(PL/Bolpress).- Tierras resecas, bajos niveles de humedad atmosférica, temperaturas superiores al promedio histórico, y fuertes vientos configuran un escenario propicio para la proliferación de incendios en vastas regiones forestales de América, Europa y Asia desde principios de 2012. Los siniestros son cada vez más graves y frecuentes debido al calentamiento global, aseguran expertos de todo el mundo.

Una intensa sequía acompañada de una inusual ola de calor atizan las llamas en innumerables incendios forestales registrados en América del Sur desde noviembre de 2011. En España, que enfrenta el peor verano de los últimos 10 años, los incendios arrasaron cerca de 150 mil hectáreas de bosques, la cifra más alta de la última década. En Estados Unidos los incendios devastaron casi tres millones de hectáreas y Colorado Springs padeció el peor siniestro de su historia.

El 5 de marzo un incendio desatado en la comuna francesa de Pourcharesses, del departamento de Loz’re, destruyó 110 hectáreas de bosques de coníferas, luego de que las llamas se extendieron rápidamente avivadas por fuertes vientos de hasta 90 kilómetros por hora. En América del Sur, solo en el primer trimestre de 2012 las llamas arrasaron miles de hectáreas de bosques en Argentina, Chile y Paraguay. Las principales causas fueron la fuerte sequía, el incremento de la temperatura (35 grados centígrados en promedio), y también la negligencia humana, coincidieron las autoridades de esos países.

Hasta el 7 de febrero se mantenían activos 16 focos de incendio en regiones de Valparaíso, O’Higgins, Maule, La Araucanía, Los Lagos y Magallanes. Al menos seis comunas del centro sur del país fueron declaradas en estado de alerta roja por la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) de Chilela, con una veintena de focos de fuego activos, y un siniestro en el Parque Nacional Torres del Paine, en la Patagonia, que dejó un saldo de hasta 20 mil hectáreas devastadas.

La sequía que afectó a Chile en los últimos tres años y la ola de calor propició una situación de extrema vulnerabilidad. Lo habitual es que cada año se pierdan en el país hasta 50 mil hectáreas como consecuencia del fuego, pero este año, faltando mes y medio para la época más caliente, ya habían sido destruidas casi 60 mil. Solo Entre noviembre y principios de enero las llamas dañaron dañaron más de 55 mil hectáreas y mataron a por lo menos siete personas, rebasando ampliamente el promedio de incendios para la época del año, confirmó la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

En el mismo período, en Paraguay más de 700 hectáreas de bosques fueron consumidas por las llamas en el Parque Nacional Caazapá, a unos 250 kilómetros al este de Asunción, obligando a la Secretaría del Ambiente a decretar “alerta roja” en esa reserva natural de 16 mil hectáreas de extensión.

Incendios en Centroamérica

En los primeros meses del año Costa Rica vivió una verdadera emergencia por la temporada seca, “pero sobre todo por la negligencia de muchas personas que provocan incendios” en zonas de Guanacaste y la Región Brunca, destacó el diario Informa-tico.

Hasta el 29 de febrero el fuego había consumido un centenar de hectáreas en el Parque Nacional Chirripó, en la Cordillera de Talamanca de Costa Rica. Buena parte del Parque ardió durante 15 días y resultó afectada la flora y la fauna de 1.700 hectáreas en Palo Verde (Guanacaste) y en Tivives de Atenas (Alajuela), reportó el Ministerio de Ambiente (Minaet). El área tardará más de tres décadas en regenerarse tras el siniestro provocado por pirómanos no identificados, informó la Asociación de Preservación de la Flora y la Fauna.

El 13 de marzo las contradicciones prevalecían entre los datos aportados por las entidades gubernamentales costarricenses acerca del total de hectáreas afectadas por los incendios. La Comisión Nacional de Emergencia (CNE) registró 47 eventos y 885 hectáreas dañadas, mientras que el Minaet reportó casi dos mil hectáreas dañadas. Durante un sobrevuelo se constató que el fuego se expandía en áreas aledañas al Parque Internacional La Amistad (Buenos Aires), en tanto que en La Flecha Ujarrás el fuego había consumido unas 200 hectáreas y en Youbin, entre 40 y 50 hectáreas.

