Hasta hace dos décadas, los conflictos en la principal región exportadora de petróleo del mundo se basaban en ideologías o modelos socio económicos. Mas, tras el desplome del bloque soviético, los que pregonaban la lucha de clases fueron siendo minimizados por los que promueven luchas de nacionalidades o de religiones.

Un presagio de lo que puede venir en el Medio Oriente es lo que pasó en los Balcanes, la península europea limítrofe a dicha zona, la misma que, además, también fue parte del imperio turco otomano. En los 90 Yugoslavia se ensangrentó en una guerra fratricida donde gente de la misma raza e idioma eslavos se masacraban debido al pasado religioso de sus antepasados, aunque ellos mismos fuesen más seculares.

Desde el fin de la II Guerra Mundial ningún otro país de tal tamaño ha acabado siendo escindido, como ha pasado en el caso yugoslavo, en siete repúblicas, cada una de las cuales promoviendo alguna forma de predominio, limpieza o pureza étnica.

La tesis de que un Estado debe promover la homogeneidad lingüística y religiosa es algo que viene del proceso de desintegración del imperio turco, cuando hace un siglo Grecia y Turquía desplazaron forzosa y masivamente a sus respectivas minorías. Cuando al final de la I Guerra Mundial Francia y Reino Unido se repartieron las posesiones turcas del Levante, ellas también promovieron las disputas étnicas pero, no para crear Estados étnicamente homogéneos, sino buscando dividir para reinar.

Francia separó artificialmente al Líbano de Siria para darle una república a los cristianos maronitas (que desde la época de las cruzadas habían simpatizado con los francos) y donde estos últimos fuesen una leve mayoría. También Reino Unido favoreció un “Hogar Nacional” hebreo en Palestina mientras que artificialmente juntó a 3 provincias disimiles de la Mesopotamia para crear Irak.

Hoy, toda la estructura entre etnias creada en esa región viene siendo cuestionada. Primero fue el Líbano donde los musulmanes, tornados en mayoría, cambiaron la constitución de dicho estado después de una guerra fratricida. Después fue Irak donde la mayoría chiita pro-Irán sacó provecho del derrocamiento de Hussein para querer suplantar al dominio de la minoría árabe sunita.

Ahora hay dos países árabes donde el poder sigue en manos de una minoría religiosa dentro del Islam. Uno es Bahréin donde el 70% de sus habitantes, que son chiitas, chocan con la bicentenaria monarquía despótica sunita. Otroes Siria donde el poder militar y político ha sido concentrado por una familia y un partido entroncados en los alawitas (una secta ligada a los chiitas que apenas agrupa a uno de cada ocho sirios), mientras que los grupos armados opositores promueven la identidad sunita.

Siria, antes que Bahréin, puede acabar dominada por un gobierno que se sustente en la etnia mayoritaria.

Bahrein

Cuando hoy se hablade los levantamientos populares anti dictatoriales del Medio Oriente, mucho se habla de los casos de Libia, Siria, Egipto o Yemen, donde la oposición ha venido siendo muy influida por las corrientes pro EEUU. No obstante, poco se habla de las multitudinarias protestas en Bahrein, donde allí hay una fuerte influencia pro Irán y se jaquea a uno de los pilares de Washington en la región (las seis petro monarquías del Golfo Pérsico).

Esta isla de apenas 765 kms2 es el más chico de los 22 países que conforman la Liga Árabe; sin embargo, tiene un peso clave en la economía y geopolítica mundiales. Su Producto Interno Bruto asciende a US$ 23.000.000, lo que da un promedio de $US 23.000 anuales, colocándolo en el puesto 33 de la tabla mundial ligeramente por encima del de Corea del Sur, Portugal o Arabia Saudita.

