En junio del pasado año la Comisión de Economía Plural, Producción e Industria de la Cámara de Diputados aprobó en sus dos estaciones la norma que posibilitaría que entre el 20 y 30% de los alimentos producidos en el país utilicen transgénicos, especialmente soya, maíz y arroz. Pero la semana pasada fuimos sorprendidos con la noticia que el 100% de la soya producida en Bolivia es transgénica y ello involucra más de un millón de hectáreas cultivadas, con proyecciones de seguir ampliando los desmontes para habilitar mayores cantidades de tierras destinadas a los alimentos transgénicos.

Los actuales gobernantes y sus dos tercios en el parlamento ¿nos tomaron el pelo? El senador Isaac Avalos, señaló entonces que ese proyecto de ley daba prioridad a la soberanía alimentaria para producir y consumir lo nuestro, permitiendo que entre el 20 y 30 por ciento de la producción utilice transgénicos.

“De alguna manera hemos dicho que se restringirá. Hasta aquí se usara transgénico y hasta aquí no. Es lo único que hemos podido consensuar, por lo menos está limitado. Lo peor sería que este abierto para todo el país. Eso sería grave, por eso solo el 20 a 30% se permitirá el uso de transgénicos y la otra parte del 100% de producción tiene que ser ecológico”, dijo Avalos.

El miércoles (de la pasada semana) se desarrolló el foro “Sector oleaginoso. Aporte agroalimentario para Bolivia y el mundo”. Sus organizadores fueron los productores de Santa Cruz, que sin más, confirmaron que toda la soya es transgénica y que sus exportaciones les reportaran más de 900 millones de dólares, hasta fines de este año.

Se sostuvo que los cultivos se realizan con prácticas tecnológicas avanzadas (biotecnología), conservacionistas y sustentables. Los expositores aseguraron que realizan rotación de cultivos, en práctica contraposición a criterios que circulan por países vecinos en sentido que los agroquímicos esterilizan la tierra para el crecimiento de cualquier otra semilla y no es recuperable por el término de 10 años, pues solo acepta la semilla transgénica.

Los gobernantes optaron por no asistir al foro y por lo tanto está claro que aceptan las imposiciones de ese poderoso gremio que prácticamente se entregó a las transnacionales que proveen las semillas a bajos costos y luego las encarecen tras ocurrir, como en el caso nuestro, que los cultivos son cien por ciento con sus semillas. Monsanto estará batiendo palmas.

Esterilizadas las tierras, no queda más alternativa que seguir asesinando las selvas con descontrolados desmontes. Esta puede ser una buena razón para que los “transgenizadores” se sientan inseguros con la promulgación de la Ley Marco de la Madre Tierra. “Rechazamos el hecho de frenar la ampliación de la frontera agrícola y la eliminación gradual del uso de organismos genéticamente modificados y la prohibición del uso de la biotecnología, ya que significaría perder productividad y competitividad en el sector”, se dijo en la ocasión.

Las autoridades sectoriales no deberían huir de estos foros y sobre todo deberían dejar de mentirle a la población que puede estar en peligro al consumir soya transgénica que en otros países la utilizan para alimentar animales y no humanos.

Durante el foro, los expositores se animaron a señalar que la producción transgénica no afecta a la salud de los humanos y por el contrario debería promocionarse el consumo de esta soya en la forma de galletas para el desayuno escolar, dado su presunto alto valor nutritivo. (¿?)

Hasta el momento, nadie en el mundo puede afirmar como lo hicieron nuestros empresarios en el sentido de inocuidad para la salud. Los estudios que se conocen hasta ahora apuntan a señalar que los alimentos transgénicos provocan diversas enfermedades y malformaciones, que solo se pueden notar en una o dos generaciones.

En el norte de Argentina, un estudio entregado por una Comisión de Investigación de Contaminantes del Agua del Chaco, señaló que los casos de cáncer en niños se triplicaron, las malformaciones en niños recién nacidos en 400%. Ocurrió en apenas una década. Las fumigaciones con poderosos agroquímicos, pueden atacar la salud de los campesinos que son los más afectados.

Cuando se realizan las fumigaciones por avionetas, estas no solo llegan a los cultivos, lo hacen también sobre los rancheríos de los campesinos, sus familias y sus cultivos que no son transgénicos, pues esos poderosos agro tóxicos matan las plantas que no son modificadas genéticamente.

La total “transgenizacion” de los cultivos de soya nos traerá seguramente malas noticias de a poco. Pronto escucharemos sobre nacimientos humanos con malformaciones, vacas con más patas de las que les corresponden. Por de pronto, en los últimos días la televisión mostro un gato con seis patas.

Que las autoridades se preocupen por el uso de agroquímicos que ingresan a Bolivia, prácticamente sin control y todo porque el gremio de los empresarios es muy poderoso, estos son los que tienen el “Poder real” y los que imponen lo que mejor le conviene, todo porque tienen que acumular enormes fortunas, que es su principal objetivo y no el de asegurar ninguna soberanía alimentaria.

* Periodista de Santa Cruz.