Antiimperialismo cipayo fue el denominativo que René Zavaleta Mercado utilizó para identificar y caracterizar a aquellos sectores políticos entreguistas, pronorteamericanos y antinacionales, cuya suerte está asociada a los intereses del imperialismo y que, por tanto, aunque discursivamente pueden aparecer circunstancialmente como razonables o muy agresivos y radicales; en la práctica son totalmente ineficaces e ideológicamente incongruentes y engañosos, porque sencillamente no responden al interés ni al empuje de las clases populares, y tampoco conducen al cumplimiento de la tarea de la liberación nacional y la descolonización.

Esta especie de alienación del antiimperialismo, por el cual se le otorga a éste de un contenido totalmente diferente y contradictorio a la lucha por la liberación nacional y la soberanía, para ceder paso a los intereses capitalistas y transnacionales, constituye un aspecto central del proceso de cambio y transformación democrático cultural, porque de ello dependerá finalmente si el contenido y orientación del Estado plurinacional se traducirá en la construcción del socialismo comunitario para Vivir Bien en armonía con la naturaleza, o simplemente en un capitalismo dependiente, desarrollista y extractivista, aun a pesar de que el país logre industrializar las materias primas (hidrocarburíferas, mineras y naturales) que explota.

Estas ideas introductorias, como seguramente se podrá deducir, están asociadas a las preocupaciones y el debate que se han originado como consecuencia de dos hechos trascendentales que están estrechamente vinculados con el modelo de desarrollo que Bolivia discute y busca encarar a futuro. Se trata del conflicto del TIPNIS que (entre otros asuntos) ha puesto en cuestión el tipo de desarrollo que el gobierno está dispuesto a impulsar, y la denominada “Agenda Patriótica” que el Presidente Evo Morales perfiló hacia el año 2025 en su discurso informe del 6 de Agosto pasado.

En el primer caso, ha quedado clara la disonancia e incongruencia que existe entre el discurso de defensa de los derechos de la Madre Tierra y la formulación de un nuevo paradigma alternativo al desarrollismo capitalista que discursivamente el gobierno plurinacional ha impulsado en diversos foros internacionales, y la intencionalidad manifiesta de construir una carretera que atraviese “quieran o no quieran” el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécutre (TIPNIS), que está claramente asociado al modelo desarrollista, extractivo y procapitalista que supuestamente se rechaza.

En el segundo caso, el Presidente Evo Morales ha sorprendido a la opinión pública nacional, porque luego de bastante tiempo de un accionar y una gestión gubernamental caracterizada por el inmediatismo, la atención y solución de asuntos y conflictos coyunturales, plantea una agenda de 4 puntos que espera cumplir hasta el año 2025, cuando se cumple el segundo centenario de la independencia nacional.

Al margen del aporte loable de perfilar una agenda de mediano plazo, lo sorprendente de su contenido está relacionado a las tareas que busca cumplir, en vista de que siendo menos completa e integral que los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (ODM) que se acordaron desarrollar en una Cumbre de las Naciones Unidas hasta el año 2015 (lo cual ya marca incumplimiento, limitaciones y deficiencias preanunciadas a un compromiso firmado internacionalmente), en realidad responde muy claramente a un enfoque y un modelo de desarrollo capitalista que se concentra en la lucha contra la pobreza, que implica renunciar implícitamente a la lucha contra las causas que lo originan.

Veamos, aunque evidentemente la lucha contra la pobreza, el hambre (seguridad y soberanía alimentaria) y la provisión de servicios básicos que se han planteado en la Agenda Patriótica, son objetivos loables e irrenunciables para el país; la pregunta principal tiene que ver con el método y la forma de conseguir erradicar estos males y no solamente combatirlos para reducir su incidencia. No debe olvidarse que una agenda de desarrollo con enfoque capitalista y neoliberal como los Objetivos del Milenio, no se plantea en ningún caso atacar las causas que originan la pobreza, el hambre, la falta de acceso a los servicios básicos, etc., sino únicamente reducir su incidencia y aplacar los efectos que sufre la mayoría de la población.

Una agenda de desarrollo de ese tipo, solo busca combatir los efectos perniciosos de la explotación del hombre y la naturaleza, pero nunca resolver y erradicar las causas que originan el hambre, la pobreza, la contaminación y las demás secuelas que origina el sistema. En otras palabras, debería considerarse que al no atacar las causas que originan los males, en realidad lo que se hace es contribuir a perpetuar el sistema y la lógica de desarrollo extractivista que constituye su base de sustento.

Desde esa perspectiva, los objetivos del Milenio acordados en el marco de la ONU, constituyen el instrumento (sutil y perverso) que el sistema capitalista y neoliberal ha creado para perpetuar la lógica de desarrollo extractivista del capitalismo salvaje, porque si bien muestra una voluntad para mejorar y reducir la incidencia de los males que aquejan al mundo, en realidad anulan toda posibilidad de atacar y resolver las causas que los originan y, mucho menos, cambiar y transformar el sistema de explotación que da lugar al hambre, la pobreza y la desigualdad que supuestamente se combate.

Señalado aquello, es pertinente retornar a las reflexiones relacionadas con la descolonización y el antiimperialismo que, a decir de Zavaleta Mercado, deberían formar parte de las acciones de aquel “horizonte de posibilidad” que se abre junto y a partir del proceso de cambio (pero que sintomáticamente no son mencionadas como parte de las tareas de la Agenda Patriótica).

