La Habana (PL).- El renacimiento del son y la trova tradicional se remontan a 1997, con la inesperada noticia del Premio Grammy en la categoría de Música Tradicional por intermedio del disco Buena Vista Social Club. De repente, viejos y respetables instrumentos y músicos cobraban vida y dignidad.

Figuras como Compay Segundo -considerado como el trovador más viejo y famoso del mundo-, Ibrahím Ferrer -con cinco premios Grammy-, y el pianista Rubén González -sorprendente por sus ejecuciones que recordaban al piano del conjunto de Arsenio Rodríguez- irrumpieron en la escena internacional. Con este álbum, la música tradicional cubana volvió a colocarse como una de las triunfadoras en el ecumenismo musical del milenio.

Ya lo dijo el escritor del Libro de la salsa, el venezolano César Miguel Rondón: “Se trata simplemente de entender que Cuba logró reunir todas las condiciones necesarias para convertirse en el centro musical del Caribe. Sería muy difícil desarrollar e imponer internacionalmente ritmos que no tuvieran la marca del son”.

No por gusto, en 1997 todas las condiciones estaban creadas en Europa para que estallara el fenómeno del son tradicional, proceso de consolidación que se remonta a 1990. En esa fecha, el musicólogo Danilo Orozco colaboró en la recopilación del disco La semilla del son, del productor Santiago Auserón, en España.

Antes, en 1992, el juglar Faustino Oramas se lanzó a fondo en un concierto que asombró al público asistente al madrileño club El Sol, donde todos bendijeron el son cubano. Un año después, en 1993, se celebró en la Casa de América, en Madrid, el Encuentro con el Son, acontecimiento que reunió a músicos, musicólogos y aficionados a ese ritmo, entre ellos la reina Celeste Mendoza.

Posteriormente, en 1994, pusieron en marcha el proyecto Encuentro entre el son y el flamenco, en Sevilla. Para la ocasión Compay Segundo viajó por primera vez a Europa junto a Faustino Oramas (El Guayabero), el conjunto Los Naranjos, Septeto Habanero, Septeto Espirituano y el grupo de Changüí de Guantánamo.

Pero en este recuento sonero vale la pena destacar la aparición, en 1995, de la Antología de Compay Segundo y el sello Nube negra, de la formación de La Vieja Trova Santiaguera. En tanto, Celina González y Eliades Ochoa se encargaron de invadir la tierra de Los Beatles, en el Ronnie Scott, conocido como el templo del jazz de Londres.

Por su parte, Merceditas Valdés cantó en el Festival de Otoño de Madrid, y el grupo sonero Sierra Maestra fue creando un ambiente favorable en festivales europeos de la Word Music y en varios circuitos musicales. Entonces, todas las condiciones estaban creadas; el director del grupo Sierra Maestra, Juan de Marcos González, persuadió al empresario inglés Nick Gold para producir un disco con música antológica cubana, tocada la “vieja guardia” tradicional.

La historia la cuenta, en exclusiva, Juan de Marcos González: “Yo quería hacerle un tributo a mi padre Marcos González, que fuera tremendo cantante sonero y rumbero de los conjuntos de Arsenio Rodríguez y Los Jóvenes del Cayo, en la etapa de 1947-1949. Además quería hacerle un reconocimiento a las grandes bandas (big band), con el sonido al estilo de Machito and the Afrocubans.

Para ello contaría con músicos viejos, amigos de papá. Pues bien, necesitaba el financiamiento y se lo planteé a Nick, quien aceptó el proyecto de dos discos con sonido de los gloriosos tributo a la música estándar de los 50″.

Tras su regreso a La Habana, en enero de 1996, Juan de Marcos aglutinó a los viejos músicos, quienes comenzaron a grabar, en principio, dos discos: A toda Cuba le gusta (Disco de Big band) y Buena Vista Social Club (acústico con cantores de la trova). Y luego un tercero, Introducing Rubén González.

“El proyecto musical resultó un despegue de la música cubana, a todos los que dieron todo para colocar a los ritmos cubanos en todo el planeta desde lejanos tiempos. Esta es la historia básica”, aseveró Juan de Marcos en una extensa entrevista que ofreciera para el libro Buena Vista y el Son.

Pero la historia no terminó ahí; recientemente la firma World Circuit reeditó el DVD del gran concierto ofrecido por estos legendarios músicos cubanos en el teatro Carnegie Hall, de Nueva York, en agosto de 1998, porque la vieja música cubana nunca muere.

* Crítico y periodista cubano. Colaborador de Prensa Latina.