Viene del artículoIndigenismo o Estados continente (I Parte)

“La destrucción del poder simbólico cultural es fundamental para la creación de nuevas relaciones de dominación indígenas… Para ello será necesario debilitar el capital cultural de la sociedad k‘ hara: modificar el valor del idioma español, relativizándolo frente a los idiomas indígenas, obligando su aprendizaje en las instituciones publicas, incorporándolo en los medios de comunicación alternativos, atravesando la nueva reforma educativa con sus contenidos (violencia simbólica)… (el subrayado es de asr). Consiguientemente, según los nuevos códigos será mucho más meritorio ser dirigente sindical o social que tener títulos profesionales o de especialización… Este proceso de derrumbe de lo que hasta hay se conoció como la sociedad k‘hara tiene un objetivo de poder muy concreto: quitar el alma a la sociedad mestiza y blanca. Los mecanismos utilizados apuntan a desestructurar las bases materiales y subjetivas que lo sostienen, principalmente a aquellos referidos a la valoración de la clase media y de los profesionales… Ser humillados, infravalorados, maltratados económicamente, quitarles sus referentes sociales y culturales, constituyen las piezas del engranaje del poder para quitarle el sentido de vida a la clase media, su sentido de existencia, haciéndolos manipulables y sin identidad. Desconocer la utilidad de sus servicios, conocimiento y experiencia es la mejor manera de matar su alma… La estrategia utilizada para invertir las relaciones de dominación en este campo se desarrollan a través del desmontaje de la democracia, la “criminalizacion de la oposición”, la “judicializacion de la política” y la generación de una estructura alternativa para la emisión de información y construcción de sentidos colectivos. La principal tarea para invertir las relaciones de dominación en el campo político pasa por negar los códigos y valores de la democracia occidental. Esta se basa en la fragmentación del poder a través de la formula una persona un voto. Su núcleo es individual Y ese es el principal factor a neutralizarse por parte de la nueva relación de dominación. La democracia por tanto no debe ser individual, sino colectiva, no se legitima por el voto sino por la capacidad de movilización de los movimientos sociales (abolir lo individual para imponer lo colectivo)… La lucha por el poder en Bolivia es total, no solo abarca el control de las instituciones del Estado y de la sociedad, sino que busca el control de la subjetividad de los individuos, el mundo de la construcción de las percepciones colectivas, relaciones de sentido, se trata, par tanto, de una guerra fundamentalmente cultural y simbólica… En esa medida, conquistar el alma de los k‘ haras será una tarea ardua, pues estos no renunciaran de manera voluntaria a su forma de vida, a su mundo y sentido de vida. La única vía posible, consiguientemente, es la impulsada a través de la Asamblea Constituyente.

Este escenario permitirá por tanto derrumbar objetivamente los soportes simbólicos de la cultura k‘ hara y la forma de organización del Estado y de la sociedad. A partir de esta operación, al menos en teoría, se piensa que se allanara el camino de la conquista de su alma e identidad, se lo hará invisible, no reconocido social, cultural, económica, ni políticamente, se los hará “insignificantes” (29)

El indigenismo, una construcción colonial

El documento “Emancipación…”, al igual que su vástago no reconocido, la NCPE, consideran que en Bolivia los indígenas son la mayoría nacional, lo que es falso. El ideólogo aymara, Félix Patzi, sostiene que entre indígenas y mestizos no existen diferencias culturales, ya que advierte que “…la identidad indígena aquí en Bolivia, está definida más a partir de la continuidad biológica, no a partir de los contendidos culturales. En los contenidos culturales, este indígena es totalmente moderno. Ha acoplado operacionalmente toda la globalización, toda la modernidad. Hoy el indígena no habla un idioma (nativo), entonces no puede medirse al indígena a partir del idioma. Ni puede medirse a partir de su poncho o de su vestimenta, ni a partir de su vivienda, ni a partir de su música. El indígena hoy es rapero, rockero, está en la discoteca, con sus cabellos parados, ese es el indígena de hoy. El indígena de hoy no puede ni siquiera autodefinirse. En términos de autodefinición, puede autodefinirse como mestizo, y se autodefine como mestizo, nadie puede definirse como indio ni como indígena. Precisamente el término indígena aquí en Bolivia creo que en toda América Latina, y en el mundo, ha sido totalmente estigmatizado” (30) Patzi ubica la identidad indígena a partir de lo biológico. ¿Pero como hacerlo si la población urbana en Bolivia asciende al 70 % del total, lo que provoca entrecruzamientos, nuevos mestizajes e interculturalidades que se enriquecen cada día? Hablar de continuidad biológica, a la que los nazis contribuyeron tanto a desprestigiar, sólo oscurece el tema.

Los indigenismos pretenden destruir a los Estados nacionales in constituidos. Su capacidad de proponer alternativas viables es nula. Por esta razón, se agotan en la repetición de generalidades, carentes de propuestas concretas. Y es lógico que así sea. En efecto, ¿cómo proponer algo coherente desde visiones atomizadas por cientos de pluralismos, entrecruzados por cosmovisiones incompatibles entre sí? Estas críticas son compartidas por ideólogos de pueblos originarios, como Fernando Untoja Choque, fundador del Katarismo Nacional Democrático (KND), quien anota lo siguiente: “Lo indígena y el indigenismo son construcciones discursivas coloniales, puestas al servicio del colonialismo. El indigenismo es el neo-colonialismo ejercitado por los izquierdistas para gozar del poder en nombre de “sus otros”. El indigenismo es la manera de ocuparse del colonizado, ya sea para destruir o conservarlo. Es alienar hasta el embrutecimiento y quitar los valores a una nación, destruir su identidad y hacer que juegue el papel que asigna el colonizador… Otra actitud del indigenismo es proponer la salvación del indígena: ‘36 nacionalidades’, ‘defenderlos junto al árbol’, ‘autonomía indígena’ para que no toquen el bosque; pintar su mundo de ‘pobreza’ y llevarles regalos; al mismo tiempo consolarles porque el mundo indígena es el baúl donde se guarda las virtudes de toda la humanidad” (31).

