Se realizaron dos justos homenajes a destacados periodistas de la escasa pléyade de periodismo ético, digno y respetable en el Perú. En la casa museo donde vivió el ilustre José Carlos Mariátegui, fue homenajeado Raúl Wiener (responsable de la Unidad de Investigación del diario “La Primera”). Luego, y con motivo de la prestigiosa Feria del Libro “Ricardo Palma”, en el salón consistorial de la municipalidad de Miraflores, don César Lévano (director del diario “La Primera”) recibió un emotivo y cálido homenaje.

Qué bueno el reconocer en vida la labor de dos insignes periodistas de izquierda, dos hombres comprometidos con la búsqueda de la verdad, la justicia social, dos ciudadanos con honestidad a prueba de misil. Dos samuráis defensores de la dignidad y soberanía nacional, en circunstancias que el poder económico busca imponernos su prensa incondicional, descerebrante, farandulera. Sí, esa prensa nula en perspectiva crítica y analítica, orientada a la formación de conciencia cívica para la forja de ciudadanía plena, informada, pensante, actuante cuando las circunstancias lo ameritan.

Tiene razón el maestro Ryszard Kapuscinski cuando afirmaba: “Creo que para ejercer el periodismo ante todo, hay que ser un buen hombre o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, sus dificultades, sus tragedias. Y, convertirse inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina empatía (…)” (1)

Siempre he admirado la labor periodística de aquellas personas especiales que buscan ir al fondo de temas candentes, sobre todo cuando se trata de desnudar a quienes tienen el poder económico y su amante de siglos: la politiquería comodín.

Una piedra en el zapato para quienes tienen el poder, cuando brillantes periodistas se les esconden debajo de las alfombras o están pegados como polillas al documento secreto guardado bajo cuatro llaves y con un perro doberman desdentado cuidando el cajón. Gente incansable que se mete por las rendijas con zapatos y todo y lupa en mano, para buscar muchas veces en el basurero moral del poder omnímodo y, luego informarnos con infografía incluida, de yapa: fotos, nombres, apellidos, conversaciones susurrantes y en voz baja, como si estuvieran en el desierto.

Y salen a paso corto y lento los temas tabú para el periodismo cómplice del poder, por ejemplo: las fosas comunes de seres humanos desbaratados y luego quemados por la barbarie, los tiros a mansalva, la mega corrupción y los grandes negociados partícipes en el remate del patrimonio nacional, el abuso de poderosas mineras que se creen dueñas del suelo, subsuelo y más abajo, hasta llegar al infierno de Dante; las eternas licitaciones fraudulentas, etc. O de repente nos enteramos que en pleno siglo XXI todavía tenemos “empresaurios” criollos que no respetan los mínimos derechos laborales de sus trabajadores que sudan la camiseta 12 horas al día o más.

Estás tranquilo tomando un refresco o café y de repente casi caes de espalda al leer el amplio reportaje del diario “La Primera” informando sobre el financiamiento minero a varios congresistas que hoy son sus fieles defensores; en fin, de todo hay en la mies del Señor.

Revisaba el libro: “La Razón del joven Mariátegui”, del periodista Juan Gargurevich. El autor narra las peripecias periodísticas de la denominada “yunta brava”, al referirse a José Carlos Mariátegui y César Falcón su inseparable compañero en el periodismo y la política. Amenazas, detenciones arbitrarias, censuras descaradas, hasta que la dictadura de Augusto B. Leguía optó en 1919 por la deportación elegante, para que ambos periodistas dejaran de joder. Se equivocó pues a su regreso de Europa, vinieron con mayor energía, formación académica y emoción social.

Más de 90 años después, don César Lévano y Raúl Wiener, son sin lugar a dudas, parte de la yunta brava para quienes sueñan con perennizar el periodismo totalmente sumiso y descerebrante.

Me uno a estos emotivos y cálidos homenajes, es bueno y estimulante reconocer el esfuerzo de periodistas hidalgos que serán referencia obligada para las presentes y futuras generaciones del periodismo alternativo. La lucha por la verdad, la justicia, la ética y decencia no tienen límites, estés donde estés: en el periodismo, la política, el arte, la cultura, deporte o tu vida cotidiana profesional, recuerda siempre que la sumatoria de estas voluntades nos permitirán construir una gran Nación.

* Sociólogo