Naciones Unidas, Ginebra, Damasco, México y La Habana (PL).- Se estima que más de 300 mil niños participan en conflictos armados en casi un centenar de países, de los cuales 40% son de sexo femenino. Apenas cumplen siete años de edad, muchos infantes son reclutados, amenazados, abusados y drogados para combatir en conflictos étnicos, religiosos, entre narcotraficantes o contra gobiernos, revela un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El reclutamiento de menores en las conflagraciones no es asunto nuevo en la historia de la humanidad, y mucho menos las funciones de placer y servilismo a las que han sido obligadas las infantes alistadas en los ejércitos regulares e irregulares en el mundo. La interpretación del término “uso de niños soldados en conflicto” incluye las múltiples misiones que los infantes desarrollan dentro del grupo armado, y en especial, los actos de violencia sexual contra las niñas”, afirma la representante especial de la ONU para las cuestiones de los niños y los conflictos Radhika Coomaraswamy.

El 17 de agosto, el portavoz de Unicef en Malí Marixie Mercado denunció que en los últimos meses al menos 175 niños de entre 12 y 18 años fueron reclutados por grupos armados en el norte de Malí, y la tendencia es a crecer. Explicó que algunos de los infantes se unen de manera voluntaria a los grupos armados y, en ocasiones, con el consentimiento y el apoyo de los padres ante la situación de pobreza en la que viven.

En una resolución adoptada con motivo del Día Internacional de la Paz, que se conmemora el 21 se septiembre, el Consejo de Seguridad condenó el reclutamiento y utilización de niños en conflictos armados; repudió los casos de alistamiento repetido, muerte, mutilación, violación, violencia sexual y secuestros de menores, así como los ataques contra escuelas y hospitales.

La resolución recuerda la responsabilidad de los Estados para acabar con la impunidad y procesar a los responsables de genocidio, crímenes de lesa humanidad, de guerra y otros perpetrados contra los niños. De ahí que el organismo insta a las partes involucradas a finalizar esas prácticas de manera inmediata y a ejecutar medidas especiales para proteger a los niños.

El Consejo de Seguridad “reitera su disposición a adoptar medidas selectivas y graduales contra quienes persistan en perpetrar esos actos”, y también reclama que los responsables de hechos en esa materia sean sometidos a la acción de la justicia nacional o de los mecanismos internacionales en esa esfera, cuando proceda. Además, solicita al grupo de trabajo de la ONU sobre el tema que en el plazo de un año examine las opciones para “aumentar las presiones sobre quienes persistan en cometer violaciones y abusos contra los niños en situaciones de conflicto armado”.

Los niños deben estar en las escuelas y no reclutados como soldados en los ejércitos, y los presupuestos nacionales deben estar enfocados hacia la construcción de capacidades humanas y no de armas mortales, enfatizó el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon. La ONU mantiene su objetivo de lograr en 2015 que los Estados limpien sus ejércitos de niños.

Las manos ensangrentadas de los niños soldados

Con tan solo ocho años la niña ugandesa China Keitetsi fue reclutada por el Ejército Nacional de Resistencia y 10 años después, luego de escapar, narró ante la prensa las trágicas vicisitudes que tuvo que enfrentar. “Para una niña era todavía más difícil. En tanto que varón, tú también eras un objetivo. A los 15 años era incapaz de recordar cuántos hombres habían abusado de mí”, contó la hoy madre de dos hijos.

Keitetsi describió que eran como piedras porque “teníamos mucho miedo pero teníamos que dar miedo. Ni siquiera hablaba con las niñas”. Al principio no sabía lo que me estaba pasando, porque nunca nadie te había “hablado de eso”, comentó en alusión a los sistemáticos y continuados abusos sexuales a los que fue sometida durante su infancia.

Otra joven, de nacionalidad zimbabwense, relató también su terrible experiencia al describir que “los hombres y jóvenes venían a nuestro dormitorio cuando estaba oscuro y, simplemente, nos violaban. Te encontrabas con un hombre encima de ti y ni siquiera sabías quién era”. La niña más joven de su grupo tenía 11 años y la habían violado repetidamente en la base.