En 1932 en Bahrein se encontró el oro negro por primera vez en el lado de la península Arábiga del Golfo Pérsico, siendo uno de los primeros pilares en la transformación de dicha zona en el mayor generador de energía de la humanidad. Dicha isla se encuentra entre Arabia Saudita y Qatar, dos de los mayores exportadores de petróleo del mundo, al frente de Irán (que hasta su independencia del Reino Unido en 1971 le reclamó como una de sus provincias debido a que antes fue dominada por los persas y a que tiene una población mayoritariamente chiíta) y en medio de la ruta por donde pasan los buques que transportan los hidrocarburos desde Irak y Kuwait al resto del planeta.

El 14 de Febrero 2011 en Bahrein se iniciaron constantes marchas pro democracia, aunque al mes siguiente mil soldados de las demás 5 monarquías del Golfo incursionaron sobre su territorio. Mientras los medios occidentales denunciaban la represión en Libia, estos mismos minimizaban la de Bahrein, incondicional aliado de la OTAN en sus guerras en el Asia occidental.

Si Libia, Siria, Irak o Yemen han sido repúblicas gobernadas por dictadores; Bahrein es desde 1783 la gran hacienda privada de la familia Al Khalifa, la misma a la que pertenece el autocrático rey Haman bin Isa Al Khalifa, su primer ministro y todos los ministros claves (interior, defensa, cancillería, etc.) y jefes de puestos estratégicos.

La mitad de sus 1.200.000 habitantes no son considerados ciudadanos, y el 70% de su población que es chiita es discriminada. Allí realmente no hay un poder legislativo y la tortura está legalizada, al punto que recientemente 13 ex detenidos (incluyendo uno con pasaporte sueco) denunciaron haber sido torturados directamente por el príncipe heredero.

Los EEUU han enviado allí una plataforma naval para apoyar a su quinta flota pues les inquieta que esta revolución sobrepase a los movimientos pro Occidente que han dominado en los rebeldes de Libia, Siria o Irak, y que acabe concertando con Irán.

Libi y Libia

EE.UU. anunció haber eliminado a Abu Yahya al-Libi, a quien presenta como el número dos de Al Qaeda, con un ataque de un avión bomba sin piloto en Pakistán. Nadie ha visto su cuerpo (como también pasó con el de Bin Laden), aunque se supone que él fue muerto en Haso Khel, al norte de la región pakistaní de Warizistán.

Según The Guardian, no hay cómo comprobar el sitial que hubiese tenido en Al Qaeda, aunque difícilmente él habría llenado el vacío del anterior sub jefe de Al Qaeda Avd Al-Rahman, ultimado en agosto del año pasado. Ciertamente esas bajas debilitan a dicha organización terrorista, pero, según este mismo diario inglés, crea un problema con la jurisprudencia internacional que quita legitimidad a EEUU.

Misiles teledirigidos caen sobre localidades remotas que nadie tiene acceso a verificar si van de la mano con otras muertes y daños a inocentes, mientras que crean éxodos y desplazamientos en esas zonas rurales y resentimientos.

Las ejecuciones de Bin Laden o Libi se han dado en Pakistán, el único aliado nuclear de EEUU y sin la venia de dicha nación, la cual reclama que se le están violando sus derechos. El argumento de Washington es que el enemigo principal es el “terrorismo” y a él hay que darle dónde sea, pero esta forma de pensar enajena a sus socios y puede concatenar a que el nacionalismo islámico siga avanzando en Pakistán y acabe imponiendo un régimen nuevo hostil a Occidente y armado con bombas atómicas, las mismas que podría canalizar hacia movimientos armados en otras partes del planeta.

Aparentemente Al Qaeda es la némesis del Pentágono, pero en la realidad ambos tienen una relación algo simbiótica. Washington utilizó a Bin Laden para minar a los soviéticos en Afganistán pero luego, al transformarlo en su ogro negro, se ha valido de ello para invadir países ricos en oro negro.

EEUU se ha valido de Al Qaeda para minar a Hussein y a Gadafi. Es más, varios de los comandos que participaron en la lucha contra el dictador nacionalista libio, incluyendo a quienes capturaron posiciones claves en Trípoli, provienen del Grupo de Combate Islámico Libio, los camaradas de Bin laden en ese país, organización en la que se perfiló el recientemente ejecutado Libi, quien nació en los 1960s en Libia como Muhammed Hassen Qaid.

