Ante la certeza de estar al borde de la emergencia climática global, en vísperas de la celebración de la 18ava Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático a realizarse en Doha-Qatar, las organizaciones de la sociedad civil boliviana abajo firmantes expresamos muestra profunda preocupación por la ausencia de un acuerdo global vinculante que estabilice la temperatura y proporcione una esperanza a la continuidad de la vida en el planeta en condiciones de habitabilidad y dignidad humana.

Los escasos avances logrados en las negociaciones los últimos años han llegado a un estancamiento e incluso profundos retrocesos, los resultados logrados a la fecha vaticinan claramente un incremento que superará los 4º centígrados hasta finales de siglo, con las consecuencias devastadoras que ya empezamos a vivir con apenas 0,87º de incremento a la fecha.

Las negociaciones han sido altamente excluyentes y no cuentan con la necesaria participación de la sociedad civil. Ningún país tiene la voluntad de ceder posiciones para el bien común planetario, estos procesos se han caracterizado por la prevalencia de intereses empresariales, estatales, institucionales o incluso personales, en los que prima la concepción del desarrollo vinculado al “crecimiento económico sostenido” y en las que es más importante salvar la diplomacia que el clima.

El proceso de negociación no ha logrado establecer compromisos ni metas claras para la reducción drástica de emisiones que el planeta requiere, haciendo caso omiso a las irrefutables evidencias de la ciencia, menos ha logrado establecer obligaciones certeras de transferencia de recursos financieros y tecnología suficientes, libre de condiciones a los países del sur y a las poblaciones más pobres y vulnerables del mundo a los impactos del cambio climático.

Se han generado mayores flexibilidades para los países desarrollados y mayores dificultades para los países llamados “en desarrollo” condicionando los acuerdos a las falsas soluciones vinculadas a la lógica de mercado de carbono y evitando resolver las causas estructurales del cambio climático.

La CMNUCC se encuentra en el borde de ser un fracaso histórico que no justifica el gasto de recursos económicos y la huella de carbono que consume cada año para llegar a resultados claramente inefectivos.

Ante este poco alentador escenario:

Exigimos que los países parte de la Convención encaren seriamente su responsabilidad histórica con la vida y asuman con realismo el reto que la gravedad de la crisis climática amerita estableciendo compromisos globales y metas de reducción de GEIs que superen el 50% globales con respecto a 1990 para el año 2020, y establecer como máximo un incremento de temperatura solo 1ºC y regresar a 300ppm. de concentraciones de GEIs.

Condenamos enérgicamente el cinismo y la falta de compromiso de los países Anexo 1; Canadá, Japón, Rusia, Nueva Zelanda y principalmente a Estados Unidos de Norte América, que ya han ratificado su decisión de no comprometerse en el Segundo Periodo de Compromisos del Protocolo de Kioto.

Los países desarrollados en su conjunto deben hacer cambios profundos en sus economías, sus modelos de consumo, su industria extractivista de uso irracional de recursos y energía, basados en el libre comercio, el crecimiento económico.

El principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas (RCPD) debe ser plenamente respetado, basado en el reconociendo de la deuda histórica, la justicia, la equidad y el respeto de los derechos humanos. sin embargo éste no debe servir de excusa para la inacción de las economías emergentes y de los países en desarrollo. Estos deben asumir el reto de transitar otros caminos de desarrollo y asumir compromisos diferenciados de reducción de emisiones que a su vez deben estar sujetos a la transferencia de recursos económicos y tecnología suficientes, adecuados y sin condicionamientos.

El camino para salir de la pobreza no debe repetir los errores de modelos de desarrollo que nos han traído hasta este punto de la crisis climática, haciendo un uso irracional de recursos y energía. La lógica de disputarse un monto del presupuesto de carbono tiene el riesgo de llevarnos al borde de la irreversibilidad climática.

Nos preocupa profundamente la falta de voluntad política de la comunidad internacional para la aplicación de mecanismos de control a grandes corporaciones y estados que planean altas inversiones en las energías fósiles.Hoy el planeta solo puede consumir únicamente 1/3 de la reservas probadas de combustible fósil, esta energía debe ser utilizada para transitar hacia una matriz energética global ambientalmente sostenible, justa y respetuosa de los derechos humanos.

Rechazamos enérgicamente las falsas soluciones como los mercados de carbono, REDD, el Mecanismo de Desarrollo Limpio, el fomento a los biocombustibles, la captura de carbono, entre otros, que han demostrado que lejos de resolver la crisis climática solo contribuye a exacerbarla y a generar mayor desigualdad, vulnera los derechos colectivos y de los pueblos indígenas y afecta la soberanía y seguridad alimentaria.

Estas reflexiones deberían ser reflejadas tanto en el segundo periodo de compromisos de Protocolo de Kioto, en el grupo de trabajo de Cooperación a Largo Plazo y en el futuro acuerdo negociado en la Plataforma de Durban.

Por otra parte parece cada vez más evidente que se debe trabajar en una renovación de la Convención que recupere los avances logrados a la fecha, pero que cambie la lógica de discusión atacando las causas estructurales de la crisis climática con mecanismos más eficientes e inclusivos de participación de la sociedad civil y que responda a las advertencias de la ciencia.

Afirmamos nuestro compromiso de seguir luchando por un mundo con justicia en el que no prime el lucro y la acumulación de la riqueza en unas cuantas manos y de seguir construyendo alternativas que democraticen las estructuras de poder y materialicen otras visiones de “desarrollo” que logren restablecer la armonía con la Madre Tierra.

Estamos convencidos que la manera de enfrentar la crisis climática es a través de cambios profundos en los paradigmas y en las practicas de desarrollo para lograr desvincular el bienestar con el crecimiento económico. En ese sentido llamamos a los gobiernos a atacar las causas estructurales del cambio climático en la transformación profunda de las estructuras de organización económica y la matriz energética global, así como a desvincularse del poder empresarial.

Desde la sociedad civil reafirmamos las propuestas de justicia climática planteadas en la Declaración de Tiquipaya como base para avanzar hacia un mundo más justo y respetuoso con la vida.

La Paz 19 de noviembre de 2012.

Suscriben: AMTIDES, CEADESC, CENDA, Centro de Mujeres Candelaria, CIDOB, CIPCA, CONAMAQ, Fundación Jubileo, Fundación Solón, LIDEMA, Pastoral Social CARITAS Bolivia, Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático, Red de Comunicaciones Apachita, Reacción Climática, Universidad Franz Tamayo.