En Guatemala, desde noviembre de 2011 hasta el 3 de abril de 2012 la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) combatió 252 incendios forestales con afectaciones en unas mil hectáreas de bosque, la mayor cantidad en el departamento de Quiché, seguido por Jalapa, Baja Verapaz, Chimaltenango y Huehuetenango. Por la cantidad de terreno devorado por las llamas, Chimaltenango ocupa el primer lugar con 355 hectáreas, seguido por Jalapa con 178, 117 en Baja Verapaz y 100 hectáreas en El Progreso y Quiché. Los 288 incendios forestales registrados desde noviembre hasta el 10 de abril en Guatemala afectaron 1.321 hectáreas de áreas boscosas: Jalapa con 395 hectáreas, Chimaltenango (354) y Baja Verapaz (150).

En Cuba los incendios forestales se redujeron en 27% durante el primer trimestre de 2012 con relación a igual periodo de 2011, informó el Cuerpo de Guardabosques de Cuba (CGC). En 2012 se reportaron 246 siniestros, 89 menos que en 2011, y se perdieron más de 1.500 hectáreas de bosques. Las provincias de Granma, Holguín, Pinar del Río, Camagüey, Las Tunas, Santiago de Cuba y el municipio especial Isla de la Juventud fueron las zonas más afectadas.

Pese a la alentadora cifra en la reducción de estos desastres, el organismo cubano calificó al mes de abril como de extremo peligro para la propagación de incendios en áreas de gran vegetación, como por ejemplo la provincia de Matanzas, así como las áreas boscosas de Trinidad y regiones del oriente del país. La previsión de ese alto riesgo estuvo estrechamente vinculada al déficit de lluvia, la baja humedad relativa, las altas temperaturas y los fuertes vientos registrados en marzo.

En Honduras un total de 148 incendios consumieron más de siete mil hectáreas de bosque durante los días de la Semana Santa, informaron las Fuerzas Armadas. Las zonas más afectadas fueron la sur, la central y Comayagua, pero afortunadamente los incendios fueron de menor magnitud debido a que las maderas estaban húmedas. Por otro lado, en El Salvador expertos del Ministerio de Recursos Naturales y Medio ambiente sofocaron 76 incendios forestales en la actual temporada seca.

Avanzan las llamas en México y Estados Unidos

Hasta el 22 de abril un incendio forestal consumió en menos de un día más de 500 hectáreas en un área natural protegida del bosque La Primavera, al sur de la zona metropolitana de Guadalajara, capital del estado mexicano de Jalisco. A 32 horas del inicio del siniestro, las llamaradas consumieron el Cerro El Najahuete, Las Crucitas y San José de la Montaña, em el inicio del ya era considerado el más grave siniestro de los últimos años, destacó la página digital del diario El Universal.

El fuego se encendió a un costado de la colonia Arenales Tapatíos en Zapopan, al parecer por una quema de basura, informó la Comisión Nacional Forestal. Dos días después, fuertes rachas de viento expandieron el localizado en un polígono de 3.300 hectáreas. Según estimaciones preliminares del Comité Estatal de Prevención, Control y Combate de Incendios, el desastre forestal ya era el mayor registrado en la zona desde el 2005, cuando entre los meses de abril-mayo las llamas consumieron casi 11.300 hectáreas de ecosistemas naturales en La Primavera. Hasta el 26 de abril el incendio arrasó más de cuatro mil hectáreas en el bosque La Primavera, precisó la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y era considerado uno de los fuegos más graves en la historia del estado.

El 19 de junio el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que México registraba una de las sequías más intensas de los últimos 20 años, y casi la mitad del territorio nacional sufría por la ausencia total de precipitaciones y altas temperaturas, las cuales continuaban incentivando los incendios forestales y pérdidas en la agricultura y la ganadería. De enero hasta esa fecha murieron 13.500 cabezas de ganado y ocurrieron casi 11 mil siniestros en áreas boscosas.