Mientras tanto, en Libia Al Qaeda coloca bombas contra blancos militares y civiles buscando precipitar el caos y una intervención foránea, creando un caldo de cultivo tipo Irak, Afganistán o Libia en el cual puedan desarrollar su estrategia de hacer una guerra religiosa sunita internacional. EEUU y Al Qaeda son dos enemigos que también se utilizan mutuamente para eliminar a los nacionalistas panárabes menos seculares y a los pro iraníes.

Siria no alivia

El 20 de julio las Naciones Unidas resolvieron dar un último y final plazo de 30 días para sus observadores en Siria. Esta resolución, redactada por Reino Unido, se impuso sobre una que Pakistán pedía con el aval de Rusia para extender dicho mandato por 45 días renovables. Ilusiones en el rol mediador de Naciones Unidas se vienen evaporando en la oposición armada siria, la cual siente que está volteando el partido en su favor, mientras que es el régimen quien busca la intermediación de la ONU para cortar alas a quienes les buscan derrocar o invadir.

El Ejército Libre Sirio (ELS) se ufana que el 18 de julio ha cambiado decisivamente la correlación de fuerzas en su favor al haber hecho explotar la sala donde se reunía el alto comando militar del gobierno. Las potencias occidentales no condenan a ese hecho, así como a otros atentados del ELS, como “terrorismo”, pues los acepta como legítimos actos de guerra.EEUU y Europa quieren tumbarse al presidente Bashar al-Assad, en tanto que Turquía, Libia y los reyes del Golfo Pérsico financian o arman a quienes buscan deponerlo.

A estas alturas resulta difícil que Assad se mantenga en palacio en el 2013. Siria evitará una intervención militar estadounidense como las que tuvieron Afganistán, Irak o Libia, pero podrá acabar presa de una mayor desintegración e intrusión de otros países de la región. Siria es hoy el país musulmán que más bajas tiene por día (hay 10 veces más muertos allí que en Afganistán) mientras que sus dos mayores ciudades (Damasco y Alepo) se repletan de refugiados en tanto que las otras dos que le siguen en tamaño (Homs y Hama) se vacían por las matanzas.

Rusia e Irán se la están jugando por evitar la caída del régimen, apuesta que ambas potencias no habían hecho ante Afganistán, Irak o Libia. Es esta situación y la ausencia de un bombardeo occidental la que trabaja en favor de Assad, pero su talón de Aquiles consiste en la descomposición del régimen nacionalista panárabe tras medio siglo de existencia, en el hecho de que la principal columna del oficialismo se reduce a la minoría alawita (12-15% de los habitantes) y al que dentro de los sunitas (3/4 de la población) crece el descontento.

En el tramo oficial de las Olimpiadas, el secretario de relaciones exteriores británico William Hague anunció oficialmente que estaba regalando unos $US 7,5 millones en ayuda a los rebeldes sirios. Londres se cuida de alertar que ese financiamiento no es para armas, aunque sí lo es para la logística y la propaganda de los insurgentes.

Los que quieren deponer al régimen de Bashir Assad tienen una división del trabajo. Reino Unido, EEUU, Francia y las potencias europeas apoyan abiertamente a los subversivos con publicidad, datos de satélites y espías, asesores y estrategas. Turquía presta su territorio como base del Ejército Libre Sirio, tanto de su directiva como de muchos de sus comandos quienes ahora apuestan para tomar Alepo, la mayor urbe del país (muy cercana a Turquía).

Las petro-monarquías del Golfo Pérsico (en especial Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos) y el nuevo gobierno libio que ayudaron a coronar, mandan directamente dinero, armas y hombres a quienes hablan de crear una “Siria democrática”. Lo paradójico es que los regímenes más autocráticos y teocráticos del planeta son esos reinos totalitarios donde todo el poder está controlado por sus familias reales y donde los derechos de la mujer, los cristianos y los inmigrantes (que en el caso de varios emiratos son la mayoría de la población) están entre los peores del mundo.