Estas historias relatadas por sus protagonistas laceran todo sentimiento si se tiene en cuenta que además de ser esclavas sexuales de sus similares y comandantes, las niñas soldados ejercen labores de combatientes, cocineras, limpiadoras, informantes y guardaespaldas. Para la oficial de protección de niños de la misión de las Naciones Unidas en la República del Congo Kristine Peduto, la situación de las niñas en los campos de entrenamiento es más preocupante que la de los varones.

La autoridad, que entrevistó a muchas de las menores, apuntó que el estado “físico y psicológico de estas niñas era catastrófico”, y eran expulsadas de los campamentos cuando quedaban embarazadas porque “ya no eran útiles para el combate”. Expertos consideran que los nuevos instrumentos y escenarios de guerra, además del uso de nuevas tecnologías y la ausencia de campos de combate y adversarios identificables, suponen un mayor riesgo para los niños en las operaciones militares.

Según los Principios de Ciudad del Cabo un niño soldado es toda persona menor de 18 años que forma parte de cualquier fuerza armada regular o irregular, incluido el reclutamiento de las niñas con fines sexuales o forzadas al matrimonio. En esa reunión, celebrada en 1997 en Sudáfrica, se recomendó que los gobiernos y las comunidades de los países afectados con la participación de menores en conflictos armados adoptaran las medidas adecuadas para terminar con esa forma de violación de los derechos de la infancia.

Cada 12 de febrero se celebra el Día Mundial contra la Utilización de Niños y Niñas Soldado, un paso importante establecido para crear conciencia y evitar la utilización de menores, de un modo u otro, en conflictos armados. La ONU propuso en 2002, a modo de denuncia, denominarlo Día de las Manos Rojas. Este día de recordación pretende terminar con el problema de los niños soldados y alcanzar su reinserción en la sociedad mediante programas de ayudas, que incluyen la reunificación familiar, asesoramiento social, educación y formación profesional.

Los esfuerzos de la comunidad internacional permitieron que en 2011 más de 11 mil niños soldados fueran liberados y rehabilitados en países como Sudán, República Democrática de Congo (RDC), Chad, Costa de Marfil y Myanmar, entre otros. Según los datos, hasta el presente 142 países han ratificado el Protocolo facultativo de las Naciones Unidas sobre la participación de menores en conflictos armados.

Esa herramienta está considerada como el instrumento jurídico más importante para los menores obligados a participar en conflictos armados. El texto obliga a los Estados signatarios a priorizar la promoción de los derechos humanos y la protección de los grupos más vulnerables, como el de los menores de edad. Asimismo, exhorta a tener en una dimensión fundamental para luchar contra esta realidad la rehabilitación y la reinserción de los niños y niñas soldados, además de la prevención y desmovilización.

La ONU mantiene su objetivo de lograr en 2015 que los Estados limpien sus ejércitos de niños. María Calderón, ex responsable de un centro de rehabilitación de menores soldados en la RDC, declaró a la prensa que el trabajo para luchar contra el uso de menores en los conflictos armados es a largo plazo y depende de recursos. Los programas deben de ponerse en marcha sin esperar el fin del conflicto, además de promover el apoyo familiar y comunitario a los niños soldados para que vuelvan a formar parte de la sociedad de la que fueron desarraigados a través de su reclutamiento, opinó.

De su lado, Yolanda Román, responsable de Incidencia Política de Save the Children, refirió que es “necesario poner en práctica políticas y procedimientos concretos con el fin de garantizar que se cumpla el derecho internacional y prevenir violaciones de los derechos de los niños”.

La condena del señor de la guerra Thomas Lubanga

Como paso importante en la lucha contra el reclutamiento de niños en los conflictos armados fue la sentencia dictada en junio contra el congoleño Thomas Lubanga. Este crimen “está ahora grabado en piedra, nadie podrá decir que lo desconocía”, declaró a la prensa Radhika Coomaraswamy, y calificó la decisión de “histórica”.

El ex comandante de las Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo se declaró inocente durante el juicio iniciado en enero del 2009 y finalizado en agosto del 2011, pero todas las evidencias apuntaron a que contribuyó a ensangrentar manos que sólo deberían saber de juguetes, lápices y cuadernos escolares.

