Hanoi y Vientiane (PL).- Ningún mejor país en el sudeste asiático que Laos para haber albergado la reciente conferencia regional sobre agro-selvicultura. Sin salida al mar y entre los más pobres del mundo, tipifica el apremio de potenciar los recursos de la tierra, obviando la tentación de proyectos de desarrollo a sus expensas.

Laos, sin salida al mar y entre los más pobres del mundo, propugna un intercambio compensado y mutuamente beneficioso de arroz por petróleo entre los países agrícolas y productores energéticos de Asia. El viceprimer ministro Somsavat Lengsavad lo planteó durante la primera cumbre asiática para el diálogo y la cooperación que sesionó en Kuwait con la participación de delegaciones de alto nivel de 32 Estados de la región.

Argumentó al respecto que se trata de una fórmula que buscaría aliviar la pobreza, mitigar los efectos del cambio climático y a la larga garantizar un desarrollo sostenible, cuando unos países disponen de vastas áreas cultivables y otros acumulan recursos minerales en explotación.

Sonsavat reiteró el énfasis puesto por su gobierno en potenciar la energía proveniente de una abundancia de ríos y corrientes fluviales, con los que aspira a edificar más de 100 plantas hidroeléctricas con una capacidad combinada de más de 28 mil megawats, e inclusive exportar a sus vecinos indochinos.

Las autoridades vinculan las perspectivas enunciadas con el urgente tema de la seguridad alimentaria, que por estos días volvió a subrayarse en el noveno foro de los pueblos de Asia y Europa, y en una previa conferencia de ministros de la Asean dedicada a la agricultura y forestales.

El funcionario cifró en la reunión cobijada por el petrolero Kuwait la esperanza de que el diálogo de cooperación continental contribuya a remediar la pobreza, alcanzar las metas de la ONU del desarrollo económica, y profundice el mutuo entendimiento entre los pueblos representados allí. Meses atrás, el primer ministro cambodiano Hun Sen reactivó una iniciativa de establecer una organización de productores de arroz, como contra balance a la agrupación de los petroleros con el fin de equilibrar la cobertura de necesidades mutuas.

Hace poco el ministerio laosiano de agricultura alertó sobre el uso indebido de suelos adecuados para garantizar la seguridad alimentaria, inclusive donde se siembra arroz, que hace el plato de cada día allí y en casi toda Asia. Laos dispone de dos millones de hectáreas agrícolas, cuya mitad se destina a la infaltable gramínea, de la que es además exportador, y 400 mil para vegetales y frutos.

Y aunque la política gubernamental prioriza esos rubros, y las autoridades se empeñan en modernizar los sistemas de producción, lastrado por atrasadas tradiciones de cultivos de bajos rendimientos, el fenómeno de adquisiciones de tierras para otros fines golpea y amenaza el futuro. Peor es aún que se trata de una peligrosa tendencia bastante común en la región, y que ha llevado a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) a encararlo con énfasis en los últimos tiempos en diversas conferencias y foros.

Los ministros del ramo reunidos en Vientiane lo enfocaron como un desafío toda vez que se vincula con la seguridad alimentaria, ya sometida a las angustiosas alteraciones del clima, y llamaron a una cooperación regional efectiva para preservar los recursos naturales y el desarrollo económico sostenible en el conjunto del bloque.

Si bien la perspectiva de la comunidad prevista para 2015 incentiva la aceleración de planes de crecimiento en la industria, el turismo y el comercio, la Asean parece apercibida de preservar la agrosilvicultura como un componente fundamental para la vida misma y la propia estabilidad sociopolítica. Es más, que analizaron medidas para impulsar el programa de prácticas agrícolas y coincidieron en fomentar la cooperación sectorial, incluida la prevención de la contaminante niebla transfronteriza.

Con larga visión una conferencia previa celebrada en Hanoi clamó por una agricultura inteligente, la cual garantice la seguridad alimentaria a nueve mil millones de personas que habitarán el planeta en 2050. El ministro vietnamita Cao Duc Phat apuntó entonces los desafíos sin precedentes a enfrentar en un contexto de sobre explotación de recursos naturales, los negativos impactos de sequías, inundaciones, salinidad de los suelos, elevación del nivel del mar y otras consecuencias ambientales.

