En Namibia, como en casi todos los países de África al sur del desierto del Sahara, los primeros europeos en arribar a sus costas fueron los portugueses, quienes comandados por el navegante Bartolomeu Dias desembarcaron en 1488. El territorio namibio tiene fronteras al sur y sureste con Suráfrica, al este con Bostwana y al norte con Angola. Al noreste el río Zambeze hace una frontera natural con Zambia. Sus principales grupos étnicos son ovambos, hereros, damares y kavangos.

Namibia es una planicie que se extiende a lo largo de la costa del océano Atlántico, en una región árida conocida como desierto de Namib, con largas parcelas de dunas arenosas, aspecto común a la vegetación del país. Esta nación ocupa la parte occidental del desierto de Kalahari, por lo que las áreas cultivables resultan pobres. Sus ríos más caudalosos son el Orange, que forma la frontera sur con Suráfrica, el Kunene y el Zambeze en el norte.

Entre los cerca de cuatro siglos transcurridos entre el desembarco de Bartolomeu Dias y la creación del África Suroccidental Alemana en 1884, los escasos europeos que visitaron el territorio fueron en su mayoría exploradores, misioneros y cazadores. Las décadas siguientes de dominación alemana estuvieron marcadas por la sangrienta represión de las sublevaciones nativas, en especial del pueblo herero, el grupo étnico dominante, cuya rebelión en 1904 no finalizó hasta cuatro años después con la pérdida de casi 60 mil vidas.

Caprivi o Franja de Caprivi forma un estrecho saliente en la parte oriental del país de unos 450 kilómetros de longitud entre Bostwana al sur, y Angola y Zambia al norte. Fue llamada así en homenaje al conde Leo von Caprivi, canciller de Alemania en 1890, por anexionar el territorio al Africa Suroccidental logrando que Berlín tuviera acceso al río Zambeze. También obtuvo la isla de Heligoland, en el mar del Norte (en Europa). A cambio de esto entregó a Reino Unido la isla de Zanzíbar, en la costa de Tanzania.

En 1915, durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las fuerzas armadas de la Unión Surafricana (desde 1961 República de Suráfrica) derrotaron a los colonos alemanes. Berlín reconoció la soberanía surafricana sobre la región en el Tratado de Versalles. Al final del conflicto mundial, Alemania perdió la totalidad de sus posesiones en el continente, que pasaron al poder de las dos principales potencias coloniales de la época, Reino Unido y Francia. En 1920 la Sociedad de Naciones concedió a Suráfrica el mandato sobre África del Suroeste (nombre que recibía Namibia).

En 1946, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, sucesora de la Sociedad de Naciones, pidió a Suráfrica que sustituyera el sistema de mandato concedido por una administración de fideicomiso bajo la ONU. El régimen surafricano rechazó la petición de Naciones Unidas, y por el contrario, en 1949 una enmienda constitucional de ese país extendió la representación parlamentaria a África Suroccidental.

Namibia se convirtió en centro de agudas disputas entre Suráfrica y la ONU. El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya decretó en 1950 que el mandato debía ser administrado por Naciones Unidas.

La SWAPO

Las autoridades de Suráfrica rechazaron todas las propuestas de ONU para hallar solución a la situación de Namibia, donde se aplicaba de oprobioso sistema de apartheid. La creación de la Organización Popular del África Suroccidental (SWAPO), en 1960, respondió a la necesidad de dar expresión política única a la lucha anticolonialista del pueblo namibio y definir claramente su objetivo de independencia y nacionalidad.

Los fundadores de la SWAPO organizaron una fuerza política capaz de resistir los ataques de la reacción y principalmente del ocupante surafricano en Namibia, y brindó a la población una orientación revolucionaria. Los primeros seis años fueron dedicados a la movilización en un amplio frente popular. Cuando el 26 de agosto de 1966 se inició la lucha armada bajo la dirección del Ejército Popular de Liberación de Namibia (PLAN), brazo armado de la SWAPO, el pueblo se encontraba decidido a luchar por su liberación.