La ola de calor afectaba particularmente a los estados de Coahuila, Quintana Roo, Chihuahua, Sonora, Zacatecas, Veracruz, Durango, Campeche, Yucatán, Estado de México, Puebla, San Luis Potosí, Nuevo León, Oaxaca, Guerrero y Tamaulipas, donde se reportaba un descenso de 60% de las lluvias en relación con los promedios del año pasado. Hasta entonces los incendios forestales habían arrasado más de 738 mil hectáreas de bosques, cifra cercana a las pérdidas de 1998, las mayores reportadas hasta la fecha. En ese año, según datos de la Secretaria de Medio Ambiente, 756 mil hectáreas fueron devoradas por el fuego.

Estados Unidos vivió una situación parecida este año. Hasta el 9 de abril más de mil hectáreas de bosque eran amenazadas por incendios forestales en el condado de Burlington, New Jersey, avivados por la fuerza de los vientos. Toda la región se encontraba en alerta roja por el bajo nivel de humedad atmosférica y la resequedad de la tierra.

En el prado de Moores, en los límites de Wharton State Forest, los bomberos cavaban zanjas para evitar la propagación de las llamas en el segundo incendio de importancia en cuatro días en los bosques de pino de la zona. Días antes casi un kilómetro de bosques se quemaron en dos incendios en el Área de Manejo de Vida Silvestre de Winslow, en el condado de Camden.

Hasta el 14 de mayo cinco grandes incendios forestales habían consumido 2.420 hectáreas de bosques en Arizona y alrededor de medio centenar de familias tuvieron que ser evacuadas en las comunidades rurales de Crown King y Bradshaw Mountains. El centro meteorológico del estado sureño explicó que una combinación de altas temperaturas, fuertes vientos y una humedad relativa de un dígito indujeron los incendios en los asentamientos indígenas de Fort Apache Indian Reservation y San Carlos Indian Reservation.

El 3 de junio más de 1.200 bomberos y socorristas combatían el mayor incendio forestal en la historia del estado de Nuevo México, donde se habían quemado 91.860 hectáreas de bosques. Desde que se reportaron los primeros focos el 23 de mayo, el siniestro cubría un área del tamaño de Chicago y solo habían controlado el 17% de las llamas, informó el Servicio Forestal de Estados Unidos.

Aunque se desconocía el origen de los incendios, se presumía avivaron las llamas vientos de 80 kilómetros por hora junto a una temporada de gran sequía en la zona de Glenwood, en el sur de Nuevo Mexico. Las llamas alcanzaron una altura de 20 pies y tuvieron que ser evacuadas miles de familias residentes en comunidades cercanas a los parques rupestres Whitewater Baldy y Gila Wilderness.

Hasta el 12 de junio un incendio forestal incineró al menos 41.140 hectáreas de bosques en Colorado, en el sur de Estados Unidos, y cobró su primera víctima mortal, Linda Steadman de 62 años de edad en el condado de Larimer. La Cruz Roja y varios grupos humanitarios se desplegaron en Colorado para brindar asistencia a miles de personas evacuadas por la rápida propagación del siniestro, iniciado en el área montañosa del parque Paradise.

Mientras tanto, el incendio de Nuevo México, considerado el peor en la historia de ese estado, continuaba imbatible desde el 23 de mayo. Las autoridades creían que el origen primario del fuego fue la caída de un rayo, los fuertes vientos y una temporada de gran sequía en la zona de Glenwood.

El 18 de junio Estados Unidos decretó la máxima alerta en 10 territorios del suroeste ante el elevado riesgo de incendios forestales, como el que ardía sin control en Colorado, con saldo de un muerto y miles de evacuados. El servicio meteorológico emitió la fase de alarma para ese estado y las vecinas Arizona, California, Utah, Nevada, Wyoming, Nebraska, Kansas, Idaho y Oregon por el predominio de vientos fuertes, humedad baja y temperaturas altas.

Esos factores favorecieron la rápida propagación del fuego que incineró hasta 58.046 hectáreas de bosques y destruyó casi 190 viviendas en la localidad High Park, en Colorado. Entre tanto, se había logrado controlar el 80% del siniestro en Nuevo México que dañó cerca de 300 mil hectáreas de bosques y medio millón de inmuebles.