Ninguna de las intervenciones fue tan contundente como la de la representante del Banco Mundial Victoria Kwakwa, quien subrayó que la inversión en el campo resulta tres veces más beneficiosa que en otros sectores, recalcando que “necesitamos que la agricultura sea parte de la solución y no parte del problema porque no tenemos otra opción para alimentar a nueve mil millones de personas en 2050, sin destruir nuestro planeta”.

Sin embargo, Vietnam, tan vulnerable a los fenómenos naturales, ha colocado los recursos de la tierra en un lugar de primera importancia en la estrategia del desarrollo nacional, para lo que promueve el estudio y la aplicación de la ciencia y la tecnología en cultivo, producción y cosecha.

Hoy día es el segundo productor mundial de arroz y el primer exportador de café, y otros muchos rubros agrícolas llegan, disfrutando de gran demanda, a numerosos mercados externos. Aún así no permanece exenta de especulaciones con la tierra, o concesiones para inversores que privilegian la industria y el negocio inmobiliario, lo que las autoridades enfrentan en el contexto de una declarada batida a prácticas corruptas. Lo mismo ocurre en Cambodia e Indonesia, por sólo citar otros dos escenarios peculiares.

Al seno del bloque surasiático llegan las vibraciones de un S.O.S. mundial por la agricultura, urgido por sombríos pronósticos como el de la agencia especializada de Naciones Unidas, FAO, según el cual el año que viene habrá una hambruna en todo el planeta porque “hemos producido menos de lo que estamos consumiendo”, lo que presupone en opinión de Abdolreza Abbassian, economista primero de la entidad, que “no habrá lugar para eventos inesperados”.

Mientras hace un decenio los países disponían como promedio de 107 días de reservas de consumo, hoy se ha reducido a 74, cuando la propia FAO registra 870 millones de personas malnutridas al tiempo que los precios de los alimentos se han acercado en 2012 a niveles récord. El último informe del Índice Global del Hambre (GHI) revela que al menos una veintena de países han alcanzado niveles de hambre “alarmantes” o “extremadamente alarmantes”.

Dos de los tres países con unas cifras que asustan son Burundi y Eritrea, seguidos de Haití, y la lista se completa con Etiopía, Chad, Timor Oriental, República Centroafricana, Comores, Sierra Leona, República de Yemen, Angola, Bangladesh, Zambia, Mozambique, India, Madagascar, Níger, Yibuti, Sudán y Nepal.

Expertos que analizan causas y remedios para esta colosal tragedia generalmente coinciden en la necesidad de producir más comida con menos recursos y eliminar prácticas y políticas de despilfarro, incluido el desaprovechamiento irracional de tierras cultivables, con la brújula apuntando hacia un entorno sostenible, en el cual se detenga la degradación del ecosistema y todos los seres humanos tengan acceso a alimentos, agua limpia y energía a fin de utilizarlos para su propio beneficio.

El S.0.S. vale también para la venidera comunidad de la Asean, donde por fuerza de la realidad global los oídos se hacen cada vez más receptivos.

Laos se suma a proyecto de productores de arroz

Laos se sumó al proyecto de crear una organización de países productores de arroz en el Sudeste Asiático, que en opinión de sus promotores fortalecerá la competitividad del grano en la región. El ministro tailandés de Comercio Boonsong Teriyaphirom, uno de los más activos impulsores, recibió la aceptación de su par laosiano Nam Viyaketh durante la recién celebrada conferencia ministerial 44 de la Asean en Phnom Penh.

Ahora con esta incorporación son cuatro los integrantes del bloque interesados en ese tipo de cooperación si ya antes la propia Tailandia, Cambodia, Myanmar y Vietnam se habían concertado en el mismo propósito. De acuerdo con el proyecto, que será anunciado en firme en la venidera cumbre de la Asean en noviembre, Tailandia apoyará a la industria arrocera laosiana con ayudas para el desarrollo de plantaciones, técnicas de cosechas y procesamientos.

Pero en el caso particular de estos vínculos bilaterales, Boonsong indicó adicionalmente el interés de su país en adquirir maíz de Laos para alimento animal y comercialización minorista. En tanto, un reporte del Banco de Desarrollo de Asia, divulgado en Manila, recomendó reducir las restricciones a las exportaciones de arroz en la región, y poner menos énfasis en el auto abastecimiento, con el fin de estabilizar precios más bajos en el mercado.