A principios de junio la fiscalía había solicitado la pena de 30 años, pero los jueces atenuaron la pena al considerar su cooperación permanente durante todo el proceso. El ex jefe de milicia congoleño fue condenado a 14 años de cárcel por la Corte Penal Internacional, acusado de crímenes de guerra y de haber usado niños menores de 15 años durante la guerra civil en el noreste de su país entre 2002 y 2003.

Para el representante especial de la ONU, Lubanga es el clásico caso de la guerra del Congo de los años 90 que “básicamente consistía en el secuestro de menores, uso de drogas y utilización de niños como soldados”. Coomaraswamy afirmó que la comunidad internacional sólo ha sido consciente de esta práctica en las últimas dos décadas.

“Ahora creo que estamos en el buen camino para que en 2015 no tengamos ningún ejército nacional que reclute niños”, expresó y se mostró confiado en que la RDC y Sudán sigan el ejemplo de Somalia y el Chad de limpiar sus filas de niños soldados.

Alegría e inocencia de niños sirios, inconscientes de la tragedia

Muchas cosas impactan al que se encuentra ahora en Siria, nación sometida a una brutal crisis de violencia pero, en especial, golpea la situación de la infancia, sector no excluido de las acciones terroristas atribuidas a bandas armadas, con el inconfundible sello de la organización al-Qaeda. Tal vez por inocencia, los niños sirios mantienen su alegría aún cuando cerca ronda la muerte, e incluso cuando se escuchan explosiones y el sonido de los disparos de las armas, ellos corretean detrás de una pelota y no pierden la frescura de la edad.

Las imágenes del atentado terrorista ocurrido en una autopista en un barrio de la capital, el 10 de mayo último, mostraron que la violencia tampoco excluye a lo más tierno de la población; entre los 55 muertos y más de 372 heridos también había niños. Cuadernos ensangrentados y el paisaje desolador dejado por las dos explosiones en la mañana de ese jueves, atestiguaban que la mano sanguinaria igualmente había cobrado víctimas entre los pequeños.

A algunos metros del lugar, algo alejado de la tragedia dos niños, quizás entre siete y ocho años, sonreían para que se le tomara una imagen fotográfica, inocentes de cuánto aún estaba por llegar para su pueblo. Después vinieron otras jornadas trágicas, y no se olvidará la masacre de Houla, ocurrida el 25 de mayo, donde fueron asesinadas 108 personas, incluidos 49 niños y 34 mujeres, y donde las evidencias apuntaron hacia las bandas armadas, apoyadas con todos los medios por naciones occidentales y las monarquías del Golfo.

Las imágenes de dos pequeños, menores de 10 años, recordando la tragedia se mantuvo por varios días en la portada de la agencia árabe siria de noticias SANA, quizás como recordatorio gráfico de la maldad contra menores inocentes. El tema de la situación de la infancia resurgió nuevamente durante una sesión pública realizada el 19 de septiembre por el Consejo de Seguridad de la ONU para discutir el informe del Secretario General, titulado Los niños y los conflictos armados.

El embajador Bashar Jaafari, representante permanente de Siria en esa organización, defendió la posición de su país y el apego a las normas internacionales para el cuidado y protección de los “retoños” de su pueblo. Jaafari expresó su preocupación por el XI informe del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados, el cual, dijo, incluyó información falsa promovida por la saliente representante especial Radhika Coomaraswamy.

Creemos que el informe mencionado es poco profesional y deshonesto y, está escrito por personas motivadas a ofender a Siria, dañar su reputación y su cumplimiento a las obligaciones con la organización internacional sobre la protección de los niños y poner fin a la violencia contra ellos en los conflictos, dijo. Denunciamos la politización de este importante asunto humanitario, agregó.

Los autores del informe, planteó, deberían probar lo que hay en él con evidencias y hechos en lugar de acusaciones y alegaciones cuyo origen son los medios de comunicación hostiles a mi país. La autora del informe insistió en responsabilizar a los aparatos militares y de seguridad de todos los actos de violencia contra los niños y acusó a estos dispositivos de bombardear las escuelas y asesinar y mutilar a los menores, haciendo caso omiso deliberadamente a decenas de informes políticos y mediáticos.

