De 1900 al 2012, la historia estadística nos muestra que los hoy denominados constitucionalmente como “indígena originario campesinos”, han superado olímpicamente las expectativas catastróficas anunciadas a principios del siglo XX. De hecho, el anuncio de la desaparición del indio en 1901, luego de realizado el censo de 1900, ha obtenido una respuesta contundente que haría temblar de vergüenza a quienes anunciaban una eventual extinción de los primeros habitantes de estas tierras.

“Hay un reto a la imaginación, que solo podemos enfrentar a partir de un auténtico reconocimiento de nuestra realidad. Y encontramos ahí, al develar prejuicios, al liberar nuestro pensamiento colonizado, al recuperar la decisión de vernos y pensarnos por nosotros mismos, al protagonista central de nuestra historia y al componente indispensable de nuestro futuro” (Guillermo Bonfil, 1990:IV)

Hoy a doce años del siglo XXI, se lleva a cabo el censo número once (11) de nuestra historia, así que conviene reflexionar sobre este hecho desde una mirada posicionada en la descolonización, asumiendo que un censo en el Estado Plurinacional, es parte de la descolonización del saber con repercusiones en la descolonización del poder.

Si vemos la historia reciente y nos detenemos en el censo del 2001, veremos que este, representa el esfuerzo estadístico para contar con datos sobre “población” por un lado y “vivienda” por el otro, y esto no se hace en el vacío sino en un contexto de economía política y conocimiento estadístico marcados a sangre y fuego por el neoliberalismo.

Si el censo de 1900 en el gobierno de José Manuel Pando, permitía a la intelectualidad avizorar la desaparición del indio y el censo del 2001 en pleno gobierno de Jorge Tuto Quiroga “descubría” que los indios eran el 64%, estamos ante un panorama donde el conocimiento rigurosamente científico se confunde con las lagunas ideológicas propias de la colonialidad del saber.

De hecho, el censo del 2001 representa el último esfuerzo estadístico para reproducir la vieja hipocresía liberal: prometer y no hacer, de ofrecer derechos y no garantizar su materialización. De reproducir la colonialidad del saber en un círculo vicioso de oferta vacía de realidad.

El censo 2012, en cambio tiene un panorama prometedor, no solo porque el levantamiento de datos nos permitirá adquirir el conocimiento suficiente para materializar la redistribución de la riqueza social que se produce en el país con el objetivo de consolidar el Vivir Bien, tal como lo señala el Preámbulo de la Constitución Política de Bolivia. Sino además porque, tal como lo anuncia un estudio reciente, la masa poblacional que se reconozca como indígena aumentará considerablemente. La visibilización de lo indígena constituía un paso inicial pero imprescindible como ocurrió el 2001, hoy en el 2012, lo que cuenta es la tendencia hacia arriba de lo indígena, no por cuestión folclórica, sino por dato político.

I. Censo 1900: Ateniéndonos a las leyes progresivas de la estadística, tendremos a la raza indígena sino borrada por completo de la vida nacional, al menos reducida a su mínima expresión (Informe del Ministerio de Hacienda en 1901) El informe oficial de 1901 en relación al censo de 1900, no hacia otra cosa que poner en el papel lo que los ideólogos de la oligarquía pensaban sobre la existencia del indio.

Para entrar en contexto conviene señalar que, después de la guerra federal, en Bolivia se dieron cambios ideológicos sustanciales que no es posible pasar por alto, pues estos cambios tienen que ver con el racismo “científico” cuyas consecuencias se pueden advertir en la sentencia del informe oficial arriba citado.

Francovich señala con razón que: “Con el triunfo de la revolución federal de 1899, el positivismo pasó a tener ascendencia oficial en el país”[1]. Por ello Zavaleta afirmará que la revolución federal dio lugar a que el Darwinismo social sea la “ideología interior” del estado oligárquico.

