Venezuela y Bolivia, ubicados en el continente sudamericano, poseen territorio, población y gobierno, es decir, los elementos constitutivos que configuran la existencia de un Estado Libre, Independiente y Soberano, a diferente de la oceánica Tahití, que pertenece a la Polinesia Francesa, cuyo gobierno no es propio, sino que es un departamento de ultramar de Francia. Tahití posee un status de ser francesa, pero ellos tienen la potestad de efectuar medidas y acciones propias sin necesidad de esperar a que el gobierno de París lo efectúe. De hecho, Tahití tiene, en deportes, su propia selección.

Venezuela y Bolivia son países con recursos económicos suficientes como para beneficiar a sus ciudadanos; son países amplios territorialmente hablando ya que 1.098.581 km2 posee Bolivia y Venezuela 916.445 km2 respecto de la pequeña Tahití y sus 1.045 Km2.

Durante bastante tiempo, Tahití ha vivido del turismo, pero decidieron revolucionar sus ingresos en donde hay un famoso museo con las obras del pintor francés Paul Gauguin (villa de Papeari), cultivan perlas negras que son exportadas, por su enorme calidad, a mercados tan competitivos como el Japón, Estados Unidos y países de Europa. En julio, es mundialmente famoso el Festival de Heiva en Papeete (capital de Tahití) que celebra la cultura polinésica y la conmemoración de la toma de la Bastilla.

Venezuela, recientemente ingresada al Mercado Común del Sur, ha conseguido estar a la par de países como Chile, Brasil, Uruguay y Argentina, en donde la integración sudamericana está sellada sin Bolivia en donde no se es miembro pleno de MERCOSUR, sino un país observador y Venezuela ingresó en base a dicha calidad mucho tiempo después que Bolivia, pero ahora el país caribeño es miembro pleno y Bolivia ni miras de ser aceptado, por su bajo desarrollo y progreso a nivel económico, industrial y tecnológico.

Venezuela y Tahití se parecen en lo siguiente: han logrado trabajar durante más de diez años en popularizar un deporte que no era popular, como lo es el fútbol, en donde las administraciones de ambos han fomentado y apoyado la formación de divisiones inferiores con visión a largo plazo. Si bien la FIFA no permite injerencia de los gobiernos en la administración de las Federaciones de Futbol, no impide que el gobierno incentive y apoye a los futuros talentos del deporte.

Venezuela, después de ser considerada la selección “cenicienta” del continente, trabajó en divisiones inferiores que permitieron la Clasificación al Mundial Sub-20 en 2009 (en donde se enfrentaron casualmente a Tahití) y llegando a los octavos de Final. La Sub-17 de Venezuela jugará en 2013 el Mundial de la categoría en Emiratos Árabes.

Tahití por su parte, es campeona de Oceanía a nivel de selección absoluta, título conseguido en este año, y jugará por primera vez la Copa Confederaciones de Brasil 2013. Tahití, que en junio de este año se encontraba en el puesto 179 en la Clasificación de la FIFA de las selecciones, subió hasta el presente mes de agosto 43 posiciones.

Tahití y Venezuela se parecen en el crecimiento de un deporte que no es popular en dichos territorios, y en que venezolanos y tahitianos, por separado, luchan por acceder a su primer Mundial de Fútbol y nos referimos al de Brasil 2014, mientras que Bolivia espera un milagro para no ser, nuevamente, los últimos.

* Abogado. abog.paulcoca@gmail.com