En esa ecuación entran los diversos grupos ligados a Al Qaeda que propugnan una guerra santa de los sunitas no solo contra Occidente sino contra los musulmanes de otras denominaciones (como los alawitas del entorno de Assad o los chiitas de Irán). En Siria estos fundamentalistas tienen, al igual que en Libia e Irak, como su principal enemigo al gobierno de turno. EEUU les usa para minar a su enemigo común, aunque busca mantenerlos controlados.

Israel, que desde hace 4 décadas es el único país que viene ocupando parte del territorio sirio (las alturas del Golán), abiertamente no secunda a los rebeldes (pues sabe que ello equivaldría a darles el beso de la muerte). Si bien inicialmente hubiese preferido a Assad como un mal menor (pues teme que su caída dé cancha campo libre a los sunitas radicales), hoy Tel Aviv quisiese un nuevo régimen sunita pro occidental. Netanyahu teme que si lanzase una invasión sobre Siria, ello podría hacer que Assad galvanizase el apoyo árabe y musulmán contra el sionismo, pero no descarta intervenir (como antes lo hizo en el Líbano).

La crisis siria también agudiza la tensión en el Líbano, donde Hizbola chiita (el principal partido armado) apoya a Assad y podría querer provocar una guerra con Israel para hacer que el conflicto se transformase, y que, en vez de que tenga la actual cubierta que Occidente le quiere poner (democracia vs dictadura) apareciese como nacionalismo árabe pro-palestino vs Occidente más Israel.

Assad contraataca

La batalla por el control de Siria ahora se centra en sus dos principales y más históricas ciudades: Damasco y Alepo. Esta última se torna en crucial pues es la más grande en población y economía y también por ser la más cercana a Turquía en donde se encuentra el comando del insurgente Ejército Libre Sirio (ELS).

Alepo es la mayor gobernación de Siria. Alepo también es, posiblemente, la ciudad continuamente habitada más antigua del globo, la cual ha estado poblada desde hace 8 a 5 milenios. Escribo estas líneas, además, con cierto apego, pues de la persona que llevo su nombre, mi abuelo, al igual que mis ancestros paternos, nacieron en Alepo.

Puede parecer extraño que alguien de ancestros judíos también reivindique sus raíces árabes, pero lo cierto es que los judíos más antiguos son los del mundo árabe, en donde ellos prosperaron antes de que apareciese el cristianismo o el Islam. La Gran Sinagoga de Alepo reclama que sus pilares fueron colocados por el Rey David hace casi 3 milenios y que allí, que fue el centro del judaísmo sirio, estuvo el “Tanaj” (Biblia hebrea) más antiguo (la misma que fue quemada en 1947).

A pesar de que hoy solo quedan cientos de judíos en Siria (incluyendo algunos parientes del autor), este país sigue teniendo una amplia diversidad de etnias, las mismas que conforman un tercio de la población y que son resistentes a una oposición dominada por sunitas vinculados a las petro-monarquías arábigas y Turquía que reprimen a las etnias minoritarias. Muchos cristianos, incluyendo los siriacos (los únicos que aún rezan en un dialecto arameo ligado al de Jesús), prefieren a los alawitas que a los supremacistas sunitas.

Hasta antes de la apertura del canal de Suez, Alepo fue la mayor ciudad del Levante y la ruta por la que pasaba el tráfico de caravanas desde el Oriente a Occidente. Hoy Alepo juega un rol clave en Siria, pues históricamente ha sido la rival de Damasco (su actual capital). Cuando Siria pasó al dominio francés entre las dos guerras mundiales, Alepo fue un Estado que en algún momento jugó con la idea de ser independiente y en otro prefirió crear una nación conjunta con el actual Irak, mientras que Damasco tendía puentes hacia Egipto o los sauditas.

