Un intenso intercambio de misiles se viene dando entre Gaza a Israel donde cada bando ha lanzado alrededor de 600 cohetes cada uno, aunque de distinto calibre. Israel cuenta con el arsenal más sofisticado del Medio Oriente (siendo el único en dicha región en poseer bombas nucleares, las cuales suman unas 200) y uno de sus objetivos fue haber logrado asesinar el miércoles a al-Jabari, el jefe del aparato militar del Hamas que controla Gaza, al cual Tel Aviv ponía en su lista de los peores “terroristas”, pero que en Gaza era visto como un arquitecto de su seguridad.

Gaza es una de las franjas más sobrepobladas que hay en el Mediterráneo (allí viven 1.600.000 palestinos) y toda artillería tiende a producir más daños a los civiles que a los militares. La mayoría de los alrededor de 40 palestinos muertos por los misiles israelíes son civiles, incluyendo ocho profesionales de la salud y varios niños, como uno de 4 años cuyo cadáver fue levantado por el primer ministro egipcio Heshan Kandil cuando visitó Gaza y dijo que su revolución islámica va a estar al lado de los palestinos.

El Hamas ha sorprendido debutando misiles iraníes Fajr-5 que pueden volar a 75 kilómetros de distancia e impactar en las dos capitales israelíes (Jerusalén y Tel Aviv, la misma que ha declarado su primera alerta desde que en 1991 Hussein envió Scuds hacia esta).

EEUU secunda a Israel mientras que el secretario de relaciones exteriores británico William Hague aconseja a Tel Aviv no arriesgarse a una invasión a Gaza so riesgo de minar sus apoyos internacionales. No obstante, el premier israelí Benjamin Netanyahu ha lanzado un plan en el que podría movilizar 75.000 reservistas a la frontera de Gaza (un número mayor al que empleó en la pasada incursión de 2008 y similar al que lanzó al invadir Líbano).

Halcones sobre Gaza

El canciller israelí Avigdor Lieberman plantea que si su país lanza una ofensiva contra Gaza, esta será total e irá hasta las últimas consecuencias. Con ello él postula el derrocamiento del gobierno de Hamas y un baño de sangre que sería mayor que el que el de la pasada invasión de 2008 quitó la vida a 1.400 palestinos de Gaza.

Lieberman abiertamente postula la alternativa de la limpieza étnica como única solución al problema palestino. Su partido “Israel nuestra casa”, muy apoyado por los judíos que como él recién han llegado del mundo eslavo ex-socialista, cree que hay que aplicar el mismo método que los croatas adoptaron contra los serbios (echarlos de sus tierras), que Turquía y Grecia tuvieron después de la I Guerra Mundial (masiva transferencia de nacionales de uno y otro bando para crear repúblicas étnicamente depuradas) o que los soviéticos tuvieron tras de la II Guerra Mundial donde deportaron a millones de germanos y húngaros.

Mientras el primer ministro Netanyahu no está a gusto en dar paso a un Estado palestino, Lieberman quiere que Israel anexe todas sus colonias en la Franja Occidental, que se desentienda de todos los territorios árabes bajo su control y que le demande a todos los no judíos que queden en su Estado el que acepten los principios sionistas si no quieren ser echados.

Lo que gente como Lieberman quiere es propinar un duro golpe a los palestinos, el mismo que les desmoralizase y que les obligase a aceptar que renuncien a su pedido de querer que vuelvan a sus casas los palestinos que de estas se fueron y que, más bien, acepten una nueva transferencia a fin de que Israel devenga en un Estado étnicamente homogéneo y que los bolsones árabes adquieran una independencia desarmada y controlada como la que Sudáfrica quiso hacer con los Bantustanes negros.