Al contrario del gobierno, los grupos armados -con un fuerte componente externo- reclutan niños en sus filas y los impulsan a portar las armas y a participar en los actos terroristas, denunció el diplomático. El propio secretario general de la ONU Ban Ki-moon reconoce que hay acusaciones creíbles de que grupos armados reclutan a niños en sus filas.

Con el fin de preservar a su más joven generación, Siria es signataria de la Convención sobre los Derechos del Niño y del Protocolo Facultativo de la Convención sobre Derechos del Niño, relativo a la participación de los menores en los conflictos armados, desde el 2003. Recientemente, el 16 de septiembre, los jóvenes sirios iniciaron el curso escolar 2012-2013 pero, para esa fecha, informes de Unicef atestiguan que más de 2.070 escuelas y guarderías infantiles habían sido saboteadas por las bandas armadas. Incluso, algunas televisoras como Telesur, desde Alepo, mostraban cómo los grupos irregulares convertían escuelas en cuarteles desde donde partían sus acciones en esa ciudad del norte del país.

También Jaafari denunció en Nueva York que los grupos armados violan los derechos de los niños y muchas veces impiden su evacuación de algunos barrios, como ocurrió en la ciudad de Homs, en presencia de los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja Internacional, y donde eran rehenes.

En otra muestra de la violencia contra los niños, grupos armados bombardearon una escuela primaria en Damasco-campo, “como un regalo de ellos para los niños en el primer día del actual año escolar, lo que causó heridas a decenas”. No oí a nadie hablar de ello por parte de los “defensores” de la infancia y del derecho a la educación, y no nos sorprenderá que algunos acusen al gobierno de esto, como sucede por costumbre, alertó el diplomático sirio ante el Consejo de Seguridad.

Con relación a lo que enfrentan los jóvenes y niños sirios, no pasa por alto lo que algunos llaman “Jihad sexual”, consistente en la búsqueda de niñas entre 14 a 16 años de edad, que viven en los campamentos de “refugiados sirios” en Turquía y Jordania, para venderlas a portentosos hombres del Golfo como objetos de placer. Esta situación se une a la violación de menores sirias por guardias de Turquía en los llamados campos de refugiados en ese país, y que estimados conservadores sitúan en cerca de una centena.

México: El drama de la infancia

La publicación de un video en Internet titulado “Niños incómodos exigen a candidatos” rasgó las vestiduras y sacudió a la opinión pública mexicana en plena campaña electoral, al criticar en el audiovisual la alta criminalidad en el país y pedir soluciones a los políticos. En las imágenes se ven niños en asaltos, tiroteos, tráfico o escenas de corrupción policial, un ambiente violento que forma parte de la cotidianidad de un país que atraviesa por una grave crisis de inseguridad.

En México miles de niños han sido testigos del asesinato de sus padres, mientras otros dibujan escenas de terror y tortura. Son las víctimas poco conocidas de un entorno adverso que genera el combate a los carteles del narcotráfico. Para Juan Martín Pérez, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), sus inquietudes transitan por esos mismos cuestionamientos del cortometraje.

Sería interesante preguntar a los candidatos presidenciales qué proyecto de país tienen para 39 millones de menores de 18 años de edad, dijo. Las respuestas, a juicio del experto, darían las claves para solucionar no pocos de esos problemas generados por la guerra entre cárteles de la droga y por una fallida estrategia de gobierno contra los grupos criminales.

El resultado lamentable es la pérdida de casi 60 mil vidas en los últimos seis años, de acuerdo con el más reciente conteo de organizaciones de derechos humanos. Pero dentro de esos números generales, hay unos particulares que son alarmantes: al menos 1.500 niños y adolescentes han sido víctimas fatales del flagelo desde 2007 hasta la fecha.

La Redim (una coalición de 73 organizaciones con presencia en 15 estados de la República Mexicana) ha señalado de manera insistente que es necesario contar con un registro formal y público de este fenómeno. En México no se sabe cuántos niños han sido víctimas indirectas de la violencia por el tráfico de drogas. No existe un reporte oficial sobre personas de esos grupos de edades que hayan resultado heridas, detenidas o fallecieran en estas condiciones, confirmó el director ejecutivo de la Red.