Mientras que Bengazi, la segunda ciudad libia, fue un reducto de la oposición a un Gadafi atrincherado en Trípoli, Alepo no se ha pasado a los enemigos de Assad. Es más, el 19 de octubre de 2011, 1,500,000 personas se manifestaron en Alepo para defender al gobierno en uno de los mayores mítines populares que haya tenido esa nación.

Parte de la suspicacia de Alepo hacia la oposición siria se debe a que esta última está liderada por hegemonistas sunitas pro-turcos. Alepo, la mayor ciudad árabe cercana a Turquía, desconfía de esta república que ha buscado desestabilizar a los regímenes panarabistas del gobernante partido Baath sirio como antes lo hizo con el de Irak. En los años 20, Turquía arrebató a Alepo varias fértiles zonas rurales y su puerto más cercano (Antioquía) donde hizo una limpieza étnica de no turcos.

En las crónicas de Robert Fisk, posiblemente el principal corresponsal de guerra del Medio Oriente, quien se encuentra en Alepo, él muestra como la mayoría pobre de esta urbe se encuentra desamparada. Mientras muchos de ellos sobreviven sin techo, las clases altas han huido y las medias están protegidas en sus casas.

Si el gobierno británico abiertamente da ayuda “no armamentística” y suple con datos de espías y satélites a los subversivos, su compatriota Fisk es muy duro con el ELS mostrándolo como un grupo basado en hombres, fondos y armas extranjeros y en fundamentalistas sunitas mientras que las minorías cristianas, alawita, chiita, drusa y kurda le temen o han sufrido sus represalias.

Según él, tanto en Alepo como en Damasco las FFAA oficialistas vienen derrotando a los rebeldes, aunque lo penoso es ver cómo estas dos ciudades, las más antiguas del mundo continuamente habitadas, vienen siendo destruidas.

Siria se mantiene como el principal bastión del nacionalismo panárabe contra Israel, aunque Tel Aviv no está muy entusiasmada con la caída de los Assad pues antes se valió de ellos para reprimir a los palestinos en el Líbano y teme que su caída abra las puertas a un caos donde prosperen los musulmanes que más quieran arrasar al Estado hebreo.

Hizbola, ligada a Irán y a los Assad, ya clama que tiene misiles precisos que pueden matar a millares en Israel. Si Hussein cayó en Irak y Gadafi en Libia, fue por la intervención de EEUU y sus aliados. Sin ella ambos dictadores hubiesen sofocado a las revueltas. En Siria Occidente conspira para el derrocamiento de Assad para lo cual se vale de una intervención sin precedentes de otros socios suyos en la región (Turquía, Libia, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos), pero sin que los aviones de la OTAN aplasten a la aviación y a los principales cuarteles de Assad no será fácil lograr que él pierda la guerra.

Ya Obama ha dado un pretexto para una futura invasión, cosa que Cameron ha secundado. Y este es que si Assad usa sus gases en la guerra, los EEUU atacarían Damasco. Ni Hussein ni Gadafi emplearon estas armas en las guerras contra sus derrocadores y, si bien Assad estima que no debe hacer lo mismo, no es posible descartarse que se destape algún incidente que dé el justificativo para una intervención.

Siria puede transformarse en un infierno, aunque no al extremo de lo que fue su vecino Líbano. Es posible que en este país se acabe por imponer un régimen basado en la etnia mayoritaria (los sunitas), pero habrá que ver si éste termina siendo uno más pro occidental como los de Turquía, Libia o el Golfo, o más ligado a la Hermandad Musulmana de Egipto y Gaza, y hasta qué punto los jihadistas o Al Qaeda prosperan en dicho terreno.

Nuevo Egipto

Desde el 30 de Junio el país árabe más poblado tiene a su primer presidente elegido bajo sufragio universal. Él es Mohammed Morsi, líder de la Hermandad Musulmana, el partido madre del Hamas palestino que gobierna Gaza (que estuvo bajo control egipcio hasta 1967) y la mayor fuerza nacionalista islámica desde el siglo XX.