Una arremetida brutal contra Gaza conduciría a una carnicería y a emplear métodos de corte fascista contra sus pobladores nativos, algo que rebotaría contra el mismo pueblo hebreo al fomentar a los totalitarios, fanáticos y fundamentalistas religiosos. También contrae el grave peligro de provocar a la opinión pública internacional y, sobre todo, a Egipto cuyo gobierno está en manos de la Hermandad Musulmana, el partido madre del Hamas palestino, el cual se vería obligado a tener que renunciar a los pactos de cooperación con Israel (que Mosni inicialmente ha avalado) para salir en defensa de sus camaradas de Gaza generando el peligro de hacer que Egipto vuelva al sendero de la confrontación como pasó en las pasadas 4 guerras de 1947-48, 1956, 1967 y 1973.

Una arremetida de ese tipo le daría alas al Hizbola libanés, al arrinconado Assad y a Irán quienes aprovecharían ello para tratar de dividir y minar a la maltrechamente unida oposición siria secundada por Occidente.

Una nueva invasión israelí a Gaza se daría en peores condiciones para Tel Aviv que hace un lustro. Esto debido a que el Hamas palestino y el Hizbola libanés se sienten política, electoral y militarmente más fuertes, a que Irán ha ampliado su influencia en la zona, y a la situación de los dos principales vecinos de Israel: Egipto y Siria.

A partir de este año, Egipto (que hasta 1967 detentaba Gaza) está gobernado por la Hermandad Musulmana (cuya antigua sección palestina era el actual Hamas), la misma que ha enviado por primera vez a un primer ministro egipcio a Gaza mientras esta es bombardeada para expresar su solidaridad total con su población.

Israel corre el riesgo de que Egipto rompa su política de buena vecindad y que también Assad busque ganar la guerra civil siria transformándose en un campeón del nacionalismo árabe contra el sionismo provocando más bombardeos e incluso una incursión hebrea sobre su territorio.

Egipto y Gaza

Una escalada militar israelí sobre Gaza podría alterar las relaciones con Egipto, las que desde hace un tercio de siglo se han mantenido amigables. Egipto es el Estado árabe más poblado y armado, y es el principal vecino de Israel. Los judíos siempre recuerdan en sus rezos cómo Moisés los liberó de la esclavitud que tenían en ese país, del cual provienen todos ellos. Los sionistas saben que su peor rival en las guerras fue siempre esa república fundada por Gamal Abdel Nasser, el inspirador del nacionalismo panárabe de Gadafi y el Baath de Siria e Irak.

Egipto se anexó Gaza de 1948 a 1967 cuando inicialmente hizo la guerra al recién proclamado Estado judío. En 1956 israelíes, franceses y británicos invadieron el Sinaí cuando Nasser nacionalizó el canal interoceánico de Suez. Por presión de EEUU y de Rusia Israel se retiró de dicha península desértica para luego capturarla en la guerra de 1967.

Tras que en el conflicto de 1975 Egipto pudo empatar militarmente con Israel es que pocos años después se llega a un acuerdo entre ambos bajo el amparo de Washington en el cual Tel Aviv se retiró del Sinaí a cambio de ser reconocido diplomáticamente. En los últimos siete lustros que van desde el acuerdo de Camp David el Cairo y Tel Aviv fueron estableciendo relaciones que sirvieron para que luego Jordania se llevara bien con Israel. Gracias a esos tratados Egipto pasó de la órbita de Moscú a la de Washington convirtiéndose en el principal receptor de fondos y armas norteamericanas en la región después de Israel.

Egipto adoptó una actitud blanda ante las sucesivas incursiones de Israel en los territorios palestinos y Líbano y ante el hecho de que dicho Estado sigue ocupando el Golán sirio, y también estuvo con EEUU cuando este hizo sus dos invasiones a Iraq así como a Afganistán. Cuando Mohammed Morsi fue proclamado como el primer presidente democráticamente electo de Egipto él trató de mantener esa buena vecindad con Israel, pese a que su partido, la Hermandad Musulmana, tiene un historial anti-EEUU y anti-sionista y es la madre del Hamas palestino.

Él inicialmente envió una “carta de amor” a Israel con su nuevo embajador en Tel Aviv, buscó mantener la cooperación sobre seguridad con Israel, seguir cerrando túneles entre su país y Gaza por donde los palestinos tratan de burlar el bloqueo, y no aceptar una zona de libre comercio con Gaza.