Para resumir leamos a Bautista Saavedra “abogado defensor” de los indios procesados por el caso Mohoza, quien señala en la audiencia de 12 de octubre de 1901, lo siguiente: “El indio guarda pues una intensa aversión hacia sus opresores, su odiosidad se halla acumulada a través de muchas épocas y siglos enteros […] y si este, agotado el sufrimiento, se rebela contra sus opresores […] entonces hay que aplastarlo como a un animal peligroso, como a un rebelde indomable […] Si una raza inferior colocada frente a otra superior tiene que desaparecer […] hemos de explotar a los indios aymaras y quechuas en nuestro provecho o hemos de eliminarlos porque constituye un obstáculo o rémora en nuestro progreso hagámoslo así franca y enérgicamente […] porque una raza degradada como la aymara, que quien sabe esta próxima a llegar a sus últimas fases de su desaparición, no podrá jamás sobreponerse a una raza superior”[2].

Bautista Saavedra era uno de los máximos exponentes del positivismo y estudioso de las obras de Ferry no podía sino seguir la huella de los “racistas”, con base “científica” -Ferry, Lombroso, Garofalo y Gumplowics- se dio origen así, el famoso estereotipo de la “lucha de razas” que se encuentra en gran parte en el discurso de las élites, “era preciso usar al indio como instrumento de progreso criollo o concluir de una vez con la misión civilizadora de su exterminio”[3].

El censo de 1900 no podía sino, reproducir la ideología interior del Estado, en una ansiedad interna de exterminio del indio, y el censo -aunque no lo decía-, lo hacía presumir.

II. Censo 2001, Población indígena = 64%

Sin lugar a dudas, el censo del 2001, ha dado lugar a una intensa reflexión sobre los indígenas en Bolivia y en América Latina, ya que los resultados sorprendieron a más de uno.

Las elites intelectuales del neoliberalismo, quedaron asombrados por los datos, se abrieron intensas especulaciones sobre los resultados y más de uno creyó que las preguntas eran erradas. Por el lado del movimiento indígena estos datos, resultaban un ajuste de cuentas estadístico a contra corriente.

Sin embargo el fondo de todo venía con veneno. Pues la lógica de derechos indígenas era usada instrumentalmente para tapar los agujeros negros que se habían registrado con la anulación de los derechos más elementales como salud y educación.

De hecho, una apreciación técnica en apariencia inocente, tiene la virtud de develar, el fondo ideológico de los censos en la economía política del racismo multicultural, leamos la cita:

“El censo es la única fuente de datos con cobertura nacional. Por consiguiente, la disponibilidad de información sobre el origen étnico de la población permite estimar la magnitud de los pueblos indígenas así como desarrollar análisis sociodemográficos para el diseño de políticas públicas que puedan ayudarlos a salir de la pobreza manteniendo su identidad en el proceso de desarrollo. Esta información no sólo es útil para el sector público sino también para las propias comunidades para su propio crecimiento, su integración como grupo y para el desarrollo de sus propios programas de desarrollo” (Schkolink y del Popolo 2005)

Si desmenuzamos la cita, vemos que el censo sirve para “ayudar” a los indios a salir de la pobreza, manteniendo su identidad en el proceso de desarrollo del Estado, pero además viendo -en el camino- los programas de desarrollo de los mismos pueblos indígenas.

Este modelo de racismo moderado o multicultural, demuestra que el censo del 2001, contenía en su núcleo, la idea de tutelaje de los no indígenas sobre los indígenas. Es decir reproduce una moda tutelar anclada en el reconocimiento de los indígenas por parte de un Estado no indígena.

Así vistos los datos, el censo no tiene un carácter inocente, sino que expresa un estado de situación ideológico propio del orden colonial.

III. LAPOP 2012, auto-identificación indígena = 80%

Recientemente un sondeo de opinión presentado por la Universidad de Vanderbilt y auspiciado por Idea Internacional y el PNUD, nos arroja un dato revelador, 80% se auto-identifican como indígenas: 38.4% quechua, 23,5% aymara y 10% tierras bajas.