Para Untoja “la identidad es la capacidad de afirmación en el entrecruzamiento entre la cultura, la historia, la técnica y los saberes. Sobre el particular dice: “Actualmente, los blancos-criollo-mestizo, en su versión indigenista y salvadores de los ‘indios’, con la misma mentalidad feudal presentan a Bolivia como un campo de concentración con indígenas clasificados en 36 nacionalidades. El colonizador reconoce a ‘sus otros’ como indígenas, es decir como sus vasallos, esta vez con el nombre de ‘hermano indígena’, éste para ser reconocido debe deambular como un paria en el campo plurinacional y si alguna vez se rebela debe ser castigado o desterrado de su territorio” (32). El dirigente katarista no cree en el indigenismo, pero sí en lo kolla y en lo aymara, a los que considera el eje de la nación boliviana. Por esta razón pone de relieve el empuje empresarial de los aymaras, con estas palabras: “El mundo kolla en su desplazamiento es mercader, artesano, obrero, agricultor, empresario, profesional… etc. En su recorrido, establece posiciones; adquiere cuerpo, crea, traslada su cultura, su música; teje relaciones de parentesco, relaciones culturales, se adapta e impone su habitus. Este avance es el proceso de la dominancia kolla; quien ignore este proceso se encuentra en el mundo de los prejuicios feudales y por tanto niega la identidad boliviana. En la plástica está presente lo kolla, en literatura, música y lenguaje existe el retorno al imaginario y al ritmo cultural kolla, los proyectos, aspiraciones, la rebelión están destinadas a la afirmación de lo kolla; el comercio es el medio que le permite explorar e enraizarse en todos los rincones de Bolivia, Si el 80% de la población cruceña es kolla, lo camba no es nada mas que el deseo kolla de reivindicación regional” (33).

Las incoherencias del indigenismo han sobrepasado lo imaginable. Uno de sus voceros, Raúl Prada Alcoreza, plantea el retorno al Tawantinsuyo, para luego admitir la imposibilidad de conocer el pasado incaico, debido a la carencia de escritura. Sostiene que el problema será resuelto “acudiendo a la imaginación de los antropólogos” (34). El analista portugués, Boaventura de Souza Santos, considera que la NCPE corresponde a un “Estado experimental” y que, ante las dificultades creadas en el país, lo que corresponde es continuar experimentando (35). Quienes nacimos en Bolivia tenemos el derecho de preguntarnos si el impulsor europeo del indigenismo nativo haría también experimentos sociales que coloquen a su país en riesgo de disgregación. Uno de los mayores impulsores del Convenio 169 de la OIT, Rodolfo Stavenhagen, estima que “el indigenismo no tiene que hacer pedazos a sociedades bien integradas” (36). Las sociedades bien integradas son justamente las potencias imperialistas, interesadas en desintegrar a los países periféricos. No será fácil encontrar otra cita en la que un ideólogo del Convenio 169 refleje con mayor nitidez sus objetivos. Al cabo de una década, la manipulación del censo de 2001, que permitió edificar un Estado indigenista que desconoce la realidad mestiza, fue puesta en evidencia por decenas de encuestas nacionales, regionales, municipales y zonales, elaboradas por fundaciones y universidades públicas y privadas, hasta dejar en claro que divorciar lo mestizo de lo indígena en Bolivia es tan absurdo como pretender que un ser humano continúe viviendo separando sus glóbulos rojos de sus glóbulos blancos de su torrente sanguíneo. Esta constatación se produce a diario. Inclusive, el Director del Instituto Nacional de Estadística (INE), Ricardo Laruta, informó que en el censo piloto (preparatorio al censo nacional), realizado el 13 de junio de 2012, en Guaqui (población rural lacustre del Departamento de La Paz), las personas mayores se identificaron como aymaras, pero sus hijos se declararon mestizos”, de donde dedujo la necesidad de incluir la opción mestizo en la boleta censal (37). La ministra de Planificación, Viviana Caro, desautorizó a Laruta con indignación y reiteró que esa opción no será considerada por tener connotaciones raciales. La ministra no pudo salir de su propio enredo mental, al declarar que la opción mestiza será registrada por los empadronadores del censo, pero que no será contabilizada. El mismo día, AGL admitió que “todos somos mestizos” y que “nadie es auténticamente originario”, pero que la respuesta sobre el mestizaje “no contribuye a la planificación de los objetivos cruciales del país” (38).

Como puede advertirse, cada “aclaración” del gobierno sólo servía para que se sumergiera de manera cada vez más profunda en sus propias contradicciones. No es posible entender la pregunta más importante en el censo del país, relativa a la auto identificación, se registre, pero que no se contabilice. Cómo se puede comprender que se pretendan planificar los objetivos cruciales de un país, sobre la base de su dispersión étnica. Las 36 naciones indígenas, y no sobre la categoría sociológica que lo unifica, que le da cohesión y continuidad en nuestra historia. Lo cierto es que al pretender ocultar la raiz mayoritaria de la población boliviana, el proyecto político del partido de gobierno (el Movimiento al Socialismo) y la NCPE quedaron flotando en el aire.

Tal conclusión se reforzó con observaciones prácticas. Un sencillo formulario entregado a estudiantes de la Universidad Pública de la ciudad de El Alto (El Alto tiene la población aymara de origen migrante más numerosa del país), por los investigadores René Pereira Morató y Nelson Andrade Lima, demostró en octubre pasado, que el 67.1 % de los jóvenes se declararon mestizos (39). La locura de las 36 naciones llevó a exigir la presencia en la NCPE de pueblos que desaparecieron por invasiones del imperio incaico. Tal la opinión del catedrático de la UMSA, Mario E. Barragán, quien anotó lo siguiente: “Es desde luego evidente que las bases históricas e ideológicas sobre las que se asienta ese instrumento y desde luego su fundamento legal -la actual Constitución Política del Estado (CPE)- tienen muchísimas fallas que son, la mayoría, de carácter intencional y tratan de consolidar la herencia que dejó la invasión y la conquista inca, dando preeminencia a los pueblos que quedaron después del enorme avasallamiento de pueblos y culturas que actualmente evidentemente no existen pero que no dejan de tener presencia. El resultado es que las “naciones” actualmente reconocidas por el llamado Estado Plurinacional son solamente las que, por una u otra razón, respetó la invasión inca, cometiéndose una enorme injusticia con aquellas que fueron sometidas y exterminadas por los invasores incas y, hay que decirlo, sus aliados locales. Éstas tratan de consolidar una aristocracia aymaro-quechua sobre todas las demás, ya que la presencia de las restantes 34 etnias que todavía conservan su idioma dentro del Estado Plurinacional es sólo nominal. En suma, lo que los ideólogos de la NCPE quisieron hacer es tratar de revivir un imperio aymaro-quechua con las mismas bases ideológicas (“ama sua‘, etc.”) y organizativas del primitivo Imperio Inca al que tratan de copiar y emular, manteniendo su dominio sobre las antiguas posesiones incas. Quedan desde luego en el limbo todas las culturas y pueblos que fueron sometidos y exterminados por los incas. Entre ellos hay que contar a los cotas, chuis y charcas que habitaban Cochabamba, los que vivían en toda la zona de Yamparáez, Chichas, Lípez e, indudablemente, conforme se demostró hace poco, de Tarija, con churumatas, moyos moyos y tomatas, todos los cuales fueron barridos por los incas dejando restos que perdieron su base cultural, organizativa, ideológica e, indudablemente también idiomática, base fundamental que se toma en cuenta para su reconocimiento como ‘pueblos originarios’ por la NCPE” (40).

