Nuakchott, Mogadiscio, Damasco, Ginebra, Naciones Unidas y La Habana (PL).- Más de 450 mil malienses huyeron hacia países limítrofes debido a la violencia que desangra a su país, mientras que más de tres mil personas abandonan Somalia mensualmente escapando de la sequía. En Siria, al menos 670 mil familias fueron desplazadas por la grave crisis de violencia.

Un golpe de Estado el 22 de marzo pasado y choques entre soldados y guerrilleros en el norte de Malí provocaron la huida de 100 mil personas hacia la vecina Mauritania, reveló el Alto Comisionado del organismo para los Refugiados (Acnur).

Entidades gubernamentales y agencias humanitarias junto al personal de la ONU atienden al grueso de esos desplazados en el campamento oriental de Mbera, a solo 50 kilómetros de la frontera con Malí, donde cuentan con “un entorno seguro” de abrigo, alimentos, salud, agua y educación, asegura Acnur.

A ese campamento llega solo una parte del total de los 450 mil malienses emigrados hacia países limítrofes. La huida de los pobladores de ese país, como la de otros 60 mil desplazados internos, comenzó en enero de este año con el alzamiento y posterior avance de los rebeldes tuareg del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA). Según datos de la ONU, en estos momentos hay 109 mil malienses en Mauritania, 108 mil en Burkina Faso y 60 mil en Níger, mientras que otros 120 mil están dislocados en el interior de Malí.

El éxodo por la inestabilidad se agravó tras el golpe de Estado y el recrudecimiento de la guerra en ciudades norteñas como Gao, Kidal y Tumbuctú, luego tomadas por los insurgentes y por milicias de al menos tres organizaciones islámicas. La retirada del Ejército de sus principales posiciones en esa región, que abarca unas tres cuartas partes del país, y el fortalecimiento en ellas de los insurgentes derivó después en choques entre ellos que provocaron aún más desplazados.

El MNLA fue expulsado de esos territorios por los irregulares musulmanes, pero su actividad militar y de destrucción contra sitios rechazados por la confesión islámica causa aún más desconcierto y movimientos migratorios. Los insurgentes de Al Qaeda en el Magreb Islámico, Ansar al Din y el Movimiento para el Monoteísmo y la Yihad en el África del Oeste derriban mausoleos y otros monumentos funerarios en sitios de culto de esos territorios.

En el norte maliense grupos extremistas pretenden imponer por la fuerza la Ley islámica o Sharia en su versión más ortodoxa. No menos importante resulta en ese contexto la ratificación por el presidente interino Dioncounda Traoré de su primer ministro Cheick Modibo Diarra, quien es rechazado por los principales partidos políticos.

Según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, mujeres del norte de Malí están sufriendo humillaciones y formas extremas de violencia, e incluso pueden ser compradas y vendidas a precios menores de mil dólares. Esa dependencia del organismo mundial basó su informe en una visita a Malí del secretario general adjunto para derechos humanos Ivan Simonovic.

Las féminas no solo están a la venta sino que son vendidas en el norte y pueden ser compradas por menos de mil dólares, asegura Simonovic basado en entrevistas con residentes de esos territorios del norte maliense. El sector femenino es allí una víctima principal que “ve afectados de manera desproporcionada sus derechos humanos, sus derechos de acceso al trabajo, la educación y los servicios sociales básicos”, denunció el representante de la ONU.

El pasado 18 de agosto, el Banco Africano de Desarrollo (BAD) donó a Malí unos 942 mil dólares para la adquisición de alimentos y medicinas para la población de norte del país, aporte que será distribuido gratuitamente por la Cruz Roja maliense y representa unas 725 toneladas métricas de suministro de víveres y 300 lotes de medicamentos esenciales, difundió la Agencia Panafricana de Noticias (PANA).

