Beijing (PL).- Para quienes la conocieron hace 30 años, Shanghai se ha multiplicado en construcciones y habitantes, en poder económico y muchos atractivos que la destacan con los típicos atuendos de ciudad más esplendorosa de China.

Escenario de la novela de André Malraux La condición humana, Shanghai está dividida en dos por el río Huangpu, uno de los afluentes del poderoso Yangtze. En la ribera occidental se halla el centro histórico de la ciudad, mientras que en la oriental predomina el vibrante distrito financiero de Pudong. Frente a la bella zona de construcciones europeas al estilo del siglo XIX, donde destaca el Bund con su malecón y su boulevard, se levanta un virtual bosque de rascacielos y modernos edificios que pareciera como si compitieran en altura y presencia en este vibrante centro del comercio y las finanzas de China.

Pero no se confunda, la modernidad de sus amplias avenidas y edificios de acero y cristales no ha mermado el tradicional ritmo de la vida en Shanghai a lo largo de sus estrechas callejuelas, donde proliferan ruidosos mercados y pequeños restaurantes con ofertas de muy variados platillos de pescados, mariscos, cerdo y otros, como deliciosos tallarines y dumplings.

Shanghai, que con sus más de 20 millones de habitantes es una de las cuatro municipales chinas bajo control directo del gobierno central, fue colonizada por refugiados que huían de los mongoles en los años 960-1126 antes de nuestra era. Su ubicación estratégica la obligó a abrirse al tráfico internacional en el siglo XIX, forzada por el Tratado de Nankin de 1842, y su estatus comercial avanzó hasta que la guerra civil (que terminó en 1949 con el triunfo de Mao Zedong) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) frenaron su desarrollo. La ciudad estuvo ocupada por los japoneses de 1937 a 1945.

Fue el proceso de reformas en su etapa a partir de 1990 en China que brindó a esta cosmopolita ciudad la posibilidad de comenzar su despegue económico para convertirse en sede de numerosas empresas de todas partes del mundo y de las principales de esta nación asiática. Entre sus logros está ser el mayor puerto del mundo por volumen de mercancías, un importante destino turístico, un centro cultural y de diseño, la localidad de mas alto crecimiento de la economía nacional y estar considerada la capital económica de China.

Shanghai, que en 2010 fue sede de la Exposición Universal sobre el urbanismo del futuro, tiene una superficie de seis mil 340 kilómetros cuadrados y cuenta con 18 distritos y un condado. Como peculiaridad, su centro urbano se extiende por varios de ellos. Así pues, las zonas económicas y de negocios se extienden desde el distrito de Lujiazui hasta la orilla este del río Huangpu, y la Cámara Municipal y los grandes centros administrativos están en el de Huangpu, en el occidente, donde radica la célebre calle comercial Nanjing, la principal del mundo.

Como dato curioso, en esta área de Huangpu, de 20,43 kilómetros cuadrados, viven más de 700 mil habitantes, lo que la convierte en una de las más densamente pobladas del mundo. Pero quizás el más famoso de los distritos de Shanghai sea Pudong, ubicado en la ribera este del río Huangpu y frente a la zona antigua de la ciudad, que se ha convertido en un centro financiero y comercial de rango internacional.

En Pudong están la zona financiera de Lujiazui, el Mercado de Valores de Shanghai y la famosa torre Perla Oriental (de 492 metros de altura), que en 2014 será superada por un nuevo rascacielos de 632 metros de altura que se convertirá en el segundo edificio más alto del mundo. Entre sus atractivos, además del Bund y la modernidad de Pudong, figuran el Templo del Dios de la Ciudad y la Plaza del Pueblo (edificada en 1950 en lo que fuera antiguamente el hipódromo de los británicos) y donde radican el Ayuntamiento, el museo de la ciudad y el Gran Teatro.

Pero si le quedan dudas de lo extraordinario de Shanghai venga a comprobarlo y tan pronto llegue podrá utilizar el tren de propulsión magnética que desde el aeropuerto lo conducirá en apenas siete minutos al centro de la ciudad, ubicada a 30 kilómetros de distancia.