Finalmente, los redactores de la NCPE han puesto énfasis, al igual que los autores del documento “Emancipación…, en la necesidad de debilitar al idioma español, sobre todo a partir del artículo 234, inciso 7, que exige, dentro de los requisitos para el desempeño de funciones públicas, “hablar por lo menos dos idiomas oficiales del país”. Los constituyentes tuvieron, felizmente, la precaución de incluir el artículo transitorio número diez, que dice: “El requisito de hablar por lo menos dos idiomas oficiales para el desempeño de funciones pública será de aplicación progresiva de acuerdo a Ley”. Apenas promulgado el texto,hubo una fiebre por aprender un idioma nativo, ante el temor de perder la fuente de trabajo o la necesidad de conseguirla, si bien muchos se consolaban pensando que ni Evo y AGL cumplen ese requisito. Pese a una sostenida propaganda en medios de comunicación, al cabo de más de tres años, el temor ha pasado. La asistencia a los cursos en las oficias públicas fue decreciendo, al extremo de que casi no se habla de ellos, sin olvidar que los propios jóvenes aymaras, por ejemplo, y mucho más los de los que dicen pertenecer a las 36 naciones originarias, tampoco hablan el idioma de sus padres.

Los esfuerzos por debilitar al idioma castellano no condicen con los beneficios de hablar una lengua compartida con 400 millones de personas y que permite al acceso de culturas, tecnologías y conocimientos del género humano. Si las ONGs repudian al castellano, ¿cuál será el idioma de la Abla Yala? (término que usa el indigenismo para reconstituir la supuesta unidad de pueblos indígenas que habría existido antes de la colonia. Cuando se realizan convenciones para alcanzar el citado objetivo, ¿en qué idioma hablan sus delegados? ¿Cómo se comunican entre sí quienes forman parte de las 36 naciones indígenas y en que idioma exponen sus demandas? Sobre el tema, el Embajador de la República Popular China en Bolivia, Li Dong, aclaró a un apresurado columnista local la inexactitud de su columna ·Mandarín derrota al Inglés”, al advertirle que “El Mandarín no derrotará a ningún otro lenguaje, porque el núcleo de la civilización milenaria representada por ese idioma es la búsqueda de autoperfección y coexistencia armoniosa. No es factible derrotar deliberadamente a los otros en cualquier manifestación cultural. El respetar y conocer constituye la base para superarse a sí mismo, tanto para un país como para cualquier individuo humano” (41). Exactamente lo mismo podría decirse en la relación entre el castellano y los idiomas nativos. El Estado nacional debe crear las condiciones para el desarrollo de todos los idiomas que se hablan en el país y dejar que la realidad concreta determine la sobre vivencia y enriquecimiento de cada uno de ellos.

Lo nacional popular en América latina

Lo nacional popular es el segundo aporte más importante de América Latina al pensamiento sociológico, entendido como las experiencias y planeamientos económicos y políticos de los países sometidos, en procura de su liberación nacional. Tiene como objetivo construir un socialismo latinoamericano, enraizado en lo nacional popular, es decir en sus propias características y especificidades. Lo nacional popular se basa en la alianza de conglomerados humanos y clases oprimidas, cuyos perfiles no son precisos debido a que el capital financiero impide su estructuración interna. Lo nacional popular es descalificado por el poder mundial que cuestiona la capacidad de América Latina para dotarse de un pensamiento propio. Este criterio es compartido por la social democracia europea y las internacionales del estalinismo y del trotskismo. Para estas corrientes lo nacional popular es sinónimo de carencia de fundamentos teóricos, desorden, comportamientos anárquicos, promesas demagógicas e irresponsables frente a multitudes insatisfechas. Lo nacional popular, como advirtiera Alberto Methol Ferré, es reducido sólo a lo popular, en tanto que lo “nacional”, que determina el enfrentamiento con el imperialismo y sus agentes internos, es cuidadosamente silenciado. La polisemia del término “popular” ha permitido a los medios académicos y de comunicación del sistema equiparar, cuando les conviene, populismo con fascismo, como en los casos de Perón y Villarroel, o comunismo, como ocurrió con Ovando, Jacobo Arbenz y Velasco Alvarado.

En el enfrentamiento entre el capital financiero y lo nacional popular subyace la vieja pugna entre libre mercado e intervencionismo estatal. Para lo nacional popular la única posibilidad de planificar la economía y derivar las ganancias de las empresas a los sectores populares es que el Estado intervenga en la economía, regule el mercado e impida que las grandes empresas se apropien del excedente. Los consorcios, a tiempo de defender el libre mercado, dicen que la intervención del Estado la distorsiona, lo que deriva en autoritarismos antidemocráticos y violadores de derechos humanos. La propaganda neoliberal añade que las ganancias estatales no benefician a sectores populares, sino a cúpulas corruptas y antidemocráticas (42). Una de las mayores hazañas del libre comercio, defendido a ultranza por las potencias coloniales, son las guerras anglo- chinas del opio, las que tuvieron lugar entre 1839 y 1842, y 1856 y 1860. Los conflictos se desataron ante la negativa china de convertirse en mercado del contrabando británico de opio, procedente de la India británica. Los intereses comerciales llevaron al conflicto. Francia luchó al lado de Gran Bretaña en la segunda guerra. Al término de los conflictos, El Reino Unido coaccionó al gobierno de Pekín a firmar Tratados Desiguales, abriendo varios puertos al comercio exterior y entregándole Hong Kong a Gran Bretaña. Portugal siguió a Gran Bretaña y forzaron términos de intercambio desiguales para China (Tratado de Nankín, cesión de Hong Kong a Gran Bretaña y ampliación de Macao para Portugal) (43).