Hasta ahora las autoridades encargadas de la tarea se han negado sistemáticamente a proporcionar la información y por eso la Redim ha hecho un recuento que no es oficial, pero sí nos da constancia de un aproximado, señaló Martín Pérez. Comentó que México está viviendo una generalización de la violencia. Los grupos criminales han ocupado amplias áreas del territorio nacional y es legítimo que el Estado busque recuperar el orden social.

La violencia relacionada con la delincuencia organizada ha dejado además entre 30 mil y 40 mil niños huérfanos, de los cuales alrededor de nueve mil se encuentran en Ciudad Juárez, en el norteño estado de Chihuahua. Desde hace varios años, este es un tema de debate.

En abril de 2007 se divulgó un reporte en el cual se afirmó que México tiene uno de los índices más altos, al igual que una alta tasa de homicidios de niños y niñas. “Esto significa que durante los últimos casi 30 años han muerto asesinados diariamente (como promedio) dos menores de 14 años de edad”, aseguró entonces Elena Azaola, del Centro de Investigaciones y Estudios de Antropología Social, sobre la base de un estudio presentado al respecto por Naciones Unidas.

A ello se le suma que más de 3,3 millones de niños son explotados, obligados a trabajar. En más de la mitad de las familias, los hijos crecen en un entorno de gritos y violencia; asimismo, muchos menores jornaleros pierden la vida en los campos agrícolas, mientras los migrantes e indígenas son discriminados y se calcula que más de 20 mil son explotados sexualmente.

Las estadísticas evidencian las condiciones de exclusión que enfrenta este sector de la población en el país, donde se calcula que seis de cada 10 menores padecen violencia, ya sea en la casa o en la escuela y miles más, incluso, carecen de una identidad, pues no existe un acta de su nacimiento.

Según advirtió Azaola, el efecto de la violencia no se conoce, pero muchos niños están en riesgo de reproducir en su vida adulta el ambiente de crisis en el que ahora viven. Sin ir muy lejos en el tiempo: en algunos lugares como Tijuana o Ciudad Juárez, el Ministerio de Seguridad ha documentado casos de sicarios de apenas 12 años de edad.

Es triste también que en estados como Michoacán, donde los grupos criminales de Los Zetas y La Familia se disputan esa parte del territorio nacional, el resultado de un concurso de dibujo infantil arrojara que 95% de los participantes estamparan escenas de secuestros, asesinatos y enfrentamientos armados en sus obras. De acuerdo con Azaola, lo peor es “que no haya políticas gubernamentales para atender esos efectos. Hay muchos niños huérfanos para los que no existe ni justicia ni verdad ni reparación del daño, porque las muertes no se investigan”.

México firmó hace 22 años la Convención sobre los Derechos del Niño; sin embargo, aún existen dificultades en su instrumentación. Y aunque en los últimos seis años ha habido logros, sobre todo en materia de legislación en favor de la infancia, no son suficientes porque la realidad no cambia sólo con decretar.

Una comisión de la Cámara de Diputados puso en reciente discusión un proyecto de Ley General para la Protección Integral de los Derechos de la Niñez. Esta iniciativa de ley no reconoce que el crimen organizado trasnacional está presente en México y tiene no solamente en la narco explotación, sino en la trata de humanos con fines de explotación sexual, a niños y niñas como un blanco predilecto, apuntó el director de la Redim.

La propuesta en manos de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables en la Cámara debe saber que no basta con enunciar los derechos sino reflejar también aquellos factores que nos están afectando, enfatizó. En sentido general, lo observado “es que el proyecto de ley no establece los cómo, formas y mecanismos para la articulación y aplicación de los derechos de la infancia y lo que sí hace invisibles a niños y niñas como ciudadanos. Hacer las cosas diferentes requiere un rediseño institucional”.

Celebridades como el actor y cantante César Costa, embajador de la buena voluntad para Unicef México, mencionó en una entrevista con el periódico El Universal a los niños “obligados a abandonar su infancia”, los cuales ciertamente son miles, cuando no han muerto.

* Juan Carlos Díaz es periodista de la Redacción de África y Medio Oriente de Prensa Latina; Luis Beatón, corresponsal en Siria, y Deisy Francis Mexidor, corresponsal en México.