Al día siguiente varios incendios en el oeste de Estados Unidos obligaron a centenares de personas a evacuar sus viviendas desde California hasta Colorado, mientras los bomberos avanzaban en la lucha contra un incendio que abarcaba 240 kilómetros cuadrados en el norte de Colorado. Otros incendios crepitaban en un clima caluroso y seco desde Wyoming hasta Arizona y el sur de California, y los bomberos luchaban contra un incendio que abarcaba 365 hectáreas en el este del condado de San Diego, California.

El 24 de junio el incendio forestal cerca de la ciudad de Colorado Springs se propagó rápidamente a más de 809 hectáreas, lo cual obligó a la evacuación de miles de personas. Otro incendio en el norte de la urbe destruyó una decena de cabañas e inmuebles en las montañas Rocallosas, reportó la cadena televisiva CBS News. El periódico The Colorado Springs Gazette informó que los cinco mil habitantes de Manitou Springs recibieron la orden de evacuar la zona.

Al menos siete puntos de zonas forestales ardían en Colorado, donde las autoridades lidiaban contra una de las temporadas de incendios forestales más graves de la memoria reciente. El más grande de los dos nuevos incendios se inició en el cañón Waldo, cerca de Colorado Springs.

El 4 de julio las lluvias mitigaron un tanto los incendios forestales en Colorado, aunque más de una docena de ellos devoraban cientos de hectáreas en otras regiones del occidente de Estados Unidos. Las llamas en Wyoming, Utah y Colorado conjugaban la niebla y el humo a través de vastas zonas. En Colorado Springs hubo buenas noticias respecto al incendio más destructivo en la historia del estado. Las ligeras precipitaciones de la noche anterior ayudaron a calmar las llamas en Waldo Canyon, las cuales habían devastado más de 7.200 hectáreas, destruido casi 350 casas y cobrado la vida de dos personas.

El Centro Nacional Interinstitucional de Incendios en Boise, Idaho, que coordina la lucha contra tales desastres a nivel nacional, admitió que al menos 45 grandes incendios ardían aún en el país, incluyendo 36 en nueve estados del oeste. En Colorado, solo tres de ellos destruyeron más de 600 casas y matado a seis residentes. Solo en julio de 2012, el mes más caluroso en la historia de Estados Unidos, los incendios arrasaron 810 mil hectáreas, alrededor de 202 mil hectáreas por encima del promedio habitual para ese mes.

Hasta el 15 de agosto, más de 70 incendios forestales de gran envergadura continuaban asolando en los estados occidentales de Washington, Idaho, Oregon y California, forzando a la evacuación de centenares de personas y causando al menos cuatro heridos. El más virulento era el fuego en el centro del occidental estado de Washington, que davastó alrededor de nueve mil hectáreas y forzó la evacuación de 400 personas.

En el sur de California cientos de personas evacuaron sus casas y al menos cuatro edificios se destruyeron. En Idaho,un incendio que llevaba activo dos semanas ya había consumido al menos 260 kilómetros cuadrados. Hasta esa fecha, funcionarios federales dijeron que en la temporada hubo en Estados Unidos 43 mil siniestros que consumieron casi tres millones de hectáreas.

Casi una semana después, el 20 de agosto, grandes incendios forestales se mantenían activos en 10 estados del occidente del país, en particular en California, Washington, Idaho y Nevada. En California 12 focos de fuego amenazaban con destruir casi cuatro mil viviendas, informó NBC. Por otro lado, un siniestro de 90 kilómetros cuadrados afectaba una zona ubicada a 120 kilómetros al este de la ciudad de Seattle, Washington. Sus llamas estuvieron fuera de control durante la mayor parte de la semana pasada y destruyeron 70 propiedades residenciales y otras 210 estructuras.

En el estado de Idaho las autoridades emitieron una orden obligatoria de desalojo de unas 350 casas y centros turísticos en las montañas, situadas en el trayecto de un incendio forestal de 336 kilómetros cuadrados iniciado dos semanas antes. Hasta entonces, los incendios forestales habían devastado casi tres millones de hectáreas en todo Estados Unidos este año, casi 608 mil más que el promedio en los últimos 10 años.