Lo nacional popular y la revolución cubana

Lo nacional popular ha tenido difíciles relaciones teóricas y políticas con la Revolución Cubana, que es, sin duda, el acontecimiento más notable de América Latina, en la segunda mitad del Siglo XX. Methol Ferré sostiene que Fidel Castro fue, en los inicios de su lucha revolucionaria, más nacional popular que marxista ortodoxo. Sin embargo, por una necesidad geopolítica, tuvo que apoyarse en el bloque soviético para evitar que la gesta cubana fuera aplastada por Washington. Añade que Fidel tomó el poderreivindicando una identidad nacional popular y que se volvió marxista pro soviético para mantenerlo. Quedan flotando, sin embargo, las siguientes incógnitas: ¿Sin la ex URSS, hubiera sobrevivido la revolución cubana, acosada por un bloqueo implacable, agresiones terroristas y mediáticas y sabotajes internos? Frente a las críticas a Castro en torno a derechos humanos, libertad de expresión y pluralismo político, cebe preguntarse si esos principios ¿podían ser aplicados en medio de la guerra fría URSS-EEUU, que estuvo a punto de desatar un holocausto nuclear? Methol hace notar que en Cuba hubo demora en entender la importancia de los regímenes nacional populares, al considerar que, sólo podían ser revolucionarios aquellos partidos políticos que reconocieran que el camino de los soviet era el único posible para iniciar transformaciones sociales. Sin embargo, la necesidad de enfrentar al imperialismo influyó para que Castro apoyara más tarde a Velasco Alvarado, en Perú, u Omar Torrijos, en Panamá. La complejidad de América Latina influyó, asimismo, para que un gobierno que se proclamó socialista, como el de Salvador Allende, tuviera, al mismo tiempo, fuertes connotaciones nacional populares. Algo parecido sucede hoy con la Venezuela de Hugo Chávez, que combina discursos socialistas con el fuerte asistencialismo que le permite los ingresos petroleros.

La angustia por quebrar su aislamiento, condujo a La Habana, en la década de los sesentas y setentas, a propiciar el foquismo guerrillero, que también negó la importancia de lo nacional popular, al plantear la lucha armada de manera generalizada. Lo nacional popular, por su parte, argumentó que la experiencia de Sierra Maestra era irrepetible y que cada país debía elaborar sus formas de lucha, basadas en sus propias tradiciones y experiencias (44). El foquismo se enajenó a las capas medias, asalariados y, salvo excepciones, conglomerados campesinos, lo que lo condujo a negar, sin matices necesarios, la lucha por conquistas democráticas, los escenarios parlamentarios, los derechos humanos, la libertad de expresión, las huelgas y las reivindicaciones salariales. Lo nacional popular, por su parte, considera que sin articular al conjunto de la nación oprimida, los procesos antiimperialistas no tienen destino. Lo nacional popular, sinónimo de movimientos patrióticos, estima que quienes lo descalificando por no proponer de inicio la hegemonía de la clase obrera, olvidan que la resistencia de los pueblos asume diversas modalidades que no se agotan en esquematismos mecánicos. En Bolivia, por ejemplo, sectores patrióticos de las FFAA abrieron procesos de liberación nacional, al llevar a cabo nacionalizaciones del petróleo en 1937 y 1969. El MNR, que amplió como ningún otro los horizontes de la democracia boliviana, condujo la Revolución del 9 de abril, invocando la figura del Coronel Gualberto Villarroel, quien también como ningún otro que lo precediera, avanzó en la participación indígena en la vida política del país, gracias al primer congreso indigenal. Lo anterior fue logrado por el MNR con direcciones de clase media. El MAS de Evo Morales tiene connotaciones indigenistas en su conducción. Lo importante, en consecuencia, no reside en discutir la forma en que emerge un movimiento patriótico, sino en evitar que claudique ante el imperialismo y sus aliados internos, como aconteció precisamente con el MNR Lo nacional popular cree que la emergencia de militares patriotas en la lucha política debe encaminarse hacia el establecimiento de regímenes democráticos, que fortalezcan la autodeterminación nacional, a diferencias de las democracias neoliberales, utilizadas para prolongar la presencia del capital financiero. Lo dicho es válido también con respecto a la libertad de expresión, la que debe estar limitada a la ingerencia irrestricta del capital financiero en el manejo de los medios de comunicación social.

Lo nacional popular, estalinismo y social democracia

El Estalinismo usó su influencia para someter, a través de políticas pendulares, los procesos revolucionarios del Tercer Mundo a los intereses de Moscú. Sobre el particular, la Izquierda Nacional ha recordado que el Partido Comunista de Cuba formó parte del gobierno de Fulgencio Baptista, con la designación de ministros de Estado como Carlos Rafael Rodríguez y Juan Marinelo (45) El partido comunista argelino estuvo en contra de la guerra de liberación nacional de su pueblo, en concordancia con el Partido Comunista francés que, a su vez, obedecía las instrucciones de la Internacional Comunista (46). La Revista “Correspondencia Internacional”, de la Tercera Internacional, calumnió, en 1930, a Augusto César Sandino, al sostener que el caudillo nicaragüense se había dejado comprar por el imperialismo. La ceguera sectaria del estalinismo lo llevó a condenar a dirigentes antiimperialistas como Antonio Guiteras de Cuba y Lázaro Cárdenas de México. Durante casi dos décadas, el PC peruano calificó al APRA, de Víctor Raúl Haya de la Torre, de “Aprofascista”. El PC cambió de actitud, en 1935, cuando el APRA había comenzado a abandonar sus postulados antiimperialistas (47). En Bolivia, el PIR, la cara del estalinismo nativo, integró el “Frente Democrático Antifascista que colgó a Villarroel. Luego obtuvo varios ministerios en el gobierno rosquero de Enrique Hertzog. Codovilla y Ghioldi del PC argentino manifestaron su alborozado apoyo a la Junta de Gobierno que ahorcó al presidente mártir de un farol de la Plaza Murillo y Neruda dedicó versos de elogió a los colgadores. Con esos antecedentes, ¿puede extrañar que el PC argentino integrara la Unión Democrática alrededor del Embajador de EEUU en Buenos Aires, Spruille Braden? (48).

El otro adversario de lo nacional popular es la social democracia europea, la que nace en los Congresos de Ámsterdam y Sttutgart (1904 y 1907). En estos eventos, los socialdemócratas europeos, repudiados por Lenin, sostuvieron que podían ser, al mismo tiempo, socialistas y colonialistas, ya que sus metrópolis necesitaban las materias primas de las periferias. En la actualidad, los socialdemócratas se han convertido en neoliberales reciclados (49). Hechos concretos avalan esta afirmación. El ex primer ministro de los Países Bajos, Wim Kok, integró en años precedentes los directorios de los trusts neerlandeses ING, Shell y KLM. Su homólogo alemán, el ex canciller, Gerhard Schróder, incursionó en el ámbito privado como presidente de la empresa Nord Stream AG (joint-venture Gazprom/E.ON/BASF/GDF Suez/Gasunie), consejero del grupo petrolero TNK-BP y asesor para Europa de Rothschild Investment Bank. Antiguos miembros de su gabinete, miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), también cambiaron el traje de funcionario público por el de hombre de negocios: El ex ministro del Interior Otto Schilly asesora al trust financiero Investcorp (Bahréin), donde se encontró con el canciller austriaco Wolfgang Schüssel, el vicepresidente de la Convención Europea Giuliano Amato o incluso Kofi Annan, ex secretario general de la ONU.

