Cotonou, la capital económica de Benín, parece invadida por los zémidjans, esas increíbles moto-taxis, cuyos conductores lo llevan a uno de una punta a otra de la ciudad en el menor tiempo posible. Ni un piloto de carreras de Motos GP podría competir con estos diestros y

arriesgados choferes, expertos en el trazado urbano local, a la hora de transportar a sus clientes.

Ataviados con sus chalecos amarillos, al timón de vehículos movidos por gasolina de quién sabe qué origen y que dejan a su paso un intenso olor, los propietarios de estos zémidjans constituyen la primera nota de color que se topa el visitante al llegar a la ciudad. Una parte importante del transporte de personas en Cotonou depende en gran medida de estos taxis en una urbe que no deja de crecer, por lo cual esas motocicletas se han convertido en un servicio imprescindible.

Según las más recientes cifras oficiales, la población es de unos 760 mil habitantes, aunque otras fuentes la calculan en más de un millón. Esto no es extraordinario en un país que bordea los nueve millones de habitantes, pero se debe tener en cuenta que a mediados del siglo XIX en este lugar había sólo una aldea de pescadores, época en la cual los franceses se instalaron allí.

Dahomey era el nombre del país hasta la independencia en 1960. El reino de Dahomey fue creado hacia la profundidad del territorio en un intento por defenderse de las frecuentes cacerías de esclavos en las zonas más cercanas a la costa. En 1975 el país adoptó el nombre de Benín.

La trata duró hasta mediados del siglo XIX, cuando fue sustituida por la producción y el comercio del aceite de palma en sus dos variantes: como comestible y para fines industriales, sobre todo para la fabricación de un excelente jabón.

A pesar de su condición de aglomeración urbana más poblada, la capital de Benín sigue siendo oficialmente la localidad de Porto Novo, situada unos 60 kilómetros al este de Cotonou, la cual continúa albergando unos pocos ministerios y dependencias oficiales.

En la ciudad también se encuentra la mayor parte de los recursos industriales y económicos del país y, sobre todo, el gran mercado internacional Dantokpa, el más grande de toda el África occidental, pues cubre una superficie de 20 hectáreas y en él los compradores individuales y al por mayor hallan todo tipo de mercancías.

La cifra de las transacciones alcanza como promedio casi los dos millones de dólares diariamente, pero no sólo a causa del comercio local, sino también debido a que muchos negociantes de los países fronterizos, sobre todo de Nigeria, compran aquí grandes cantidades de productos para el comercio informal.

Otra de las principales fuentes de ingresos de Benín lo constituye el Puerto Autónomo de Cotonou, por el que transita el 90% del comercio exterior del país y aporta el 60% de su Producto Interno Bruto (PIB). Esta instalación portuaria es una de las mayores de toda la región, de manera tal que allí existen grandes áreas para el almacenamiento de productos destinados a países vecinos sin costas o bien para las mercancías de exportación. Esto posibilita a Benín cobrar por derechos de estancia y dar empleo a gran número de trabajadores.

Los países limítrofes involucrados en este trasiego comercial son, entre otros, Mali, Burkina Faso y Níger. Esta última nación encamina a través de este Puerto Autónomo su producción de uranio destinado a la exportación, procedente de la mina de Arlit. Este tránsito de uranio nigerino sin dudas aumentará con la explotación de un nuevo yacimiento en Imouraren, lo que puede convertir a ese país en el segundo productor mundial de ese mineral estratégico.

El clima de Cotonou es muy lluvioso y cálido, debido a su cercanía al paralelo ecuatorial y su ubicación frente a las aguas del golfo de Guinea, por lo que cuenta con increíbles playas arenosas y enormes plantaciones de palmas para la producción de aceite.

La ciudad aparece al visitante como dividida en su parte central debido a la existencia de las aguas de la laguna de Cotonou, que comunica el mar con el lago de Nokoué, de manera tal que toda la zona urbana está encerrada al norte por las aguas del lago y al sur por el océano Atlántico.

En el extremo norte del lago, a sólo una hora de viaje, se encuentra uno de los sitios más interesantes del continente, también conocido como la Venecia de África. Se trata de Ganvie, una aldea construida en buena medida sobre el agua mediante armazones de bambú y troncos de mangle. El lugar está lleno de canales que atraviesan la aldea como si de calles reales se tratara. Parece increíble, pero en Ganvie residen unas 20 mil personas que emplean las canoas para ir de un lugar a otro.

Pero a esa localidad no se puede viajar en zémidjans, ya que no hay caminos para dar un rodeo al lago Nokoué. El mejor medio, por inseguro que pueda parecer, es abordar una piragua que lo llevará a la otra orilla sano y salvo. Además del francés, la lengua oficial enseñada en las escuelas, en la ciudad el idioma que más se escucha es el fon, y la población utiliza también el adja y el yoruba.

Este último se habla aún más en Porto Novo, debido a que en la vecina ciudad la mayoría de la población es de esa etnia, al igual que en el oeste de Nigeria, con la cual hace frontera. Los yorubas de Benín y Nigeria son otro de los vívidos ejemplos de la absurda división de muchos países africanos debido a la repartición colonial.

* Periodista de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina.