El presidente venezolano ha logrado algo que ningún otro socialista del mundo ha hecho por la vía electoral: ganar un cuarto mandato que le permitiría estar constitucionalmente 20 años en palacio. Ciertamente que ha habido otros gobernantes socialistas (como Stalin, Mao, Ho, Kim o Castro) que han estado en el poder más tiempo que él pero en base a dictaduras de partido único comunista y economías estatizadas y planificadas, pero ninguno de ellos se sometió a permanentes elecciones y a un régimen multipartidista como si lo ha hecho el bolivariano.

Hugo Chavez venció el domingo 8 de otubre su cuarta elección presidencial consecutiva. Según cifras oficiales la participación fue masiva (casi un 81% de los 18,9 millones de inscritos) y el mandatario bolivariano obtuvo un 54.5% de los votos frente al 45% de su rival Henrique Capriles.

Ningún otro gobernante actual del planeta ha ganado tantas presidenciales. En diciembre 1998 Chávez triunfó con el 56.2% de los votos, en julio 2000 con el 59.76% y en diciembre 2006 con el 62.84%. En comparación con esos resultados este es el menor que él haya conseguido. También es el que menos diferencia ha sacado ante su principal rival. Si en 1998 la ventaja con su mayor adversario fue de 26 puntos, en el 2000 de 22.5 puntos y en el 2006 nuevamente de 26 puntos, esta vez ha sido levemente inferior a los 10 puntos.

Sin embargo, Chávez es el único gobernante en el mundo que ha superado ampliamente la mayoría absoluta en 4 elecciones generales consecutivas y que pasa la valla de estar 14 años en el poder para entrar a un nuevo sexenio constitucional que le permite poder llegar hasta las dos décadas en palacio.

También ha habido otros socialistas que han estado más tiempo que Chavez gobernando a sus respectivos países, pero ninguno de ellos ha tenido tal control del poder como lo ejerce el caudillo venezolano. Einar Gerhardsen, líder del Partido Obrero Noruego (que inicialmente participaba en los congresos de la Internacional Comunista) fue primer ministro de su reino en 1945-51 y 1955-65 mientras que su camarada Tage Erlander fue primer ministro sueco 23 años con, 3 días.

Todos los gobernantes socialistas de habla escandinava estuvieron sometidos a un jefe de Estado vitalicio (su monarquía) y pudieron pasaron por tiempos en los que fueron sustituidos en sus funciones. François Mitterrand fue presidente de Francia durante 14 años exactos (del 26 de mayo de 1981 a 1995) pero él debía aceptar un jefe de gobierno con el que no siempre concordase y en 1986-88 tuvo que otorgarle el premierato al derechista Jaques Chirac.

Chávez, en cambio, siempre ha ejercido el rol del jefe de Estado y de Gobierno, nunca ha dejado el premierato a algún adversario ni tampoco ha cedido el poder para pasar por un tiempo a la oposición. Chávez ha logrado ser depuesto del poder ya sea militarmente (como pasó con Allende en Chile 1970-73) o electoralmente (como fue el caso del sandinismo nicaragüense en los noventas).

Mientras todos esos socialistas descritos de tan amplia gama tienen en común un origen ideológico marxista o raíces sindicales Chávez es un comandante que debutó en política con dos golpes y que mantiene una nueva versión del socialismo castrense. Esta no es la misma de las juntas que gobernaron Chile en 1932, Bolivia en 1936-39, 1943-46 y 1969-71 y Perú en 1968-75, todas ellas sustentadas en un ala castrense que conquistó y perdió palacio mediante cuartelazos.

Chávez ha logrado combinar distintos elementos de las diversas escuelas socialistas, del socialismo nacionalismo castrense latinoamericano y árabe adopta el antiimperialismo y metodologías militares (un comandante que lidera misiones); del comunismo castrista toma el culto a la personalidad, los discursos extensos y varios elementos de su retórica y práctica, y de la socialdemocracia adopta la idea de poder mantener el mercado y el multipartidismo.