Aficionados a modas antiguas aumentan en China

Miles de chinos adoptan la costumbre de lucir en ocasiones ropas similares a las que vestían hace siglos sus ancestros de la nacionalidad Han porque consideran importante revivir las tradiciones, pero sin renunciar a celulares, gafas de sol y otros elementos de la vida moderna. Este nuevo actuar parece seguir la línea de quienes prefieren celebrar bodas a la vieja usanza, aunque en esta ocasión su paso por las calles de China vestidos a esa antigua manera provoca sorpresa entre quienes piensan que se trata de algún filme de época y buscan en vano cámaras y luces.

Utilizados aún como prendas comunes por monjes budistas y taoístas, este tipo de ropa llamada Hanfu dejó de estar en el vestuario del chino común hace al menos dos siglos, pero ahora vuelve al panorama gracias a este grupo de personas que han escogido como pasatiempo revivir esa moda. Estas vestiduras están basadas en la práctica de las capas, es decir, poner pieza sobre pieza para cubrirse del crudo invierno chino, y era usado tanto por hombres como mujeres.

Por tanto, los seguidores de esa moda siguen lo que hacían sus ancestros, quienes empezaban por una camiseta y un calzón corto o a media pierna que cubrían con una casaca larga de anchas mangas atada a la cintura, y como toque final un abrigo abierto al frente. El material usado en estos Hanfu (que es su nombre en chino) era seda de un solo color, muchas veces brocada o con bellos bordados de diferentes tonos.

Lo que comenzó como el placer de algunos se ha convertido en negocio de otros como Li Baichuan, quien recientemente fue entrevistado por la agencia noticiosa Xinhua sobre su nuevo atelier dedicado a confeccionar a mano esas bellas prendas que tanto vemos en los filmes chinos de época. Ahora el auto convertido modisto experimenta con versiones más cortas y prácticas de estas largas túnicas, una forma de atraer mayor clientela aunque ya comienza a tener cierto éxito porque en dos semanas logró vender nueve de sus trajes tradicionales. Sin embargo, no ha logrado convencer a muchos.

Para promover su mercancía, Li luce esas prendas todo el tiempo que está en su tienda, preferiblemente de seda negra con puños y cuellos rojos, y permite a sus clientes escoger cualquier variación adaptada a las necesidades actuales, como bolsillos escondidos para celulares y otros adminículos. Pero el nuevo diseñador combina estas togas con camisas de cuello, que complementan los atributos del vestir Hanfu.

Esta ropa tradicional china, también conocida como Hanzhuang, Huafu o Guzhuang, o simplemente togas de seda, existe desde hace unos tres mil años y fue usada hasta que el territorio chino fuese conquistado por la tribu manchú y se estableciera en 1644 la dinastía Qing. Ese modo de vestir, elegante pero algo incómodo debido al ritmo de la vida moderna, es utilizado actualmente en ceremonias, festivales y celebraciones culturales, aunque una versión más sencilla -casi siempre en algodón- es el vestuario cotidiano de monjes budistas y taoístas.

Cuenta la historia que el Hanfu era la vestimenta preferida del legendario Emperador Amarillo (Huangdi), quien la fábula representa como una figura mítica o dios que rigió durante un siglo los destinos de China (de 2698 a 2598 antes de nuestra era). También se dice que su madre quedó embarazada de un rayo nocturno y que después de 20 años de llevarlo en su seno nació Huangdi, capaz de hablar desde el momento de llegar al mundo.

Su origen hace que muchos lo identifiquen con el dios del trueno y la mitología a su alrededor se complementa con la de su esposa, Luo Zu, quien se dice fue la que enseñó a los chinos a tejer la seda de los gusanos. Fue en la dinastía Shang (1600-1000 antes de nuestra era) que comenzaron las primeras versiones del Hanfu, el cual se reducía a una túnica estrecha hasta la rodilla, complementada con una falta angosta hasta los tobillos. Los colores eran intensos o de tonalidades verdes, lo único a mano en esa época.

Pero la llegada de los conquistadores manchú, una nación bárbara mucho más atrasada que la civilizada China, acabó con esa tradición de tres mil años. Se dice que para compensar su desventaja frente a los civilizados conquistados, los nuevos gobernantes emitieron una serie de edictos, como el conocido como Tifayitu, mediante el cual se determinaron cambios de corte de pelo y vestuario que pusieron fin al uso de los vistosos ropajes de los Han.

