La mayoría de los guiones de las películas bolivianas se basa en novelas, “pero creo que se puede decir que, en general, se los ha concebido como estancos independientes, aunque esto no quiere decir que lo sean”, expone la coordinadora Académica del Departamento de Cultura y Arte de la Unidad Académica Regional La Paz de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” (UCB) Alba María Paz Soldán.

Desde Wara wara, película de José María Velasco Maidana, pionero del cine en Bolivia, y que fue estrenada en 1930, hasta la última de Antonio Eguino Los Andes no creen en Dios, se encuentra un número importante de otras películas basadas en trabajos literarios, detalló Paz Soldán en su ponencia Cine y Literatura en Bolivia, durante el Encuentro Sobre Cine Boliviano que se llevó a cabo con el auspicio de las Universidades Loyola y Tulane en New Orleans, y que contó con la participación de los directores de cine Antonio Eguino, Marcos Loayza y Jorge Sanjinés.

El guión de Wara wara se basa en La voz de la quena, una obra dramática de Antonio Díaz Villamil. Los Hermanos Cartagena filmada por Paolo Agazzi toma el guión de un cuento de Gaby Vallejo de Bolivar denominado Hijo de opa. Juan Carlos Valdivia, uno de los directores destacados y más activos del cine boliviano, en 1995 adaptó dos novelas para convertirlas en guión de cine y luego en película, la primera es su opera prima, la novela Jonás y la ballena rosada de Wolfango Montes Vanucci, que fue Premio Casa de las Américas 1987; la segunda, American Visa de Recacoechea, se presenta el 2006, obra que indaga en los márgenes y en la vida de las laderas de la ciudad de La Paz.

La película filmada para televisión inicialmente y después pasada a 35mm., La oscuridad radiante, está basada en la novela autobiográfica del mismo nombre escrita por el Padre Oscar Uzin. Finalmente, Los Andes no creen en Dios, que Antonio Eguino estrenara en 2007, se basa en dos cuentos y una novela del escritor boliviano Adolfo Costa du Rels, que incursiona en el tema de las minas en varias de sus obras. El cineasta toma el cuento Plata del diablo y la novela Los Andes no creen en Dios, relativos al tema minero y otro cuento del mismo autor La miskkisimi.

Alba María Paz Soldán se refirió a La Nación Clandestina de Jorge Sanjinés, que toma un tema de la tradición oral andina, muy ligada a la ritualidad de la danza, y es precisamente el Danzante que encuentra su propia muerte bailando. Son característicos de este ritual la máscara del danzante con plumas, fauces y orejas grandes. Al jacha tata danzante lo acompañan dos diablitos y los awilas que son los músicos. Los instrumentos musicales que se utilizan para acompañar esta danza que durará tres días seguidos son dos pinkillos y varias wankaras (membranofonos). Tanto J. Sanjines como Cergio Prudencio, quién compuso la música de esta película, realizaron una importante investigación para llevar al cine estos dos aspectos de lo que se podría llamar la tradición oral aymara.

Los andes no creen en Dios

Los Andes no creen en Dios, la última película de Eguino, pone en juego tres motivos que tienen una marcada presencia en la literatura boliviana del siglo XX. El motivo de la mujer chola, poseedora de los encantos de la naturaleza, y por lo tanto identificada con la tierra, seductora y que logra dominar al varón, es un motivo mucho más extendido, pues se inscribe en la proverbial atracción que produce la mujer del pueblo, la mujer negra, la mujer salvaje en el hombre más civilizado.

Esta temática se inició en la literatura boliviana en el Siglo XX, que Carlos Medinaceli consideró un tema fundamental en Bolivia, está presente en las Aguafuertes de 1919 de Roberto Leyton. Medinaceli mismo incursionará posteriormente en esta veta con su novela La Chaskañawi, dándole un tono menos absoluto y trascendiendo el orden de las valoraciones que implica. Pero antes de esto apareció el cuento de Costa du Rels La miskisimi que directamente adapta la película de Eguino.

