Cuando los navegantes portugueses arribaron a las playas de África en el siglo XV, los pueblos de ese continente al sur del desierto del Sahara habían acumulado vastos conocimientos que se manifestaban en las esferas económicas y sociales. Los europeos procedentes de una sociedad con mayor evolución económica y social subestimaron la cultura de los nativos, cuya sabiduría provenía de experiencias prácticas transmitidas a través de sucesivas generaciones.

El descubrimiento y el trabajo del hierro se remontaban a una época relativamente lejana, de acuerdo con la versión tradicional. El dominio de ese metal fue esencial para el desarrollo económico y la alimentación en las comunidades. Los grupos étnicos que habitaban el África Central conocían el hierro y fabricaban instrumentos destinados a la agricultura, lo que influyó en el incremento de las producciones. Para esas etnias cuya actividad fundamental era la agrícola, ese hecho tuvo un notable significado.

Según investigaciones, la entrada de Mozambique en la historia en el África Suroriental se sitúa con la utilización del hierro y la diversificación de los cultivos, en la etapa en que aparecieron las tribus bantúes. Los bantúes eran originarios de África Central y se establecieron en Camerún, en el occidente continental. Desde este país realizaron diversas migraciones hacia regiones del este, oeste y sur llegando a Mozambique por el norte.

En la etapa en que Mozambique estableció relaciones comerciales con Asia Menor, la India y el Lejano Oriente a través del océano Índico, ya poseía instrumentos de hierro producidos por los bantúes. Los herreros forjaban lanzas de diversas formas utilizadas en la caza mayor o de cualquier tipo, para adornar el cetro de los Kani (jefes), con vistas a la ceremonia de matrimonio, otras que sólo se utilizaban durante la batalla entre etnias enemigas, hachas, brazaletes e instrumentos musicales.

Los oficios ejercidos por los alfareros, tejedores y otros se generalizaron en todos los conglomerados étnicos. En las artes fueron notables las tallas de madera, en las cuales las figuras alcanzaban un realismo excepcional, además de la confección de aditamentos que servían de adorno a las mujeres y distintas piezas.

La salud

Un papel importante correspondía a los nganga (maestros), quienes se ocupaban de la protección y de la promoción de la salud de la sociedad completa, a quienes la historiografía occidental los calificaba de hechiceros, charlatanes o cuentistas. No eran magos sino personas que demostraban grandes conocimientos en los campos de la anatomía, la botánica (plantas medicinales), la geografía, la historia tribal y la psicología social; tampoco eran individuos con poderes sagrados.

Su habilidad se ejercía por lo general en el campo sanitario. La experiencia de la condición humana era amplia y en todos los miembros de la etnia existía confianza en los diagnósticos de esta suerte de galenos. Uno estaba especializado en la curación de luxaciones, sobre todo práctica. El tratamiento estribaba en romper la pata de un pollo; el retorno de la marcha normal de este entrañaba necesariamente el restablecimiento del enfermo. En ese intervalo recibía masajes e inmovilización de las partes fracturadas.

Otro practicaba la sangría, ya fuera para descongestionar (hacer cesar la acumulación mórbida de sangre en los vasos de un órgano), o bien aliviar a un enfermo de edema agudo del pulmón, de insuficiencia cardiaca, de hipertensión arterial y otras. Para esas prácticas utilizaba ventosas de cuerno.

El maestro que curaba toda clase de enfermedades era una especie de médico general. Los había especializados en la preparación de un agua particular destinada a bañar a los mellizos, quienes se consideraban seres extraordinarios. Para todos los asuntos se consultaba al maestro: viajes, caza, pesca, matrimonio, esterilidad, fecundidad, causa de enfermedades, de muerte.

Existía otra variedad de maestros como los que preparaban brebajes a fin de hacer fecundar, aptas para la reproducción, a las mujeres estériles. También estaba el maestro destacado por la sabiduría; era un filósofo, es decir, un hombre que conocía todo cuanto se creía saber, bien entendido en los límites de su cultura. Pasaba horas y horas meditando en un lugar retirado y tranquilo, propicio para la reflexión.