Durante varios años, con períodos de mayor intensidad, continuaron las acciones militares contra el ejército bien organizado y armado de Suráfrica. En el enfrentamiento a las fuerzas revolucionarias el ocupante empleaba diversos métodos: infiltraba agentes entre los combatientes, o realizaba horribles masacres con el fin de intimidar a la población y frustrar la ayuda popular a la SWAPO.

Mientras tanto, negociaciones entre representantes de la SWAPO y Suráfrica, junto a Reino Unido, Estados Unidos, República Federal de Alemania y Canadá, concluían en un estancamiento al retirarse el delegado surafricano, y así reafirmó la negativa de su gobierno a dejar Namibia como pedía la ONU.

Internacionalmente crecía la solidaridad con el pueblo namibio y la SWAPO. El noveno período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la ONU para Namibia se realizó en 1978; al final se aprobó una declaración y un programa de acción a fin de propiciar y apoyar la autodeterminación e independencia de ese territorio. En un nuevo crimen contra la población civil, Suráfrica agredió el campo de refugiados namibios en Cassinga, Angola, donde perecieron casi 700 personas, una masacre que provocó la indignación y las protestas internacionales.

La derrota de Suráfrica en la batalla de Cuito Cuanavale, tras la agresión a Angola, contribuyó a acelerar la independencia de Namibia. Combatientes internacionalistas cubanos, de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) y fuerzas namibias derrotaron a las tropas surafricanas destruyendo el mito de la invencibilidad del ejército del apartheid.

Al obtener la independencia en 1989, el pueblo namibio culminaba una larga lucha contra uno de los sistemas de explotación más crueles del continente. Igualmente significó el desmantelamiento del apartheid en la vecina Suráfrica y la liberación de Nelson Mandela, líder del Congreso Nacional Africano, tras 27 años de encarcelamiento.

Congo: Esclavitud y colonización

Las República del Congo y Democrática del Congo son dos países ubicados en el África Central que están hermanados en la historia por su enfrentamiento a la explotación colonial aunque sus victimarios fueron dos naciones diferentes del continente europeo. Tribus de pigmeos habitaron el territorio congolés en los primeros años de nuestra era, justamente en la época en que comenzó el predominio de dos importantes imperios de origen bantú, los anzicos y los betekes, vinculados a la evolución socioeconómica de la región.

El primer europeo en arribar a la zona fue el navegante portugués Diego Cao, quien llegó en 1482 a la desembocadura del río Congo, el más caudaloso de África, y posteriormente toda el área se convirtió en una de las principales zonas proveedoras de esclavos para trabajar en plantaciones agrícolas en América y el Caribe.

De sus tierras fueron arrancados miles de hombres y mujeres y enviados al denominado Nuevo Mundo para sustituir a la población india autóctona, casi exterminada al no poder resistir los rigores del trabajo para el cual no estaba apta, además de los crueles abusos de los amos.

El intenso tráfico humano se mantuvo en las centurias siguientes hasta el siglo XIX, cuando en 1834 la Corona británica dispuso la prohibición del comercio de esclavos en sus colonias. Gran Bretaña, inmersa en la Revolución Industrial, ya no estaba interesada en la Trata que le había proporcionado amplios beneficios económicos.

Ya a principios del siglo XIX los colonos franceses habían desplazado a los portugueses en la que actualmente constituye la República del Congo. Los franceses presentes en Congo y la vecina Gabón, construyeron factorías en las costas y luego iniciaron expediciones hacia el interior. El francés Savorgnan de Brazza realizó su primera misión por el río Oggore, atravesando en 1878 el río Congo. En su segunda expedición 1879-1883 se firmaron tratados con el rey Makoko, soberano de Tekes, con el fin de asentar el dominio sobre esa parte del África Central.