Las figuras de mayor relieve del socialismo europeo intervienen actualmente en decisión de poderosas multinacionales: El ex canciller austríaco (1986-1997) Franz Vranitzky, administra el grupo canadiense Magna International (equipamiento para automóviles); el ex presidente del Gobierno español Felipe González lanzó un fondo de capital de riesgo (Tagua Capital) y forma parte del Consejo de Gas Natural; su ministro de Economía, Carlos Solchaga, asesoró a Citigroup y a la agencia de calificación Fitch (grupo Fimalac). Los socialdemócratas escandinavos, a menudo presentados como “modernos”, por oposición a los socialistas “arcaicos”, no escapan a esta tendencia: Gro Harlem Brund-tland(PepsiCo), Thorvald Stoltenberg (East Capital Management) y Góran Persson (JKL Group, filial de Publicis) pasaron al sector privado antes de recorrer, en algunos casos, el camino inverso. Las finanzas tienen, pues, rostros, nombres y apellidos: Se los puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder, y muchos de ellos son “socialdemócratas” (50).

La principal filial boliviana de la socialdemocracia europea fue el MIR, del ex Presidente Jaime Paz Zamora, en cuya gestión se aprobó sin observaciones el Convenio 169 de la OIT. Hoy, el partido más relevante de la oposición, el Movimiento Sin Miedo (MSM), del ex alcalde Juan del Granado, se identifica con la socialdemocracia (51). Sería un error, sin embargo, confundir gobiernos socialdemócratas con dictaduras, sobre todo en regiones periféricas. La social democracia, si bien enmascara su sumisión a los imperialismos de occidente, al defender, así sea en teoría, la democracia formal, permite, en mayor o menor grado, el ejercicio de derechos humanos y libertades políticas que muchas veces sirven de apoyo para que los movimientos nacionales y populares puedan reabrir los procesos liberadores. Lo nacional popular no rechaza la defensa de la democracia esgrimida por la social democracia. Lo que busca es profundizarla y despojarla de elementos alienantes (uso irrestricto de financiamientos foráneos sin fiscalización alguna), que evitan que se alcance la autodeterminación nacional y latinoamericana que requieren nuestros pueblos. La incomprensión de lo nacional popular alcanza a García Linera, conocido por su inestabilidad ideológica, quien ha afirmado que el nacionalismo revolucionario busca “enterrar con una nueva loza categorial (sic: la palabra categorial no existe) la vigorosa cultura, raíz social y auto identificación de los pueblos originarios” (52). Lo que AGL no dice es que en tanto lo nacional popular y el indigenismo no supeditado a las ONGs estén enfrentados, el proceso de liberación carece de destino. A esta conclusión parece haber llegado el Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, a quien preocupa la urgencia de “construir ciudadanía en los territorios indígenas…La necesidad de enfrentar los grandes problemas nacionales pasa, dijo la autoridad, por resolver el déficit de estatalidad en los territorios indígenas, éste es uno de los mayores desafíos que tendremos en los próximos 50 años, porque es un déficit de la colonialidad y la república y también es un gran desafío en la construcción del Estado Plurinacional… La estatalidad territorial en territorios indígenas implica una transformación de esta lógica estatal, que se acostumbró a construir ciudadanía en los núcleos urbanos y en las periferias; hoy el gran desafío es construir ciudadanía, construir universalidad cívica-ciudadana en los territorios indígenas; éste será uno de los mayores desafíos del Estado” (53). No importa que Quintana denomine a la construcción de ciudadanía una tarea plurinacional. Lo real es que el Ministro de Evo Morales ha rescatado un importante planteamiento de lo nacional popular en el país.

Para que el Frente Nacional recupere el rumbo de la Revolución Nacional (la articulación indo mestiza), los ideólogos del indigenismo deben aclarar su confusión en torno a lo cuantitativo y cualitativo de sus planteamientos. En efecto, si el hablar una lengua diferente es el único requisito para ser nación, ¿puede existir una nación de 500 personas, de 200, de 50 o de 2? ¿Cómo se logrará la delimitación de territorios ancestrales superpuestos con departamentos, territorios indígenas, originarios, campesinos, departamentos, municipios y otras comunidades? Cómo evitar interminables colisiones entre ellas? La pregunta es válida también en cuanto al uso de idiomas, justicias comunitarias, autodeterminación y derechos sobre recursos naturales. Los Estados nacionales, con el reconocimiento pleno de los pueblos indígenas, no dependientes de financiamientos foráneos, es el único escenario capaz de incorporar a la sociedad en su conjunto valiosos aportes del indigenismo, como el “Vivir Bien”, la importancia de la reciprocidad, el respeto a la otredad y la preservación del medio ambiente. El caos originado en la Asamblea Constituyente se debió a que no fue precedido de un proceso pre-constituyente, en el que los actores sociales debatan, con profundidad y sin premura, la nueva organización del país. Los debates debieron culminar en acuerdos sectoriales progresivos, hasta contar con un denominador común, que unifique al país y lo proyecte al futuro. Es el momento de rectificar el error y abrir el proceso pre constituyente que las ONGs impidieron que se realizara.

El papel de los bancos

La confrontación entre indigenistas y la corriente nacional popular es simultánea al inicio de la desoccidentalización del mundo, ya que la riqueza ha comenzado a fluir de Occidente a Oriente y de Norte a Sur, lo que está ocasionado el desplazamiento del eje económico mundial del Atlántico al Pacífico y al Índico. Como consecuencia de lo anterior, la proyección militar de EEUU y de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) se ha debilitado, lo que no significa ignorar su poderío y brutalidad. La privatización de las guerras, a favor de contratistas, la creciente dificultad del dólar para mantenerse como moneda mundial, el fracaso de la autorregulación de los mercados, los crecientes problemas de funcionamiento del sistema capitalista mundial, en lo relativo a la provisión de empleo, alimentos y energía y el vaciamiento casi total de contenidos humanos en la actividad política, sobre todo en los centros de poder, los que se aferran sólo a la “real politik”, corroboran lo anotado (54).