Más de tres mil personas huyen de Somalia mensualmente

La situación en el Cuerno Africano es frágil, un año después de declararse allí oficialmente la primera hambruna de este siglo. Más de tres mil personas huyen de Somalia mensualmente debido a la poca lluvia que recibió la región este año, alerta un informe de la organización no gubernamental Acción contra el Hambre.

Persiste la escasez de los suministros alimentarios y continúa generando significativos desplazamientos de población en Somalia, donde el conflicto armado continúa enfrentando a la guerrilla de Al Chabab con el Gobierno Federal de Transición y sus aliados. Además, la estación de lluvias de este año es muy pobre por lo que la seguridad alimentaria es aún precaria y provoca que más de dos millones y medio de somalíes necesiten ayuda humanitaria.

Según Acción contra el Hambre, la tasa de desnutrición con respecto a 2011 disminuyó, principalmente en los campos de refugiados. En la ciudad de Mogadiscio aumentaron los centros nutricionales y se incrementó la cobertura de protección de su población, marcadamente hacia los niños mayores de cinco años, así como a madres embarazadas y lactantes.

A pesar de ello, más de 2,5 millones de somalíes viven en estado de emergencia humanitaria, mientras un millón huyeron de la violencia y la hambruna que asola el país africano, confirmó el Alto Comisionado de Acnur. Los datos reportados por el organismo mundial indican que la cifra del millón de desplazados se alcanzó a principios de julio de este año, como consecuencia de los enfrentamientos internos y el hambre tras largos años de sequía.

Otros 1,3 millones de somalíes abandonaron también sus hogares en busca de lugar seguro dentro de la propia nación africana, donde prevalece el caos tras la salida del poder del presidente Mohamed Siad Barré, en 1991. La Acnur considera que pese alcanzar el millón de refugiados somalíes, el número de personas de esa nacionalidad que cruzan la frontera disminuyó significativamente con respecto a 2011. En los seis primeros meses de 2011 escaparon de Somalia 137 mil personas, en tanto en igual etapa de este año la cifra descendió a 30 mil.

El 26 de septiembre de 2012 Naciones Unidas alertó sobre el peligro de una tormenta perfecta de vulnerabilidad en el Sahel africano a partir de las turbulencias políticas, las extremas condiciones climáticas y la fragilidad económica en esa región. La señal de alarma fue emitida por el secretario general Ban Ki-moon durante una reunión de alto nivel celebrada al margen del debate presidencial de la Asamblea General.

El titular del organismo mundial clamó por un respaldo internacional urgente para los pueblos y gobiernos de esa parte de África Occidental y los 18 millones de personas afectadas por una severa crisis de alimentos. También se refirió a los grupos terroristas, las organizaciones criminales transnacionales y los elementos insurgentes que amenazan la paz y la prosperidad en el Sahel.

Más de 670 mil familias sirias desplazadas por la guerra

Más de 670 mil familias sirias fueron desplazadas por la crisis de violencia que enfrenta el país, reveló el 2 de octubre de este año el primer ministro Wael al-Halaki ante el Parlamento de la nación, y acusó a estados árabes, regionales y occidentales de prestar todo el apoyo a los terroristas.

El gobierno, puntualizó, trabaja con las organizaciones internacionales para prestar toda asistencia posible a las familias desplazadas y asignó un presupuesto de mil millones de libras (cerca de 15 millones de dólares) sirias para tal fin. Aseguró que su país pagó el precio por no haber querido abandonar sus posturas de principio y resaltó la labor de la diplomacia siria en la Asamblea General de las Naciones Unidas en los esfuerzos por revelar la magnitud del complot que enfrenta Siria.

Las bandas armadas irregulares y sus aliados en el exterior recurren a todo su arsenal para crear un ambiente de guerra en Siria y así proyectar una imagen de victoria en los enfrentamientos y de inseguridad en diferentes provincias del país. A principios de mes informes divulgados en el exterior daban cuenta de explosiones en la sede del Ejército, cerca de la plaza de los Omeyas, blanco de dos atentados calificados por las autoridades de terroristas y la acción simultanea del ataque de un comando armado.