No obstante, los ataques israelíes sobre Gaza han hecho que por primera vez un primer ministro egipcio vaya allí y además proclame que la revolución egipcia se identifica con la causa del Hamas. La evolución del conflicto podría conducir a que Morsi deba aceptar la presión de su base islamista y salafista y revertir la política de cooperación con Israel, todo ello en provecho del Hamas.

Gaza y los filisteos

La disputa entre Gaza e Israel tiene antecedentes que datan de hasta tres milenios. La franja de Gaza corresponde esencialmente al territorio que antes tenían los filisteos (nombre del que derivaría la palabra Palestina) cuando los israelitas llegaron escapando de Egipto donde fueron esclavos para conquistar Canaán.

En la Biblia los judíos reclaman que Dios les dio el derecho a someter a varios pueblos de dicha tierra prometida, pero dentro de ellos no estaban los filisteos con quienes Abraham antes tuviera un pacto, aunque luego estos se convirtieron en sus principales archi-enemigos y llegaron a secuestrarles el Arca de la Alianza. Filisteos fueron Goliat (el adversario de David, el fundador del reino hebraico) o Dalila (quien hizo que el poderoso Sansón fuera derrotado por sus compatriotas filisteos).

No se conoce cuál fue exactamente el idioma de los filisteos, pero por los pocos nombres que la Biblia cita de ellos, se estima que tenían una lengua no semítica sino indoeuropea. Esto y diversos descubrimientos arqueológicos conjeturan la posibilidad de que los filisteos hubieran sido unos 25.000 descendientes de personas originadas en el mar griego, Creta o Micenas quienes llegaron a la costa sur cananeas a once siglos antes de Cristo, aunque se combinaron con los nativos adoptando sus dioses, vocablos y costumbres.

Ellos habrían sido parte de los “pueblos del mar” que llegaron a guerrear contra Egipto y que este reino, a su vez, les utilizó como mercenarios. Fueron muy buenos metalúrgicos monopolizando la fabricación regional del hierro, algo que les hizo fuertes ante los israelitas. Se diferenciaron de los herederos de Moisés en su politeísmo, sus cultos a Baal, Astarte y Dagon y en su afición al alcohol (organizando borracheras que duraban una semana) y al consumo de cerdos y mariscos (vetados en la Biblia).

Filistea fue la única zona de las dos ramas del río Jordán que no fue repartida entre las 12 tribus de Israel y que nunca estuvo bajo el dominio de los monarcas David y Salomón. Ellos mantuvieron una federación de Estados-ciudad, como la que desarrollaron los helenos, la misma que se basaba en los 5 reyes de Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat.

Si bien en Gaza se construyeron en distintas épocas varias sinagogas, esta es la única zona de la “Tierra Santa” que casi nunca estuvo bajo control de los hebreos habiendo sido el principal reducto de los paganos cananeos. Gaza sigue siendo hoy la única región bajo dominio israelí donde no hay asentamientos sionistas, en tanto que estos pululan en toda la franja palestina occidental del Jordán (y que los colonos hebreos denominan como “Judea y Samaria”).

La Gaza de hoy no es un bastión del politeísmo sino la zona islámica más homogénea, pero como hace tres milenios sigue siendo un férreo enemigo de Israel.

Palestinos y hebreos: mismo origen

Uno de los principales problemas que afronta el Medio Oriente y también la humanidad, es el conflicto entre hebreos y palestinos. Mientras los primeros se creen los predestinados a retomar su antigua patria desde donde hace dos milenios habrían sido exilados, los segundos ven a los sionistas como colonizadores invasores. Sin embargo, los estudios del DNA muestran que ambos pueblos tienen muchas raíces comunes, y que los judíos (incluyendo muchos de ascendencia europea) tienen más parentesco sanguíneo con los palestinos que con los europeos no judíos.

