Panamá (PL) Jóvenes estudiantes panameñas de una escuela de Portobelo, Colón, son víctimas desde julio pasado de desmayos, convulsiones y ataques de tipo epiléptico sin que medie alguna causa médica creíble o comprobada. El episodio recuerda, por sus características, hechos ocurridos en Salem, Massachusetts, en 1692, donde 25 personas fueron condenadas a muerte por hechiceras. El caso inspiró la famosa novela de Arthur Miller en 1955, en época del maccarthismo, para denunciar la fatídica cacería de brujas en Estados Unidos.

Cientos de años después, en Panamá, profesores, padres de familia y estudiantes del colegio Jacoba Urriola Solís de Portobelo, en la Costa Arriba de Colón, son víctimas del temor y la ansiedad porque varias estudiantes están sufriendo raros desmayos, convulsiones y ataques desde hace casi dos meses, y nadie sabe las causas. Muchos lugareños, atemorizados, lo achacan a seres del más allá, ritos y otros actos de hechicería, como pasó en Salem.

En julio se presentaron hasta 16 ataques diarios con espasmos en las estudiantes, acompañados de dolores de cabeza, en el pecho y desmayos, pero cuando ingresan en el hospital los médicos no encuentran nada anormal en ellas. Sus estados de salud son perfectos. El plantel cerró hasta finales de julio preventivamente, pero en agosto, al reabrir sus puertas, los episodios se repitieron. El Arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, fue llamado en auxilio de las jóvenes para intentar buscar una causa en el ámbito feérico.

Monseñor no pudo dar una explicación medianamente científica ni espiritual convincente y admitió que puede ser un fenómeno sicológico, el cual esté afectando a las menores, quizás por casos de violencia en sus casas o en las escuelas, y falta de fe, y sólo pudo pedir a los padres estar vigilantes. Los médicos y maestros que siguen de cerca los casos han podido documentar a dos grupos de jóvenes, los cuales están teniendo desmayos y convulsiones sin que se haya determinado lo que ocasiona ese fenómeno.

El primer grupo está conformado por 30 estudiantes y el segundo por unas 12 menores con ataques similares a los descritos por la literatura de Salem. En la televisión se observan imágenes de pataleteo, como en los míticos actos de exorcismo, y luego tranquilidad en la “poseída”.

Nunca se supo con certeza lo que ocurrió en aquel villorrio estadounidense, si fue cierto que las señoritas aquellas sufrieron realmente las epilepsias o si fue un mero montaje, pero su saldo fatídico de condenadas a muerte por brujería sí fue real, como la histeria que sucedió a los hechos y que dominaron los famosos juicios de Salem.

Siempre quedó la duda si hubo en el fondo del problema una combinación de hechos reales como el maltrato de niños y el envenenamiento o intoxicación fortuitos (ergotismo) del pan de centeno fermentado, con perturbaciones mentales malignas, y hasta rencillas vecinales. La teoría médica entonces sugería que la ingesta de alimentos contaminados con micotoxinas producidas por hongos y parásitos provoca reacciones semejantes a las que producen drogas modernas como el LSD, incluidos espasmos.

En el caso de las jovencitas panameñas de Portobelo, no se descarta esa posibilidad, aunque siempre queda la interrogante que inquieta mucho: por qué el efecto es sobre las muchachitas y no en los varones si ingieren la misma agua y los mismos alimentos presuntamente perturbadores.

Pero Portobelo no es el único caso de fenómenos de esta naturaleza. Una situación muy semejante se presentó en un lugar tan distante y con situaciones sociales y políticas muy ajenas a las de Panamá, como es Afganistán. Allí se produjeron varios episodios de este tipo, también con las niñas como protagonistas. El más sonado de ellos ocurrió el año pasado con 80 chicas de entre ocho y 18 años que sufrieron mareos y desvanecimientos en un centro de la provincia de Takhar, en la zona norte del país, la cual fue escenario de la mayoría de casos reportados en ese tiempo.

Al no encontrar respuesta médica al fenómeno, se manejaron diversas teorías que iban desde acciones de naturaleza desconocida aplicada por talibanes, hasta el uso de aerosoles tóxicos en las clases. Un portavoz provincial de Takhar, Mustafá Rasuli, lo relacionó con agua contaminada como posible agente de la intoxicación e incluso habló de “la presión mental” provocada por otros casos recientes de convulsiones y desmayos. Pero nada creíble, mientras los talibanes negaban toda responsabilidad.

“Que lo nieguen no es definitivo, porque han atacado de forma abierta escuelas de niñas en el pasado”, afirmó la representante de Human Rights Watch (HRW) en Afganistán, Heather Barr, al inmiscuirse en la investigación. Hubo un caso reciente más grave a principios de este año en Afganistán que sí involucró a varones, también en una escuela en la provincia oriental de Khost, y autoridades locales lo atribuyeron a un envenenamiento.

Pero la misión de la OTAN realizó diversos análisis de laboratorio que, según el portavoz Jimmie Cummings, no mostraron rastro alguno de compuestos orgánicos como veneno u otros materiales tóxicos. La situación, en definitiva, no se ha aclarado en Afganistán. Mas tampoco en República Dominicana, donde se reportaron hechos similares a los de Panamá y Afganistán en la localidad de Piedra Blanca, en octubre de 2011.

Según los reportes admitidos por la Iglesia, un aparente estado de histeria colectiva se apoderó de varias estudiantes del politécnico Salomé Ureña, en el municipio de Piedra Blanca, las cuales cayeron desmayadas una tras otra, en un caso calificado de “extraño” por la Dirección Regional de Educación, que abrió una investigación para intentar explicarlo.

Ellas se sentían mal desde antes porque una de ellas, quien compró una pulsera, al colocársela vaticinó que les iba a pasar algo, según atestiguó un estudiante refriéndose a varias alumnas de tercero y cuarto de bachillerato en el área de Informática. Sentían síntomas “extraños” como escalofríos, mareos y dolor estomacal, tras conversar con un vendedor de pulseras que merodea los alrededores del centro educativo y a quien atribuyen lo ocurrido.

Una estudiante del cuarto B de Informática sufrió finalmente un desmayo, mientras a su lado la maestra hacía oraciones invocando a Dios para que la sanara. Poco después otras dos jóvenes eran presas de los mismos síntomas, en tanto la maestra asegura que había una extraña presencia espiritual en el lugar.

Las muchachas se quejaban de dolor de cabeza, mareos, escalofríos, depresión, presión en el pecho, decaimiento y dolor en el cuello, como las afganas o las panameñas, y como en esos dos países, las afectaciones alcanzaron a una veintena de chicas. Incluso durante una reunión de maestras, directores y la orientadora de la escuela con funcionarios de Educación, otro grupo de alumnas cayó al suelo saltando y convulsionando en las afueras de la dirección, en los pasillos y el patio frontal.

Aunque entre los vecinos de Portobelo, en Panamá, hay cierta alarma, en realidad no hay pánico. Los rumores de hechicería no son creíbles ni nadie sospecha que se esté repitiendo una situación como la de Salem, pero padres de las jovencitas y lugareños en general sí están muy interesados en una investigación para aclarar el asunto y despejar todo tipo de dudas y habladurías.

* Corresponsal de Prensa Latina en Panamá.