Esa acción estuvo dirigida a impedir semejantes intentos por parte del inglés Stanley por la otra orilla del río, entre 1874 y 1877. Los convenios entre los nativos y las metrópolis eran sistemáticamente incumplidos por estas últimas. Brazza impuso una especie de protectorado y se pronunció por métodos pacíficos de colonización, mientras en la práctica se procedía al exterminio de poblaciones enteras que ofrecían resistencia a la presencia extranjera. La capital Brazzaville adoptó el nombre del funcionario galo.

En 1881 el gobierno de París designó a Brazza Comisionado, y todas las tierras conquistadas desde Gabón hasta el Congo quedaban bajo su autoridad. Durante el reparto de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885), las potencias europeas afirmaron la dominación colonial de Francia sobre el país, comprendido en el África Ecuatorial Francesa.

El Congo francés fue sometido a brutal explotación. Francia lo repartió entre 40 firmas concesionarias, a las que les garantizó por 30 años los derechos de tenencia de la tierra y su explotación a cambio de un impuesto de un 15 por ciento sobre los beneficios anuales. La metrópoli estableció un sistema de impuesto para la población autóctona que agravó su situación, explotada y alejada de las enormes ganancias de los europeos. La arrogancia de Francia también desconocía los derechos políticos de los nativos.

La construcción del ferrocarril Congo-Ocean que unía la ciudad de Brazzaville en el centro del país con el puerto de Punta Negra -en el extremo Sur- duró diez años, durante los cuales miles de africanos perdieron la vida debido a las infrahumanas condiciones alimentarias y laborales.

En 1944 por primera vez, la metrópoli admitió nativos en el gobierno local ante el creciente descontento popular, caracterizado por sostenidas revueltas en las principales zonas urbanas. Después de unas prolongadas maniobras dilatorias, el país obtuvo la independencia en 1960, no sin antes experimentar un extenso período de agitación política.

El otro Congo

En el siglo XIX comenzaron las exploraciones sistemáticas del continente, en las que se destacó el misionero escocés David Livingstone. La notoriedad que alcanzó este en sus exploraciones hizo que el propietario de un periódico estadounidense enviara al joven corresponsal Henri Morton Stanley a encontrar a Livingstone.

Stanley partió en busca de Livingstone en Zanzíbar el 17 de noviembre de 1874 y se reunió con él en Boma sobre el río Congo, en 1877. A su regreso a Europa, Stone se entrevistó con un representante de Leopold II de Bélgica. En 1876 Leopold II constituyó la Asociación Internacional Africana, con el concurso de varios capitalistas que tenía por finalidad el estudio y la explotación de las enormes riquezas de la actual República Democrática del Congo bajo su égida. El soberano belga convocó la Conferencia de Berlín que aceleró el reparto de África.

La presencia colonial belga en el país fue considerada como una de las páginas más sombrías de su historia, por la destrucción y robo de sus recursos naturales por las compañías concesionarias, la aplicación masiva del trabajo forzado y la excesiva fiscalización.

Durante la construcción de 1890 a 1898 de los 308 kilómetros del ferrocarril que une a Kinshasa (entonces Leopoldville), con el puerto de Matade, en el sur, murieron miles de africanos. Los métodos de la administración colonial condujeron a la fuga o la resistencia de las poblaciones autóctonas, entre estas estuvo la Revuelta de los Betetela.

Para perpetuar la dominación en el país, el soberano creó un ejército denominado Fuerza Pública que fue comandado por oficiales belgas. Una comisión investigadora reconoció en 1904 que durante los primeros 15 años de dominio colonial, tres millones de africanos murieron a causa de enfermedades y malos tratos.

