La sumatoria de procesos tecnológicos, las condiciones naturales de Bolivia y las necesidades del mundo, pueden dar la oportunidad del “salto productivo cuantitativo y cualitativo” para pasar de la seguridad alimentaria a la “soberanía alimentaria” considerado por el Gobierno como principal objetivo por alcanzar. El sector agroproductivo boliviano está convencido de que se la puede y se la debe lograr para propio beneficio y para alimentar más al mundo.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) y la Asociación de Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA), como coeditores, tienen la satisfacción de presentar esta publicación (edición N° 205 del Periódico “Comercio Exterior”), para abordar dos temas importantes desde el punto de vista del desarrollo productivo y agroalimentario: Mostrar las potencialidades del país como productor y exportador de granos y semillas -a través de la realización del XXIII Congreso Panamericano de Semillas en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia- y, la aplicación de la biotecnología como una herramienta para mejorar la productividad agrícola, como muchos ya lo hacen.

La seguridad alimentaria, el tratamiento de semillas y la propiedad intelectual, las tendencias mundiales en cuanto a la producción en el rubro; el uso de nuevas tecnologías y los beneficios para los agricultores en su aplicación, incentivando a nuevas empresas a invertir en investigaciones generando nuevas variedades, productos y tecnologías para los productores, son temas de este importante cónclave internacional que reúne lo más granado de su ámbito.

La sumatoria de procesos tecnológicos, las condiciones naturales de Bolivia y las necesidades del mundo, pueden dar la oportunidad del “salto productivo cuantitativo y cualitativo” para pasar de la seguridad alimentaria a la “soberanía alimentaria” considerado por el Gobierno como principal objetivo por alcanzar. El sector agroproductivo boliviano está convencido de que se la puede y se la debe lograr para propio beneficio y para alimentar más al mundo.

De otra parte, los cultivos genéticamente modificados -transgénicos- se han convertido en una herramienta para el desarrollo en la generalidad de los países de América Latina -Cuba incluida- que apuestan por la alta tecnología, la investigación y al desarrollo de semillas genéticamente modificadas para trabajar con cultivos más resistentes a las condiciones climáticas y del entorno y que reditúen más beneficios económicos para el productor agrícola.

En la gestión 2011, cerca de 30 países sembraron cultivos genéticamente modificados, dentro de los cuales se encuentran diez de los 20 de América Latina y entre ellos, 4 ubicados en los 10 primeros lugares, lo cual refleja que cada vez más países en vías de desarrollo apuestan al uso de esta tecnología.

El uso de la biotecnología en la agricultura del MERCOSUR ha sido más que exitoso. La competitividad de los cultivos y los precios internacionales han catapultado al Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay a ubicarse entre los principales productores y proveedores de alimentos del mundo.

Y es que la biotecnología es una herramienta accesible no solo para los grandes, sino fundamentalmente para los pequeños y medianos productores, con lo que el mayor beneficio justamente va para el más necesitado al reducir los costos de producción y aumentar su productividad. La disminución de los costos de producción, el aumento del rendimiento agrícola, y la mejor calidad de los alimentos tienen que ver con las semillas genéticamente modificadas.

Sin duda alguna, el gran objetivo que se persigue hoy con la biotecnología y el desarrollo de mejores semillas es su utilización para que menos gente tenga hambre, para que más gente tenga empleo y para que la calidad de vida de la gente mejore, especialmente en el campo. Por eso la importancia de estos dos temas tratados en este número especial de “Comercio Exterior”. Producir más y mejores alimentos, con inclusión social, generando un crecimiento productivo, que se refleje en oportunidades de mejora para el agricultor, es la gran tarea.

Un buen sistema regulatorio de la biotecnología y el aliento desde las esferas públicas para la producción de semillas mejoradas en Bolivia, es deseable y necesario. Una normativa clara que permita investigar y desarrollar información para las autoridades, empresas y agricultores, con miras a tener las herramientas necesarias de evaluación que los faculte para optar por las mejores tecnologías en función de las condiciones donde se producen, podría ayudar convertir a Bolivia, en muy poco tiempo, en el “granero de Sudamérica”.

* Lic., MSc, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).