La situación descrita se ha tornado irreversible debido a que, desde inicios de los ochentas, la burguesía financiera de EEUU, al privilegiar la fabricación de productos de alta tecnología, en desmedro de su producción industrial (lo que pudo hacer de manera simultánea), ha permitido que parte importante de su producción emigre a países del Asia. Si bien ocurrió algo similar en los sesentas y setentas, cuando empresas norteamericanas instalaron factorías en Brasil, Argentina y México, cuya producción fue destinada a los mercados de estos mismos países, la producción trasladada a países de Asia ingresa ahora al mercado de EEUU, lo que agudizó la crisis del imperio y agrava su incontrolable déficit comercial. La idea de Alvin Tofler (“La Tercera Ola”), recogida por los sectores de vanguardia de la burguesía estadounidense, obnubilada por altas ganancias inmediatas, causó la crisis estructural del poderío norteamericano, a la que, en mayor o menor medida, fueron arrastradas las economías de Europa Occidental (55).

En este panorama, si bien el indigenismo es la punta de lanza en América Latina del poder mundial, la Banca que lo financia es el obstáculo principal del nuevo modelo civilizatorio. Muchos consideran que plantear la anulación del poderío bancario es una meta muy limitada ya que se demanda de inmediato la instauración del socialismo y la destrucción del sistema capitalista. No debe olvidarse que la Banca es el eje del sistema capitalista vigente. La Banca Mundial gira alrededor del Banco de la Reserva Federal (BRF) de EEUU, que es una asociación de Bancos privados, que, desde 1913, imprime dólares en forma exclusiva, sin fiscalización adecuada, en cantidades que ella decide, arrogándose el derecho de fijar tasas de interés. Los grandes Bancos se fundan, se organizan, se auto financian y se rescatan con dinero de los contribuyentes. Predican el libre mercado, pero planifican en función de sus intereses la economía mundial. Caerán, si cae el sistema, porque son su esencia. Los ocho accionistas mayores del BRF son el Banco Rothschild de Londres y Berlín; el Banco Lazard Brothers de París; el Banco Israel Moses Seif de Italia; el Banco Warburg de Hamburgo y Ámsterdam; el Banco Lehman Brothers de Nueva York; el Banco Kuhn Loeb de Nueva York; el Banco Chase Maniatan de Nueva York y el Banco Goldman Sachs de Nueva York. Estas entidades son dueñas del Sistema de la Reserva Federal a través de aproximadamente 300 accionistas, todos los cuales se conocen unos a los otros y en algunos casos están emparentados los unos con los otros. Nadie eligió a los grandes banqueros para que, en muchos casos, definan el destino de pueblos y países. Son el poder más totalitario y anti democrático imaginable. Todas las monedas del mundo dependen del dólar y el dólar de la voluntad de los banqueros. El BRF emite dólares respaldados por deudas reconocidas por los gobiernos, los que, a su vez, las garantizan con el patrimonio de las naciones. Si incumplen sus obligaciones, se produce fuga de divisas, recesiones, insolvencias y quiebras, con lo que los banqueros se apropian de esos bienes (56).

No obstante, el dólar es una moneda cada vez menos aceptada como divisa en importantes transacciones. China, por ejemplo, viene insistiendo en que a corto plazo realizará sus transacciones petroleras con su propia moneda. Lo mismo ocurre con Rusia. El hecho de que en poder de China se hallen depositadas enormes cantidades de dólares de reserva, dificulta las presiones de EEUU para revertir la situación, en momentos en que sus aliados de la OTAN atraviesan por enormes problemas económicos. En varias latitudes, se ha ubicado también al “enemigo principal”. Si en Europa Occidental y EEUU los “indignados” se organizaron a partir del estallido de burbujas financieras que causaron millones de expropiaciones de viviendas, la conciencia de que ese abuso fue digitado por la Banca es irreversible.

Ignacio Ramonet destaca que “el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros… Su poderío es tan grande que pueden ahora derrumbar Gobiernos, dictar políticas y someter a pueblos… cuya impunidad es casi total… En 2001, Goldman Sachs ayudó a “maquillar” las cuentas de Grecia para que pudiese ingresar en el euro, la moneda única europea. Añade que “la realidad estalló como una bomba… Casi un continente sumido en la crisis de la deuda; un país, Grecia, expoliado y de rodillas; recesión, despidos masivos, pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores; reestructuraciones y sacrificios de los beneficios sociales; planes de ajuste y miseria… ¿Qué sanciones recibieron los autores de tan nefasto engaño? Mario Draghi, ex vicepresidente de Goldman Sachs para Europa, al corriente por tanto del fraude, fue premiado con la presidencia del Banco Central Europeo (BCE)… Y Goldman Sachs cobró en recompensa, por el maquillaje de las cuentas, 600 millones de euros…”

Luego de recordar los escándalos de Bankia y el de las “participaciones preferentes” que afectó a 700.000 ahorristas en España, de cuyo país fugaron 220 mil millones de euros hasta septiembre de 2012, el analista añade que “el banco HSBC (una de las más grandes organizaciones de servicios bancarios y financieros del mundo, cuya sede central está en Londres), fue acusado de blanquear el dinero de la droga y de los narcotraficantes mexicanos. El JP Morgan se lanzó a especulaciones desmedidas asumiendo inauditos riesgos que le acarrearon pérdidas de 7.500 millones de euros, arruinando a decenas de clientes. Igual le sucedió a Knight Capital que perdió más de 323 millones de euros en una sola noche a causa de un error de un programa informático de especulación automática por ordenador… Pero el escándalo que más está irritando, a escala mundial, es el del Libor. La Asociación de Banqueros Británicos propone cada día un tipo interbancario llamado “London interbank offered rate” o Libor por sus siglas en inglés. El cálculo de esa tasa lo realiza la agencia Reuters la cual, diariamente, pregunta a dieciséis grandes bancos a qué tipo de interés están obteniendo créditos. Y establece una media. Como es el tipo al que se prestan dinero los principales bancos entre ellos, el Libor se convierte en una referencia fundamental de todo el sistema financiero mundial. En particular, sirve para determinar, por ejemplo, los tipos de las hipotecas de las familias. En el mundo, el Libor influye sobre unos 350 billones de euros de créditos… Cualquier variación –por mínima que sea de ese tipo puede tener una incidencia colosal. Varios bancos (de los que sirven de referencia para establecer el Libor) se concertaron entre ellos y decidieron mentir sobre sus tipos, manipulando de ese modo el Libor y todos los contratos derivados, o sea los créditos a los hogares y a las empresas. Y eso durante años. Las investigaciones han demostrado que una decena de grandes bancos internacionales –Barclays, Citigroup, JP Morgan Chase, Bank of America, Deutsche Bank, HSBC, Crédit Suisse, UBS (Union des Banques Suisses), Société Générale, Crédit Agricole, Royal Bank of Scotland– se organizaron para manipular el Libor. Este enorme escándalo demuestra que la delincuencia se halla en el corazón mismo de las finanzas internacionales. Y que, probablemente, millones de familias pagaron sus hipotecas a unas tasas indebidas. Muchas tuvieron que renunciar a sus viviendas. Otras fueron expulsadas de ellas por no poder pagar unos créditos artificialmente manipulados… Una vez más, las autoridades encargadas de velar por el buen funcionamiento de los mercados hicieron la vista gorda. Nadie ha sido sancionado, aparte de cuatro compinches. Todos los bancos implicados siguen haciendo negocios. ¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad? (57) Ramonet dice que los “movimientos sociales” pueden ser una respuesta frente al agotamiento de la política. Y es verdad, pero con la condición, añadimos nosotros, que los movimientos sociales no se convierten en apéndices de las ONGs y de los Banqueros, como ha ocurrido con el indigenismo y el ambientalismo en Bolivia.

