Quito y Caracas (PL).- Con reiteradas alertas de que hay un camino e insistentes llamados a subirse al autobús del progreso, Henrique Capriles Radonski trata de seducir a una parte importante del electorado, hasta ahora esquiva, para convertirse en presidente de Venezuela. Detrás del candidato presidencial de la derecha venezolana está la Casa Blanca de Washington que lo asesora para mostrar una imagen de reformista, demócrata y popular, afirmó el reconocido sociólogo estadounidense James Petras.

En declaraciones al diario digital El Ciudadano, el destacado intelectual Petras señaló que el postulante de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) tiene “el respaldo incondicional del presidente de Estados Unidos (Barack Obama)”, frente al masivo respaldo popular al mandatario Hugo Chávez. Petras agregó que desde la Casa Blanca lo están asesorando sobre cómo presentarse. “Capriles es mostrado como un buen muchacho, reformista híper-enérgico, que quiere un cambio moderado” para Venezuela.

Denunció el académico y autor de varios libros que, en realidad, el candidato derechista encabezó “la mafia” que dio el golpe de Estado contra Chávez en 2002 y formó parte de “la banda que atacó la Embajada cubana” en Caracas en ese momento. Recordó que Capriles también “apoyó el lockout (paro patronal) de los gerentes petroleros en 2003”.

Por lo cual, señaló Petras, su postura de supuesto demócrata “es todo un maquillaje porque tiene antecedentes violentos, golpistas, vinculado siempre a los sectores de ultra derecha”. Explicó que Estados Unidos cree que si Capriles pierde las elecciones presidenciales del 7 de octubre “por un margen significativo, no van a denunciar fraude”, sino a consolidar el apoyo recibido para las elecciones a gobernadores en diciembre de este año.

La primera razón para que los venezolanos voten por mí el domingo es para impedir que el país vuelva al pasado, afirmó por su parte el presidente Hugo Chávez en la última jornada legal de la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 7 de octubre.

Consultado sobre las razones que tendría la población para favorecer su candidatura en esos comicios, Chávez dijo que la oferta del candidato de la oposición es volver al pasado y recordó los efectos negativos del neoliberalismo en Europa y particularmente en España. Otras razones son para poder consolidar todo lo ya logrado y, además, “abrir los portones del futuro, de un nuevo ciclo” de gobierno.

“Todo el país puede perder, hasta los ricos”, en caso de una victoria de la candidatura opositora, dijo, y agregó que “sería espantoso que a Venezuela le aplicaran otro paquetazo neoliberal”, en alusión a la propuesta de su principal contrincante. En respuesta a otra interrogante, el presidente admitió haber cometido errores en el desarrollo de su gestión y citó como uno de los más serios que deberá ser resuelto en el próximo sexenio de gobierno, la falta de seguimiento a decisiones adoptadas, a fin de garantizar su cumplimiento eficiente.

Chávez se refirió también a la posibilidad de establecer -tras ser reelecto- una relación de convivencia con sectores de la oposición. Al respecto señaló que no pierde “las esperanzas de que esa convivencia entre sectores disímiles, contrapuestos, sea posible en Venezuela”, pero recordó que hay núcleos de la extrema derecha “muy duros” que, por ejemplo, se resisten a comprometerse públicamente con el respeto a los resultados electorales.

Sin embargo -expresó-, todos los venezolanos podemos vivir en paz a pesar de las diferencias políticas que puedan existir. “Podemos vivir en paz y tenemos que vivir en paz”, sostuvo. En relación con la jornada electoral del próximo domingo, el gobernante manifestó su convicción de que se impondrá el deseo de paz de la mayoría de los venezolanos.

“Tengo fe en que no pasará nada grave en Venezuela el 7 de octubre”, dijo y puntualizó que “estoy seguro de que se va a imponer la razón, el raciocinio en todos los sectores de la vida nacional”.

Henrique Capriles Radonski y el camino del autobús del progreso

Con 40 años recién cumplidos, este abogado nacido en cuna de oro y que, según sus detractores, inició su carrera política como diputado al Parlamento gracias al dinero de Papá, quien en 1998 le compró un curul al partido Copei, es hoy el principal adversario del presidente Hugo Chávez, con vistas a las elecciones del 7 de octubre próximo.