Los 15 millones de judíos que hay en el mundo descienden de una serie de hebreos que emigraron por razones comerciales o por escapar de diversos yugos al resto del mundo, pero la gran mayoría de los habitantes hebraicos se quedaron en esas tierras. Un 2% de los actuales habitantes en Israel/Palestina son cristianos, muchos de los cuales proceden de los primeros judíos y habitantes de la Palestina romana que abrazaron el culto a Jesús como mesías. Una gran parte de los palestinos, que son musulmanes, fueron originariamente israelitas judíos o samaritanos y cristianos que luego abrazaron el Islam.

Un caso interesante es ver qué pasó con los samaritanos, quienes en la época de la Biblia fundaron el reino de Israel amalgamando a más territorios que los de Judea. Los samaritanos son los descendientes de las tribus de Efraín y Manasés quienes mantienen hasta hoy la reverencia a Moisés y a los primeros 5 libros del antiguo testamento, pero se diferencian de los judíos en que conciben que el templo sagrado debe estar en el Monte Gerizim (donde supuestamente Abraham quiso sacrificar a Isaac) y no en Jerusalén.

Ellos no fueron parte del exilio judaico y se mantuvieron esencialmente en sus tierras incluso organizando rebeliones contra la ocupación bizantina. Según el Museo Samaritano, hace dos mil años llegaron a superar un millón de personas, aunque hoy solo quedan 750 de ellos. La mayoría de los antiguos residentes del reino de Israel vio a los musulmanes como un recambio positivo ante sus opresores bizantinos y terminó abrazando la nueva religión mahometana, la misma que, al igual que el samaritanismo, predica el monoteísmo y la herencia de Adán, Abraham y Moisés.

Yitzhak Ben-Zvi, quien fuera en 1952-63 el segundo presidente de Israel, escribió en 1940 que dos de cada tres palestinos de Nablus (una de las principales ciudades de la Franja Occidental) tienen nombres y raíces samaritanas.

El conflicto hebreo-palestino podría empezar a resolverse si Israel aceptase que muchos palestinos son antiguos israelitas, los mismos que deben tener derecho pleno a ser ciudadanos iguales de una república secular, abierta, democrática y multiétnica.

Los “Hijos de Israel”

Cuando se habla de Israel se piensa en el Estado judío, pero los “hijos de Israel” no se consideran judíos aunque vivan bajo la administración de dicho Estado. Desde hace 3 mil años ininterrumpidos ellos han vivido en torno al Gerizim (uno de los montes más altos de “Tierra Santa”). Los “hijos de Israel” bien pueden ser la etnia más antigua que ha sobrevivido continuamente en Palestina pues la casi totalidad de los judíos que hoy componen su mayoría provienen de relativamente recientes olas inmigratorias (especialmente de Europa).

Los “hijos de Israel” que rezan en hebreo y hablan el árabe bien pueden ser un referente para delinear una solución al conflicto del Medio Oriente. Ellos son los descendientes del reino de Israel, el mismo que existió entre los años 930s y 720s antes de Cristo congregando a la mayoría de las 12 tribus hebraicas quienes se negaron a reconocer al hijo de Salomón como su jerarca, el mismo que hizo su pequeño reino de Judea compuesto por las 2 tribus sureñas y Jerusalén.

La rivalidad entre esos dos pueblos hebraicos continuó. Cuando los asirios en el 720 AC conquistaron el reino de Israel y expulsaron a casi 30,000 miembros de su élite, Judea sobrevivió y sus descendientes acusaron a los israelitas de recibir oleadas de inmigrantes mesopotámicos y aceptar ídolos. Mientras los judíos siempre rezan orientándose hacia Jerusalén, los “hijos de Israel” lo hacen ante el monte Gerozin donde erigieron un templo rival, el mismo que fue destrozado por los reyes judíos hasmoneos 129 AC.