Chávez y el socialismo militar

El comandante Chávez acaba de ser reelecto para su cuarto mandato, justo en el 80 aniversario de la primera república socialista militar en los Andes (la de Chile del 4 de junio al 13 de septiembre de 1932). En todas esas ocho décadas ha habido otros intentos de diferentes militares para establecer su propia forma de socialismo nacionalista, y el de Venezuela es el único realmente exitoso.

El cuartelazo de Marmaduke Grove en Santiago 1932 fue efímero, pero sembró las semillas para otros golpes similares en la región y para la creación del Partido Socialista de Chile. Tras la guerra del Chaco 1932-35, Paraguay tuvo un golpe nacionalista en febrero 1936, y Bolivia uno socialista 3 meses después. El socialismo de los generales Toro y Bush en el altiplano respetó a las empresas mineras pero nacionalizó el petróleo (algo que en esa misma época hizo Cárdenas en México).

El presidente Bush se suicidó abriendo un interludio hacia la derecha hasta que en 1943-46 el coronel Villarroel hizo un golpe nacionalista que animó a que en Argentina los militares y Perón hicieran algo parecido. Tras un levantamiento popular que colgara a Villarroel de un farol en julio 1946, sus seguidores se revitalizaron desde la oposición hasta que en 1952 encabezaron la mayor revolución suramericana. Tanto el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) como el peronismo no se definieron como “socialistas”; inicialmente tuvieron lazos con Hitler contra EEUU, luego nacionalizaron y mantuvieron elecciones y acabaron promoviendo la agenda monetarista de Washington en los ochentas y noventas.

Los herederos del golpe socialista chileno, tras haber intentado un proyecto radical en 1970-73, terminaron impulsando desde el poder Tratados de Libre Comercio. Luego en 1968-75 el general Velasco estableció la única forma de “socialismo” que haya tenido el Perú, el cual, a su vez, tuvo afinidades con los nacionalistas y socialistas castrenses Ovando y Torres que gobernaron Bolivia de 1969 a 1971 y con el general panameño Torrijos que gestionó el retorno del canal a su país.

Todos aquellos movimientos “socialistas” o “nacionalistas” que tuvo Latinoamérica (a excepción del comunismo cubano y sus aliados) terminaron renegando (y hasta revirtiendo) las políticas estatistas que impulsaron y abrazando los modelos de libre empresa y multipartidismo (socialismo chileno, APRA, peronismo, MNR, torrijismo, Lucio Gutiérrez en Ecuador, PRI mexicano, etc.).

Velasco fue reemplazado en 1975-80 por el general Morales Bermúdez quien empezó a girar al Perú hacia su actual sistema económico y político liberal, el mismo que Humala (quien admira a Velasco) preserva. Chávez se diferencia de todos esos anteriormente descritos casos en que no ha retrocedido sino en que ha radicalizado su “socialismo” y también de las juntas socialistas de Chile, Bolivia y Perú en que no ha sido depuesto y ha ganado elecciones.

Chavismo y radicalización

Chile, Bolivia, Argentina, Perú, Ecuador y Panamá han pasado por procesos en los cuales un sector de las FFAA hace un golpe que se proclama nacionalista o socialista y que gobierna con una agenda populista, crítica a EEUU y apoyada en los principales sindicatos. En todos esos casos, dichos cuartelazos fueron efímeros o, si duraron, terminaron siendo depuestos luego por un ala anticomunista del ejército. El ecuatoriano Lucio Gutiérrez, el peronismo argentino, el MNR boliviano, el socialismo chileno y el torrijismo panameño luego en la oposición se han moderado y pasado hacia posiciones pro-libre mercado.

Lo que distingue el caso venezolano es que el ala socialista de sus FFAA ha logrado estabilizarse en palacio, al cual no llegó mediante las botas sino a través de los votos. Tras dos intentos de golpe fallido a inicios de los 1990, Chávez fue capaz de ganar las elecciones generales de fines de 1998 y desde entonces hasta hoy seguir allí hasta haber conseguido un cuarto mandato constitucional que le permite legalmente mantenerse en palacio durante 20 años consecutivos.

Las juntas nacionalistas o socialistas arriba descritas tomaron, administraron y perdieron el poder por la vía militar. En Perú 1968-75 los uniformados dominaron el gabinete, aunque en varios de los otros casos se permitieron ministros civiles o sindicalistas. En todos esos casos la legitimidad se buscaba a través de un discurso ideológico o del apoyo de organizaciones campesinas, laborales o barriales.

