El cine acogió muy pronto a muchos animales amaestrados e, incluso, sin amaestrar. Pero, desde el comienzo, los perros fueron, sin la mínima duda, los preferidos para que se les incluyeran en todo tipo de historietas. Hubo canes bellacos, otros que simulaban desmayos, los avispados, los agresivos, los grandotes y los enanos. Algunos fueron muy populares y otros sumamente famosos.

Una de las primeras celebridades que se recuerdan fue un espléndido ejemplar alano llamado Teddy, que estaba contratado, junto con su dueño como es costumbre, por Keystone, la compañía estadounidense fundada en 1912. Con decir que, en una comedia rodada para Mack Sennett, titulada Las chivas del verano, protagonizada por la popularísima Louise Fazenda, Teddy tenía una intervención indispensable para la marcha del argumento.

Otros muy mencionados esos años son Jean, el perro mascota de la Vitagraph, y el temido Strongheart, el perro lobo de la compañía First Nacional. Sin olvidar, desde luego, al mítico e inevitable Rin Tin Tin. O al bonachón bullterrier Pete, singular perro de la Pandilla creada por Hal Roach, que ofrecía un singular aspecto con un ojo dentro de una mancha negra (de nacimiento) y el otro rodeado por un círculo cuidadosamente pintado.

Rin Tin Tin, nombre legendario que fue heredado por nuevos ejemplares según pasaron los años, constituye todo un mito. Encontrado cachorro por el piloto de combate Lee Duncan, en suelo alemán, durante los últimos días de la Primera Guerra Mundial, apareció en la pantalla en 1923, en el filme Donde comienza el Norte, de la Warner Bros.

Magnífico pastor alemán, de andar armonioso y bella presencia, Rin Tin Tin logró un éxito fenomenal desde el primer momento y dio ríos de dólares a sus productores e, incluso, evitó la bancarrota en la cual se encontraban sumidos. Episodio, por cierto, que dio origen en 1976 a la sátira fílmica Won Ton Ton, el perro que salvó a Hollywood, del realizador Michael Winner, un hombre con fama de nunca rodar en estudios.

En total, Rinty filmó nueve películas y murió en 1932. Le sucedió Rin Tin Tin II, que se mantuvo en pantalla a lo largo de seis años. Y a éste le siguió Rinty III, el cual solo rodó una película dirigida por Max Nosseck.

Un can que sonó mucho fue Skippy, un simpático terrier pelo de alambre, el cual se hizo famoso junto a William Powell y Myrna Loy en la serie del detective Nick Charles, basada en una trama creada por el novelista Dashiell Hammett, y exhibida entre 1936 y 1947 para la Metro-Goldwyn-Mayer.

Otros perros sólo brillaron en una o dos películas, pero como éstas dejaron huella, los animalitos también trascendieron. Tal es el caso de Ferry, un cairn terrier que figuró, primero, en el clásico El mago de Oz, de Victor Fleming, donde comparte reparto con Judy Garland y sus amigos: un león, un espantapájaros y un hombre metálico.

Y tres años más tarde reapareció en Dormitorios gemelos, de Tim Whelan, una comedia de enredos que narra la vida matrimonial de una pareja (Joan Bennett-George Brent) constantemente interrumpida por otra (Una Merkel-Mischa Auer).

Tres perros San Bernardo se han llamado Back. El primero figuró en El llamado de la selva, de William Wellman, según la novela homónima de Jack London. Hizo tan buen trabajo que consiguió contrato por varios años y pudo hacer otras seis películas. Los otros dos laboraron para la televisión, en series como Topper y Casados y con niños. Por lo demás, el primer San Bernardo famoso que vino después es Beethoven, el cual tuvo éxito y no lo hizo del todo mal.

Ahora bien, si algún can ha tenido buena prensa en Hollywood esa fue la perra Lassie, el bello ejemplar collie estrella de varios filmes para la Metro, pues lo elogios llegaron al extremo de que un columnista definiera en cierta oportunidad al animal como “una Greer Garson cubierta de pelos”.

Desmesurada lisonja que pronto los enterados vieron como una inmensa cortina de humo lanzada por los estudios del famoso león, ya que la perra Lassie era realmente un “travesti” canino, un collie macho llamado Pal, pues de las hembras probadas ninguna pudo dar lo que se quería y no hubo otra opción después de consumirse mucho tiempo y dinero.

Su película más exitosa fue la primera: Lassie regresa a casa, de Fred M. Wilcox, basada en un relato breve aparecido en una revista de gran circulación. Dejó una millonada en taquilla y durante años fue considerada por la Metro como modelo de cine para toda la familia. Treinta cinco años después (1978) se hizo un remake: La magia de Lassie, de Don Chaffrey, protagonizada por James Stewart.

Por lo general, los papeles asignados a los canes en el cine siempre son un deleite: simpáticos, diligentes, graciosos. Raras veces repulsivos. Y en contadas ocasiones negativos. Tal fue el caso de Cujo, el perro asesino, de Lewis Teague, según el libro de Stepen King. Un filme en el que el enorme San Bernardo protagonista es la antítesis de lo acostumbrado.

* Colaborador de Prensa Latina.