Los Hermanos Musulmanes tradicionalmente han combinado posiciones socialmente conservadoras y teocráticas con un fuerte nacionalismo económico y oposición a EEUU e Israel. De hecho corrientes similares a la suya han terminado siendo los grandes beneficiados de los levantamientos anti-dictatoriales en los otros dos países del África noreste (Libia y Túnez).

A primera impresión se podría creer que la Hermandad Musulmana podría adoptar un rol radical mahometano similar al Irán post-revolución de 1979, solo que promoviendo la versión sunita y no chiita del Islam, y de intransigencia ante Israel (como el Hamas que se niega a reconocer dicho estado y está en permanente conflicto armado contra éste).

No obstante, Morsi ha garantizado que respetará los acuerdos internacionales de Egipto (incluyendo el que acepta a Israel, con el cual mantiene relaciones desde 1979) mientras que la cancillería de Tel Aviv plantea que espera que se mantenga una buena relación con El Cairo. Ciertamente que Morsi está bajo la presión de sus bases sociales y su doctrina y pasado integrista mahometano, pero, al mismo tiempo, su margen de maniobra está limitado.

En Egipto el poder lo sigue detentando el Consejo Supremo de las FFAA, el mismo que ha impuesto, a través suyo y de la corte de justicia que éste antes ha nombrado, el que no se acepte el decreto de Morsi para instaurar el parlamento democráticamente electo donde los nacionalistas musulmanes tienen mayoría. Morsi, por su parte, ha debido recular y aceptar que dicho congreso no pueda instalarse mientras que teme convocar a una constituyente.

Egipto sigue siendo controlando por la misma elite política y militar que se ha beneficiado de la billonaria subvención financiera y bélica de Washington mientras que Morsi no se atreve aún a enfrentarse contra ésta y busca andar con mucho cuidado para no enajenar al 10% de la población que es cristiano y a EEUU.

Si bien la antigua regional de Gaza de la Hermandad Musulmana (Hamas) presiona por una línea dura ante Israel y el Sinaí se ha convertido en una zona llena de grupos armados anti-sionistas, Morsi debe aceptar la “buena vecindad” con Israel en tanto que buscará llegar a un acuerdo entre Tel Aviv y Gaza.

El primer viaje internacional de Morsi ha sido a Arabia Saudita donde él ha buscado restablecer las deterioradas relaciones con el principal aliado de EEUU en la mayor península asiática y mostrar que está más hacia su lado y el de Turquía que con Irán.

Irán: ni fascista ni socialista

Irán despierta muy opuestas visiones en las dos Américas. Mientras en la del norte se le ve como un posible blanco militar y el candidato sorpresa de las internas republicanas (Rick Santorum) le caracteriza, al igual que al de Siria, como un ‘fascismo islámico’ y por ende el principal peligro mundial, en la del sur su presidente Mahmoud Ahmadinejad viene haciendo una nueva gira. Los gobiernos que estará visitando en Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador le percibeb como un líder afín a las ‘revoluciones bolivarianas del socialismo del siglo XXI’.

Le verdad es que el régimen emanado de la revolución iraní de 1979 no es ni fascista ni socialista.

El fascismo surgió en los años veintes como el enemigo principal de las revoluciones soviéticas movilizando a capas medias y desempleadas contra los sindicatos y las izquierdas y promoviendo un régimen de partido único nacionalista que abriese una economía proteccionista a favor de las grandes corporaciones privadas de su respectivo país. Este tipo de movimientos llegaron al poder en Italia, Alemania, Iberia y la mayor parte de la Europa continental hasta que en la segunda mitad de los 1940s fueron depuestos para nunca más haber vuelto a dominar país alguno de dicha región.

Algunos regímenes de Latinoamérica y el Tercer Mundo copiaron el culto a la personalidad y la autocracia de Mussolini, pero no tuvieron ese sistema de partido totalitario y economía cerrada, por lo que no pueden ser descritos como fascistas.