Chavez, en cambio, ha evitado ser depuesto militar o constitucionalmente al haberse legitimado siendo electo y re-electo mediante las urnas. También ha hecho gabinetes esencialmente civiles. El ala “socialista” de las FFAA venezolanas, en vez de ejercer directamente el poder mediante una junta, ha logrado varias ventajas manteniéndose como el poder tras la sombra.

El socialismo militar venezolano ha evitado ser un episodio corto en la historia de su país (como ha pasado en el resto de los Andes) y el haber devenido en una dictadura (como en Libia, Siria o Iraq) que abre las puertas a una guerra civil o a una intervención bélica extranjera.

El chavismo no ha experimentado un proceso de derechización, pues no ha sido empujado hacia la oposición, tiene una fuerte reserva monetaria con altos precios petroleros y concibe que un mayor estatismo y populismo puede, por ahora, ser su mejor perspectiva. La estrategia de Capriles, alimentada por sectores demócratas de EEUU y por la socialdemocracia, consiste en evitar que el chavismo se radicalice promoviendo una oposición que acepte varias de sus reformas y que trabaje para ir desafilándolo a fin de luego suplantarle.

Los republicanos de EEUU podrían volver a la Casa Blanca proponiendo medidas más duras ante el chavismo aunque ello, si logran ganar los comicios, pudiese, más bien, producir el efecto contrario que Bush generó y hacer que se radicalicen los “socialistas del siglo XXI”.

La revolución bolivariana ha sido clave en haber inclinado el “patio trasero” de Washington hacia la izquierda, logrado que Cuba y Venezuela formen un bloque de países (ALBA) que ha llegado a tener 9 miembros (hoy solo quedan 8), impulsado a la formación de la Unión Suramericana (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños (CELAC), socavado la posibilidad de hacer un TLC desde Alaska hasta la Patagonia y hecho naufragar a la Comunidad Andina a la par que ha empujado al Mercosur hacia un mayor nacionalismo económico proteccionista.

Tal ha sido su impacto que el primer alcalde de Londres (Ken Livingstone 2000-2008) subsidió los pasajes con petróleo venezolano. De allí que no extraña el que el diario británico The Guardian le haya dedicado dos páginas estándar a los comicios en Venezuela.

Según este matutino desde que Chavez debutó en el poder en 1999 al 2012 Venezuela ha subido su ingreso por habitante en un 150% (desde $US 4,105 a $US 10,810), la población que vive en pobreza ha bajado del 23.4% al 8.5%, la mortandad infantil ha caído de 30 a 20 por cada mil niños y el desempleo se ha reducido a la mitad (del 14.5% al 7.6%).

Estas cifras van de la mano con el hecho de que el valor de las exportaciones petroleras venezolanas se ha cuadriplicado desde $14.400,000 a $US 60,000,000. El lado adverso es un leve aumento en la inflación (del 23.6% al 31.6%), la devaluación de la moneda (en 1999 un bolívar valía más que un dólar y ahora se requieren más de 4 bolívares por dólar) y, sobre todo, la casi duplicación de la tasa de asesinatos (de 25 a 45.1 por cada 100.000 habitantes).

Si bien dentro de los republicanos de los EEUU hay voces que hablan de manipulación o fraudes, Capriles ha reconocido su derrota y ha felicitado al triunfador instándolo a reconocer el peso que ha tenido su propia fuerza electoral; como un intento de tenderle un puente (aunque sea para evitar una posible radicalización del proceso).

Chávez consolida su posición a nivel externo. De hecho él puede arrogarse más legitimidad democrática que el presidente de EEUU (que emerge de una mayoría en el colegio electoral y no de la población) o del primer ministro británico (designado por la reina, la cual nunca ha sido electa).

La revolución bolivariana ahora intentará ampliar la ALBA, potenciar la UNASUR y la CELAC acentuando sus fricciones con Washington, influir sobre alas de los gobiernos de Brasil, Perú, Paraguay, Uruguay y Argentina y ayudar a Irán en su estrategia ante Siria y el Medio Oriente.