A lo largo de varias décadas del siglo XX el pueblo congolés protagonizó numerosas rebeliones que fueron reprimidas con suma crueldad. La falta de un órgano rector y una dirección política provocó que esos movimientos no fueran coordinados y llevados al triunfo. No obstante, la represión no pudo impedir el auge del sentimiento anticolonialista y el incremento del movimiento emancipador. La independencia fue proclamada en 1960. Los dos Congo al fin pudieron liberarse de la esclavitud colonialista después de inmensos sacrificios.

Sekou Touré: Prócer de África

Ahmed Sekou Touré fue un destacado dirigente de Guinea, país de África Occidental, que enfrentó al colonialismo francés en un momento culminante de las luchas emancipadoras de los pueblos del continente. Transcurría la segunda mitad del siglo XX y las potencias europeas se empeñaban en mantener arcaicos imperios coloniales basados en la opresión y el desconocimiento de los derechos de los ciudadanos y el saqueo de las riquezas naturales.

Guinea tiene una rica historia étnica y cultural. Las etnias principales son fullah, malauke y susu. Su nombre proviene del antiguo reino Yenne que en el siglo VIII tuvo su centro en el nacimiento del río Níger. En el período de la trata de esclavos iniciada por los portugueses en el siglo XV, Ríos del Sur, antiguo nombre de la región occidental de África, servía de centro de reparación de embarcaciones portuguesas y españolas.

Las naves llegaban al lugar para obtener esclavos que después trasladaban a América para su venta a los dueños de plantaciones agrícolas donde practicaban el régimen de explotación esclavista. La región fue una de las principales suministradoras de esclavos. Fue tal la importancia que adquirió la zona occidental africana, comprendida en el Golfo de Guinea, que allí se establecieron las oficinas comerciales esclavistas. Los traficantes portugueses, ingleses y franceses rivalizaban por el dominio del territorio.

A inicios del siglo XVIII algunas tribus peules procedentes del norte se asentaron en la mayor parte de Guinea, creando un Estado feudal en el que regía el islamismo como religión, que comenzó a extenderse por las zonas costeras. En las pugnas intercolonialistas por el dominio de África, Francia obtuvo la victoria al alcanzar el dominio de una parte de Africa Occidental a comienzos del siglo XIX. La implantación del colonialismo francés comenzó en la segunda mitad de esa centuria.

En 1860 Francia ya había establecido su protectorado de Guinea, pero la extensión hacia el interior del territorio enfrentó una fuerte resistencia por parte de las tribus fulani y malauke. Dos jefes tribales se distinguieron por su oposición a la dominación francesa: Almany Samory Touré y Alpha Yaya Samory.

Este último unificó varios reinos y creó un Estado organizado que cubría la mayor parte de la meseta donde habitaban los mandingas. Hizo resistencia a la dominación colonial y fue capturado y deportado a Gabón donde murió en 1900. Tras su captura, la oposición se debilitó. Después que en 1893 se creó la colonia de Guinea Francesa, en 1904 esta fue integrada al África Occidental Francesa (ADF), compuesta además por Mauritania, Senegal, Sudán, Costa de Marfil, Dahomey y Níger. La entidad era administrada por un gobernador francés dependiente del ministerio de colonia francesa.

En 1946 Guinea obtuvo como otras posesiones coloniales el estatus de Territorio de Ultramar. Un año antes se había organizado el primer sindicato del país organizado por Ahmed Sekou Touré que fue un importante medio que apoyó a los sectores que comenzaron a reivindicar la independencia nacional. Orador consistente y de profundos razonamientos desde un principio Sekou Touré fue reconocido como gran dirigente. En Mali se creó el Partido Reunión Democrática Africana (RDA), integrado por representantes de las colonias que tenían ramificaciones en los territorios de ultramar, cuyo objetivo era luchar contra la explotación colonial.