El tema cobró en su momento tal relevancia en nuestra literatura que el estudioso social Salvador Romero Pitari analiza todas estas obras, los libros que leyeron sus autores e incluso las preferencias literarias de los personajes de dichas novelas para construir el imaginario intelectual de la primera mitad del siglo XX en Bolivia en Las Claudinas (1998).

El segundo motivo, el minero, íntimamente relacionado con el factor fundamental para la economía boliviana, podemos encontrarlo en el ámbito literario desde los primeros escritos coloniales de Potosí. Así, el emporio de la producción minera colonial de la plata, La Historia de la Villa Imperial de Potosí de Arzans de Orsua y Vela, fue inspiración para muchos escritos de finales del siglo XIX. Ya en el siglo XIX las novelas realistas como “Socavones de angustia”, inspirado en la novela de Fernando Ramírez Velarde, Aluvión de fuego de Oscar Cerruto, Metal del diablo de A. Céspedes, por mencionar algunas, y muchos cuentos que integran una antología de la narrativa minera y varios estudios sobre sus características.

También Jorge Sanjinés, en su primera experiencia, filma Aiza, basándose en un cuento del mismo nombre de Oscar Soria Gamarra. Otra película sobre el tema es Mina Alaska de Jorge Ruiz. Este motivo ha sido abordado en la literatura de las más diversas maneras. Costa du Rels, el autor que sirve de base a la película de Eguino, se caracteriza por un tratamiento psicológico del tema enfocando la relación del hombre con la riqueza oculta dela tierra, las ansías de riqueza, la ambición y la pasión por salir de la pobreza confrontadas con una fuerza superior que es el azar, la suerte donde actúa el destino y las fuerzas de la naturaleza, antes que dioses o causas lógicas.

Costa du Rels, en su colección de cuentos El embrujo del oro y en su novela Los Andes no creen en Dios, el cateador o el aventurero buscador de fortuna es el protagonista que representa estas tensiones. Y es esta particularidad la que hace que Guillermo Lora, gran lector de toda esta producción e ideólogo del trotskismo, afirme que Costa, como otros autores de la época, incursiona en una prehistoria de la minería en Bolivia ya que ninguno llega crear al verdadero protagonista de la minería, el proletariado minero.

Con este y otros argumentos, Guillermo Lora sostiene su tesis de que pese a toda la producción literaria al respecto, hay una total ausencia de la gran novela minera. Posteriormente se producirán nuevas novelas mineras El signo escalonado de Taboada Terán o Canchamina, que intentan abordar al trabajador minero como personaje colectivo con su trasfondo político y social. Es algo que también Jorge Sanjinés intenta en su película El coraje del pueblo. Eguino en Los Andes no trasciende ni re-interpreta lo propuesto por Costa.

El tercer motivo que articula Los Andes no Creen en Dios, que se inscribe más en la tradición cinematográfica que en la literaria, es el del asalto y robo de las remesas. Este tema ha sido introducido en la cinematografía referida a Bolivia con la leyenda de los dos bandidos escapados de EE.UU que llegan a Bolivia con la película Butch Cassidy and the sundance kid (1969) de George Roy Hill, cuyo guión de William Goldman ganó el Oscar.

Paolo Agazzi posteriormente, a partir de un hecho real de los años 60, conocido como el asalto de Calamarca, filma El Atraco (2004), en la que remueve la falta de resolución del caso así como la implicación de los agentes del orden, en una cinta de acción muy fluida. Finalmente este motivo está presente en un típico western filmado en Bolivia por un director español Mateo Gil, Blackthorn de 2011, un film que tiene una excelente fotografía que aprovecha los inmensos paisajes andinos de Bolivia.

La virtud de Los Andes No Creen en Dios consiste en articular y poner en relevancia estos motivos presentes en la literatura y el cine en Bolivia y que construyen una tradición importante, afirmó la Alba María Paz Soldán, coordinadora Académica del Departamento de Cultura y Arte de la Unidad Académica Regional La Paz de la UCB.