En América del Sur, los procesos de integración, como el MERCOSUR, la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES (CAN), el ALBA, la UNASUR y la CELAC, abren perspectivas, aun que limitadas, de un nuevo modelo civilizatorio, debido a que las transnacionales y sus bancos continúen siendo el referente principal de las economías de la región. en tanto no funcione efectivamente el Banco del Sur y los organismos de integración no controlen las áreas estratégicas de la economía, como la Banca, la minería, los bosques, las semillas y el petróleo, los discursos bolivarianos seguirán siendo sólo expresiones de buenos deseos. Por otra parte, es un clamor generalizado el lograr el rescate de la política de manos de los banqueros. La elección de Obama o Romney, Hollande o Sarkozy y Rajoy o Rubalcaba carece de significación, ya que, al margen del resultado, el ganador debe cumplir los mandatos de Wall Street y de la City. Como complemento de lo anterior, los medios privados de comunicación social son cada vez más críticos, sobre todo con los gobernantes identificados con lo nacional popular, pero “prudentes” frente a Banca, lo que no ocurría cuando los gobiernos tenían efectivamente el poder en sus manos. El punto más vulnerable de los Bancos frente al sentimiento popular son los paraísos fiscales, que sirven de cobertura al narcotráfico, trata de personas y fábricas de armas, que son las peores lacras de la humanidad. Detrás de los paraísos fiscales se encuentra siempre al mismo núcleo de banqueros, que, pese a cambios de las coyunturas, tienen una centenaria tradición mafiosa, como Goldman Sachs, UBS, Credit Suisse, Bank of America, Wells Fargo, JP Morgan Chase y sus asociados. Los banqueros son el puntal del neoliberalismo y el neoliberalismo significa, a su vez, el triunfo del mercado sobre el Estado.

La cruzada contra los Bancos tiene como antecedente histórico a la ley Glass Steagal, promulgada por el presidente Franklin D. Roosevelt, para evitar la repetición de la crisis mundial de 1929. Roosevet decía que prefería rescatar a los que producen alimentos que a los que producen miseria. La citada ley impuso la separación entre banca de depósito y banca de inversión (bolsas de valores), así como la creación de un sistema bancario conformado por bancos nacionales, estatales y locales. En consecuencia, los banqueros fueron impedidos de participar en los consejos de administración de las empresas industriales, comerciales y de servicios. La finalidad de estas medidas era que no se pudiera especular con el dinero de los depositantes. Esta separación de funciones contribuyó a limitar el tamaño de los grupos bancarios estadounidenses. La ley, al limitar el poderío de los Bancos en EEUU, debido a la competencia de Bancos europeos y japoneses, que actuaban sin control, fue derogada por Bill Clinton. Desde ese momento, los bancos comerciales de EEUU tomaron más riesgos e incrementaron sus actividades comerciales y de inversión. Son cada vez más numerosas las voces de quienes exigen volver a las regulaciones de la Glass Steagal (58).

Las movilizaciones sociales contra la Banca, a nivel internacional, tenderán a radicalizarse de manera inevitable. Tal el criterio del ex vicepresidente de la Comisión de DDHH de la ONU, Jean Ziegler, quien propone “ocupar y nacionalizar la Banca”, para luego advertir que “vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”. En su último libro: “Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre” (Península), plantea “multiplicar rápidamente las fisuras en el muro capitalista para derrumbarlo y crear un nuevo orden mundial más justo”, la que se transformará en un “frente de resistencia intercontinental y en una nueva forma de solidaridad entre todos los pueblos”. La neutralización del poderío de los Bancos está asociada a la urgencia de reformas estructurales a la ONU, ente que, dice Ziegler, se fundó “con el objetivo principal de defender el interés general de los pueblos y promulgar los principios recogidos en la Carta de los Derechos Humanos”. Sin embargo, “los mercenarios han pervertido su papel y destruido su credibilidad moralLa refundación de esta organización pasa por imprimirle “mucha más democracia” eliminando el poder de veto de las naciones integrantes del Consejo de Seguridad, limpiándola de ‘golpistas’ y eliminando las prebendas del FMI y el BM. El neoliberalismo delictivo, concluye el diplomático, debe acabarse ya”. (59)

América latina y América Latina y Bolivia en el Estado Continental

La crisis de los Estados nacionales fue advertida por el geógrafo alemán, Federico Ratzel, a fines del Siglo XIX, al constatar que EEUU se había convertido en el primer Estado Continental y que los demás Estados nacionales no tenían destino sino se agrupaban de acuerdo a regiones geográficas. Los Estados Nacionales emergieron en el Siglo XIX. Los primeros fueron Inglaterra y Francia, seguidos por Alemania, Italia y Japón. Aunque las previsiones de Ratzel, con relación a EEUU se cumplieron sólo al concluir la Segunda Guerra Mundial, quedó demostrado que Europa Occidental sólo podía convertirse en Estado Continente si consolidaba la Unión Europea (UE), la que nació en 1950, a través de la alianza de Francia y Alemania, sustentada en la explotación conjunta de sus yacimientos fronterizos de hierro y carbón. Inglaterra, por su parte, encontró su propio espacio, a lo largo del Siglo XX, al forjar una sólida alianza anglosajona con Washington. Rusia es, por sus dimensiones y población, otra Nación Continente, al igual que China y la India. En el Siglo XXI, en el que EEUU no dejará de ser un Estado Continente, al igual que la UE, si evita que su actual crisis económica la destruya. El Estado Continental Sudamericano es la única posibilidad que tiene Latinoamérica para influir en el mundo actual, el que servirá de base para proyectarlo por el resto de Latinoamérica y el Caribe.