Incontenibles llamas en China y Rusia

Hasta el 21 de febrero casi 100 incendios se sumaban a los daños ocasionados por la prolongada sequía en la suroccidental provincia china de Yunnan, donde más de seis millones de personas sufrían por el fenómeno climático. Seis de los siniestros registrados del 1 de enero al 16 de febrero fueron clasificados de graves y ocurrieron en áreas forestales de ese territorio, el segundo más boscoso del país. El 47% de la superficie de Yunnan -más de 24 millones de hectáreas- está cubierta por bosques, reportó la Oficina de Seguridad Pública.

Una prolongada sequía afecta a Yunnan desde hace tres años con pérdidas económicas directas que ascienden a 372 millones de dólares. El fenómeno ha incidido en la vida de 6,3 millones de personas, de las cuales más de dos millones sufren escasez de agua potable. El 19 de marzo de 2012 un incendio forestal en los bosques montañosos de Yimen se extendió rápidamente a la ciudad de Kunming, capital provincial, y el 23 de marzo un segundo incendio complicó la situación. El 26 de abril el fuego abarcaba ya 27 hectáreas de bosque en la provincia de Yunnan, en una montaña cercana a la aldea de Luohe, en la ciudad de Yuxi.

Hasta el 23 de abril fuertes vientos causaron 17 incendios en que la región autónoma de Xinjiang, en el noroeste de China, con saldo de un fallecido. Las corrientes de aire de 80 kilómetros por hora que golpeaban a la cuenca de Turpan en el centro de la referida zona habían afectado a 165 viviendas. Una barrera contraincendios de 195 kilómetros de longitud fue terminada en zonas fronterizas del norte de China para evitar la expansión del fuego desde el vecino territorio de Mongolia.

En Rusia, hasta el 14 de abril al menos 68 incendios forestales se propagaban en un área de 16.156 hectáreas en varias regiones de Siberia, entre ellas la comarca de Zabaikal, la provincia de Novosibirsk y las repúblicas de Buriatia y Tuba, informó la filial del Ministerio de Situaciones de Emergencia (MCHS). El 18 de abril al menos cuatro aldeas de Zabaikal resultaron afectadas: Alto y Bajo Tsasuchei quedaron atrapadas por las llamas extendidas en una línea de 16 kilómetros. En toda el área ardían 14.988 hectáreas de bosque, con cinco grandes incendios, incluido uno de 500 hectáreas.

El 6 de junio Rusia confirmó la muerte de nueve bomberos paracaidistas que combatían un incendio forestal de grandes proporciones en la República de Tuvá, al sur de Siberia. La Agencia para la Economía Forestal (Roslesjoz) aseguró que en la operación intervinieron 13 especialistas de la base aérea de Tuvá, de los cuales solo cuatro pudieron abandonar la zona del siniestro.

De acuerdo con expertos del MCHS, la propagación de los incendios era consecuencia de una conjugación de factores climáticos, incluidos fuertes vientos de 25 metros por segundo, sequía, alta incidencia del sol y temperaturas inusualmente altas para la época del año. Un equipo internacional de científicos consideró que el calentamiento global favorece la gravedad y frecuencia de estos siniestros en la taigá siberiana, según artículo publicado en Journal of Climate.

El peor verano de la década en España

De acuerdo con los meteorólogos, España vive uno de sus inviernos más secos desde los años 40 del pasado siglo, situación que ha favorecido la propagación de incendios forestales avivados por una ola de calor con temperaturas cercanas a los 40 grados. A principios de abril cientos de efectivos intentaban sofocar un fuego declarado en un parque natural de Galicia, en el noroeste de España, un ecosistema protegido que se extiende por toda la cuenca del río Eume sobre una superficie de 9.126 hectáreas.

El incendio comenzó tres días antes en el parque de las Fragas do Eume (municipio de A Coruña), considerado un paraíso natural por ser uno de los últimos bosques atlánticos de Europa. A Capela fue uno de los municipios más dañados por la catástrofe. La Xunta (Gobierno gallego) cifró en unas 800 las hectáreas afectadas por el incendio, la mayor parte (500) de masa forestal arbolada y 250 más de monte raso.