La presencia de los portugueses alteró la vida en las comunidades. Al intercambio con las poblaciones costeras, siguió la conquista y casi de inmediato la explotación. Los lusitanos iniciaron el comercio de esclavos. Miles de hombres y mujeres, fundamentalmente de África Occidental, fueron enviados a América y el Caribe para trabajar en régimen de esclavitud en las plantaciones agrícolas y minas.

Sin embargo, en suelo africano las barbaries esclavista y colonialista no pudieron eliminar las tradiciones y cultura de la población. Menos las enseñanzas de hombres sabios transmitidas de generación en generación.

La grandeza del imperio de Monomotapa

Durante la Edad Media africana florecieron importantes reinos: uno de ellos fue el imperio de Monomotapa, formado por los predecesores de la actual comunidad shona asentadas en Zimbabwe y Mozambique. Una larga historia describe cómo se fundó el reino con centro en la ciudad del Gran Zimbabwe y cuyo máximo esplendor lo alcanzó alrededor de 1440 sobre la base de la actividad comercial, fundamentalmente el cambio de oro por mercaderías procedentes del oriente.

La línea dinástica del imperio comenzó con los Gokomere, que se presume sean los ancestros de la actual comunidad Shona zimbabwense, que lograron avanzar en las esferas de la gobernanza, el establecimiento de alianzas políticas, en la gobernabilidad a nivel de imperio y en el engrandecimiento de su base económica.

Monomotapa no se considera un nombre propio, sino que es la identificación adoptada por el gran soberano por encima de sus súbditos, incluyendo reyes y funcionarios de alta ralea, cuya distinción subraya el carácter centralizado establecido en la estructura del poder.

Según estudios, la sucesión al frente de Estado se realizaba por la elección realizada por un conjunto de asesores y jefes aliados, en caso de que el máximo jefe falleciera o fuera depuesto. Esa selección se realizaba con la guía de uno o más jefes espirituales que interpretaban las señales enviadas por los espíritus ancestrales de la comunidad.

Lo aclara la inexistencia de un continuismo autócrata o al menos que este se trataba de evadir. Eso, sin embargo, abre una interrogante sobre la capacidad de mando del monarca en un contexto considerado de gobierno absoluto, ¿ciertamente el jefe estaba fuera de cualquier sujeción en el ejercicio del poder o estaba limitado por algún tipo de regulación?

Responder esa pregunta es enfrentar el dilema de la relación entre el líder y el grupo, en este caso se enlazaría con el reconocimiento por la comunidad de las cualidades del guía, quien puede llegar a ese estatus por su expediente de virtudes o sojuzgando y reprimiendo a quienes se le opusieran ya fuera un individuo o una etnia.

La grandeza del grupo cultural Zambezi-Limpopo se expresa en monumentos arquitectónicos, en ese espacio “florecieron las sociedades cuyo rasgo más distintivo fue la construcción de grandes palacios de piedras labradas conocidas por Zimbabwe”, subrayó Walter Rodney. Este desaparecido intelectual guyanés admitía que los trabajadores de esas magníficas obras podrían “haber procedido de grupos étnicos particulares subyugados por otros grupos étnicos; pero en el proceso de sometimiento probablemente adquirieron el carácter de clase social, cuyo trabajo se explotaba”.

La economía

El comercio constituía un renglón vital para la supervivencia del imperio, cuyas exportaciones llegaban al puerto de Sofala y de ahí se trasladaba al sur del delta de río Zambezi, donde los comerciantes árabes cambiaban el oro por tejidos. En aquel entonces, los portugueses no tenían posibilidades de monopolizar esas transacciones.

La presencia lusitana en la región en los siglos XV y XVI va a relacionarse con el establecimiento de factorías, una suerte de puntos de abastecimiento de sus barcos en las rutas hacia el oriente, no obstante, en 1505, los portugueses presionaron para yugular al Estado de Monomotapa, pero fracasaron.

En cuanto a desarrollo socioeconómico del reino, este transcurría en un ambiente de cambio estructural en la zona, que se extendía entre los ríos Zambezi y Limpopo, y era habitada por pueblos que empleaban el hierro y formaban núcleos poblacionales considerados estados, cuya organización y desarrollo se inscribe a partir del año 1000.

