En todas partes del mundo se conoce a Barack Obama como el “presidente americano”, aunque ello es incorrecto. Por una parte América no es un país sino un continente y por otro lado él nació en otro continente, el de Oceanía. Hay una serie de nombres con los que denominamos a diario a distintos lugares, los mismos que no guardan asidero con la realidad.

A nuestro planeta le llamamos Tierra cuando en nuestro sistema solar son 4 los planetas de tierra (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) y 4 los de gas (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Sin embargo, el nuestro es el único de los millones de mundos que orbitan en torno a nuestra estrella que tiene una superficie cubierta por mares.

Menos del 30% de la superficie de nuestro planeta es de tierra y el resto está cubierto por agua líquida o helada. De allí que de todos los 8 nombres dado a los planetas de nuestro sistema estelar el más apropiado debería ser el de Neptuno, el dios griego de los océanos, aunque éste es el apelativo del planeta más helado, turbulento y menos marino de todos.

Al planeta con el tamaño más similar al nuestro le llamamos Venus en honor a la diosa griega del amor, pero éste es el que tiene la atmósfera menos romántica y más hirviente y venenosa de todos. Los mayas entraban a la guerra cuando este planeta identificado con la muerte aparecía en el firmamento.

A nuestro planeta dominado por océanos podríamos denominarle Oceanía, aunque así es como distinguimos a un continente que no es tal sino una colección de archipiélagos dispersos en el mayor océano de todos (el Pacífico, el cual, a su vez, es otro nombre contrapuesto a los hechos, pues éste es el que tiene más sismos, erupciones, olas gigantes, volcanes, maremotos y violencia telúrica que hay).

Algunas de estas islas están geográfica, política y culturalmente más cerca a Sudamérica, a Norteamérica, a Asia o a Australia que entre sí mismas, mientras que naciones de esos 4 continentes y también de Europa administran varias de éstas.

A nuestro continente se le llama América, aunque éste está compuesto realmente por 2 continentes separados por el istmo de Panamá. Un país se hace llamar América, aunque éste ocupe un territorio menor a la cuarta parte de éste, el mismo que no fue conocido por Colón ni por Américo Vespuccio, en cuyo nombre por error se denominó al Nuevo Mundo.

Muchos cartógrafos hubiesen querido bautizar a dicha masa en honor a su “descubridor” (Colón), aunque otros europeos llegaron a él antes (como Erick el Rojo hace un milenio y posiblemente varios iberos tramontando los hielos hace más de 15 milenios).

El nombre Colombia fue creado por el venezolano Miranda (posiblemente en Londres) para nominar a todo el continente que quería liberar, pero al final quedó reducido al de unos de sus 35 países, el mismo que poco tuvo que ver con Colón, mientras que la nación que primero visitó este navegante y que tendría más derecho en llevar su nombre son las Bahamas.

América Meridional y Septentrional

Un problema mayor es cómo describir a las distintas regiones americanas. En EEUU se denomina a su país “América” y a todo el resto que está debajo de él como “América Latina”, zona en donde se suele identificar a EEUU y Canadá como “Norteamérica”. Sin embargo, todos esos conceptos son errados.

América es el continente bautizado así por los europeos tras estudiar que las travesías de Cristóbal Colón y Américo Vespuccio se habían dado en un nuevo continente. No obstante, ninguno de esos viajes llegó a cualquiera de los actuales territorios de EEUU, los cuales no suman ni 10 millones de kms2, menos de la cuarta parte de los 42 millones de éstos que componen América.

Llamar a América al segundo país en área de un continente es tan absurdo como denominar Europa a Alemania, Asia a India o África al Congo. El término Latinoamérica es totalmente impreciso. Este se entiende de 4 maneras: 1) los países al sur de EEUU (aunque más de un tercio de ellos no tengan lenguas latinas sino la inglesa u holandesa); 2) los países de habla latina (aunque las segundas mayores poblaciones de habla española y francesa del mundo estén en EEUU y Canadá, respectivamente); 3) Brasil e Hispanoamérica (aunque el gigante de habla portuguesa se siente con una historia aparte y, además, prefiere hablar de Suramérica donde hay dos países de lengua no latina y no está la mitad de los países hispanoamericanos); 4) Hispanoamérica (en cuyo caso es un mal sinónimo).

A fin de dar un nombre más amalgamador para los países americanos al sur de EEUU es que ahora se habla de “América Latina y el Caribe”. Empero, eso también es imperfecto porque Bahamas, Guyana y Surinam no son latinos ni dan al Caribe sino al Atlántico.

Por lo demás, EEUU es también un país caribeño y tiene más población hispana que cualquier país centro o sudamericano. Norteamérica consta de una veintena de países y no solo dos. Reducir ésta a EEUU y Canadá es un insulto a la geografía y la historia.

Norteamérica es un continente que recién hace 3 millones de años se juntó al de Suramérica tocándose en el istmo de Panamá. Hasta el siglo XIX la mayor parte de su población y de sus civilizaciones se asentó en el actual México y su entorno.

La idea de agregar las palabras afro o indo para distinguir a la América al sur de EEUU es otro equívoco pues ese país tiene la segunda mayor población afro-americana y allí, en Canadá y Groenlandia, los nativos poseen territorios autónomos mayores que los que poseen los amerindios de la mal llamada “Indoamérica”.