De acuerdo con dicha entidad, se espera que en condiciones climáticas normales, la producción de la gramínea entre los países de la Asean crezca 1,37 por ciento anual, de 110 millones de toneladas en el período 2010-2011 a 128 millones de toneladas hacia el 2012-2020, en 47 millones de hectáreas de cultivo para esta última fecha.

A juzgar por recientes señales y tendencias agrupadoras con vista a los mercados, el arroz tendrá un mayor protagonismo económico en el Sudeste Asiático, cuando se encamina a forjar una comunidad.

Vietnam: El reto de crecer entre retos

Aunque en sostenida senda de industrialización, Vietnam pone hoy igual atención a la agricultura, todavía escasa de inversiones como señalan diputados y expertos. El comité de asuntos económicos de la Asamblea Nacional emitió un aviso al señalar en un reporte que los recursos financieros destinados al sector solo cubren de un 55 al 60% de sus necesidades de desarrollo.

Sin embargo, la agricultura contribuye con el 20% del producto interno bruto, provee de empleos a la mitad de la fuerza de trabajo vietnamita y garantiza la seguridad alimentaria. Expertos que hacen causa común con el grupo parlamentario advirtieron que pese a lo mucho que aporta la agricultura y la pesca a las exportaciones, los insuficientes recursos que se le destinan podría conducir a un potencial control por compañías extranjeras.

Para reducir tales aprehensiones, el ministerio de desarrollo rural puntualizó que las inversiones foráneas directas en las mencionadas áreas cayeron del 8% en 2001 al 1% el pasado año. Lejos de cualquier preocupante tendencia, las autoridades del país ponen prioritario acento en fomentar lo que llaman nuevo campo, uno de los principales objetivos nacionales trazados por el Partido Comunista de Vietnam, consistente en modernizar la agricultura en extensiones compactadas con aplicación de técnicas de altos rendimientos.

Con ello se promueve una activa participación directa de los propios campesinos, y un sustancial mejoramiento de sus condiciones de vida, puesto que cada uno de esos proyectos, incluye ámbitos de superación y entrenamiento, de animación cultural, para impulsar la productividad en el campo. Sin la decisiva participación estatal sería más difícil enfrentar los riesgos de los productores cuando bajan los precios en oscilantes mercados, o interviene el mal tiempo o enfermedades o plagas sin control, opina, Le Van Me, director de la compañía alimentaria Phu Son.

En fin de cuenta, coinciden todas las fuentes, el sector agrícola ha desempeñado en un papel clave en mantener la estabilidad económica en medio de la crisis global, y se reafirma como esencial para la meta de Vietnam de convertirse en un país industrializado en 2020.

La meta de Vietnam de crecer el 5,2% al concluir el 2012, cuando restan escasos meses, se anticipa ya como meritorio, si el país ha debido tensar fuerzas en medio de una crisis económica mundial cuyos ramalazos llegan también hasta la Indochina. Pero a pesar de todas esas circunstancias el primer ministro vietnamita Nguyen Tan Dung reafirmó la certeza en alcanzar ese objetivo, en la última reunión del gabinete ejecutivo en la que se pasó revista a logros e inconveniencias en el recorrido del año.

Un primer problema focal como el de la inflación volvió a cobrar centralidad, puesto que de una persistente y perniciosa tasa de alrededor del 13% arrastrada de 2011, las autoridades se empeñan en mantenerla a raya en un 7%. Rebajarla fue el resultado de la aplicación de medidas de controles y saneamientos financieros, con su inevitable corolario en subidas de precios a fin de contener la previa curva ascendente y sus mayores efectos negativos en el conjunto de la economía.

De acuerdo con lo informado oficialmente el análisis de la situación en los ocho meses transcurridos arrojó un balance positivo en indicadores como el control inflacionario, la estabilización macroeconómica y el equilibrio del presupuesto. Pero a juzgar por señalamientos del gobernante, todavía faltan suficientes motivos para dormir tranquilo, si se registra un lento y obstaculizado crecimiento en la función crediticia, mientras se mantienen altos los inventarios ociosos, y un mercado interno contraído por subidas de precios.

