Un pequeño puente cuyos orígenes datan de la época precolombina da nombre a la capital de Barbados, la más oriental de las islas del Caribe, ubicada incluso fuera del llamado Arco de las Antillas, en pleno Océano Atlántico. Según los historiadores locales, el puente -originalmente de tierra- fue edificado por indígenas arahuacos sobre un área pantanosa que luego fue drenada por los ingleses tras tomar posesión de la isla en 1628.

Pero hace mucho tiempo que Bridgetown dejó de ser aquel pantano infestado de mosquitos para convertirse en una pequeña ciudad donde vive la tercera parte de los casi 300 mil habitantes de Barbados. La moderna urbe también ha devenido un importante centro financiero internacional debido a la presencia de numerosas compañías extranjeras.

Broad Street es su principal arteria comercial, como lo atestiguan las numerosas tiendas “duty free” (libres de impuesto), bancos y joyerías que se alinean a ambos lados de la calle. El constante ir y venir de turistas que llegan a diario a la isla a bordo de cruceros, en yates particulares, o a través del aeropuerto internacional Sir Grantley Adams, habla del enorme desarrollo turístico logrado por Barbados en los últimos años, al punto de ser ya la principal fuente de ingresos del país, muy por encima del azúcar.

La construcción de una terminal de cruceros de nuevo tipo comenzó en Barbados a un costo de más de 300 millones de dólares. Con la instalación, que acogerá algunos de los barcos más grandes del mundo, el país espera aumentar el número de visitantes y devenir un referente para la industria regional, aseguró el ministro de Turismo George Hutson.

La construcción de la terminal tendrá una duración aproximada de dos años e incluirá un par de muelles para cruceros (llegada y partida, respectivamente), parqueos y componentes para un consumo eficiente de energía. Ese proyecto incluye una operación para recuperar unos 60 mil metros cuadrados de terreno en el mar.

El turismo de cruceros en Barbados creció de 127 mil personas en 1985 a 726.500 el pasado año, mientras el mejor período para esta modalidad ocurrió en 2004, cuando llegaron unos 812.800 visitantes. De acuerdo con la Organización Caribeña de Turismo, la región es actualmente la zona más dependiente de esta industria en el mundo. El área tiene la posición 13 entre las mayores industrias globales de ese sector en cuanto a tamaño absoluto. Además, es la segunda fuente de empleos y la vía de ingresos más importante de la región, con un monto superior a los 39 mil millones dólares en 2010.

Aunque la dominación británica cesó oficialmente en 1966 con el otorgamiento de la independencia, los numerosos edificios de estilo victoriano son un recuerdo constante del paso de los ingleses por esta isla que algunos pro monárquicos recalcitrantes todavía gustan llamar Little England (La pequeña Inglaterra).

Los sistemas parlamentario, jurídico y educacional son una copia fiel de los utilizados en la antigua metrópoli, mientras que la predominante religión anglicana, los vehículos que transitan por el lado izquierdo de la vía, y los nombres de los lugares y personas también se encargan de recordar al visitante el pasado colonial de la isla.

Otra muestra palpable de la presencia británica en Barbados es la antigua Plaza Trafalgar y el monumento al almirante Nelson. Las autoridades coloniales de Barbados incluso se adelantaron a la Corona británica en rendirle homenaje al militar muerto en 1805 en la célebre batalla naval, pues tanto la plaza como la estatua fueron inauguradas en 1813, 36 antes que en Londres.

En 1999, y por presiones del creciente movimiento nacionalista barbadense, la Plaza de Trafalgar ubicada a pocos pasos del Parlamento adoptó el nombre de Plaza de los Héroes, en tributo a los patriotas locales. La catedral de St. Michael y la antigua sinagoga judía también dan fe del eclecticismo constructivo que caracteriza a Bridgetown, cuya parte más antigua, junto con La Guarnición, el antiguo cuartel de las tropas británicas donde desde 1880 funciona un hipódromo, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011.

Al igual que los ingleses, los bajans, como les gusta llamarse a si mismos a los barbadenses, son gente reservada, toman té y juegan al críquet, pero carecen de la tradicional flema británica, ya que el 80 por ciento de ellos es de origen africano. Debe ser por eso que el reggae, la soca, el calypso y la música de las steel bands inundan las calles a toda hora, y el Mount Gay, el famoso ron local, se consume por garrafas, sobre todo en época de carnaval o del Crop Over, una festividad anual que se extiende de junio a agosto.

* Periodista de Prensa Latina. Fue corresponsal en Barbados.