El 17 de mayo de 1947 se celebró en Conakry, la capital, el congreso constitutivo del Partido Democrático de Guinea, en que tomaron parte varios movimientos y asociaciones patrióticas, como rama de la RDA. En mayo de 1957 después del inicio de la guerra de Liberación de Argelia, la proclamación de la independencia de Marruecos y Túnez (ambas colonias francesas), se aprobó en París la Ley Cuadro, falsa reforma que concedía a los territorios de ultramar cierta autonomía, al considerar la creación de Consejos de Gobierno formado por franceses y nativos.

Los nativos tenían representación en la Asamblea Francesa y Sekou Touré fue delegado para representar a Guinea. Las reformas no satisficieron las aspiraciones políticas de las colonias y una nueva Constitución francesa amplió las concesiones. El nombre de Unión Francesa fue reemplazado por el de Comunidad Francesa en los que la política exterior, la defensa, el sistema monetario, la política económica y financiera y en algunos casos el control de los órganos de justicia, educación y transporte quedaban bajo competencia de la metrópoli colonial.

En 1957 el Partido de Sekou Touré se alzó con la victoria para una denominada Asamblea Territorial. Se creó el primer Consejo de Gobierno presidido por el gobernador francés e integrado por nativos con Sekou Touré como vicepresidente. Un año más tarde se efectuaron dos congresos del PDG que prepararon las condiciones para liquidar el sistema colonial. En septiembre de ese año la Constitución de la Quinta República francesa fue sometida a un referendo organizado por el gobierno. Esa decisión comprendía la aceptación de las antiguas colonias en la Comunidad.

Sekou Touré hizo un llamamiento a la población para que votara negativamente en el referendo. El resultado fue aplastante: el pueblo votó contra la Comunidad con Francia y por la independencia absoluta e inmediata de Guinea. El dos de octubre de 1958 se proclamó la República de Guinea.

Con Sekou Touré al frente, Guinea se convirtió en un sólido apoyo a los movimientos de liberación del continente. En 1963 Sekou Touré junto a Julius Nyerere de Tanzania, Kwane Nkrumah de Ghana, Kenneth Kaunda de Zambia y otros líderes fundaron en Addis Abeba, capital etíope, la Organización de la Unidad Africana (OUA), para la emancipación de la región.

En Conakry radicó la sede del Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGC), creado por Amílcar Cabral. Sekou Touré, una de las figuras insignes africanas, es considerado como uno de los “padres fundadores”.

Kenya: Jomo Kenyatta y la independencia

El kenyano Jomo Kenyatta fue un líder destacado en la lucha de su pueblo por la independencia de Gran Bretaña, nación que edificó un vasto sistema de explotación colonial que se prolongó hasta mediados del siglo XX. En una época en que las metrópolis se disputaban el dominio del continente, Kenya y otras naciones del África Oriental se convirtieron en escenarios de aguda confrontación entre Gran Bretaña y Alemania por el control de la región.

En 1444 los portugueses comenzaron a penetrar la costa ya explorada en busca de oro y especias y acrecentar el comercio de esclavos. Cuatro años después Vasco de Gama comandó una expedición que bordeó la costa este e inició la conquista expulsando a los árabes de Kenya, Somalia y Tanganica.

Los árabes reconquistaron territorios en 1670, pero los intereses europeos comenzaron a intervenir en la región, particularmente los ingleses y franceses. Inglaterra, que había abolido la esclavitud en 1834, comenzó a patrullar las costas para impedir el tráfico y a la vez hacer contactos con los dirigentes árabes para evitar la competencia de Francia, e inició la penetración en Kenya.

En la Conferencia de Berlín celebrada en 1884 a 1885 las potencias europeas se repartieron el continente. Gran Bretaña y Alemania acordaron que toda la tierra al norte del lago Victoria fuera propiedad inglesa y el territorio situado al sur pasara a dominio germánico.

El primero de julio de 1895 Inglaterra proclamó el llamado Protectorado Británico de África Oriental (Kenya-Uganda), pese a la resistencia de las tribus kamba, kikuyo, masai y otras. Para dominarlos, los nativos fueron encerrados en reservas y despojados de sus tierras, que eran vendidas a los colonos que llegaban desde la metrópoli.