La historia de América Latina ha sido una permanente tensión dialéctica entre monroísmo y bolivarismo. El monroísmo, expresión de la doctrina Monroe, elaborada por el Presidente James Monroe, en 1823, postula la hegemonía perpetua de EEUU sobre América Latina. El bolivarismo anhela, por su parte, la unión del polo hispano latinoamericano, ya que considera que América Latina no es un conjunto de naciones, sino una Nación deshecha (60). El monroísmo buscó consolidarse a través de la Conferencia Panamericana (1899), la Junta Interamericana de Defensa (1942), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (1947) y la Organización de Estados Americanos (1948). El bolivarismo lo hizo mediante la generación del 900, la fundación del APRA (1924); el intento de Perón de crear la Unión Aduanera entre Argentina, Brasil y Chile (1953), y últimamente, con el nacimiento del MERCOSUR, la UNASUR, el ALBA, la CELAC y el Consejo Suramericano de Defensa (CSD), que concretan decenas de esfuerzos anteriores. El CSD es un hito dentro de los planteamientos bolivarianos. Con la creación del CSD se ha roto el excluyente análisis geopolítico de Occidente con relación a nuestra América. Y sin análisis propio, no hay destino posible. Después de la caída del muro de Berlín, se ha transitado del bipolarismo (Washington-Moscú), al unipolarismo, que EEUU no ha podido consolidar, lo que ha dado paso a la formación de un sistema “apolar” (sin polos hegemónicos, de acuerdo a la expresión de Henry Kissinger), desde donde se avanza al multipolarismo. Con el CSD, América Latina, por primera vez en su historia, busca defender su seguridad y planificar sus propios objetivos, sin la vigilancia de la Doctrina Monroe (61). Por tanto, no es evidente que la humanidad se halle frente a la desaparición de los Estados Nacionales, sino ante el avance de Estados Continentales, consolidados o en vías de formación.

Cuando el indigenismo y el ecologismo predican un nuevo modelo civilizatorio carecen de una explicación racional de las estrategias, metodologías y procedimientos que emplearán para lograr las transformaciones que postulan. La prédica de sus metas genéricas (Vivir Bien, visibilización de pueblos indígenas sometidos por el colonialismo, defensa de culturas e idiomas precolombinos, preservación de la naturaleza o nueva relación entre seres humanos) no incomodan a los centros de poder mundial, razón por la que, inclusive, prefieren financiarla. En cambio, los Estados Continentales que han emergido y otros que avanzan por ese camino si constituyen una amenaza real al poderío de los Bancos y de los centros de poder mundial que los impulsan.

Han sido tres los grandes intentos de América Latina por lograr su unificación. La primera tuvo lugar entre 1520 y 1560, en cuyo período comienza a configurarse un pueblo nuevo, mestizo en la historia. Todas sus partes entran en relación, luego de milenios de dispersión o comunicaciones fragmentarias. En pocas décadas, se funda la red de villas y ciudades esenciales de América, la que incluye a casi todas las que serán sus capitales. El idioma y la religión ayudan a cohesionar regiones dispersas. Antes de este ciclo, sólo se habían configurado los imperios Azteca e Inca, que tuvieron importantes concentraciones poblacionales. Tal situación facilitó la emergencia del mestizaj, salvo en otras latitudes en las que las poblaciones aborígenes fueron exterminadas, al igual que lo ocurrido en las colonias sajonas del norte. El mantener la exclusión indígena, las encomiendas y la mita, sin atender las opiniones del Libertador, junto al fortalecimiento de oligarquías comerciales, digitadas por Inglaterra, in viabilizó la emergencia de burguesías nacionales. En tanto Brasil, debido a su independencia tardía del dominio portugués, conservó su unidad territorial, en el resto de la América del Sur, las Antillas y el Caribe surgieron países deformados por el monocultivo o la mono producción minera, en función de intereses externos, lo que les impidió constituir su mercado interior. En los procesos de independencia se fueron perdiendo los vínculos de cohesión que suministraban la relación con la Metrópoli. Así se creó la alienación propia de las semicolonias latinoamericanas, la mistificación de creerse “naciones” cuando no son más que esquirlas de una gran frustración… Consumada la balcanización, todos somos vecinos de espaldas, hermanos extraños que se desarrollan hacia fuera, divididos y enajenados por la pax británica (62)

El segundo intento comenzó alrededor de 1808 y concluyó hacia 1830, con el fracaso del congreso anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar, quien aspiraba a conformar una “Nación de Repúblicas”, el que fue bloqueado por el naciente imperio británico, que pasó a controlar económicamente a las jóvenes repúblicas. La Generación del 900 hizo que Hispanoamérica tomara conciencia de la dimensión de su tragedia, sobre todo a través del argentino Manuel Ugarte, quien sostenía que había llegado el momento para que nuestra América dejara de ser rica para los demás y pobre para si misma (63). El uruguayo José Enrique Rodó, con su libro Ariel, el año 1900, es considerado el pionero de esta corriente, que tuvo también entre sus principales referentes al mexicano José Vasconcelos, al peruano, Francisco García Calderón, al venezolano Rufino Blanco Bombona y al colombiano José María Vargas Vila. La Generación del 900 influyó en la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, en la fundación del APRA, en 1924, gracias a la visión de Víctor Raúl Haya de la Torre, y en el proyecto de unión aduanera de Argentina, Brasil y Chile, propuesta por el presidente Argentino Juan Domingo Perón, en 1953. La Revolución boliviana de 1952, la Revolución cubana de 1959, y el rebrote de movimientos nacional-populares con Velasco Alvarado en el Perú, el proceso Ovando Torres en Bolivia, entre 1969 y 1971 y el triunfo de Salvador Allende, en 1970, crearon las condiciones del “Pacto Andino”, antecedente directo de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Ramos y Methol coinciden en que el MERCOSUR es el acontecimiento más importante para América Latina, desde la gesta de Bolívar. La Unión Europea (UE) demostró que sin un eje económico, alrededor del cual gire el resto de los países, la integración regional no pasa de los discursos. Ese eje fue Alemania y Francia en el “viejo” continente y son Brasil y Argentina en Sudamérica. Los dos países más grandes de la región incorporaron también a Uruguay y Paraguay, sabiendo, de antemano, que su gravitación en el acuerdo sería muy reducida. El golpe parlamentario del vicepresidente Federico Franco en contra de Fernando Lugo, en junio de 2012, hizo que el MERCOSUR suspendiera a Paraguay del organismo integrador, cuyo parlamento, controlado principalmente por la oligarquía y terratenientes paraguayos, que había vetado durante una década al ingreso de Venezuela, permitió que este país se incorporara al MERCOSUR, que pasó a tener una influencia geopolítica que abarca de la Patagonia al Caribe. Por otra parte, el MERCOSUR ha sido, al mismo tiempo, el impulsor de entidades integradoras afines, como UNASUR y la CELAC, en tanto Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países de Centro América y el Caribe formaron la Alianza Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA).

Continúa enIndigenismo o Estados continente (III Parte)