Más bodas a la vieja usanza

Atraídos durante años por las ceremonias matrimoniales de Occidente, muchas parejas chinas retornan en la actualidad a prácticas milenarias y organizan bodas tradicionales de gran elegancia y belleza en las cuales es imprescindible cumplir un código básico. Aunque cada región del país tiene sus características propias, expertos en la material consultados por Prensa Latina indican que, sin embargo, para todos por igual es necesario tener en cuenta una serie de pasos esenciales comenzando con una visita a la familia de la novia por parte del padre del pretendiente, junto a un casamentero, para proponer el matrimonio.

En las conocidas como las seis etiquetas o normas, que fueron establecidas durante la Dinastía Zhou (1050 -256 antes de nuestra era), el casamentero debe preguntar el nombre y fecha de nacimiento de la muchacha para comprobar a través del zodiaco chino si la unión está favorecida. Si todo marcha bien, entonces este personaje tan protagónico en la literatura antigua china ofrecerá formalmente regalos de compromiso a la familia de la novia, que si son aceptados confirman su acuerdo con la propuesta de matrimonio.

En ese momento corresponde a la familia del novio seleccionar una fecha propicia para la boda, la que el casamentero informará a la de la novia. La última de las normas de este código es que el novio, en una procesión matrimonial, recogerá a su futura esposa de casa de los padres para conducirla hasta el lugar en que se celebrará la boda. Esto puede hacerse en una silla de mano adornada especialmente para la ocasión con brocados en rojo, seguidos de músicos y, de ser posibles, estruendosos petardos y voladores.

De ahí en adelante, las costumbres estarán marcadas por las regiones, en algunas de las cuales el novio lanza flechas al cielo, la tierra y un lugar lejano, mientras en otras al finalizar la ceremonia los recién casados ofrecen te y cigarrillos a los invitados. En otros casos, por ejemplo, se mantiene la vieja costumbre de que la novia esté alejada de sus amigos el día antes del casamiento, como para significar el sufrimiento por la pérdida de sus amistades, aunque otras muchachas en igual situación disfrutan de la conocida despedida de soltera, con una reunión festiva de regalos y bromas… Parecen comunes, no obstante, las reverencias de los novios a sus padres, en muestra de respeto y agradecimiento, y la visita tres días después del casamiento a las casas de cada uno de ellos.

Si importante son estos rituales, también es el uso del color rojo, considerado símbolo de buena fortuna, felicidad y prosperidad, que está presente en los trajes de los contrayentes, los adornos de la ceremonia, en las invitaciones, la envoltura de los regalos y los sobres donde se coloca dinero para los contrayentes. En algunas bodas las novias usan también un velo rojo que le cubre la cara, que solo levantará el novio después de cruzar un fuego purificador.

Un reciente reportaje sobre los trajes de bodas en China publicado en la revista mensual Women (Mujeres) editada en inglés ofrece opciones a los trajes de sede roja que se pueden lucir en una boda tradicional de la actualidad. En las páginas de la publicación se presentan elegantes vestidos de corte actual dentro de lo puramente chino que van desde trajes escotados ajustados que abren en una campana a partir de las rodillas a otros en los cuales el corte es más severo, con cuello alto, mangas largas y saya corte recto hasta los tobillos, siempre en seda roja combinada con dorado u otros colores.

De una forma u otra, es innegable la belleza de la vestimenta y del ceremonial de este tipo de casamientos, que son más frecuentes en primavera y otoño, estaciones que consideradas popularmente como las más apropiadas, seguramente por la belleza del entorno. Pero también la diseñadora Peng Jing ofrece opciones a las chinas que sigue prefiriendo una boda blanca al estilo occidental, con bellísimos y provocativos diseños de encajes, tules y largas colas.

En una China cada vez más avanzada, inmersa en un profundo proceso de transformaciones económicas que se reflejan en el bienestar popular, los jóvenes que piensan en casarse tienen la oportunidad de revivir costumbres ancestrales que siempre son admiradas y respetadas en este milenario estado asiático.

* Corresponsal de Prensa Latina en China.