(Dámaso-Masas).- Siempre es frecuente oír a los estalinistas apelar a sus actitudes pretendidamente dialécticas cada vez que tienen que hacer pactos que vulneren todo principio de la política revolucionaria. Comoquiera que se consideran marxistas y leninistas, esta doctrina, aún en sus instancias teóricas formales, es un lastre incómodo en el preciso momento en el que los “comunistas” tienen que actuar en la arena política. No se puede obviar que ésta es una de sus prácticas más añejas.

En 1939, los aduladores del “jefe” de la URSS invocaban la praxis dialéctica para justificar el protocolo secreto que Stalin firmó con el régimen nazi de Hitler. Para hacer posible el acuerdo, el dictador soviético destituyó a su Ministro de Relaciones exteriores, que era judío, y violó todos los principios de la revolución de Octubre de 1917, como el rechazo a la diplomacia secreta y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Pese a que no es la única (pero sí una de las más grotescas) muestras de la política pragmática del estalinismo, éste la convirtió en una suerte de doctrina con la afirmación de una Realpolitik, “política realista”, que dista millones de años luz de los principios de la revolución bolchevique de Octubre.

En Bolivia, durante los noventa, los dirigentes estalinistas de la Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB) tranzaron varias veces con los gobiernos neoliberales alrededor de la aplicación de la Ley de Reforma Educativa, dispuestos a modificar en ella sólo algunos puntos. Actualmente, en relación con el debate sobre la Ley educativa “Siñani-Pérez” efectuado en el Congreso Nacional Especializado en Educación, han sacado otra vez de la manga el argumento de que ellos rechazan el dogmatismo trotskista de aferrarse a los principios y en nombre de un “posibilismo” han dicho que es oportuno aprovechar el momento histórico que ofrece el régimen de Evo Morales para aportar en la construcción del nuevo Diseño Curricular de dicha Ley. Esta demás decir que los dirigentes nacionales del magisterio urbano se resisten a debatir seriamente sobre los principios y fundamentos teóricos de la Ley educativa, puesto que para ellos lo único real y posible es modificar levemente aspectos secundarios del currículo del Ministerio de Educación. Por eso, los documentos de “observaciones y propuestas” que presentan a nombre de la CTEUB son hueros y pobres, por no decir anodinos, al no ofrecer ningún debate serio ni “aporte” consistente.

Como ejemplo podemos mencionar el debate sobre el problema de los “saberes y conocimientos ancestrales” incorporados por el Ministerio de Educación en la currícula. Para cualquier observador con dos dedos de frente, es inocultable el hecho que a título de “rescatar lo nuestro” el gobierno del MAS busca introducir en la educación una ideología dogmática y reaccionaria como es el indigenismo posmoderno. En este caso, los estalinistas dicen que se debe tener una visión “dialéctica”; es decir, no aceptar en bloque los prejuicios del Ministerio de Educación, pero tampoco caer en un positivismo cerrado que desvalorice lo indígena.

Sin embargo, éste no es un argumento serio si no se acomete una dura crítica epistemológica a los principios y fundamentos del currículo de la Ley educativa. Y en el caso de hacerlo, salta como conclusión obligada que el diseño curricular, sin esta plataforma ideológica capital, quedaría cojo y vaciado de su matriz teórica. La Federación de Cochabamba ha demostrado en su Congreso Departamental que, epistemológicamente, la llamada descolonización es sólo un retroceso para la educación al tener una visión relativista y culturalista del conocimiento y al poner en primer plano los contenidos pachamámicos. Por lo tanto, los argumentos en nombre de la dialéctica que no se dirigen a discutir seriamente el contenido teórico de la Ley, al aceptarla para modificarla “desde dentro”, es una simple impostura dispuesta a justificar la aplicación del currículo oficialista retrógrado.

En la política marxista, es la estrategia revolucionaria la que define la conducta cotidiana de los individuos y de los partidos. Puesto que el estalinismo ha abandonado definitivamente en teoría y en la práctica la perspectiva de la revolución socialista, reafirma su condición de ser una organización oportunista dispuesta a hacer alianzas y pactos con cualquier diablo, con tal de sacar alguna ventaja material. Con ello reafirma también su condición de ser una capa burocrática que medra de las direcciones sindicales para lograr cargos en la administración educativa y gubernamental. Además de los estalinistas que son autoridades Distritales y funcionarios del Ministerio de Educación, ahora tenemos a su máximo dirigente como embajador en México.

Una de las mejores críticas hechas en estilo literario a la degeneración y oportunismo del estalinismo es el cuento “el hombre sin cabeza” del anarquista alemán Rudolf Rocker, al cual desde el punto de vista marxista le podemos hacer varias críticas, pero suscribimos sin duda su afirmación más importante: los zigzags de la política pragmática del estalinismo es producto de hombres que ya no piensan en función de la teoría y práctica socialistas, sino el resultado de hombres que piensan con su estómago.