Se afirma que hasta entonces nunca antes había visitado Zulia, pero representó a partir de las elecciones legislativas de 1998 a ese estado en el extinto Congreso de la República, donde fue nombrado por consenso presidente de la Cámara de Diputados y vicepresidente del Parlamento. Sin embargo, su participación en el Poder Legislativo terminó en 1999 con la disolución del Congreso Nacional por la Asamblea Nacional Constituyente aprobada en referendo por iniciativa de Chávez, quien había sido electo jefe del Estado en esos mismos comicios.

Un año después, junto con su actual lugarteniente Leopoldo López, entre otros, fundó el partido Primero Justicia, una operación que marcó con el sello de la corrupción el origen de esa formación política integrada por ex militantes de los partidos Acción Democrática (AD) y, sobre todo, del socialcristiano Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei).

Existen pruebas de que Primero Justicia fue creado con dinero desviado de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), en esa época controlada por la llamada “meritocracia”, facilitado por la madre de López, entonces ejecutiva de la mayor empresa petrolera del país. De Primero Justicia se afirma, además, que recibe dinero de la Nacional Endowment for Democracy (NED), organización vinculada a la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA), y que financia a partidos y grupos opositores para promover la desestabilización de gobiernos progresistas en el mundo.

La carrera política de Capriles Radonski continuó en Baruta, uno de los cuatro municipios del estado Miranda, que forman parte, al mismo tiempo, de la Gran Caracas, de donde fue alcalde durante dos períodos consecutivos, de 2000 a 2008. Su paso por Baruta, uno de los bastiones de los sectores más acomodados del país, sirvió a Capriles Radonski de trampolín para saltar a la gobernación del estado Miranda, cargo para el que fue elegido en las votaciones regionales de noviembre de 2008, y del que se separó temporalmente en junio de este año para iniciar su campaña para las presidenciales de octubre.

El “flaquito”, como se ha llamado a sí mismo en algunos de los mítines de la campaña presidencial que ha realizado en su recorrido “pueblo a pueblo”, no es un venezolano cualquiera. Su padre, Henrique Capriles García, descendiente de una familia de judíos sefardíes provenientes de Holanda y asentados en Curazao antes de emigrar a Venezuela, dirige un conglomerado de empresas familiares.

La Cadena Capriles agrupa numerosos medios de comunicación, entre ellos el diario Últimas Noticias, uno de los periódicos más críticos contra el chavismo. Su progenitora, Mónica Radonski Boechenek, proviene de una familia judía ruso-polaca superviviente del holocausto nazi. El abuelo de Henrique por parte de madre se desempeñaba en Polonia en el negocio de la exhibición de películas, sector en el que continuó al llegar a Venezuela, donde creó su primera sala de cine en 1947, en Puerto La Cruz.

El negocio prosperó y hoy la familia Radonski es propietaria de un extenso circuito de exhibición integrado a la Cadena Cinex, la mayor del país, con casi 300 salas en los más lujosos entornos, además de importantes intereses en el sector inmobiliario. Con esos antecedentes, resulta válida la afirmación reproducida por la periodista venezolana María Alejandra Díaz en un artículo divulgado el pasado agosto en Aporrea: “Capriles Radonski forma parte de la más rancia oligarquía, cuyo capital en esencia no es venezolano. Jamás ha sabido lo que es pasar hambre”.

¿Fascista y sionista?

Mucho se ha escrito y dicho sobre las tendencias ideológicas de Henrique Capriles Radonski, pero lo único claro y bien establecido es que definitivamente no es un hombre de izquierda, aunque el propio candidato trate de enmascarar su pensamiento político real al introducir en sus discursos términos y conceptos propios de esas corrientes.

Por el contrario, algunos antecedentes de su trayectoria inducen a ubicarlo en la ultra derecha o en posiciones cercanas a ella, particularmente su militancia -junto con Leopoldo López- en la filial venezolana de la organización ultra derechista “Tradición, Familia y Propiedad” (TFP), una agrupación de laicos católicos fundada en 1960 en Sao Paulo, Brasil, por el político, periodista y escritor ultra conservador brasileño Plinio Corrêa de Oliveira.

La filial venezolana de TFP fue acusada en 1984 de organizar un complot con el objetivo de atentar contra la vida del Papa Juan Pablo II en la ocasión del viaje que realizó a Venezuela ese año, y también estuvo involucrada en casos de secuestros de menores de edad que eran enviados a Brasil, entre otros delitos.

Se afirma que en Venezuela TFP sólo reclutaba jóvenes católicos, blancos y provenientes de familias adineradas y, según el abogado y activista por los derechos humanos Juan Martorano, a Capriles Radonski probablemente le perdonaron sus orígenes judíos, porque es un ferviente falangista católico y por el poder económico de sus progenitores.

