Cuando el invasor europeo llegó al Kollasuyo, parte alta del continente Abya Yala sobre 2.800 m.s.n.m., al que caprichosamente la administración colonial denominó América [1], se estremeció de espanto al observar que para los pueblos originarios la muerte no era el fin de la existencia, sino que se constituía en una forma de continuar la vida.

Los usos y costumbres que han sobrevivido el oprobioso periodo colonial nos transportan a espacios que los colonizadores y sus descendientes dieron por destruidos pero que han sobrevivido al ignominioso periodo colonial. Para los pueblos indios del continente y de manera especial para los pueblos del Tawantinsuyo, la tradición oral se ha constituido en madre de la historia.

La historia oficial, poco confiable y nada objetiva, se desmorona día que pasa, dejando un amplio espacio y campo a la historia que llega mediante los elementos que proporcionan los vestigios arqueológicos y la tradición oral, que para muchos investigadores constituye un baluarte en el estudio y comprensión de los fenómenos que emergen de la oscuridad a la que pretendieron reducir los foráneos llegados de allende los mares.

Los pueblos a los que se les pretendió arrojar a espacios oscuros sometiéndolos a la política de destrucción de sus valores ancestrales y a los que se les impuso la aceptación de una historia inventada o basada en la mentira, conservan en sus esquemas de usos y costumbres, expresiones vinculadas a un pensamiento filosófico que pervive y que da origen a un sinnúmero de hechos que se registran periódicamente y que están vinculados, muchas veces, sin una explicación lógica, al diario vivir de las sociedades tanto urbanas como agrarias de los pueblos indígenas del continente.

En el moderno Estado Plurinacional Bolivia, el fenómeno que hemos enunciado da origen a festividades y acontecimientos que, como también ya se ha mencionado, en muchos casos, no ofrecen una explicación que llegue a satisfacer los requerimientos y las demandas del academicismo pro occidental.

La religión cristiana Católica, ha sido, sin duda alguna, la complementación más nefasta de la opresión invasora y avasalladora del vergonzoso periodo colonial. Haciendo uso de elementos propios tales como la hierografías [2] o descripción de elementos sagrados, la iglesia oficial pretendió explicar, de manera burda e incoherente, los fenómenos que se registran en concretos y determinados periodos del calendario agrícola de los pueblos indígena originarios, poco conocido, y por tanto, poco comprendido, por el mundo occidental.

Lamentablemente las explicaciones, tanto religiosas como academicistas, no aportan en nada al esclarecimiento de los fenómenos y el porqué de su existencia, toda vez que el objetivo principal de las fuentes bajo las que sustentan su acción, han sido los bases para la pretensión de imponer políticas de sustitución de valores y falsificación de la historia.

Empero, la presencia viva de los fenómenos que se repiten todos los años y que como lo hemos descrito antes forman parte del diario vivir, no solo de las sociedades indígenas originarias residentes en las zonas agrarias, sino que, con fuerza también se cumplen en los sectores urbanos que, en el caso concreto de Bolivia, provienen y están compuesto, en una gran mayoría, por poblaciones con claras raíces originarias y son por tanto colectividades mestizas.

La presencia de la fenomenología registrada y los factores que se derivan de esos factores impulsan la necesidad de estudiar la presencia activa de estos acontecimientos y constituyen un reto que amerita y demanda investigaciones serias y profundas.

A objeto de adelantar la posibilidad de estudio, análisis e investigación de los hechos enunciados, la pretensión del presente trabajo es de proponer el análisis de uno de los fenómenos más transcendentales del mundo andino. La celebración de la festividad del día de los muertos, una manera de aportar a la propuesta investigativa.

Fiesta de los muertos

El calendario agrícola marcó en el pasado milenario de los pueblos Qollas y sigue haciéndolo en las zonas rurales que reflejan las costumbres propias en la vida ciudadana del moderno Estado Plurinacional Boliviano. Todas las ciudades que pertenecen al espacio físico del altiplano andino, así como de los valles mesotérmicos que bordean el inmenso plató, observan con gran efectividad la fecha destinada a la siembra de los productos agrícolas que se inicia a finales del mes de octubre.

La religión católica ha impuesto el nombre de un santo, San Andrés, para intentar confundir a los campesinos, pretendiendo mover la fecha ritual celebrado en el santoral católico el día 30 de Noviembre, para identificar el periodo en el que el poblador andino inicia la cíclica época de la siembra a la que concede trascendencia vital.

Es importante vincular la actividad agrícola como la más importante de la vida social de todo el conjunto de ciudades y regiones bolivianas, debido a que productos agrícolas como la papa, quinua y otros, son la base de la alimentación cotidiana de toda la población, sin excepción de ningún sector.

El ser humano andino inicia, pese a las imposiciones religiosas católicas, los dos primeros días del mes de noviembre para realizar la ritualidad que rememora una de las actividades más importantes de su vida, invocando a las fuerzas tutelares que lo protegen. El inicio de la actividad de la siembra, se constituye, por ende, en una de las festividades, sino la más importante, para los pueblos andinos.