Hasta el 4 de julio dos fuegos declarados en la Comunidad Valenciana, en el sureste de España, calcinaron unas 50 mil hectáreas en Cortes de Pallás y Andilla. Según estimaciones de los servicios de emergencia valencianos, 28.643 hectáreas de bosques y matorrales ardieron en el término municipal de Cortes de Pallás, mientras que otras 19.940 hectáreas se quemaron en la localidad de Andilla. El ministro del Interior Jorge Fernández precisó que el área afectada equivale a una superficie exactamente igual a la calcinada en toda España en los cinco primeros meses del año.

El 16 de julio una importante zona de la biodiversidad canaria de Tenerife, España, se encontraba en peligro al expandirse un incendio forestal que afectaba ya más de 1.800 hectáreas. El fuego iniciado un día antes en el municipio de Adeje fue calificado de preocupante por la organización SEO/BirdLife, debido a que afectaba distintas franjas de arbustos y pinares del suroeste de la isla que acoge importantes poblaciones de especies y subespecies de aves endémicas. La humedad relativa baja, el viento de más de 30 kilómetros por hora y la temperatura de 35 grados obligó a desalojar a pobladores de Ifonche, Taucho, La Quinta y de Tijoco Alto como medida preventiva.

El 30 de julio finalmente fue extinguido el incendio forestal en el noreste de España, tras ocho días de intenso batallar contra las llamas, que destruyeron más de 13 mil hectáreas de vegetación. El siniestro iniciado el 22 de julio en la región de Alt Emporda, cerca de la frontera con Francia, ocasionó cuatro muertos y más de una veintena de heridos. Fue el peor incendio en la zona desde la década de 1980. Días antes dos incendios forestales arrasaron 235 hectáreas en el sur de Francia: en la comuna de Cavaillon, del departamento de Vaucluse, y la comuna de Bouletern’e, en los Pirineos Orientales, las llamas arrasaron 200 hectáreas de bosques y matorral.

El 13 de agosto el gobierno de Canarias evacuó en barco a más de 900 personas, con lo cual sumaban ya tres mil los desplazados ante la progresión del incendio que arrasaba la isla de La Gomera desde hace nueve días, afectando unas 30 viviendas del municipio de Valle Gran Rey y causando graves daños ecológicos en toda la isla. Hasta ese momento el fuego destruyó casi cuatro mil hectáreas de terreno y amenazaba seriamente el Parque Nacional de Garajonay, lo que obligó a desalojar de sus viviendas a cerca de tres mil personas.

El siniestro comenzó el 4 de agosto y provocó importantísimos daños ecológicos, al adentrarse en el Parque Nacional de Garajonay y quemar masa forestal que hacía más de un siglo no ardía. Por otro lado, el fuego de la Sierra de Béjar, aunque resultó controlado, asoló un total de 1.087 hectáreas, mientras que en Ourense otro siniestro afectó una superficie de casi 1.500 hectáreas. En lo que iba de año, los incendios arrasaron un total de 132.299 hectáreas de superficie forestal en España, lo que supone más del triple en comparación con el mismo período de 2011. Las tres autonomías más castigadas por los siniestros fueron Cataluña, Comunidad Valenciana y Canarias.

Hasta el 22 de agosto el incendio forestal declarado en la norteña provincia española de León devastó unas 10 mil hectáreas de bosques, y la región se mantenía en la alerta por si el viento o el calor, superior a los 30 grados centígrados, reavivaban las llamas. La organización Ecologistas en Acción calificó de catástrofe sin paliativos el incendio en Castilla y León -la autonomía con mayor extensión de este país europeo- y advirtió que la zona tardará no menos de 40 años en recuperarse.

El 25 de agosto de 2012 los incendios forestales habían arrasado ya 149.298 hectáreas de bosques, la cifra más alta de la última década. La superficie forestal quemada era más del triple de la devastada en similar período de 2011, cuando ardieron 43.915 hectáreas, precisó en su página web el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

En Marbella, capital de la Costa del Sol, miles de personas fueron alojadas en el polideportivo municipal y dos vecinos resultaron heridos por quemaduras, al llegar el fuego a su casa de una de las urbanizaciones. Una de las víctimas sufre quemaduras en el 50% de su cuerpo, por lo que su estado es grave.

