Por esas cosas de nuestros tiempos acelerados, muy visuales y decididamente tecnológicos, vivimos rodeados y bombardeados de imágenes. Constantemente aparecen una tras de la otra y elegimos entre aquellas que realmente nos interesan, otras que nos informan, o las que simplemente nos entretienen. Entre esas tantas imágenes algunas son fácilmente reconocibles, las vimos en distintos tiempos, de diferentes maneras, a cualquier hora. Pero muchas veces, estos mismos tiempos acelerados no nos permiten descubrir la historia que hay detrás de ellas.

Éste podría ser el caso de Dina Goldstein, fotógrafa canadiense, amante de armar series con imágenes para contar una historia, esa historia que tiene sus imágenes recorriendo todas las redes sociales existentes. Mujeres de fantasía que se vuelven realidad, mujeres de mentira que toman vida, mujeres reales con vidas reales.

Las princesas también caen

Corría el año 2007 cuando a la madre de Dina le diagnosticaron cáncer de mama. Afortunadamente pudo recuperarse, pero ella estaba muy triste por aquellas épocas, sentía que todo era demasiado. Al mismo tiempo, su pequeña hija Jordan crecía y, en ese crecimiento, Dina vio cómo desde tan pequeñas, las niñas comienzan a identificarse con ciertos personajes, como lo son las princesas que Disney reinventa.

En su investigación, encontró que estas historias no son tan felices como suelen contarse y mostrarse. Son conocidas ya las oscuras versiones alemanas de estos cuentos, no hace falta más que leer un libro de Anderson o de los hermanos Grimm para descubrir la otra versión, sin embargo por algunos lares se insistía en los finales felices, pues solo se trata de pequeñas niñas, pero ¿qué podría llegar a producir esa identificación con una imagen que escapa tanto de la realidad? ¿Es eso acaso dejar volar la imaginación?

Fue allí que Dina comenzó a pensar, en relación a su propia realidad ¿qué pasaría si estas mujeres tuvieran que lidiar con los problemas de la vida real? ¿Qué pasaría si perdieran su encanto? ¿Vivirían felices por siempre?

Este proyecto personal se tradujo en la muy conocida serie “Princesas caídas” (“Fallen Princesses”) donde se puede ver, en escenarios modernos, lo que podría pasarles a estas mujeres en nuestros tiempos: a Ariel encerrada en un acuario, a la Cenicienta sola en un bar de mala muerte, a Blancanieves superada por los quehaceres diarios, a Jazmín en plena guerra, a Bella adicta a las cirugías, a Rapunzel en una sala de hospital luchando contra el cáncer.

Fue así que Dina puso su historia en fotos a disposición del público. Quería saber qué pensaban de su trabajo. Casi sin querer, las fotos llegaron a lugares insospechados para Dina, obtuvo varios premios y hasta el día de hoy es utilizado en variadas y diferentes instituciones para pensar y repensar el lugar estereotipado de la mujer en las historias encantadas.

La vida no es color de rosa

Luego del éxito de esta serie, Dina tuvo la posibilidad de continuar dándole mucho valor y esfuerzo a sus proyectos personales. Jordan seguía siendo la excusa, el punto de partida para un nuevo desafío. Mientras jugaba con su Barbie y su Ken, nacía una nueva historia para ser contada.

En el 2011 produce la serie “En la casa de muñecas” (“In the Dollhouse”) donde decide contar una historia diferente, quizás no necesariamente crítica pero sí desafiante. En el fotomontaje, Barbie y Ken suponen ser una pareja feliz, en una casa feliz, hasta que él decide asumir su homosexualidad.

Con una combinación de sátira y drama, la historia muestra situaciones cotidianas donde Barbie soporta demasiado para sostener una vida color de rosa: ver a su marido con sus zapatos, comer sola, encontrarlo con otro hombre; es allí donde comienza a comprender que la vida no es lo que creía que era (o lo que debía ser) y entonces intenta de manera desesperada reconquistar a Ken, hasta que, derrotada, se sumerge en una profunda depresión y termina quitándose la vida.

¿La intención? No es quizás trasladar el problema a que a las niñas les guste esas muñecas, les guste esas princesas, les guste esas historias. De hecho, la historia fue pensada para un público adulto. El problema para Dina está en pensar que esas imágenes son la idea de una vida perfecta, del poder y la felicidad, que no reparamos en lo que nos realmente nos quiere decir, que no pensamos que otras imágenes (y otras historias) son posibles.

Vivimos bombardeados de imágenes, que nos interesan, que informan, que entretienen. De vez en cuando está bueno parar y ver el reverso. No sea cosa que todavía nos creamos el cuento de hadas.

* Revista Furias: http://revistafurias.com/publicaciones/dina-goldstein-cuando-la-belleza-no-es-felicidad