Los pueblos del tercer mundo son el motor de la liberación

Eduardo Paz Rada

octubre 10, 2012Publicado el: 5 min. + -

La acumulación capitalista y su metamorfosis permanente están fundadas en una doble dialéctica: la explotación de los trabajadores asalariados creadores de la riqueza y la dominación y explotación de los recursos naturales y las materias primas de los pueblos oprimidos.

La segunda es la característica de las formas coloniales e imperialistas que, a través de la división internacional del trabajo, en los últimos siglos ha marcado el ritmo y el metabolismo del capitalismo, asegurando la transferencia hacia las potencias imperialistas de multimillonarios recursos naturales y riqueza mediante el control colonial y semicolonial de las regiones del Tercer Mundo.

En ambos casos, las contradicciones entre capital y trabajo y entre potencias imperialistas y países semicoloniales van marcado los procesos históricos y los rasgos de los ciclos del capitalismo. Los Estados imperialistas, los organismos internacionales a su servicio y los grandes medios de comunicación se han convertido en los guardianes de las grandes corporaciones transnacionales industriales y financieras que, en momentos de crisis como el actual, descargan el impacto sobre los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, buscando de esta manera mantener su poder.

En los años que van del siglo XXI la crisis cíclica del capitalismo, en sus formas neoliberales impuestas desde la década de los ochenta, se ha visto fuertemente agravada por los procesos de mayor independencia de los países de la regiones marginales, fundados en esfuerzos de fortalecimiento de sus economías y sus Estados con importante movilización popular y en la búsqueda de integración y acercamiento como son los casos de los países latinoamericanos, árabes y africanos, en tanto que China, India y Rusia se han convertido en grandes competidores de los Estados Unidos y la Unión Europea.

El control de los recursos naturales estratégicos, como el petróleo, los minerales, el agua y la tierra está en disputa y eso es parte de la aceleración de la crisis económica mundial.

La debacle europea y la crisis norteamericana están vinculadas a su pérdida de hegemonía debida, entre los aspectos centrales, a que las regiones tercermundistas han alcanzado niveles de acción coordinada y de complementación económica que han repercutido directamente en los niveles de acumulación y control. En América Latina, los procesos políticos de integración iniciados con Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Ecuador se han ido ampliando a los otros países hasta avanzar en la formación de UNASUR y CELAC, con proyecciones de integración latinoamericana y caribeña, excluyendo el padrinazgo y dominio de Estados Unidos vigente en la región desde el siglo pasado.

La máxima del Inca Yupanqui “un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”, expresada en 1810 en las Cortes de Cadiz en relación al colonialismo español en indoamérica, fue reiterada por Marx y Lenin cuando se plantean explicar la situación de las colonias y semicolonias en el contexto del avance del capital monopólico imperialista y emerge en el debate la cuestión nacional y colonial como núcleo de la lógica del capitalismo. Tanto Marx, Lenin y Trotski, como la Izquierda Nacional Latinoamericana han marcado la perspectiva en torno al tema al advertir que gracias a la opresión colonial y semicolonial el capitalismo puede reproducir sus condiciones de acumulación y dominación.

En ese sentido una de las claves para entender la actualidad de la ofensiva capitalista que lanza la crisis sobre los trabajadores y los pueblos son los procesos de independencia e integración en los bloques regionales de América Latina, Mundo Arabe y Africa en menor medida, junto al avance de China, India y Rusia, generando guerras como las de Irak y Afganistan, intervenciones como en Libia o provocaciones como en Irán y Siria.´

En este contexto adquieren importancia el encuentro de los países del Tercer Mundo en Irán hace algunas semanas, la solidaridad latinoamericana contra la invasión del Reino Unido de Gran Bretaña en las Islas Malvinas Argentinas, los procesos de integración política, económica, comercial, bancaria, energética y militar en América Latina y el Caribe y la cumbre de países Árabes con los de UNASUR realizada en Lima.

En esta perspectiva han coincidido las grandes movilizaciones de desocupados, trabajadores, jóvenes, jubilados y otros sectores del pueblo en Europa, Estados Unidos y Canadá, en la medida en que los gobiernos de esos países están cargando el peso del desastre sobre sus espaldas. Además de las políticas oficiales contra los extranjeros (africanos, latinoamericanos y árabes), los gobiernos de esos países están provocando la recesión con la elevación del desempleo a niveles antes nunca conocidos como son los casos de España (25%), Estados Unidos (10%) y la Unión Europea (12%).

Encontrar y coordinar los puntos de coincidencia entre las movilizaciones sociales del Primer Mundo con los procesos de liberación e integración de los pueblos y gobiernos de avanzada del Tercer Mundo para enfrentar y derrotar al poder imperialista se convierte en la referencia para concebir nuevas perspectivas de transformación en las sociedades. El motor de la transformación es, definitivamente, el avance de los pueblos oprimidos de los países marginados y periféricos que impulsan su emancipación y, al mismo tiempo, generan las condiciones de liberación de los pueblos de las metrópolis capitalistas.

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