El 31 de agosto unas cinco mil personas fueron evacuadas en la Costa del Sol, en la sureña comunidad autónoma española de Andalucía, como consecuencia de un incendio forestal de grandes proporciones que se propagó hasta unos 12 kilómetros en línea recta por los municipios de Coín, Mijas, Alhaurín de la Torre, Ojén y Marbella. La Junta de Gobierno decretó el nivel dos de emergencia, lo que implica la intervención de medios estatales y la activación en la zona de la Unidad Militar de Emergencias.

Hasta el 1 de septiembre se registraron en la nación ibérica un total de 4.076 incendios -29 de ellos considerados grandes al arder más de 500 hectáreas- y 7.576 conatos (menos de una hectárea). Este balance no incluye los fuegos declarados en La Gomera (Canarias), ni el de Castrocontrigo (Castilla y León), que calcinó más de 10 mil hectáreas. Así, el porcentaje de superficie afectada del territorio nacional es del 0,540%, frente al 0,316 de la media del decenio y al 0,159 del mismo lapso de 2011.

Por tipo de vegetación, un total de 87.070 hectáreas arrasadas por el fuego eran de superficie matorral y monte abierto; 56.092 de superficie arbolada y 6.136 pastos y dehesas. La zona geográfica más perjudicada, con el 49,5% de los siniestros, es la región noroeste -Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, León y Zamora-, seguida por las comunidades interiores (33,5%) y el Mediterráneo (16,5%). En superficie forestal, los incendios se concentraron en un 48,1% en el Mediterráneo, seguido del 30% en la región noroeste, del 15,1% de las comunidades interiores y del 6,3% en Canarias.

En lo que iba de 2012, los incendios forestales arrasaron cerca de 150 mil hectáreas de bosques en España, la cifra más alta de los últimos 10 años, seguida de la registrada en el mismo período de tiempo en 2006, cuando ardieron 132.826 hectáreas.

Sequía y calor avivan el fuego en la Amazonía boliviana y ecuatoriana

Entre agosto y septiembre de 2012, miles de hectáreas fueron devastadas por las llamas en la región amazónica de Bolivia y Ecuador, como consecuencia de la sequía y el intenso calor.

Desde enero hasta comienzos de septiembre el fuego consumió un total de 145.842 hectáreas en el norte amazónico boliviano, la mayoría en los últimos 30 días, reportó el Programa de Transparencia Forestal de Herencia, miembro de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).

Se estima que el norte de La Paz, específicamente el municipio de Ixiamas, concentra el 63% del área afectada de aproximadamente 91.755 hectáreas; seguida por el municipio de Reyes con una superficie de 42.627 hectáreas, y el Bolsón de Rapirrán situado en el municipio de Bella Flor en Pando con más de 1.100 hectáreas dañadas. Además, se observa un preocupante foco de calor en la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi demás de 600 hectáreas, y un incendio forestal significativo en el Municipio de San Pedro, a orillas del Río Orthon, de casi mil hectáreas.

Por otro lado, el calor y la sequía están causando estragos en Santa Cruz. “Tenemos cerca de 300 focos de calor, más que el año pasado”, dijo el presidente de la Confederación de Ganaderos de Bolivia (Congabol) Mario Hurtado, razón por la cual el gremio se declaró en emergencia el pasado 10 de septiembre.

En Santa Cruz fueron declarados en emergencia siete municipios, y los territorios más afectados son Charagua, Cuevo, Boyuibe, Lagunilla, Gutiérrez, San Antonio y Comarapa. En los últimos meses se registraron 6.000 focos de calor y solo en la última semana, 233, con nueve puntos críticos en la población de El Perú Río Apere, provincia Yacuma, donde fueron reducidas a cenizas 13 viviendas.

El 12 de septiembre el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de Beni declaró alerta naranja en el departamento por el incremento de focos de calor. Ese mismo día el departamento de Santa Cruz también fue declarado en estado de emergencia por la sequía e incendios, confirmó el director del COE de la Gobernación de Santa Cruz Fernando Ibáñez.

Ecuador también se encuentra en alerta por la proliferación de incendios forestales agravados por la intensa sequía. El pasado 7 de septiembre el alcalde de Quito Augusto Barrera anunció un plan de emergencia para el distrito metropolitano, ante la proliferación de incendios forestales que han superado la capacidad operativa y humana del Cuerpo de Bomberos. Desde el 1 de junio se reportaron en el Distrito Metropolitano de Quito 2.053 incendios efectivos, 200% más que en 2009.

