El reciente caso del pedido gubernamental de investigación judicial a tres medios privados, Agencia de Noticias Fides (ANF), Página Siete y El Diario debe llevar, a quienes hacemos periodismo a pensar ‘con cabeza fría’ más allá de apasionamientos momentáneos, casi superficiales, y no dejarse sorprender por las ciudadanas y ciudadanos que, vistas las cosas como están, nos dirán “o sea que nadie puede juzgar a los periodistas”. ¿Por qué?

En un discurso, en Tiwanaku, el 15 de agosto 2012, el presidente Evo Morales afirmó: “En el oriente boliviano, donde todo el año se produce, yo digo solamente por falta de voluntad podemos ser tan pobres o no poder tener alimento, mientras en el altiplano es diferente: si hay helada, si no hay lluvia, si hay granizada, no hay alimento, es una verdad eso, pero en el oriente no, sólo por flojos podemos hambrear”.

Sobre dicho discurso, los titulares cuestionados mencionan lo siguiente. ANF: “Evo dice que si se hambrea en el oriente es por flojera”. Página Siete (basado en ANF): “Evo acusa de ‘flojos’ a los habitantes del oriente”. El Diario (basado en ANF): “Morales opina que el oriental es flojo y le critican por discriminador”.

El discurso presidencial hace autocrítica del comportamiento de los productores agrícolas de alimentos en el oriente y en el altiplano: “… (en el oriente) podemos hambrear”. No existe tal acusación. Al contrario, El Diario le hace “opinar” y “criticar” al Primer Mandatario.

Desde el jueves 16 de agosto (día de las mencionadas publicaciones) no hubo autocrítica por la evidente exageración de los referidos titulares. “Existe posibilidad de error”, dijo el director de Página Siete, Raúl Peñaranda, en Red Erbol el domingo 25 de agosto. Ese mismo día, Juan Carlos Salazar, asesor ejecutivo de ANF, sostuvo que no existe delito en lo publicado por ANF, pero que “si el proceso continua” éste debe ser trasladado a un Jurado de Imprenta. Salazar no mencionó la autocrítica del productor agrícola de alimentos en el oriente y menos la intención de identificación de Morales como habitante del oriente. Ese domingo 25, Erbol también invitó a El Diario para argumentar su desproporcionado titular, pero su representante no asistió.

A partir de estas evidencias, es posible extraer algunas conclusiones. Primero. En las dos semanas de este publicitado caso no se conoció (o no fue destacado) pronunciamiento alguno de los entes de autorregulación periodística. El Tribunal Nacional de Ética Periodística (de la APLP, ANPB y otros) que, según su informe institucional atendió un caso por mes entre 2010 y 2011, y el Tribunal de Autorregulación Ética (TAE) de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) (o empresarios de medios impresos) que procesó ocho quejas y denuncias (una cada 3 meses entre enero de 2010 y noviembre 2011) mantuvieron silencio sobre el caso ANF-Página Siete-El Diario.

Segundo. Existe una notoria desproporción entre los reclamos por el caso ANF-Página Siete-El Diario frente a otros. Ejemplo uno. La sentencia de marzo de 2012, del juez penal René Delgado Ecos de dos años de cárcel contra Rogelio Peláez Justiniano, director del periódico Larga Vista, no mereció el mismo tratamiento pese a que se trata de sentencia. Es más, la APLP prometió (sólo eso) asistir con abogados al periodista sentenciado que ahora apela en medio de la indefensión e indiferencia gremial e institucional.

Tercero. Ejemplo dos. En marzo de 2008 el periodista Carlos Quispe Quispe de FM 90.7 Radio Municipal de Pucarani murió luego de ser linchado por una turba encabezada e incitada por concejales y dirigentes del control social. Tres procesos judiciales (dos penales y uno laboral) comenzaron pero no hay cuándo concluyan. Los gremios poco o nada hacen porque se aclare este caso. ¿Cuestión de apellido?

Cuarto. El caso ANF-Página Siete-El Diario es de soberbia discursiva; los medios pueden titular como quieran; pueden convertir una autocrítica en una acusación. Y es de autoritarismo político porque no es que los periodistas se equivocaron… el asunto es que los propietarios de esos medios (los Gramunt, Garáfulic, Carrasco) están por detrás.

Sobre dueños de medios

José Gramunt de Moragas, director de ANF, es añejo “enemigo de la vulgaridad del mestizaje”, como menciona la tesis “Radio Fides sesenta años de historia 1939-1999” para la Universidad Andina, de Boris Brun.

De Raúl Garáfulic sólo hay que mencionar las publicaciones de La Prensa del 31 de enero de 2001 y Pulso del 24 de enero de 2003, que detallan sus “habilidades” en los negocios periodísticos.

De los hermanos Carrasco hay que decir que su propietario en la década de 1970, Jorge Carrasco Villalobos, director de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP “se constituyó en el más temible enemigo de los periodistas al confeccionar (durante la dictadura de Banzer) ‘listas negras’ para la Policía política, como menciona el libro “Banzer. Para que no se olvide”, publicado en 2008 por Asofamd.