La mejor definición que hay para dividir al bloque EEUU-Canadá del resto es hablar de una América Septentrional y otra Meridional divididas por el río Grande.

Brasil y América

Hoy la palabra América está erróneamente identificada con EEUU cuando también podría estar asociada con la de Brasil. El sábado 11 de agosto, cuando veía en Londres la final olímpica en vóley entre EEUU y Brasil presencié algo que aparentemente era normal. Para los miles de espectadores que me rodeaban era normal denominar al primer país como “América”, hasta para los propios hinchas brasileros (que son

muchos en Londres, una ciudad donde hay más hablantes de portugués que cualquier urbe hispanoamericana).

El término América acarrea tres grandes injusticias históricas. La primera es que por un error de un cartógrafo alemán, el Nuevo Mundo que para los europeos descubrió Colón no llevó el nombre de este marino genovés. La segunda es que América tampoco es un continente: la verdad es que son dos separados por el canal o istmo de Panamá, los mismos que hasta hace 3 millones de años se la pasaron todo el periodo previo completamente desconectados. Es más, hasta hace unos 10 milenios Asia y Norteamérica tenían un corredor de tierra más ancho y transitado que el del estrecho puente panameño, el único pedazo de tierra por el cual no pasa la carretera panamericana.

La tercera es que Americo Vespuccio, el navegante en cuyo honor se bautizó a América, realmente nunca estuvo, al igual que Colón, en ningún solo pedazo del actual EEUU. Él, mas bien, desarrolló su teoría de que el nuevo mundo no era una extensión del Asia tras sus travesías por las costas del Brasil. Es este país, que tendría más derecho por ello a auto asignarse la palabra América.

Además, Brasil tiene una masa continua mayor que la de EEUU (el cual le supera en área con la adición de Alaska, Estado que se ubica entre Canadá, Rusia y el Ártico). Cuando EEUU se fundó, éste apenas tenía una superficie de alrededor de un millón de kilómetros cuadrados, siete a ocho veces menos que lo que para entonces detentaba el Brasil, país que en 1808-1821 devino en el único territorio americano en liderar un imperio europeo y ultramarino (el portugués).

Mientras EEUU se ha expandido quitándole territorios a dos potencias europeas (España y Francia) y a México y tiene administraciones fuera de las Américas (como en Oceanía donde está su estado Hawái y Guam), Brasil ha anexado pedazos de casi todos sus 10 vecinos y solo tiene tierras dentro de Sudamérica (habiendo perdido todo control del vasto imperio luso).

Brasil también desarrolla una tendencia en algo parecida a la de EEUU con relación a su entorno. Si Washington se ha querido apropiar de las Américas, Brasil es la voz regente en el continente sudamericano y en su Unión de Naciones UNASUR donde concentra la mitad de su población y superficie.

El Presidente de EE.UU. no es americano

En todas partes del mundo se le conoce a Barack Obama como el “presidente americano”, aunque ello es incorrecto porque América no es un país sino un continente y él nació en Oceanía. El 4 de Agosto de 1961 Obama vino al mundo en Honolulu, exactamente dos Agostos después que al archipiélago que capitanea (Hawái) se convirtiese en el último de los 50 estados de la Unión.

Él se reclama “americano” porque su república se ha apropiado unilateralmente de ese término, pese a que EEUU solo contienen a un tercio de la población y a menos de un cuarto del área de dicho continente, y que ni Cristóbal Colón ni Amerigo Vespuccio, quienes le dieron el nombre a América, jamás visitaron costa alguna de los actuales EEUU.

Sin embargo, su natal Hawái geológicamente está lejos de cualquier placa tectónica americana y geográficamente no tiene nada que ver con América, pues este es un archipiélago de 2.400 kilómetros de largo en el cual su isla más cercana a la costa americana se encuentra a 3.200 kilómetros de ésta.

Históricamente los habitantes nativos de Hawái no están emparentados ni genética, ni lingüística ni culturalmente con los de las Américas, nunca tuvieron inter relación previa con los amerindios precolombinos y tampoco fueron parte de cualquiera de los virreinatos europeos de las Américas. Hawái fue inicialmente colonizado por los polinesios que se esparcieron desde el centro de Oceanía hasta Nueva Zelandia, y cuyas raíces se encuentran en navegantes del sudeste asiático, algunos de los cuales se han desperdigado hasta Madagascar en África.

Islandia tiene más derecho a reclamarse como parte de América que Hawái pues su capital (Reikiavik) está en la placa tectónica norteamericana, se encuentra a un tercio de distancia de América de lo que Hawái está de dicho continente y sus primeros pobladores fueron los mismos de la mayor isla americana (Groenlandia): los vikingos.

Mientras que la gran mayoría de los reinos nativos americanos fueron sometidos por potencias europeas, los hawaianos conservaron su propia monarquía hasta 1893, cuando ésta fue depuesta por estadounidenses, los mismos que terminaron rediseñando su sociedad e integrándola a su Unión.

Aún hoy EEUU posee más de 50 bases militares en todo el globo y otras dependencias en Oceanía, como Guam, Samoa Americana o las Nor-Carolinas, a las cuales les niega su derecho a ser parte en la elección de su presidente. En vez de insistir en su connotación “americana”, EEUU debería ser más consistente con su geopolítica que más se centra en el Viejo Mundo y tal vez modificar su nombre al de Estados Unidos del Mundo.