Hasta el 10 de septiembre, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos combatía a las llamas en las provincias de Pichincha, Azuay y El Oro. Los puntos más afectados eran Quito, en Pichincha; Cuenca, en Azuay; y Chilla, en El Oro. En Chilla se reportaban incendios en los cerros de Rusiococha, Chillacocha, Portete, Mezaloma y Chilola, y las labores se dificultaban debido a los fuertes vientos. Según los expertos, dichos vientos deberían haberse presentado el mes anterior, pero su desfasaje se debe al calentamiento global y a la influencia de sistemas que llegan del Norte, unido a la temperatura de 24 grados centígrados, considerada elevada.

Reportes de prensa precisan que las llamas destruyeron varias viviendas y devastarpm el hábitat de varias especies de fauna y flora endémicas, que tardarán años en recuperarse e incluso podrían perderse para siempre. Sajinos, conejos, venados, insectos y aves de distintas especies forman parte de las especies arrasadas en las montañas de Chilla, en la provincia de El Oro. La remediación ambiental en las áreas afectadas por los incendios en la capital tomará por lo menos medio siglo, señaló El Telégrafo el 15 de septiembre, citando informes de la directora del Jardín Botánico de Quito Carolina Jijón.

En la provincia de Azuay se estima la pérdida de unas 25 hectáreas, aunque con la particularidad de que las llamas se registran en la copa de los árboles, lo cual dificulta sofocarlas. En Loja hasta más de 200 hectáreas de bosque fueron consumidas por una línea de fuego de aproximadamente siete kilómetros, en el cantón Quilanga, precisó el diario El Telégrafo. El 12 de septiembre una persona murió en la provincia de Tungurahua en uno de los incendios. La víctima identificada como Manuel N, de 87 años, pereció accidentalmente cuando quemaba hojas de su terreno y las llamas se expandieron con la fuerza del viento.

El 13 de septiembre la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos de Ecuador decretó la alerta naranja en varias regiones del país debido a la magnitud y persistencia de los incendios en la actual temporada. La medida preventiva comprende los territorios de Carchi, Imbabura, Pichincha, Chimborazo, Azuay, Cañar, El Oro y Loja. Una de las provincias más azotadas por las llamas es Pinchincha, donde se ubica la capital, la cual registraba 2.258 incendios desde junio. Los siniestros de nivel tres, considerados los más fuertes, ocurrieron en Zámbiza, Lumbisí-Auqui, Casitagua, Atacazo y Puembo. En este último se quemaron 200 hectáreas de árboles y las instalaciones de una granja avícola.

El ministro del Interior José Serrano ofreció recompensas que van desde los cinco mil hasta los 20 mil dólares para atrapar a los pirómanos. Según las autoridades, un número importante de los fuegos han sido provocados intencionadamente y hasta ahora seis personas han sido detenidas como sospechosas, y podrían incluso ser condenadas hasta siete años de cárcel.

Desde el primero de junio hasta mediados de septiembre, unas 3.673 hectáreas de bosques fueron afectadas en Ecuador en los 2.495 incendios registrados. Del total de siniestros, 2.185 son del nivel uno, con daños en dos hectáreas y perjuicios para su flora y fauna. Los incendios de nivel dos, que contemplan de tres a diez hectáreas quemadas, han sido 201, mientras los de nivel tres, con afectaciones en más de 11 hectáreas, fueron 103.

En la última semana la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos decretó la alerta naranja en varias regiones del país debido a la magnitud y persistencia de los incendios en los territorios de Carchi, Imbabura, Pichincha, Chimborazo, Azuay, Cañar, El Oro y Loja. Se estima que al menos 3.800 hectáreas fueron afectadas por las llamas en unos 2.258 fuegos desatados, fundamentalmente en Pichincha.

En Colombia, al menos 14 mil hectáreas de bosques ardieron desde junio hasta mediados de septiembre en siete departamentos, en su mayoría por la sequía extrema de los últimos meses, reportó la Dirección de Gestión del Riesgo del Ministerio del Interior.

Con información de las agencias ABI, Andes, Telesur, Prensa Latina y Xinhua.