A pesar de lo que pudiera pensarse (lamentablemente parece predominar un criterio superficial en el gobierno), la descolonización no es (exclusiva ni principalmente) una tarea para deshacerse de taras y prácticas heredadas del pasado en diversas esferas, como si la condición colonial solo fuese un resabio y una herencia del pasado histórico. En realidad y quizás constituya lo más importante de este fenómeno que suele ser muy complejo y esquivo a la comprensión ciudadana, la descolonización consiste en romper la condición de país penetrado, ocupado y acosado, en diferentes niveles y grados, por el sistema imperialista predominante actualmente. Se trata por tanto de una tarea de liberación nacional, de recuperación de la soberanía y la dignidad nacional, que se traduce en la conformación de un Estado nacional independiente, pero ya no de los estados monárquicos de los siglos XVII y XVIII, sino del imperialismo capitalista predominante.

La persistencia del (neo)colonialismo se explica porque el bienestar y la riqueza de los países capitalistas desarrollados, se subvenciona con la pobreza y el sometimiento de los países marginales. Estos países sometidos a la condición de semicolonias dependientes, son destinadas y forzadas a proveer de materias primas a las grandes industrias transnacionales a costa de su soberanía y de su hambre. El imperialismo no es un adjetivo resultante de un esfuerzo intelectual, sino del crecimiento de la gran industria que provocó el agotamiento de mercados nacionales, para dar lugar al expansionismo y la internacionalización de la economía capitalista.

La única forma de garantizar la expansión de la economía y garantizar la obtención del lucro y la ganancia que constituyen el fin último del sistema capitalista, ya no es únicamente explotar la naturaleza y la fuerza de trabajo del hombre, sino de acceder, someter y dominar al conjunto de los países y las economías del mundo, a fin de imponer su modelo y su lógica de explotación. Por estas razones no solo se explica el por qué a los países dependientes y subdesarrollados solo les queda la alternativa de someterse a la condición de semicolonias del imperialismo, o luchar por la soberanía y la liberación nacional; sino también el de discutir y definir el tipo (modelo) de desarrollo que se empleará para la construcción del Estado nacional. Queda claro de esta forma que no todos los tipos de desarrollo liberan, sino que inclusive dependiendo del modelo y el contenido del desarrollo que se adopte, bien puede favorecerse la condición colonial o semicolonial y la dependencia del país.

Retornando a lo que sucede en Bolivia a esta hora, y habiendo podido advertir las implicaciones que van perfilándose en el modelo de desarrollo que se deduce del propósito gubernamental y la lectura de la Agenda Patriótica planteada por el Presidente, así como de la decisión de llevar adelante la construcción de la carretera por el TIPNIS, que también refleja una opción de desarrollo para los pueblos indígenas que lo habitan, así como también para el país, por todos los componentes que están inmersos en esta iniciativa; la pregunta obvia es si se ha decidido abandonar la lucha por la liberación nacional y la construcción de un Estado nacional acorde a la Constitución Política del Estado.

Al respecto, no parece constituir un argumento serio y consistente, afirmar que la construcción de la carretera por el TIPNIS sea parte de una lucha nacional para derrotar los resabios de dominación latifundista y patriarcal que subsisten en el Oriente boliviano (e inclusive en alguna dirigencia indígena que también es acusada y descalificada por haber absorbido supuestamente dichas prácticas), cuando en realidad lo que se promueve es la participación de capitales transnacionales para la construcción de la carretera que, al margen de reforzar la dependencia nacional respecto de dichos intereses capitalistas, al mismo tiempo implicarán el desarrollo de iniciativas extractivas y depredadoras del medio ambiente y la naturaleza.

Tampoco resulta convincente entender que la Agenda Patriótica de 4 puntos que el Presidente hizo pública en el aniversario patrio, pueda ser entendida como parte de las tareas de liberación nacional y la construcción de un Estado Nacional antiimperialista y soberano, que dista mucho del modelo desarrollista que implica emprender solamente tareas de mitigación de la pobreza, acceso a servicios básicos, seguridad y soberanía alimentaria e industrialización de los recursos naturales explotados que se ha planteado realizar hasta el año 2025, por la sencilla razón de que estas acciones cuadran perfectamente con una agenda de desarrollo capitalista y, específicamente, con la Agenda del Milenio a la que se hizo referencia más arriba.

Para terminar y reproduciendo textualmente conceptos que René Zavaleta Mercado utilizó en su ensayo “Estado Nacional o Pueblo de Pastores”, se puede reafirmar que “por nuestra parte, debemos establecer que hay un desarrollo que libera y un desarrollo que no libera. Precisamente por la falta de elección clara de las prioridades específicas, nuestro plan puede elegir cualquiera de los 2 cursos (liberación nacional o entreguismo neololonial, aclara el suscrito), y está demás decir que los intereses antinacionales pugnan a estas horas por la elección de un camino que represente cierto aumento del consumo, mayor número de escuelas, obras sanitarias y hasta ciertos renglones inofensivos de la industria liviana, es decir, todos los aspectos que, aun siendo interesantes y atractivos, no son liberadores”.

Diferir o, peor aún, distorsionar la responsabilidad de llevar adelante una agenda de liberación nacional para conformarse con el desarrollismo, equivale a reforzar la condición colonial y el sometimiento a los intereses de las transnacionales y el imperialismo. Las iniciativas a emprender están en manos del gobierno.

* Sociólogo boliviano.