La espiritualidad es el fundamento de sus más destacados valores es, además, el nervio motor de su existencia. El pensamiento filosófico que sustenta la fortaleza de los pueblos indígena originarios está constituido por diversos factores, especialmente por la cosmovisión por una espiritualidad muy arraigada pero también, su existencia está ampliamente marcada por un factor que solo podría ser comprendido si se lo analiza, con ayuda de la concepción de un término, acuñado por el academicismo contemporáneo, la cosmovisión de los pueblos indígenas originarios es holística. [3]

Las ciudades de toda la que fuera la República de Bolivia, no solamente las que están vinculadas al Altiplano, en la actualidad el conjunto de los nueve departamentos del nuevo Estado Plurinacional, celebran la festividad de Todos Santos instituida en el calendario de solemnidades como día feriado nacional. El hecho que se constituya en una conmemoración que amerita un feriado es explicado por la religión Católica bajo un argumento poco congruente, la conmemoración a Todos los Santos o en algunos casos también día de Los Santos Difuntos.

La descripción misma de ese criterio no alcanza a explicar la trascendencia particular y familiar que se manifiesta en el origen andino del acontecimiento.

La Fiesta de los muertos: Importancia de la festividad para los pueblos originarios y para las poblaciones urbanas en el Estado Plurinacional de Bolivia

¿Cuál es la característica original y el cimiento de una festividad que no obedece a la simple descripción de “celebración” que puede ofrecer una generalidad imprecisa, como la que pretendió imponer la religión Católica con la coerción a la conmemoración de un día de remembranza a “Todos los Santos”.

Empero, surge una interrogante: ¿Por qué la festividad registra actividades conmemorativas paralelas, pero no similares ni afines a la religión colonialista, donde, la tradición urbana y rural boliviana conmemora a los familiares fallecidos próximos o pertenecientes al región, ofreciéndoles dones como alimentos y bebidas, visitando los cementerios y ofreciendo música, baile y hasta comida en los cementerios, concretamente, en los lugares donde están ubicadas las sepulcros de sus familiares, remarcando de manera muy especial, las tumbas de personas fallecidas en un espacio de tiempo no mayor a tres años?

Con la presentación y descripción de uno de los monumentos más emblemáticos del pensamiento andino indígena originario, esperamos identificar aspectos fundamentales de la base filosófica de la concepción de vida después de la muerte.

En el recorrido que se puede realizar a lo largo y ancho del altiplano andino, los monumentos que, en alguna medida, aún permanecen en pie, son denominados Chullpas o Chullpares; empero, hay una confusión relacionada a la descripción que se tiene de estos sitios, hay lugares del Altiplano Andino donde se los denomina también Pucaras.

Muchos de estos monumentos han desaparecido como producto de la constante agresividad de los colonizadores y sus descendientes. Las Chullpas o Chullpares tienen una característica casi general, son construcciones de aproximadamente 3 a 4 metros de altura por 3 metros de diámetro. La forma más conocida de estos edificios es la cilíndrica cónica o construcción de tipo circular cónico, aunque también hay Chullpas o Chullpares de forma angular cuadrada y hasta rectangular.

Las Chullpas o Chullpares están ubicadas, generalmente, en las partes altas y no muy próximas a las poblaciones. Este hecho proporciona ya ciertos índices de la profunda espiritualidad indígena originaria de los andes, puesto que en la cosmovisión andina las fuerzas protectoras o tutelares habitan las partes altas de las montañas.

Paralelamente al hecho de denotar la presencia de Chullpas o Chullpares, hay sitios ceremoniales a los que los originarios denominan Apachetas, espacios donde también se erigen monumentos conocidos como lugares sagrados o W’akas y donde el cristianismo católico se ha dedicado a la tarea de plantar cruces, capillas y hasta templos.

Estos lugares son, por lo general, pasos de nivel hacia otras regiones o pisos ecológicos o simplemente alturas considerables en las cuales, siguiendo tradiciones antiguas, los originarios suelen llegar con mucho respeto y antes de continuar viaje, solicitan permiso para pasar, para alcanzar la gracia de un buen viaje o éxito en las tareas.

Los nativos realizan, por lo general, una ceremonia consistente en ofrecer dones entre los que se destacan, las hojas de coca, algunos sahúman con hiervas, tales como, la K’hoa, (Senecio mathewsii) y las mujeres suelen dejar los cabellos que quedan prendidos a los peines durante el aseo personal matutino, celosamente guardados y ofrecidos a sus manes protectores al tiempo de realizar viajes.

Tanto hombres como mujeres dejan también los pedazos de uñas recortadas y realizando la ceremonia denominada Ch’alla, consistente en esparcir líquidos fermentados, la tradición oral nos relata que, esta ceremonia se cumplía preferentemente con la Ch’alla de K’usa, bebida obtenida por el fermento de quinua, conocido también como Chicha de quinua.

