París y La Habana (PL).- Un acto de violencia que encierra un mal precedente ocurrió este otoño en la sureña ciudad francesa de Marsella: alrededor de medio centenar de personas prendieron fuego a un campamento de gitanos y los obligaron a abandonar el lugar. El ataque fue premeditado porque los habitantes del barrio de Créneaux habían informado a las autoridades que actuarían por su cuenta si los roms, como se les conoce aquí, no se marchaban.

Aunque la policía estuvo presente no arrestó a nadie porque -según los agentes- todo pasó “pacíficamente” y no “hubo ningún desbordamiento”. Que sea la propia ciudadanía la que expulse a los gitanos y las fuerzas del orden no hagan nada para impedirlo constituye una acción preocupante, porque es el retorno a la ley de la jungla, advirtió el presidente de la Liga de los Derechos Humanos Pierre Tartakowsky.

Para el partido Europa Ecología Los Verdes, “no es tolerable en la República que un grupo de ciudadanos particulares, cualquiera que fuese la razón, pueda decidir sus propias reglas y aplicarlas con total autonomía, en detrimento de las normas elementales de la justicia”. El caso, sin embargo, no es un hecho aislado. En mayo de 2008, hombres y mujeres armados con piedras y palos incendiaron cinco campamentos de la etnia rom al este de Nápoles, en Italia.

Los gitanos, romaníes o zíngaros constituyen la minoría más grande del continente, con unos 10 millones de integrantes. A pesar de ser ciudadanos europeos, sufren discriminación en todos los aspectos de la vida, desde el acceso a la vivienda, el trabajo, la educación y la salud, y sus problemas se agravaron con la crisis iniciada en 2008.

“Nadie te alquila un piso, aunque tampoco podríamos pagarlo. Es muy difícil conseguir un trabajo”, declaró Marko, un joven que reside en Seine-Saint-Denis, un suburbio ubicado al norte de París. Generalmente viven en camiones o en campamentos improvisados en las periferias de los centros urbanos, en casas construidas con pedazos de zinc y madera. No tienen acceso al agua potable, ni condiciones higiénicas.

Muchos recogen chatarra en los vertederos, los que tienen más suerte consiguen algunos trabajos temporales en la agricultura y también se dedican a la venta ambulante o a pedir limosnas. En la actualidad alrededor de 400 mil personas integran esa comunidad en el país galo, la mayoría de ellas son de origen francés y el resto proceden de naciones balcánicas.

En 2010 el gobierno del presidente Nicolás Sarkozy se ganó la repulsa internacional al desmantelar 300 campamentos y expulsar a más de 10 mil personas hacia Rumania o Bulgaria. Sin embargo, no hay signos de una mejoría durante la actual administración. En ciudades como Lille, París, Lyon o Marsella, los desalojos están a la orden del día y se estima en alrededor de siete mil el número de romaníes deportados hacia Europa del este.

El ministro del Interior, Manuel Valls, declaró en una reciente visita a Bucarest que su gobierno continuará “con la eliminación de chabolas ilegales y el traslado de los ciudadanos a las fronteras”. Cuatro relatores especiales criticaron esta política y advirtieron que los desalojos forzados no son una respuesta apropiada y deben buscarse soluciones alternativas, conforme a los estándares de derechos humanos.

“Lamentablemente estos actos demuestran que ellos no disfrutan de las mismas libertades de circulación y establecimiento y siguen sufriendo un trato discriminatorio”, denunciaron en un comunicado los relatores sobre Minorías, Rita Izsák; Inmigrantes, François Crépeu; Alojamiento, Raquel Rolnik, y Racismo, Mutuma Ruteere.

El Consejo de Europa, una organización creada en 1948 para promover el tema de los derechos humanos, advirtió recientemente sobre la vulnerabilidad de los roms en el continente y el deterioro de su situación a partir de 2008. 2La discriminación siempre ha existido, pero empeora con la crisis. Es algo que ya hemos visto en Europa. Nos debería preocupar a todos”, declaró Thorbjorn Jagland, secretario general del Consejo.

Explicó Jagland que dados los problemas económicos y el incremento del desempleo, los que antes estaban pasándola mal son los que peor están ahora y ese es el caso de los gitanos. Su situación, dijo, era terrible. Y creo que ahora es peor en la mayoría de los países europeos. Pocos tenían empleo y muchos de ellos lo han perdido. La discriminación aumenta y la violencia contra ellos también.

Gitanos, historias con denominador común

En el metro de París un joven de piel morena y con un talento innato se gana la vida entonando con su guitarra canciones, unas veces nostálgicas, otras movidas, que traen viejos recuerdos y despiertan pasiones profundas. A pocas cuadras de allí, una mujer recorre la feria de Grenelle con dos niños pegados a su falda y pide dinero a los transeúntes para sus hijos, sin vencer la indiferencia de quienes la rodean. Son dos historias diferentes, pero tienen un denominador común: sus protagonistas son gitanos.

En la actualidad alrededor de 400 mil personas integran esa etnia en el país galo, el 95% de ellas de origen francés y el resto procedente de naciones balcánicas. A pesar de ser europeos y de constituir la minoría más numerosa en el Viejo Continente, su vida está marcada por la discriminación, el desempleo y la pobreza.

Por su naturaleza migratoria y la ausencia de un censo oficial no existen estadísticas precisas, pero se estima que en estas comunidades la mortalidad infantil es cinco veces mayor que la media y la esperanza de vida es de entre 50 y 60 años. Dentro de esta población los niños son los más vulnerables. Alrededor de un 60% de los menores romaníes (como también se les conoce) no asiste a la escuela y solamente uno de cada 10 cursa la enseñanza secundaria.