Siguiendo al estudioso Walter Rodney en Cómo Europa subdesarrolló a África, la construcción del imperio de Momomotapa en el siglo XV fue un salto cualitativo en la organización de los grupos humanos residentes allí. Así puede comprenderse que en el período apareció en esa área una forma muy organizada de vida -tanto material como intelectual- que llegó a ser monumental y muestra de ello es su arquitectura expresada en el Gran Zimbabwe.

La sociedad

Hasta ahora sólo se evalúa algunos aspectos concretos del proceso de formación y desarrollo del imperio, pero es preciso apuntar la importancia del cuerpo ideológico que lo sustentó en el cual se destacan componentes tales como la creencias religiosas y la aceptación como comunidad de una historia (mítica o no) de procedencia común.

Respecto a las confesiones, sus prácticas rememoraban sus raíces bantú, referidas a seres mágicos que interactúan con la naturaleza, concentran rasgos inherentes a héroes idílicos o que con su andar plantean la posibilidad de serlo, pero siempre vinculado con el medio, sea la pradera, la lluvia, el río, los truenos, la maternidad y otros.

Lo anterior supone una liturgia poco complicada en relación con otras que posteriormente se engarzarán con esas formas primarias de creencias y de tributar agradecimiento a las posibilidades de subsistencia que le concede la naturaleza, junto con las relaciones humanas. Recordemos que bantú es sinónimo de colectivo y de unidad también en lo espiritual.

Convivencia no significaba igualdad social, pues el imperio de Monomotapa poseía una estructura socio-clasista semejante al de la formación socioeconómica feudal, según la caracterización de modelos al uso europeo, aunque con sus peculiaridades, el reino tenía un diseño teocrático centralizado, con una línea de sucesión sólo para la élite.

Siendo un pueblo de mineros y trabajadores de los metales de un lado y de agricultores del otro, esa división del trabajo creó diferencias sociales, mientras que los dos primeros grupos formaban parte directamente de la estructura social del imperio y sus modificaciones, los campesinos se arraigaban a sus tradiciones tribales.

La organización de la sociedad se definía por existir una vida citadina para los ricos y poderosos, donde vemos la existencia del máximo señor, de militares que eran a la vez funcionarios del rey, de los artesanos que trabajaban el oro o el hierro y el cobre en las forjas y en los hornos del máximo señor, según el investigador Mateus Mantoan.

Declive y extinción

El imperio Monomotapa comenzó a desgarrarse por las pugnas entre las facciones rivales, y el oro de los ríos, así como el agotamiento de los yacimientos de otros minerales que controlaba. Esos aspectos anularon todo el esplendor del reino y destrozaron su nivel de protagonismos en los eventos que le sucederían en África subsahariana.

Su comercio, tan desarrollado hasta un momento, fue desplazado por el tráfico de esclavos, uno de los elementos en su declinar, y resultó un factor negativo en el fomento para el advenimiento de las nuevas generaciones de africanos. Por entonces, los Estados árabes de Zanzíbar y Kilwa se tornaron prominentes potencias de provisión de esclavos para Arabia, Persia e India, según el historiador francés Fernand Braudel.

Ya en 1514 Antonio Fernández y en 1561 Antonio Caido residían en la corte de Monomotapa que también recibió al misionero portugués, Da Silveira, quien bautizó al máximo señor, pero que murió asesinado por los consejeros musulmanes del soberano, apunta el artículo La Implantación en Monomotapa, en la serie sobre la Implantación Europea en África (ver en http://blogs.ua.es).

El acercamiento a los intereses lusitanos condujo a que el imperio fuera finalmente conquistado en 1629 por los portugueses, y aunque nunca retornó a su esplendor, remanentes del gobierno establecieron otro reino en Mozambique, también llamado Kananga, cuyos reyes fueron los Mambos y gobernaron en la región hasta 1902.

* Correa Wilson es periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina. Morejón es periodista de la Redacción Africa y Medio Oriente de Prensa Latina.