En la actualidad, se derrama alcohol de 90 grados en el suelo, de esta manera el viajero solicita permiso para transitar por el lugar a las fuerzas tutelares que son los Achachilas o manes varones y Taykas, manes o madres mayores. No es inusual que en las inmediaciones de las Apachetas o lugares energéticos, denominados como W’akas, o espacios sagrados, estén presentes también los Chullpares, más por el contrario, es un complemento.

Como se podrá observar, más adelante, estos monumentos cilíndricos ubicados en las partes altas de los pasos de nivel, debido a la confusión impuesta por la administración colonial, fueron considerados como sitios de observación militar; empero, por los trabajos investigativos en la disciplina arqueológica, va quedando claramente establecido que, cumplían una función mortuoria, muy diferente a cualquier forma de proceso funerario conocido en occidente, en especial en la península Ibérica, de dónde provino, principalmente, el invasor colonial.

Proceso fúnebre

Cuando la persona fallecía, el ritual funerario, posiblemente, se desarrollaba siguiendo normativas de las que se tiene poca referencia, esto es debido y como se podrá comprender a las políticas restrictivas en el ceremonial mortuorio propias de la colonia y la aberrante Inquisición, la misma que impuso un control demencial a toda forma o manifestación de espiritualidad originaria, persiguiendo sañudamente toda posible ceremonia indígena a través de la demencial política de Extirpación de Idolatrías, que es definida por Duviols de la siguiente manera:

“La conquista española de los Andes que comenzó en 1532, dio inicio al doble proyecto de evangelización e hispanización de la población indígena, dado que la empresa evangelizadora fue uno de los títulos jurídicos de la conquista española. Es decir que la cristianización de los indígenas desde el comienzo estaba vinculada a la colonización de los pueblos americanos. Además, algunas autoridades coloniales, en especial el virrey Francisco de Toledo, pensaban que sería necesario hispanizar a los indígenas antes de poder realizar la tarea evangelizadora. La importancia que se otorgó a la evangelización de la población indígena en el plan colonial se plasmó en los esfuerzos de un número considerable de misioneros y doctrineros. Sin embargo, parece que la labor de los misioneros y eclesiásticos, no dio enseguida los resultados esperados, ya que reiteradamente se encuentran quejas en la correspondencia de la época sobre el poco fruto que hasta finales del siglo XVI había dado la evangelización de los pueblos andinos.” [4]

La política más adecuada para la obtención de los perversos fines, impuesta por la colonia, cobra mayor vigencia luego del periodo descrito por el autor consultado quien nos transmite a continuación: “Varias campañas de extirpación siguieron en el transcurso del siglo XVII. Durante las mismas fueron condenadas miles de personas, destruida gran cantidad de representaciones de deidades andinas, llamados “ídolos” por los extirpadores, e incineradas parafernalia y momias de los antepasados.” [5]

Concretado ya el horizonte de la desventurada e irracional política colonial, y recogiendo la última expresión del autor consultado: “e incineradas parafernalia y momias de los antepasados”, nos queda tan solo admitir que un negro manto de ignorancia empieza a cubrir todo el proceso funerario.

Los vestigios arqueológicos, son mudos testigos de la realidad acontecida, nos ofrecen frágiles indicios del proceso que pudo haberse seguido, al fallecer la persona. El ritual de pueblos que han conservado los cuerpos es conocido como arte de embalsamar cadáveres. Las técnicas utilizadas guardan un parecido bastante común, el proceso para embalsamar los cuerpos es parecido, tal como se registra en el pueblo egipcio y otros pueblos.

Estos procedimientos nos allanan, en alguna manera el camino interpretativo. Tomando en consideración aquellos antecedentes, podríamos concluir que, en la antigüedad, los pueblos andinos procedían a preparar los cuerpos, de los cuales extraían vísceras, cerebro y otros órganos, para posteriormente colocar el cuerpo en posición fetal, de la misma manera en la que se llegaba al mundo, mientras se permanecía en el vientre de la madre durante nueve meses y se untaba el cuerpo con extractos de diversas plantas, que estaban en el conocimiento y la farmacopea popular, pero muy especialmente, era parte de la ciencia de aquellas personas que hubiesen alcanzado el conocimiento y experiencia en la materia. Rodeado y completamente cubierto por pitas, confeccionadas de ichu, paja brava, gramínea del género Festuca. El cuerpo embalsamado en posición fetal conservaba la posición de sentado.

Terminado el proceso de preparación del cuerpo los miembros de la familia, amigos y el conjunto de la comunidad a la que pertenecía la persona, acompañaban o llevaban al cuerpo hacia la Chullpa o Chullpar en un cortejo que, posiblemente, no tendría mucho de fúnebre ni triste. A despecho de la cultura occidental que no puede imaginar una ceremonia de esta naturaleza es decir, en la que se interpretara música e inclusive el cortejo bailara en torno al cuerpo que se llevaba a la Chullpa o Chullpar.