En 2010 el tema ocupó las primeras planas de los diarios europeos cuando el gobierno francés inició una vasta campaña de desmantelamiento de 300 campamentos de esa etnia y expulsó a más de 10 mil personas originarias de Rumania y Bulgaria. La decisión provocó manifestaciones de protesta en varias ciudades y fue repudiada por la ONU, el Vaticano y organizaciones de derechos humanos.

Incluso, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, consideró que la medida “sólo exacerbaba el estigma de los romanís y la extrema pobreza en que viven”. A pesar de ello, los desalojos se mantienen a la orden del día y recientemente la policía desmanteló un campamento en el poblado de Viry-Châtillon, a unos 20 kilómetros al sur de esta capital, donde vivían más de 80 personas.

Esta situación se repite desde hace siglos en muchos de los países que hoy integran la Unión Europea (UE). Denominados gitanos, romaníes o zíngaros, pertenecen a una etnia que -según la versión más extendida- tuvo su origen en una zona comprendida entre la India y Pakistán. A partir del siglo XV comenzaron a asentarse en Europa, sin embargo 80 años después de su llegada fueron condenados al destierro en casi todas las naciones, lo que acentuó su carácter itinerante.

Esta fue también una de las etnias más afectadas durante la II Guerra Mundial y se estima que más de 400 mil de sus miembros fueron asesinados por los nazis. Actualmente se calcula en 12 millones la población total de gitanos, de los cuales la gran mayoría, unos 10 millones, viven en este continente.

Por ser europeos tienen derecho a moverse libremente por los 27 países que conforman la UE, pero en la práctica para muchos es imposible por el recrudecimiento de las leyes migratorias. Para permanecer más de tres meses en algunos países deben contar con un trabajo estable o permisos de residencia y los empleadores tienen que pagar una suma considerable en impuestos por un contrato indefinido.

Estas dificultades obligan a la mayoría a recurrir al trabajo clandestino, la mendicidad, la prostitución e, incluso, al robo. Alexandra Raykova, una joven romaní explicó en un artículo el drama de su pueblo en el viejo continente. “Ser roma en Europa significa discriminación, desempleo y problemas sociales, enfrentarse con los prejuicios y la imagen negativa que ha formado la sociedad debido a que tu cultura y tus valores son distintos, a que llevas un nombre poco común y a veces tienes la piel más oscura”.

Los gitanos han sido segregados y estigmatizados, se les vincula con muchos males sociales y encuestas realizadas aquí reflejan que una gran parte de los europeos tiene opiniones negativas sobre esta comunidad, sustentadas en estereotipos y prejuicios de siglos. A ello se añade que durante los últimos años muchos partidos de extrema derecha y también conservadores y de centro los han identificado como blanco de sus ataques, denunciaron directivos del Centro Europeo para los Derechos Romaní.

El tema fue objeto de análisis en una reunión de la dirección general de justicia de la Comisión Europea celebrada en Bruselas a fines del año pasado. Varios eurodiputados criticaron a la comisión por considerar que no se ha ido suficientemente lejos para luchar contra la discriminación hacia esa etnia y citaron como ejemplo sus expulsiones masivas de Francia, Italia o Hungría. Algunos oradores consideraron como una vergüenza que en pleno siglo XXI muchos de los 10 millones de gitanos europeos vivan en la más extrema pobreza y aislados de la sociedad.

Denuncian fragilidad sanitaria de gitanos en Marsella

A principios de agosto, agrupaciones humanitarias denunciaron los grandes riesgos para la salud en las comunidades de gitanos alojadas en campamentos de la ciudad francesa de Marsella, debido a los constantes desalojos practicados por las autoridades. Cada expulsión es sinónimo de la ruptura de la atención sanitaria a mujeres embarazadas, la vacunación de los niños y el tratamiento de enfermedades graves, como la tuberculosis, dijo Caroline Godard, de la asociación Encuentros Tsíngaros.

Respecto a este último padecimiento, muy común entre esa comunidad, las reiteradas interrupciones en la aplicación de medicamentos ha provocado la aparición de cepas resistentes, lo que hace más difícil su curación, denunció la asociación. Alrededor de mil 500 miembros de este grupo étnico habitan en la sureña urbe francesa, donde los frecuentes desalojos los obligan a ir de un lugar a otro, casi siempre en peores condiciones sanitarias que los anteriores.

Esta situación impide desde el verano de 2011 cumplir con un programa mínimo de vacunación contra la rubeola, porque sólo es posible inocular la primera dosis y cuando se va a aplicar la inyección de refuerzo los niños no están en el mismo sitio, señaló el doctor Philippe Rodier.

Las comunidades roms, como también se les conoce aquí, sufren problemas de salud similares a los observados en campamentos de refugiados de otros países, aseguraron los activistas humanitarios. Además de la tuberculosis, son frecuentes los casos de diabetes, desnutrición crónica, carencia de vitaminas, padecimientos infecciosos y dermatológicos.

Michel Bourgat, adjunto de la alcaldía de Marsella y encargado de las exclusiones, reconoció que cuando la gente es expulsada cada mes o cada 15 días es imposible seguir cualquier plan de vacunación o atención médica. “Sin embargo no podemos ir siempre hasta el principio de la cadena y asumir carencias que vienen de más arriba”, dijo Bourgat, en alusión a la responsabilidad del Estado francés y de la UE en esta situación.

La mayor parte de los gitanos que habitan en estos campamentos son de nacionalidad búlgara o rumana pero, a pesar de que ambos países son miembros de la UE, no se les reconocen todos sus derechos como a cualquier otro ciudadano.

* Jefa de la corresponsalía de Prensa Latina en Francia.