e incluso expropiar el proyecto de autodeterminación social indígena/popular que sería lo más serio o catastrófico para los movimientos sociales… De consolidarse esto (en el gobierno y fuera de ella) existe la gran posibilidad de regenerar el antiguo orden social que ha sido puesta en crisis. Las “grandes medidas” gubernamentales para “destruir” los privilegios de los sectores oligárquicos parece también contener en su interioridad el nacimiento de nuevas élites blanca-mestizas con las mismas o parecidas lógicas racistas y colonial/liberales que las anteriores. Aunque como método, esto nos ayudará a desnudar las interioridades más profundas de la lucha por el poder y los vacíos que esta lucha deja en Bolivia. [1]

Entornos blancoides y el presidente indio, es la gran realidad sociológica y político, que se ha convertido en un referente ineludible del nuevo régimen de poder en Bolivia. ¿Qué se quiere decir con el entorno blancoide alrededor del presidente indio? En el mencionado artículo nos referimos con ella a dos hechos centrales. Primero, a un hecho evidentemente físico de hombres y mujeres blanco-mestizos ubicados alrededor del presidente Morales. Y muchos lectores y activistas le han dado mayor importancia a este dato como un hecho relevante que lo es dado que hoy en los discursos sociales es cada vez más importante. Segundo, se refiere a una lógica de funcionamiento de un tipo de régimen de poder donde el poder colonial republicano ha vuelto, pese a un gran proceso de cuestionamiento social y derrota de esa lógica, a funcionar de un modo novedoso: alabar o enaltecer al indio ideal como el fundamento de la nueva realidad para sin embargo succionar y no hacer nada a favor del indio real. Esto corresponde incluso a un viejo discurso indigenista y racista.

El poder colonial y liberal en este sentido ha vuelto a refuncionalizarse ahora en base al imaginario del indio (en la era de la lucha obrera lo hacia a nombre del proletariado) ya no como el enemigo interno del Estado que es su sentido clásico sino como el “amigo íntimo”. Este es la novedad de cómo el viejo régimen de poder sin que mucha gente se dé cuenta estaba y hoy esta reactualizándose de un modo novedoso como un hecho nítido y claro. Esto es que está en marcha todo su sentido real y su lógica como un hecho normal y natural de la política y del “proceso del cambio”.

Si ya se hizo normal este hecho en un proceso de lucha y movimiento de la sociedad nos debe llamar profundamente la atención. Ahora el sentido real quiere decir que existía como hoy existe visiblemente pero era y hoy mismo es encubierto por un discurso de poder. Esto es la del “cambio” y la “revolución”. Así éste no es un hecho etéreo, tiene nombres y apellidos y la presencia física de los que operan este sentido real del viejo régimen de poder. Esto quiere decir que existe como hoy existe un grupo de personeros que juegan un rol fundamental en la reproducción de esta realidad y su lógica o una visión del mundo.

En principio esto esta constituido entre la Vicepresidencia (el núcleo articulador), el Ministerio de la Presidencia, el de Gobierno, el Ministerio de la Autonomía y Descentralización y el Ministerio de Economía a la vez del Ministerio de Defensa. Ahora a este entorno han sido sumados un grupo de dirigentes sociales e intelectuales indígenas de modo grotesco por lo que surgió una larga lucha interna que hoy continua bajo la inacción y hay ratos acción del Canciller Choquehuanca. La pugna se desató por la construcción de la nueva estatalidad pero a la vez de un reacomodo social y político de los nuevos grupos de poder. Ahora no sólo es estos grupos sino además existe otro conjunto de sub-grupos y personas que actúan en referencia a si mismo y en relación con estos niveles gubernamentales. La implosión de actos de corrupción y extorsión adentro de este entorno como el que ha saltado hoy es parte de ello, mismo que tocaremos en otro articulo.

Así el gobierno y el Estado si bien es sabido que es un campo de lucha compleja, aquí la particularidad es que éste tiene luces oscuras y a la vez de luces claras y grises. Estos señores si en algún momento tenían una disponibilidad de cambiar varias de sus formas del viejo Estado hoy se han convertido en la gran sombra de la duda y repudio social. Evidentemente dichos grupos a la vez que se disputan entre si el sentido de la nueva estatalidad porque estaba planteando un proceso de transformación, pero fueron en el último tiempo vencidos por los privilegios que ofrece el poder. Porque simultáneamente a esto esta operando mediante estos mismos hombres y mujeres un sentido real del poder que es el engullimiento de lo anti para producir lo pro. Los anti fueron convertidos en productivos del viejo régimen con un nuevo discurso. Aquí lo anti es lo indio pero es el indio recreado como un hecho abstracto pero como pro para dejar afuera de él el indio real. El indio real sigue siendo el enemigo intimo porque es el referente del radical Otro. No el Otro de Mí.

Ahora la pregunta es ¿esto esta independientemente de las voluntades de estos actores? La respuesta es un si y un no. Es sí porque una estructura estatal colonial de 520 años de construcción es mucho más que la voluntad, pero a la vez, es un no porque estos hombres y mujeres al no tener como hoy no la tienen, la voluntad de cambio. No quieren cambiar porque el cambio real es ir en contra de su propia casta señorial de la que vienen y en otros casos es aprovechar al cien por ciento los nuevos privilegios del poder. En primer caso se convierte en un problema de la ontología del poder. No tienen otra experiencia histórica que la que han vivido, por lo que vuelven hacer lo que siempre han hecho en tanto casta colonial. Entonces se produce una no-voluntad del poder. Y lo otro es la voluntad de no querer cambiar porque cambiar implica afectar los privilegios de hoy y de sus generaciones y además es renunciar a su genealogía señorial. Señorial quiere decir que es una acción de señorear sobre el Otro. Y ese otro es el indio u otro cualquier oponente que cuestiona su sentido de ser y estar.