La comitiva, más que cortejo fúnebre, entonando cánticos y al son de la música de la época, se encaminaba hacia el lugar donde estaba ubicada la Chullpa. En este acápite, amerita hacer un alto, por motivos ligados a la semántica, existe por razones expuestas líneas arriba y que tienen que ver con la lógica falencia de datos, emergente de la Extirpación de idolatrías, una confusión respecto al tema que denomina de manera indiferente a dos elementos con el mismo nombre.

Concretamente: En consideración a que el cuerpo momificado, recibe en la actualidad, el nombre de Chullpa. El lugar o edificio, por lo general cilíndrico, recibe también el nombre de Chullpa, generando una confusión, la misma que, en conversación informal con pobladores de la comunidad de Wata, Municipio que pertenece a la Región de Puno en la república del Perú, en ocasión a un trabajo realizado en esa localidad el año 1986, cuando se referían a los edificios cilíndricos ubicados en las partes altas de sus montañas, indicaban que estos no se denominarían Chullpas, sino Pucaras, este denominativo promueve confusión, empero es un aspecto que debería ser propuesto en el tema de la investigación.

La ceremonia considerada por la cultura occidental como exequias fúnebres, finalizaba al depositar el cuerpo en medio de la Chullpa o Chullpar, junto al cuerpo eran depositados los objetos que la persona considerara en vida de mayor valor, también se le proporcionaba alimentos, en especial las comidas que fueran de su predilección y las bebidas que más le habrían gustado a la persona.

Habiendo depositado el cuerpo, se procedía a abrir los dos huecos, ambos de dimensiones iguales, de distintas dimensiones. Uno ubicado en la parte superior con dirección al este, salida del sol, de la Chullpa o Chullpar y el otro en la parte inferior con dirección al oeste, o dirección del ocaso.

El cuerpo debía permanecer en la Chullpa o Chullpar por espacio de tres años, tiempo en el que se desarrollaba el proceso de biodegradación, pasado ese periodo de tiempo, el cuerpo era transportado hacia la morada de la persona y era ubicado en el lugar preferencial de la casa, desde donde, toda la familia compartía con el cuerpo de la persona de la misma manera que lo hacía cuando la persona estaba en vida.

Una vez al año, la comunidad solía llevar en andas los cuerpos de sus difuntos por las calles del pueblo. El cronista indígena Guamán Poma de Ayala (El Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno1615. Los dibujos se encuentran en La Biblioteca Real de Copenhague) nos da una clara muestra de la manifestación descrita. La procesión, en la que se llevaba a efecto por las calles de las ciudades y que se desarrollaba el día de la Fiesta de los muertos, o primero de noviembre. [6]

Un mensaje del pasado para que las generaciones del futuro preserven su identidad

La concepción que la administración colonial pudo haber tenido en relación al tema abordado, por la forma como fue llevada a la práctica, nos da una clara idea de la clara no aceptación a la costumbre de los pueblos indígena originarios andinos en lo relacionado al tema referente a la muerte y la forma de interpretar su concepción en los hechos de la vida diaria.

Es fácil comprender como gran parte de las ceremonias que los indígena originarios realizaban en el tema funerario y en el día de celebración de la Fiesta de los muertos, fue expresamente prohibido por la colonia y no solo esto, sino que los Yatiris y oficiantes sufrieron penas de prisión y en la mayoría de los casos fueron asesinados, siguiendo las políticas impuestas por la doctrina de extirpación de idolatrías.

Las personas que murieron después de la invasión, fueron obligatoriamente sepultadas en cementerios o camposantos siguiendo las costumbres y tradiciones occidentales, cristiano católicas, los cuerpos o Chullpas que se mantenían en las casas fueron o quemados u obligados a ser sepultados, las Chullpas que solían ser transportadas en procesión una vez al año fueron totalmente prohibidas y en su remplazo, costumbre que hasta ahora se mantiene en algunos pueblos de la serranía peruana, fueron reemplazados por los doce apóstoles de Cristo.

Empero, en las ciudades se mantienen ciertos usos y costumbres que no pudieron ser modificados, pese a todo el esfuerzo, brutalidad y coerción que se puso en la tarea de destruir el auténtico sentido de la festividad celebrada el día primero de noviembre de cada año.

Durante el periodo republicano, a mitad del siglo XX, se podía ver, aun en las calles de las ciudades andinas, como La Paz, Potosí, Oruro y Sucre, una procesión de empleadas domésticas que portaban bandejas provistas de masas hechas en casa, dulces especialmente preparados para la ocasión y una bebida fermentada que era hecha de un tipo de maíz especial denominado, maíz morado o Kulli.

Las empleadas llegaban hasta la casa de los amigos o conocidos de los recientemente fallecidos y entregaban las viandas a las dueñas de casa, pidiendo se elevaran preces por el descanso eterno de las personas que se conmemoraban y cuyos nombres estaban inscritos en esquelas especiales que acompañaban las viandas.

Al terminar las preces por el descanso de las almas, se repetía una frase que sintetizaba la ocasión: “Que descanse en paz y que se reciba la oración”.

