El gobierno de Estados Unidos desconoció el asilo diplomático concedido por Ecuador a Julian Assange, simplemente porque no reconoce el concepto de asilo diplomático como una cuestión de derecho internacional. ¿Recordará EEUU que dio asilo al terrorista Luis Posada Carriles en su embajada de la República de Sierra Leona cuando el viejo “anticastrista” se dedicaba a una operación de tráfico de armas en esa nación africana?

El Departamento de Estado recalcó en un comunicado que Estados Unidos no forma parte de la Convención sobre el Asilo Diplomático, adoptada por la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1954, y por tanto no reconoce el asilo diplomático otorgado por Ecuador al fundador de WikiLeaks, quien se encuentra refugiado en la embajada de Quito en Londres.

El gobierno norteamericano subrayó que la crisis diplomática entre Londres y Quito, ante la amenaza británica de asaltar la sede diplomática ecuatoriana, “se trata de un asunto bilateral entre Ecuador y el Reino Unido y que la OEA no tiene ningún papel en esta cuestión”.

Washington negó haber presionado a Londres para arrestar a Assange, y aseguró que no tiene intenciones de perseguir al periodista australiano, a pesar de la existencia de una investigación penal contra el australiano por difundir en WikiLeaks documentos secretos del Pentágono y cables sensibles del servicio diplomático estadounidense.

Pese a que Estados Unidos no ha suscrito la Convención de la OEA de 1954, empleó en reiteradas ocasiones la inmunidad en sus embajadas para proteger a opositores que no siguen la línea ideológica de Washington, detalla el periodista Jean Guy Allard en la siguiente nota informativa.

La doble moral norteamericana

Mientras Londres secuestra a Julian Assange por cuenta de Estados Unidos, en territorio norteamericano el Departamento de Estado asila a cientos de delincuentes políticos del mundo entero y en particular de América Latina. El caso de Posada en Sierra Leona ilustra bien la doble moral de Washington cuando se trata de encubrir y proteger a sus servidores. Radicado entonces en El Salvador donde había establecido su base terrorista a partir de la cual dirigía una campaña de atentados en La Habana, Posada hizo un viaje a África donde lo sorprendió un golpe de estado, el 25 de mayo de 1997.

Temiendo por su vida, el veterano agente de la CIA, supuestamente perseguido por sus crímenes, tanto como represor de la DISIP [Venezuela, años 70] como terrorista “anticastrista”, tuvo que violar las consignas de seguridad y pidió asilo en la Embajada de Estados Unidos. En el falso pasaporte salvadoreño número 547378 a nombre de Franco Rodríguez Mena, usado por Posada, aparece la visa de Sierra Leona junto a sellos que demuestran su entrada por la vecina Liberia. Posada no tuvo la menor dificultad en hacer reconocer y obtener la protección durante varios días de parte de quienes hoy publican una “lista de países patrocinadores del terrorismo” donde inscribe las naciones que se desea denigrar.

La lista de los asesinos, torturadores, sicarios, esbirros de todos tipos que acogió EEUU al derrumbarse la dictadura cubana de Fulgencio Batista, en 1959, sería interminable. Son miles los matones del batistato que recibieron asilo instantáneo y permanente al presentarse en territorio norteamericano, presentando sus credenciales de los distintos cuerpos represivos de un gobierno mafioso orientado desde la embajada yanqui.

Desde el gangster Rolando Masferrer que terminó asesinado en Miami, hasta el terrorista Carlos Alberto Montaner, luego convertido en intelectual CIA y su socio Armando Valladares, todos recibieron la bienvenida del mismo Departamento de Estado que hoy habla del caso Assange evocando las sutilezas de convenios diplomáticos.

EE.UU. es la tierra de asilo por excelencia de cuanto crápula, conocidos o anónimos, que asistieron el imperio en su expansión hegemónica. En el caso de América Latina, ¿cuántos violadores de los derechos humanos reciben protección del poder imperial y de sus mecanismos de policía e inteligencia? ¿Pudiera explicar el Departamento de Estado cómo se justifica la presencia en EEUU del boliviano Alejandro Melgar, el cabecilla de la conspiración magnicida de Santa Cruz, que financió la creación de un comando terrorista conformado con mercenarios croatas que intento asesinar al presidente Evo Morales?

Y cómo explica el asilo formal o virtual otorgado a Gonzalo “Goni” Sánchez de Lozada, el ex mandatario boliviano responsable de la masacre de la Guerra del Gas, que provocó más de 60 muertos y medio millar de heridos, junto con varios de sus ex ministros implicados en la matanza.

Otros “refugiados” en Estados Unidos

Joaquim Chaffardet, ex directivo de la DISIP venezolana, cómplice de Luis Posada Carriles en los años 70, en la tortura, la desaparición, el asesinato de cientos de jóvenes revolucionarios de Venezuela.

José Antonio Colina, militar venezolano traidor, reclamado por atentados con explosivo C4 en representaciones diplomáticas de Caracas, junto con su cómplice Raúl Díaz Peña, que se exhiben en asambleas públicas con la congresista Ileana Ros-Lehtinen.

Patricia Poleo, cómplice del asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson, que calumnia desde Miami el Gobierno bolivariano de Venezuela y sus dirigentes.

Johan Peña, el ex agente DISIP que colocó la bomba que pulverizó a Anderson en su vehículo, y su cómplice José Guevara.

Carlos Vides Casanova, el ex jefe de la Guardia Nacional de El Salvador, torturador co responsable del asesinato de monjas norteamericanas.

Roberto Guillermo Bravo, el oficial argentino culpable de la masacre de Trelew, que le costó la vida a 16 jóvenes revolucionarios que remató en los 70.

Jaime Lusinchi, el ex presidente venezolano, reclamado por corrupción y su responsabilidad en la masacre de Yumare,

Jaime García Covarrubias, un ex alto oficial represor del dictador chileno Augusto Pinochet, acusado de torturas y asesinatos, profesor en una academia del Pentágono, en Washington.

Inocente Orlando Montano, ex coronel salvadoreño, cómplice del asesinato de sacerdotes jesuitas.

Ray David Charles, ex jefe de la misión militar en EEUU de la dictadura de Pinochet, reclamado por el asesinato de dos estadounidenses, Charles Horman, periodista, y FrankTerugi, estudiante, e implicado en el golpe de 1973.

Jamil Mahuad, ex mandatario ecuatoriano responsable por la muerte de decenas de sus compatriotas.

Cesar Matamoros, terrorista panameño cómplice de Posada Carriles hoy discretamente radicado en Miami.

Francisco Morales, ex dictador peruano reclamado desde Argentina por secuestros.

Carlos Yacamán, asesino de Roland Valenzuela, ex ministro hondureño de Vivienda de la administración Zelaya, por haber identificado a una colaboradora de la CIA involucrada en el golpe de estado, Jacqueline Foglia Sandoval, quien también se encuentra en Miami.

¿Será por amor a los derechos humanos que EEUU es la tierra de asilo de Michael Townley, Guillermo Novo, José Dionisio Suárez y Virgilio Paz, los asesinos del ex canciller chileno Orlando Letelier en 1976?

* Periodista canadiense radicado en Cuba.