Desde hace meses el gobierno optó por reducir y hasta aplazar los pagos de intereses por préstamos, priorizando las empresas de desarrollo agrícola y generadoras de exportaciones. Un especial énfasis se puso en sumar a esos beneficios aquellas medianas y pequeñas con capacidad para recuperarse, porque miles de ellas, de diversas dimensiones, suspendieron sus operaciones o cerraron, dibujando el umbral de una recesión económica, hoy alejado.

Toda esta política bancaria ha tenido que acompañarse de un proceso de reestructuración económica que pone sus focos en la inversión pública, la definición y eficiencia de las corporaciones estatales y en el propio sistema financiero, garantizando al propio tiempo el bienestar social.

Al sector bancario se le considera aquí la arteria de la economía, y por tanto se atribuye a sus defectos las mayores causas de la inestabilidad macroeconómica durante los últimos años, según recalco el ministro de la oficina ejecutiva Vu Duc Dam. No en balde Dung volvió a exigir con firmeza a los bancos, de distintas propiedades, a que cumplan con las nuevas orientaciones trazadas que se encaminan a impulsar la producción y las exportaciones y reanimar el mercado doméstico.

En medio de este pulso estalló el escándalo protagonizado por el vicepresidente del Banco Comercial de Asia, arrestado e inculpado por la ejecución de negocios ilegales y fraude, junto a otros ejecutivos, que minó la confianza de depositarios, desató un caótico furor de extracciones y tuvo efectos negativos transitorios en la bolsa de valores de la economía de mercado reivindicada por Vietnam. Sólo la intervención del Banco del Estado logró restablecer la normal fiabilidad.

Cerrar estas brechas, de la mano de una firme batida emprendida desde la dirección del Partido Comunista contra la corrupción, el despilfarro de recursos y el descontrol, resultan indispensable para el desarrollo de una economía que descansa fuertemente en las exportaciones y las inversiones.

Con una gestión agresiva el país se abre a todos los mercados externos posibles, en unos casos con tratados de libre comercio, en otros proponiéndolos, para vender no sólo sus productos tradicionales como arroz, café- en el que ocupa primer lugar mundial- frutos diversos, productos de la acuicultura, calzado, textiles y confecciones, sino también en tecnología de telecomunicaciones, entre otros rubros nuevos.

En apenas seis meses exportó 14,3 millones de sacos de café de 60 kilogramos, siete millones de toneladas de arroz previstos en el año, los textiles y confecciones ocuparon la punta de las 10 principales fuentes exportables, mientras la corporación de telecomunicaciones Viettel se posiciona impetuosamente en decenas de mercados. A todo ello hay que sumar un pujante turismo principalmente histórico, cultural y ecológico, con el arribo continuo de cruceros.

Idéntica intensidad de gestión se verifica en la captación de inversiones directas, que de igual modo resintió la crisis económica global, ya que sólo alcanzó un monto de nuevas licencias de ocho mil 30 millones de dólares en los primeros siete meses del año, equivalentes al 66,9 por ciento de la cifra registrada en el mismo período de 2011.

Para recuperar el ritmo deseable, el ministerio de planificación e inversión planea promulgar una lista de sectores y localidades prioritarios, por atraer y captar más capitales extranjeros, añadiendo incentivos con los cuales los inversores operen a largo plazo.

En esta perspectiva se inscribe el fomento de unas 15 zonas especiales de desarrollo, en gran parte en el litoral costero, donde desatar con mayor intensidad las fuerzas productivas, y avanzar hacia la meta de convertir a Vietnam en un país industrializado en el 2020.

De inmediato la vista se ha puesto en alcanzar en 2013 un crecimiento del seis por ciento y acelerar la reestructuración en marcha que otorga un papel primordial al sector estatal y sus intocables ramas estratégicas dentro de las que sobresale el petróleo, que ya se asoma en América Latina.

Pero nunca será a costa del bienestar de la población y sus conquistas sociales de la independencia y la revolución, como reiteradamente afirman los dirigentes de la nación. Muy pocas dudas se abrigan que Vietnam suba el listón y atraque en el puerto de sus aspiraciones porque se sustentan en políticas bien definidas y laboriosidad, tenacidad y creatividad le sobran a este país, insertado además en una de las regiones económicamente más dinámicas del mundo.

Sólo necesita que ningún conflicto regional enturbie su futura proyección, y antes bien las disputas de soberanía en el Mar del Este se resuelvan por medios pacíficos, cuando por delante se vislumbra el nacimiento de una promisoria comunidad de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático.

* Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.