Los “hijos de Israel” son más celosos que los judíos en el cumplimiento de la circuncisión, el sábado, el día del ayuno y las fiestas hebraicas. Ellos solo creen en los 5 primeros libros bíblicos y los 10 mandamientos de Moisés pero no en los subsiguientes libros de la Biblia a los cuales consideran heréticos. Ellos tienen su propia versión del Pentateuco donde afirman que deben rendir culto al Gerozin, el monte en donde ellos reclaman Abraham quiso sacrificar a Isaac, pero que muchos judíos acusan de tener restos paganos.

Después que en la séptima década de esta era el segundo templo de Jerusalén fuera destrozado por los romanos y que la mayoría de los judíos fueran a vivir a la Mesopotamia o al resto del Mediterráneo, el principal pueblo hebraico que quedó en Palestina fueron los “hijos de Israel”, también llamados samaritanos, los cuales llegaron a ser más de un millón de personas.

Bizancio masacró cientos de miles de ellos, muchos de los cuales apoyaron la invasión islámica y se convirtieron a ese credo. Hoy, si bien solo quedan 750 “hijos de Israel” su existencia demuestra que esta tierra ha sido habitada por muchos pueblos, que gran parte de los antiguos israelitas son hoy palestinos y que la Tierra Santa debe ser para todas y no solo para una etnia.

Jesús: ¿fue musulmán?

Esta pregunta puede parecer provocadora a la mayoría de los occidentales quienes saben que Mahoma, el Corán y la religión musulmana aparecieron seis siglos después de Cristo, en cuya naturaleza divina han sido educados. Sin embargo, hoy para la mayoría de los pobladores de las tierras bíblicas, quienes son mahometanos, Jesús es reverenciado como el último de los 25 profetas musulmanes antes de Mahoma.

Para ellos ‘Islam’ significa sumisión a Dios y “musulmán” el que se adhiere a esa doctrina. De allí que los discípulos de Mahoma creen que él no fue el creador de una nueva religión sino el último mensajero de un linaje de monoteístas que vienen desde Abraham hundiendo sus raíces en Adán.

Los musulmanes adoran a Jesús como mesías e hijo de una virgen divinamente concebida. Para ellos él fue el último mensajero que envió Dios antes de Mahoma, después del cual nadie más puede venir. El Corán cita 25 veces a Jesús (frente a solo 4 de Mahoma), pero en vez de verlo como un inmortal, lo tratan como un humano de carne y hueso que era abiertamente un devoto de Alá (y por ende un musulmán), el mismo que fue enviado para hacer milagros, siendo el primero uno que él supuestamente hizo apenas salió del vientre de María al empezar a hablar, cosa que no sale en la Biblia.

El Corán niega que Jesús padeció en una cruz y dice que él fue elevado al cielo directamente por Alá, desde donde regresaría en el juicio final para aplastar al Anticristo y a quienes supuestamente han abusado de su nombre (incluyendo los cristianos) y luego vivir otras 4 décadas más en la Tierra.

Los ahmadías, una secta indo-paquistana del Islam, aseguran que Jesús después de ser crucificado y visitar Galilea fue enterrado en India. Esta interpretación de Jesús directamente contradice a la de la mayoría de los cristianos quienes ven a él junto a Jehová y al Espíritu Santo como un Dios Trino (o a la del mormonismo que ve a estos como tres dioses diferentes).

Los musulmanes condenan todo ello como politeísmo y antagónico al monoteísmo pues creen que Dios es uno solo, invisible y todopoderoso, y que no tiene competencias, figuras humanas o naturalezas múltiples. Mientras el Jesús presentado por Roma ha estado bajo la influencia de la cultura, filosofía y teología grecorromanas, los musulmanes reivindican la tradición ortodoxamente monoteísta semita.

Los mahometanos lograron imponer su visión de Jesús en las tierras bíblicas en la segunda mitad del primer milenio aprovechándose de la división de los cristianos en muchas iglesias, las mismas que se peleaban entre sí debatiendo si Jesús era humano, medio divino o totalmente divino y de que varias de ellas (coptos, nestorianos o siriacos) prefirieron al dominio islámico antes que las persecuciones del clero de Bizancio.