La política represiva impuesta por el periodo colonial y republicano había supuestamente desterrado las costumbres indígena originarias, empero la realidad muestra que no fue así. El día Primero de noviembre fue reconocido por colonialistas y republicanos como un día festivo. En la época republicana de Bolivia, a finales de la década de los 60. El año 1968, el gobierno boliviano de turno, decretó feriado nacional el día 1ero de noviembre. Es importante en este acápite hacer una comparación de las costumbres que fueron apareciendo y las que ya existían en ocasión a la fecha.

Para poder aportar con datos más concretos al tema que se ha estudiado y que se expone, creemos ventajoso circunscribir los acontecimientos que se registran en la actualidad a dos ciudades andinas, concretamente a la ciudad de La Paz y la ciudad de El Alto.

Los días que antecedían y toda vez que la costumbre aun continua, que anteceden a la celebración del día de Todos Santos, el comercio de harina en las ciudades se multiplica. Para quienes profesan la religión cristiana y la Fiesta de los muertos para el mundo indígena originario, que también se refleja en la zonas periféricas de la ciudad de La Paz que por los niveles de inmigración que ha recibido de todos los departamentos de Bolivia, es el resumen de casi todas las nacionalidades y culturas que conviven bajo el marco geográfico del, ahora, estado Plurinacional.

La ciudad de El Alto, que es la ciudad más joven y la más poblada de todo Bolivia, ciudad que debía ser tema para una investigación profunda y compleja, debido a las características que conforman la razón de la existencia de esta ciudad, que se puede decir es el resumen y reconstrucción de todas las provincias del departamento de La Paz y que, por lo tanto, también es el resumen de la cosmovisión andina contemporánea.

En ambas ciudades la festividad alcanza, dependiendo los espacios donde los estratos sociales habitan, distintos niveles pero que en ambos casos aportan con un resultado bastante concreto la fiesta de los Muertos, reviste un carácter de solemnidad y similaridad.

La fiesta

Cuando en el seno de una familia se ha registrado un fallecimiento, que no hubiera sido en el transcurso de los últimos seis meses, los familiares realizan en el interior de los domicilios la denominada Mesa o Tumba. Este altar familiar consiste en la presentación de diversas masas especialmente hechas para la ocasión, de las que se destaca un queque denominado bizcochuelo, que sería una suerte de colchón para que la persona fallecida descanse mejor.

También se hornean panes a los cuales se les dota de unas pequeñas caretas de estuco pintadas, a las que se les denominan tanta wawas, que sería en una traducción libre “niños de pan”, se tiene entendido que la representación sería la de conceder a la persona que ha fallecido, la compañía de un niño o niña, para que el camino no sea muy aburrido en solitario, toda vez que los niños son de espíritu puro y no se distraen y alejan como las personas mayores.

También la mesa es adornada con frutas, teniéndose cuidado de dotar de manera especial de caña de azúcar, que significaría un apoyo o bastón para el alma de la persona que hubiera fallecido recientemente y también porque la caña tiene jugo que puede servir para calmar la sed en caso necesario.

Se pone en la parte principal de la mesa, un cirio, el mismo que deberá ser encendido exactamente al medio día del primero de noviembre, que determina la llegada del Ajayu o espíritu de la persona rememorada. Junto al cirio se coloca un vaso de agua, cuyo simbolismo es muy claramente establecido. Minutos después se coloca en el lugar preferencial el plato o la comida que hubiera sido de mayor predilección del o la fallecido(a)

El cirio deberá permanecer encendido y al final del día 2 de noviembre, exactamente al medio día se apagará el cirio y se procederá a recoger lo que hubiera quedado de alimentos en la mesa. Durante los dos días, las personas amigas, conocidas o simplemente personas que deseen, pueden pasar a elevar plegarias y de esta manera, al terminar sus preces culminando siempre con la frase, que descanse en paz y que se reciba la oración, podrán escoger algunas de las masas que están expuestas en la mesa, hecho que simboliza un aspecto que tenemos que anotar, simboliza la presencia viva de la concepción originaria primigenia. Compartir con la persona los alimentos, hecho que involucra la creencia de que la persona está en vida y presente en el lugar.

En inmediaciones a la ciudad de El Alto, las personas acuden al cementerio, donde están enterrados los restos mortales, de la persona que hubiese fallecido en el transcurso de los últimos tres años, siendo muy importante la conmemoración del primer año del fallecimiento.

Una vez en el cementerio, proceden a colocar un plato, con el alimento o la comida preferida por la persona recordada y toda la familia procede también a alimentarse en el mismo lugar, terminado el almuerzo, en muchos casos, se procede a repartir bebidas con contenido alcohólico, siendo la más preferida la cerveza y finalmente, en algunos casos, en especial, cuando se trata del tercer y último año, bailan alrededor de la tumba de la persona evocada.

Surge una pregunta muy importante e interesante: ¿cuál es el sostén ideológico de la festividad conmemorada los días 1ero y 2 de noviembre de cada año?