Noticias como estas ayudan a conformar un ambiente de inseguridad y del aparente avance victorioso de las bandas del llamado Ejército Libre Sirio en sus enfrentamientos contra las fuerzas gubernamentales, lo cual indica que no solo con balas se hace la guerra. Pero la realidad dista mucho de lo que se quiere dejar ver. Los combates son violentos, pero de ahí a que se pueda hablar del avance victorioso de los grupos antigubernamentales hay una gran distancia.

La tragedia de los refugiados en Afganistán

Más de tres décadas de guerra interna e invasión y ocupación extranjera contribuyeron a la salida o reubicación forzosas de millones de personas desde la martirizada, empobrecida y atribulada Afganistán. Huyeron primero de la lucha desatada por los mujaidines (guerreros de Alá) contra el gobierno de Mohamed Najibullah, luego entre las facciones del Norte y Sur a reglón seguido con los Talibán (estudiantes coránicos) y ahora de estos últimos contra Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La mayor parte de esos refugiados se asentaron en las vecinas naciones islámicas de Irán y Pakistán, pero otros trataron de rehacer sus vidas en campamentos de acogida repartidos por el territorio afgano, sin sostén oficial y sólo a duras penas con la escasa ayuda de la comunidad internacional.

Más de 4,6 millones de refugiados volvieron a casa después de 2004, de ellos dos tercios desde Pakistán y gran parte del resto de Irán, atraídos por historias de que la vida mejoraba. En suelo pakistaníes se encontraban en campos provinciales de Katchagari y Jalozai (de la Frontera Noroeste) y Jungle Pir Alizai y Girdi Jungle (Beluchistán). Hasta el presente, existen 450 mil desplazados, entre emigrantes económicos y aquellos que regresaron a Afganistán, según Nader Farhad, portavoz nacional Acnur.

Los retornados se reubican en especial en provincias centrales de Parwán, del oeste Herat o norteñas de Mazar-e-Sharif y en la capital (Kabul), donde malviven al menos 24 mil en tiendas de campaña en más de 35 campamentos, de acuerdo con el Ministerio del Interior afgano. Casi 100 mil se vieron obligados a desplazarse solo en los seis primeros meses de 2011, sin que las autoridades suministraran refugio, comida, agua y cuidado sanitario a los desplazados.

Un informe de la ONU asegura que esos miles de personas intentan sobrevivir en “condiciones lamentables, de frío y al borde de la inanición” en colonias en Kabul, “mientras el Gobierno no solo mira hacia otro lado, sino que incluso rechaza la llegada de ayuda”. Las autoridades locales restringen las operaciones humanitaria, porque aducen que esas personas van a marcharse y esta situación es en gran medida una crisis humanitaria y de derechos humanos oculta, pero espantosa.

1.500 muertos en Mediterráneo durante 2011, según Acnur

Más de 1.500 migrantes murieron o desaparecieron en 2011 al intentar cruzar el mar Mediterráneo para llegar a Europa. La cifra convierte al pasado año en el más mortífero en esa región desde que el Acnur comenzó a llevar las estadísticas en 2006, declaró la portavoz de la organización Sybella Wilkes.

También en el pasado año se batió récord en cuanto a la cantidad de migrantes llegados a países europeos a través del Mediterráneo, que según el Acnur ascendió a más 58 mil. La mayoría de estas personas salieron del norte de África ante las revueltas en varias naciones, los bombardeos de la OTAN contra Libia y la falta de empleos. Los principales lugares de destino fueron Italia (56 mil), Malta (1.574) y Grecia (1.030).

Sin embargo, en vez de recibir un trato humanitario, muchos migrantes fueron confinados en campos de refugiados y miles de ellos resultaron expulsados del territorio europeo, denunciaron organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Con reportes de los periodistas de Prensa Latina Juan Carlos Díaz de la Redacción de África y Medio Oriente; Manuel Navarro Escobedo de la Redacción Asia, y Luis Beaton, corresponsal en Siria.