En Irán no hay nada parecido a un caudillo tipo Franco, Hitler o Mussolini o un partido único. Hay un líder espiritual de la revolución (el ayatola Seyed Ali Khamenei) y un presidente que ganó las elecciones disputándolas a otros candidatos (Ahmadinejad). Si bien su régimen, como todos los del Medio Oriente, ha reprimido a los comunistas, no se sustenta en el odio contra éstos y, más bien, busca aliarse con muchos de ellos en el exterior.

La república islámica iraní creada en 1979 se basa en constantes choques con EEUU, la OTAN e Israel. No obstante, ésta nunca ha adoptado la retórica del socialismo panárabe del Baath sirio e iraquí, Nasser, Gadafi o Arafat, el mismo que se inspiraba en la fenecida Unión Soviética con quien se aliaron.

Los ayatolas no son árabes sunitas sino persas chiitas, y su régimen siempre fue hostil al soviético. En vez de buscar la unidad de los 200 millones de árabes bajo un socialismo autocrático, ellos quieren que los 1.500 millones de musulmanes creen sociedades nacionalistas religiosas estructuradas en torno al Corán y por ende reacias a Occidente.

Israel e Irán

Tradicionalmente, Israel ha considerado como sus principales enemigos en el Medio Oriente a sus vecinos o a otros países árabes, pero tras la caída de los panarabistas de Hussein y Gadafi, se ha reafirmado Irán como su mayor peligro.

Irán no es un país árabe ni sunita ni tiene fronteras con Israel ni con un país fronterizo al Estado judío, algo diferente a Irak o Libia. Irán habla el persa, un idioma indoeuropeo que está más cerca del castellano que del árabe (hermano del hebreo), su credo oficial es el chiita (la segunda variante del Islam después de la sunita) y su régimen depende del clero (algo diferente al de las repúblicas seculares nacionalistas panarabistas o las monarquías sunitas).

Cuando Israel guerreó con sus vecinos (1947-48, 1956, 1967 y 1973) Irán era uno de los principales aliados de EEUU en la región, algo que se rompió cuando su rey fue depuesto por una revolución islámica masiva en 1979. Israel hizo 4 guerras con Egipto, 3 con Siria y 2 con Jordania, además de haber entrado al Líbano varias veces, pero con Irán nunca ha tenido un choque directo.

Después del “empate” de 1973, Israel devolvió todo el Sinaí (pero no Gaza) a Egipto a cambio de que éste estableciese relaciones diplomáticas que duran hasta hoy. Jordania luego siguió esa ruta y su monarquía se ha consolidado en parte gracias a que Tel Aviv le ayudó a sofocar a los radicales y palestinos.

Siria en crisis no es un peligro para Israel, el cual inicialmente prefería al gobierno alawita antes que correrse el riesgo de que radicales sunitas le depusieran. Para Tel Aviv un grave peligro consiste en que los hermanos musulmanes de Hamas palestino lleguen al poder en Cairo o Damasco. Sin embargo, a medida que los alawitas se han ido identificando como chiitas aliados de Teherán, Israel ha tendido a simpatizar más con un recambio sunita “moderado” impulsado por Turquía y las petro-monarquías del Golfo.

Líbano y los palestinos se mantienen como una piedra en el zapato hebreo. El primero es un país frágil y descompuesto, pero allí el partido más fuerte es el chiita pro iraní Hizbola, que se vanagloria de ser el único movimiento árabe que ha derrotado una invasión israelí. Los segundos no tienen la capacidad militar de destruir al Estado hebreo pero sí le causan mucho desgaste interno e internacional.

Irán es percibido por Israel como el gran mentor de sus enemigos, pues los ayatolas apuntalan a los 2 principales movimientos armados anti-sionistas (Hamas y Hizbola) y sus zonas de influencia se extienden a Siria, Irak y Afganistán. Israel no puede darse el lujo de entrar en una guerra unilateral con Irán sin el aval de EEUU, que teme un colapso en sus provisiones petroleras del golfo Pérsico si estalla allí una guerra.