Existen muy pocas personas que tienen una idea clara respecto al tema, por lo general, de lo que se trata es de seguir una tradición considerada ancestral. La tradición oral, único nexo de la realidad vivida por los pueblos indígena originarios antes de la llegada de los foráneos, nos proporciona algunos elementos que explican, o nos facilitan las vías para alcanzar alguna explicación sobre la naturaleza de las ceremonias, los objetivos y las costumbres que promovían esas ceremonias, así como los efectos, pero sin duda alguna, el haber accedido a las fuentes originales, es decir al contacto con aquellos iniciados, practicantes o maestros en materia de conocimientos sobre la naturaleza misma de todas y cada una de las ceremonias, habría tenido mucha mayor efectividad, pero como ya se ha visto, además de no solamente haber transcurrido el tiempo, sino las condiciones adversas que nos hicieron perder los nexos fundamentales para alcanzar la comprensión más precisa de los hechos que ahora debemos estudiar basándonos en recursos muy poco objetivos, tales como, los vestigios arqueológicos y la tradición oral.

La cosmovisión andina, que como ya se ha manifestado se desarrolla dentro de los esquemas holísticos de un pensamiento muy amplio, sobre el tema que estamos abordando nos transmite que: Cada ser humano, sea hombre o mujer, nace conformado de sustancia física y cuatro espíritus, denominados Ajayus.

Cuando la persona humana, cierra el siclo biológico, es decir, cuando la persona muere. Uno de los Ajayus o espíritus, parte inmediatamente hacia el lugar donde moran los mayores, los héroes y manes protectores Achachilas y Awichas, que se podría considerar es el cenáculo donde las fuerzas tutelares Achachilas y Awichas, permanecen por todos los tiempos.

Un segundo Ajayu o espíritu, parte a recorrer los espacios que en vida habría recorrido la persona que murió, es decir, el espíritu va a recoger las partículas que hubiese dejado la persona en su trayectoria por todos los lugares que visitó. Este viaje del Ajayu o espíritu viajero se realiza durante tres años. Pero cada año, el Ajayu debe retornar al lugar donde permanece su cuerpo.

En este acápite, amerita hacer un breve, pero importante alto, para mencionar un aspecto muy importante y que genera algunos problemas cuando se presenta. Se tiene la concepción que, cuando el Ajayu o espíritu viajero regresa al lugar desde donde partió para cumplir con su periplo y se encuentra con que no está depositado su cuerpo se entristece mucho y hay casos en los que enloquece a tal punto que, puede generar grandes calamidades a los habitantes del lugar.

Los problemas que se presentan en los casos de accidentes en los que extranjeros pierden la vida, han generado, muchos problemas, puesto que, los vecinos y pobladores de las regiones aledañas al lugar donde hubo el accidente, no quieren que los cadáveres sean llevados del lugar, por el temor que, al retornar el o los Ajayus de los fallecidos en accidente, al no encontrar sus cuerpos, desparramen una serie de calamidades, como el temido granizo, o las inundaciones.

Se dice que el Inca Atahuallpa, acepto ser bautizado con la condición de que no se quemara su cadáver, extremo que Pizarro, pese a haber incumplido con un precepto del derecho canónigo que estipulaba que, ningún cristiano bautizado debería ser quemado, hizo quemar el cuerpo de Atahuallpa, pues con posterioridad al bautizo de Atahuallpa se enteró de la existencia de un mito andino que proclamaba que, cuando todos los elementos emanados por el cuerpo del inca llegaran a juntarse de nuevo, es decir, transcurridos los tres años después de haberse producido su muerte, se pondría en ejecución el proceso denominado del Incarri, que quiere decir que se reconstituiría el Estado Incaico con todo su esplendor.

Sobre las funciones que cumplen los otros dos Ajayus o espíritus, no hemos podido lograr mayor información, pero han sido varias las personas mayores que han mencionado, durante el trabajo de campo realizado en distintas fechas y con distintos pueblos que si! Son cuatro los Ajayus que acompañan a las personas durante el ciclo de su vida sobre la tierra.

Habiendo expuesto las descripciones que se recogieron con respecto a la función de los Chullpa o Chullpares o Pucaras, que mencionaba que, los cuerpos depositados en estos edificios debían permanecer en su interior por tres años cumplidos los cuales retornaban físicamente, es decir retornaba el cuerpo al seno familiar, es decir a la casa donde pertenecía. Al observar el fenómeno de los tres años necesarios de la descripción, un tanto más subjetivista del periplo que debía realizar el Ajayu o espíritu viajero, al desprenderse del cuerpo al que perteneció en vida y cumpliendo la tarea encomendada de recoger todas las partículas que se hubiesen desprendido del cuerpo estando en vida, encontramos que existe una conexión. De alguna manera, la tradición original de presentar la muerte como continuación de la vida se evidencia.

Hay que considerar además que, para los pueblos andino indígenas originarios, la muerte sería tan solo el paso hacia una dimensión próxima. La percepción que se alcanza en el tema, nos ofrece un panorama muy especial. Se presenta la situación como el paso de una puerta hacia un lugar desde donde se puede ver y oír todo lo que las personas dicen y se puede ver todo lo que las personas hacen, pero lo único que se pierde es la capacidad de establecer contacto directo con los seres queridos, con los familiares y amigos.