La lucha contra el coloniaje se inició casi con los comienzos del nuevo siglo. En 1920 se formó la Asociación de Jóvenes Kikuyos, que realizaron los primeros intentos de organizar las fuerzas más avanzadas de la población. En 1924 la Asociación adoptó el nombre de Asociación Central Kikuyo que primero dirigió Harry Thuku y más tarde Jomo Kenyatta, que sólo admitía en sus filas a miembros de esa etnia. La organización comenzó a luchar contra la expropiación masiva de las tierras de esa tribu y la influencia de misioneros europeos.

Kenyatta, figura ya conocida, viajó en 1930 a Londres representando a la Asociación, la cual fue puesta fuera de la ley debido a la arrogancia colonial. Convertido en líder permaneció en la capital inglesa hasta 1945. Allí participó en el Congreso Panafricano de Manchester en 1945, donde por primera vez se habló de la independencia de Kenya, lo que provocó la ira de los colonialistas.

Mientras tanto, en Kenya las fuerzas locales incrementaron la lucha contra las medidas coloniales que reducían considerablemente los ingresos de la población y aumentaban los ya altos impuestos. Como respuesta a las reivindicaciones, las autoridades permitieron que un nativo integrara el Consejo Administrativo.

Corrían los años de la primera mitad de la década de 1940 y miles de kenyanos eran reclutados para formar parte de las fuerzas armadas británicas que combatían al eje nazifascista en el norte de África, en Etiopía y al imperio japonés en Birmania.

Cuando los soldados regresaron a Kenya al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el dominio colonial se había debilitado por el éxodo de algunos colonos y el desgaste ocasionado por el conflicto. En esos momentos crecían las demandas de independencia y se rechazaba el Consejo Legislativo en el que cinco millones de africanos sólo tenían un representante.

En 1943 se fundó la Unión Africana de Kenya (KAU), que a partir de 1947 presidió Kenyatta, recién llegado de Inglaterra. Una rebelión de los kikuyos estalló en 1952 en las altas mesetas kenyanas habitadas en su mayoría por miembros de esa etnia, para reclamar la devolución de sus tierras usurpadas por el régimen colonial y el cese del maltrato a la población.

El colonialismo británico rechazó las demandas e implantó el estado de emergencia que duraría siete años, proscribió los partidos políticos y arrestó a sus dirigentes, entre ellos a Kenyatta. Después de su liberación, Kenyatta fue detenido en 1953 y condenado a prisión acusado de complicidad con el movimiento Mau-Mau. La represión aumentó con un saldo de 15 mil africanos asesinados y más de 80 mil enviados a los campos de concentración.

La insurrección campesina de los maumau como se conoció en todo el mundo ese movimiento, fue deformada y calumniada por la prensa occidental que atribuyó a los sublevados la violación de los derechos humanos. El colonialismo británico mostraba su crueldad.

Entretanto, la KAU ampliaba sus filas para admitir a miembros de otras etnias importantes del país, kamba, lou y otras. Así se formaba la Unión Nacional Africana de Kenya (KANU), que sustituyó a la KAU. A pesar de la despiadada represión de las tropas británicas, que en gran cantidad ocupaban el territorio kenyano, la resistencia se amplió y las autoridades coloniales se vieron obligadas a ceder.

En 1960 se puso fin al estado de emergencia y la potencia colonial prometió una Constitución y elecciones para integrar la Asamblea Legislativa. Sin embargo, el camino de Kenya hacia la emancipación no estuvo exento de dilaciones. Tuvieron que transcurrir varios años antes de que la nación obtuviera la independencia el 12 de diciembre de 1963. Al constituirse la República, Kenyatta desempeñó los cargos de Presidente y Jefe de gobierno.

*Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.