A pesar de esos antecedentes judíos, el propio Martorano, en artículo publicado el 17 de agosto pasado por la red digital Colarebo, califica a Capriles Radonski de sionista y lo atribuye a su identificación ideológica “con ese proyecto racista y reaccionario”. En ese artículo, Martorano afirma que hace algún tiempo Capriles se reunió con representantes de la Confederación de Asociaciones israelitas de Venezuela, organización que calificó de abiertamente sionista.

En esa reunión -prosigue-, entre otros temas se tocaron las relaciones de Venezuela con Irán, el supuesto antisemitismo de la Revolución Bolivariana y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Estado de Israel, que Capriles prometió cumplir en caso de ser elegido Presidente de la República.

Todo esto sirve como telón de fondo para actuaciones políticas, que en la práctica diaria tuvieron sus momentos culminantes en abril del 2002, con su participación directa en el golpe de Estado contra Chávez, y su protagonismo incuestionable en el asedio e intento de allanamiento de la embajada de Cuba en Caracas y en la cacería de brujas desatada contra funcionarios del gobierno tras el secuestro del Presidente.

Chocolate dulcito

Elegido en los comicios primarios del 12 de febrero pasado candidato único de los principales partidos opositores para las presidenciales de octubre, Capriles Radonski ha moderado su discurso porque, al decir de Jesse Chacón, director del Grupo de Investigación Social Siglo XXI, en la Venezuela de hoy no se gana una elección con un discurso de derecha.

Frases cortas, constantes exclamaciones de ¡Viva Venezuela! o ¡Cómo te quiero, Venezuela!, aliñan sus discursos, plagados de críticas a todo lo que sea -o parezca ser- del gobierno o de Chávez. Al mismo tiempo, multiplica promesas de todo lo que hará cuando sea presidente, que en la mayoría de los casos se refieren a proyectos económicos y sociales que ya fueron hechos o están en ejecución.

Y todo eso en un lenguaje más propio del marketing publicitario, preparado por el ejército de especialistas que lo asesoran, con el fin de hacer más atractivo un producto que, en otras condiciones, sería poco vendible. De ese laboratorio de ideas surgió seguramente la frase Chocolate Dulcito, con la que el candidato se llamó a sí mismo durante una reunión donde las mujeres predominaban en el auditorio, así como el repetido eslogan de que “hay un camino” y los constantes llamados a los electores potenciales a subirse al “autobús del progreso”.

Pero más allá de discursos, frases y pronunciamientos, lo realmente importante es lo que está detrás del personaje. Por una parte, es clara la estrategia del principal partido que lo respalda, Primero Justicia, de romper el bipartidismo (AD/Copei) que gobernó Venezuela durante 40 años hasta la llegada de Chávez en 1999.

En ese sentido, la misma creación de Primero Justicia se parece mucho al Primero Colombia fundado en el vecino país, con parecidos objetivos, por Álvaro Uribe, personaje con el que tanto Capriles Radonski como su asociado Leopoldo López, mantienen estrechos vínculos.

El candidato, tanto por sus orígenes como por su pensamiento político, es un genuino representante de los más poderosos grupos económicos y financieros de Venezuela y de importantes transnacionales estadounidenses y europeas, que tienen como interés común recuperar el control del país y, sobre todo, de la industria petrolera de la nación con mayores reservas probadas del mundo. Esto se puso en evidencia con claridad al salir a la luz pública en agosto pasado el contenido de un programa de gobierno, hasta entonces secreto, para ser ejecutado por Capriles en caso de llegar a la presidencia.

En síntesis, se trata de un programa de contenido abiertamente neoliberal, que incluye medidas que, de aplicarse, significarían el desmontaje de prácticamente todo lo logrado por el gobierno del presidente Chávez a lo largo de 13 años y, en especial, la entrega de la industria petrolera a la empresa privada y a las transnacionales foráneas.

Con esas propuestas, que disfraza y maquilla, Henrique Capriles Radonski se presenta a la cita electoral del 7 de octubre, en la que, según la mayor parte de las encuestas realizadas por consultoras serias y de reconocida trayectoria profesional, no tiene ya la más mínima posibilidad de ganar.

Miguel Ángel Pérez Pirela, conductor del programa televisivo Cayendo y Corriendo, resumió hace algunas semanas de manera muy gráfica sus posibilidades electorales en uno de sus análisis sobre los medios de comunicación venezolanos: “El camino que Capriles propone, está lleno de chavistas”.

* Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.