Retornando al tema de la festividad de los muertos, calificada como Todos Santos por el santoral cristiano católico. Cuando el Ajayu ha sido recibido, por sus familiares y amigos, departe y comparte con ellos de la misma manera que lo haría si hubiera estado en vida, come, se divierte, ríe, bebe y hasta baila con sus seres queridos, empero al llegar el medio día debe partir a continuar el viaje desde el lugar que dejó para retornar a visitar a sus allegados.

Todos los elementos de la Mesa ceremonial, denominada también Tumba que están incluidos en el imaginario popular, tienen vinculación y consideración con el largo y penoso viaje en soledad que debe realizar el Ajayu o espíritu viajero, aspecto que justifica la presencia de los distintos elementos que forman parte del ceremonial y les concede una razón valedera para justificar su presencia.

Los Ajayus que cumplen con la tercera visita parten, a su vez, hacia el espacio de descanso y solaz donde permanecen los mayores y donde ellos también ya pueden permanecer. Existe una idea concreta, que posiblemente esté ligada al proceso de biodegradación de la bacteria negativa que acontecía en el interior de la Chullpa o Chullpar o Pucara, y ésta es que, pasado los tres años, que era también el tiempo que el cuerpo permanecía en el interior del edificio, no se debe dar la ceremonia de recepción al Ajayu, o espíritu, de la persona que, físicamente ya no está en la comunidad.

Según la percepción de las personas mayores, se tiene en cuenta que, el Ajayu o espíritu, está separado por una especie de vidrio de la realidad domiciliaria, y como ya se ha mencionado, puede ver y oír todo lo que sucede pero, pasado el tiempo de tres años, cuando se hace toda la celebración de la Fiesta de los Muertos el Ajayu o espíritu es obligado a retornar del lugar donde ya descansa, y esto involucra una serie de nuevos sacrificios que se le infringen al Ajayu. Razón por la cual, es preferible, recordar con afecto pero ya no con la tradición del preparado de la mesa o tumba.

Es importante tomar en cuenta este aspecto para también hacer un parangón al pensamiento que existía antes de la llegada de los Ibéricos al continente. Hemos mencionado que el cuerpo de la persona fallecida debía permanecer tres años en el interior de la Chullpa, Chullpar o Pukara, pasado este tiempo, el cuerpo retornaba al seno de la casa a la que había pertenecido en vida. Por tanto, cualquier ceremonia recordatoria en las inmediaciones de la Chullpa o Chullpar, ya no era necesaria y ello significaba que la persona estaba presente en el hogar, razón por la que ya no hacía falta ir con alimentos y bebidas hacia la Chullpa o Chullpar, ya el Ajayu comía y bebía junto a toda la familia.

Con la imposición de las políticas de extirpación de idolatrías, la colonia impuso que, los cuerpos fueran enterrados, con esa política también pudo haber cambiado, en gran medida el accionar de las familias respecto al tema, y por ello empezó a desarrollarse el accionar de evocación de los días 1ero y 2 de noviembre.

La festividad que, como se ha podido apreciar, tiene profundas raíces en la cultura indígena originaria, en la actualidad está matizada de tonalidades que emergen de la religión cristiano católica generando un sincretismo muy peculiar. Para la colectividad urbana, especialmente para los sectores que están más propensos a la occidentalización de sus costumbres, la festividad reviste de una gran importancia pues, en cada familia hay siempre un o varias personas que han fallecido y que deben ser recordadas.

Un mínimo porcentaje de habitantes de las dos ciudades en las que hemos centrado nuestro trabajo de campo, probablemente un 10% de la población, no realiza una actividad ligada a la fecha. La población en su conjunto, en mayor o menor medida se desplaza a los cementerios, con flores y arreglos a las tumbas de sus seres queridos en la ciudad de La Paz.

En la ciudad de El Alto, el traslado de las personas hacia los cementerios de las zonas periurbanas de la ciudad es masivo, allá se desarrolla una actividad febril en la que se puede observar la provisión de alimentos, la invitación de estos alimentos a amigos y también a desconocidos para que todos eleven preces por: “el eterno descanso de las ‘Almas’” de los seres queridos, nótese que en este aspecto, hemos utilizado la expresión cristiano católica que es la que predomina y ha sido impuesta también por la religión católica y que permanece vigente.

En ambas ciudades la actividad económica ligada a la celebración de la festividad es muy grande. La elaboración de pan, que normalmente ofrecen los panificadores a la ciudadanía se ve completamente reducida debido a que, el sector panificador no da abasto con la demanda de masas y panes dedicados a la celebración de la fecha. Tomamos este factor como un indicador de la importancia de la celebración de la fecha para los habitantes de las ciudades de La Paz y El Alto.

Un fenómeno singular pretende emular la festividad en ciertos sectores. Es importante anotar, en este acápite, que los sectores adinerados de la ciudad de La Paz, personas que han tenido posibilidad de viajar a Norte América o Europa, y que por lo general tienen su residencia en la zona de Sur de la misma ciudad, desde hacen dos décadas atrás han pretendido incorporar a la festividad una costumbre importada de las urbes altamente consumistas, especialmente de USA.