Estos datos no son para tomarse en broma, sino que representan el grado de madurez política de una sociedad que nunca más volverá a verse a través del prisma perverso del “blanqueamiento”, sino a través de la valoración positiva de la identidad indígena, así sea de los ascendientes, que hoy están más presentes que nunca.

Pero además, es un indicador eje que pone en evidencia, la descolonización del ser. Las subjetividades constituyen el tercer componente -al menos tal como nos lo plantea Héctor Díaz-Polanco-, de una revolución cuyas características emancipatorias están profundamente marcadas por la identidad indígena.

Al fin y al cabo, es el movimiento indígena originario campesino el sujeto histórico que conduce la revolución.

IV. “Nada sucede en Bolivia sin los indígenas” dice un grafitti en una pared de la ciudad de Oruro.

Como se pudo advertir, los censos no son inocentes, sino que reflejan el grado de articulación ideológica de una sociedad en su proceso de autoconocimiento.

Combinan economía política con ideología, y este hecho en sociedades que provienen de una matriz colonial, repercute en la colonialidad del saber.

Zavaleta en un ensayo sobre clase social y conocimiento, nos advierte, y con rigor, que las preguntas que se hace la burguesía no son las mismas que las que se hace el proletariado, pues las primeras tienen que ver con la reproducción ampliada de las técnicas y estrategias de dominación, y los segundos se preguntan sobre el cómo acabar precisamente con esa dominación.

Dicho en términos contemporáneos, las preguntas del Estado Colonial mendigo, nunca serán las preguntas del Estado Plurinacional digno.

Del mismo modo, los resultados de un censo neoliberal colonial, no serán jamás las respuestas de un Estado plurinacional. Hoy el censo anuncia la victoria final contra el colonialismo de los censos, contra la colonialidad del saber, contra la colonialidad del poder…

A momento de finalizar este artículo, veo en la televisión universitaria un programa sobre descolonización y juventud, llego a la conclusión de que la colonialidad del saber está profundamente arraigada en sus aulas, estudiantes y profesores. Siento racismo con rotulo de academia, veo a un indio como Untoja diciendo tonterías y a Elizabeth Reyes emulando a Samuel Doria Medina en la lógica de la calumnia, veo una profesora de Derecho Penal que no ha leído ni por asomo a Eugenio Raúl Zaffaroni su “Descolonización del sistema punitivo”, incurriendo en un acto de lesa conocimiento y un profesor cuya ensalada no dice nada, un programa insípido a todas luces.

Si la ignorancia es atrevida, la UMSA en sus segmentos de dirección está en serios problemas emesemistas, de eso no tengo duda alguna.

Siento que hoy más que nunca debemos decir en voz alta, al igual que los revolucionarios de Córdoba en 1917: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”

Bibliografía:

Barnadas, Joseph; Apuntes para una historia aymara. La Paz: CIPCA, p. 151

CEPAL; Los pueblos indígenas de Bolivia: diagnóstico sociodemográfico a partir del censo del 2001. Santiago de Chile: CEPAL, 2005.

Ciudadanía – LAPOP; Cultura política de la democracia en Bolivia, 2012: Hacia la igualdad de oportunidades. La Paz: IDEA, Embajada de Suecia, Barómetro de las Américas, LAPOP, Universidad de Vanderbilt, 2012.

Francovich, Guillermo; La Filosofía en Bolivia. La Paz: Juventud, 1989

Saavedra, Bautista; El Ayllu. La Paz: Juventud, 1987

Schkolink, Susana y Fabiana del Popolo; Los censos y los pueblos indígenas en América Latina: Una metodología Regional. Santiago de Chile: CEPAL, 2005

Notas:

[1] Francovich, Guillermo; La Filosofía en Bolivia. La Paz: Juventud, 1987, p. 217

[2] Cfr. Saavedra, Bautista; El Ayllu. La Paz: Juventud, 1987, p. 135

[3] Barnadas, Joseph; Apuntes para una historia aymara. La Paz: CIPCA, p. 15

* Abogado, director general de Estudios y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional, Ministerio de Comunicación.