Aquí debemos dejar establecido que la voluntad es un hecho que tiene fundamento en las relaciones de poder. La voluntad de poder es hacer o no hacer. Es dejar hacer y no dejar hacer. Y esto está dado a la vez en la estructura de larga data. Es decir, es una construcción social materializada en las subjetividades sociales y en lo propiamente material de este poder como la violencia, criminalización, acto de fuerza y coacción. En este último, la narrativa arquitectónica del poder, es el gran referente de ello porque el espacio público y los símbolos allí establecidos están organizados en la lógica de un orden social anterior a la que hoy se pretende forjar. Con lo simbólico no sólo me refiero a los monumentos sino también al orden arquitectónico de la urbanidad y sus sentidos de extrañamiento del yo social. En este caso para el aymara lo propio se presenta como absolutamente ajeno. Es una amenaza o una real agresión. Eso es un hecho colonial. Aunque evidentemente muchos otros aymaras lo verán esto como un hecho normal.

Y ello hoy es materializado en los cuerpos, en los diseños, en el habla, en las políticas públicas, en resumen, en la reproducción de un tipo de régimen de poder que en nuestro caso es entre la moderna y la colonial que para el colmo de los males es el repudiado multiculturalismo hoy la llamado en Bolivia lo intercultural. Sobre esto algunos incluso se animan a decir que es el intercuralismo crítico para sin embargo ocultar un interculturalismo funcional. Funcional al orden mundial del poder económico y social y para la reproducción del orden interno fraguado a nombre del “proceso de cambio”.

Es decir, el entorno no solamente es un hecho inactivo o pasivo, sino es profundamente activo y activante del rol histórico de las castas señoriales en plural al igual que en el pasado reciente y lejano. Uno de estos pasados es la revolución del 1952 donde el Movimiento Nacionalista Revolucionario parasitariamente se apropia de la lucha de la gente urbana y fabril y de los regimientos “campesinos” de Achacachi de La Paz y Ocureña de Cochabamba. Según varios autores en este hecho histórico no se produce gran cosas a favor de lo indígena o indio sino su incorporación fagocitada (antelada) al sistema liberal y colonial del poder que hoy se respira por muchas partes de la sociedad y en el gobierno-Estado. El indio para no morir tenía, según el nacionalismo estatal boliviano, que mezclarse y ser por tanto mestizo. Y el indio asumió lo mestizo como una posibilidad de su liberación, pero el resultado siguió siendo el mismo: el racismo, la discriminación, el despojo de su memoria, de sus territorios, de su historia. Entonces dijo: “no sirve el mestizaje” y optó nuevamente por su indianidad discursiva y su lucha montonera que en lenguaje actual la llamamos los levantamientos sociales indias.

Otro dato de esta misma magnitud es en la guerra federal de 1899 donde el general aymara Pablo Zárate Willka y los tres temidos Willkas junto a los ayllus después de ayudar al liberal José Manuel Pando para conquistar el poder político son nuevamente expropiados de su voluntad de lucha y de la reconstrucción del país en un sentido “propio”. Asesinan al general Zárate Willka e enjuician a los guerreros aymara de Mohoza bajo mil “argumentos” judiciales que no era más que el uso de la palabra justicia para la venganza de la casta señorial criollo sobre el indio real. Parodiando hoy se puede decir que el entorno blanco-mestizo “asesina” simbólicamente al Presidente indio aunque él al parecer se siente a gusto con ello. El indio Presidente no sólo es el Evo sino es el cuerpo social vilipendiado históricamente. El ensimismamiento del Presidente de ser sólo Yo es la peor ingenuidad para el proyecto social indio-popular. Uno no sólo es producto de sí mismo sino de la relación social, o mejor, es producto social.

Es esto el entorno blanco-mestizo alrededor del Presidente indio. Sería interesante debelar los otros sentidos de la acción y la no-acción de los actores de este entorno. Por ahora no hay espacio aquí para ello. Entonces la gente y el movimiento indígena en particular no han dejado de mostrar su gran descontento y crítica a esta lógica y la presencia corporal de gente de clase media urbana no-india. La “[ú]nica solución es que los (representantes de los) principales ministerios deben renunciar, esas son personas de anteriores gobiernos; hasta el Vicepresidente (Álvaro García Linera) está en esa línea…Es hora que nos acerquemos y discutamos más allá que no nos queramos ver, es necesario que hablemos, no nos lastimemos con la vista peor con las palabras, discutamos en qué puntos nos hemos separado y reconduzcamos’, recuerdo que esas palabras ha dicho el Canciller pero jamás el gobierno hasta el momento quiere hacer caso”[2]. Así es.

Notas:

1. Mamani, “Evo Morales entre revolución india o contra revolución…”, Revista Willka, No. 1, Año1, El Alto, marzo, 2007, pag. 15-49.

2. Erbol, “Indígenas: el Canciller es el único que nos representa, Evo no lo escucha”, http://www.erbol.com.bo/noticia.php?identificador=2147483965806 (01/11/2012).

* Sociólogo aymara y alteño; autor de varios libros y artículos en distintos espacios académicos y periodísticos. Responsable de la Revista Willka. Maestro por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Ecuador. Actualmente es Candidato a Doctor en el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.