Halloween es el nombre que se le ha dado a la festividad importada desde otras latitudes. La costumbre de hacer que los niños provistos de disfraces, supuestamente, lúgubres, salgan a las calles a pedir dulces y golosinas a cambio de no hacer travesuras, es una tradición arraigada en pueblos distintos y distantes, además el acontecimiento tiene un componente negativo que, es necesario anotar, tiene una naturaleza netamente mercantil y carece de una explicación que invite a cubrir ciertos niveles, inclusive, de simple curiosidad.

En realidad casi nadie sabe dónde se origina la celebración de esta algazara, razón por la que no tiene muchos seguidores en las dos ciudades en las que hemos realizado nuestro trabajo. Empero, la fiesta de Los Muertos, no ha perdido los niveles de respeto ni compromiso de la población, que en su conjunto, y pese a haber recibido la influencia de los 520 años de colonización, mantiene viva y vigente.

La información que se tiene, como lo hemos podido comprobar, atraviesa por ejes que ameritan una mejor atención de parte de autoridades e investigadores, toda vez que, muchas personas, con bastante buena intención, algunas y otras solamente con el deseo de alcanzar ciertos niveles de notoriedad y figuración, han pretendido explicar la naturaleza de la festividad.

Lo cierto es que, la naturaleza de la festividad está claramente definida, se trata de una festividad propia de las culturas indígena originarias, principalmente ligadas a la región altiplánica andina, valles mesotérmicos, extendida a toda la república de Bolivia, la festividad ha sido cruelmente agredida en Perú, inclusive a las zonas de los llanos, sea por la emigración a esas regiones, o debido a la vinculación que existió entre regiones en periodos anteriores a la colonia.

No se ha podido verificar un efecto que la iglesia católica mantiene en arcano, posiblemente la festividad no formaba parte del santoral católico hasta pasado el primer periodo de ocupación y colonización del continente hoy llamado americano.

Es importante anotar que la festividad no solo pertenece a la cultura andina, puesto que, en las repúblicas de ahora Centro América, los habitantes de por ejemplo Estados Unidos de México, celebran la festividad de los muertos, destacando que tienen casi el mismo sentido, en lo referente a la concepción de la muerte relacionada a la vida, que la concepción de los pueblos andinos, claro está que el desarrolla de las actividades tiene variantes que es importante anotar, son diferentes de región a región.

Es muy importante resaltar la posibilidad que, la iglesia Católica al no poder erradicar la festividad de los territorios colonizados, hubiera tenido necesidad de incorporar a su santoral la festividad, cambiando el nombre y pretendiendo cambiar el sentido primigenio de la festividad. Hecho, que como hemos pretendido mostrar no fue posible, puesto que la festividad mantiene la vigencia de la naturaleza de su origen hasta el presente.

Notas:

1. Los pueblos Kuna, ahora establecidos en territorio conocido en la actualidad como Panamá, conocían como Abya Yala, al continente, denominado caprichosamente América, por la invasión europea.

2. Hierografía: se hace una descripción completa de los hechos religiosos y se clasifican en grupos materiales. Es decir, abarca la documentación y clasificación. Se describe cuantitativa y cualitativamente (Ejemplo: podemos ver una actitud sana o patológica de la actitud religiosa). Psicologia Religiosa – Documentos de Investigación – Mbarrientos370. http://www.buenastareas.com/ensayos/Psicologia-Religiosa/1325367.html

3. Holístico: Es el estudio del todo, relacionándolo con sus partes pero sin separarlo del todo. Es la filosofía de la totalidad. ALFARO Ricardo. http://www.psicopedagogia.com/definicion/holistico

4. Véanse Duviols (1971: 45-48, 75 y sgs., 174; 1986: XXVII-XXXI) y Gareis (1987: 3-5, 371-382; 2002: 125-126, 128-130).

5. Op. Cit. 1971: 187 y sgs.; id. 1986.

6. NUEVA CORÓNICA Y BUEN GOBIERNO. Felipe GUAMÁN POMA de AYALA. 1612 – 1615.

* Periodista y antropólogo, cursó estudios de Ciencias Naturales, Matemáticas y Física en Roskilde, Dinamarca. Realizó estudios en la Escuela Real y Superior de Veterinaria y Agronomía de Copenhague DK. Obtuvo una Licenciatura en Antropología en la Universidad Católica Boliviana. Programa Doctoral Internacional en Ciencias y Humanidades. Instituto Internacional de Integración IIICAB. Universidad Siglo XX. Bolivia. Sus estudios de antropología están contemplados en los siguientes libros:Bolivia Tradición y Folklore. El Carnaval de Oruro(1988);El Hombre Andino(1992); En Defensa del Patrimonio Cultural Boliviano(1996); Titiqaqa Taypi PuxPux. Los Q‘hasqutsuñi uros. Nación de gentes de Aguas(2006).