Por: Boris Bernal Mansilla

En octubre de 2008 escribí un artículo titulado: Lumpen en Acción. Hoy, esa descripción plasmada toma mucho más fuerza al revisar el incremento de los hechos delictivos cometidos por personeros en ejercicio del poder público: narcotráfico, corrupción, nepotismo, contrabando, uso de influencias, abuso de autoridad, estafa, extorción, son algunos de los delitos registrados por los medios de comunicación cotidianamente.

Un nuevo estrato social adquiere relevancia: la “Lumpen Oligarquía”, cuya característica principal era y es el origen oscuro de su fortuna, esto aparejado, como es natural, del factor político, ganando un estatus diferente, posición, importancia y, por tanto, influencia y poder.

Karl Marx denomina lumpen al estrato social que vive en condiciones muy precarias y que está formado principalmente por obreros ocasionales, vagabundos, delincuentes habituales. No constituye una clase social. La imagen que tenemos del “lumpen” es la de un desarrapado miserable, que vive en los extramuros o arrabales del orden civilizado o de la legalidad.

Este fenómeno no es patrimonio de Bolivia o de Latinoamérica, se da en toda sociedad agonizante; cuando un ciclo termina lo más deformado y obscuro toma preeminencia.

“De pronto en cualquier parte del mundo en una ciudad cualquiera se produce un apagón de luz, la ciudad entera se encuentra en obscuridad y el caos se apodera del lugar, inmediatamente entra en acción el lumpen aprovechando la situación, haciendo del momento propicio para robar, sustraer, violar y cometer todos los actos delincuenciales posibles”.

Con esta narración se hace fácil entender que sujetos de patología criminal toman distinción en tiempos obscuros: violar, matar, robar es su naturaleza; para ello pacta y se une con gente de su misma laya.

Valentín Abecia López grafica con claridad este hecho, en el quehacer político latinoamericano: “Colombia y Perú han sufrido a lo largo de los últimos años una tremenda insurgencia social proveniente de individuos y familias vinculados al narcotráfico; de repente, de la noche a la mañana, y sin que nadie se entere de nada, una cantidad impresionante de gente se volvió millonaria, adquiriendo poder económico y, por tanto, político. Un nuevo “look”, de esos que arrebatan a cualquiera, dejando de lado las pequeñeces y mezquindades”.

Al parecer en Bolivia, oficialistas y opositores en función pública (elegidos o no) recorren este sendero: “hacer platita mientras sea autoridad”. Para esto van generando toda una red mafiosa; buscan copar y controlar todos los espacios de vigilancia estatal (órgano judicial, policía, etc.); la informalidad delictiva adquiere poder día a día.

“El primer resultado es la compra de casas en los barrios más pitucos de las capitales de departamento del país, sobre todo del eje. Al mismísimo tiempo la adquisición de costosísimos vehículos para dar envidia al más pintado, tales como los Hummers, BMW, Audi, que circulan impunemente por ciudades y carreteras, en una demostración de fuerza e impunidad, como un pregón inocultable de poder y más poder”. Nos relata Abecia López.

Para llegar a este cometido el lumpen tiene que desplazar, en primera instancia, a todo aquello que tenga signo ético de valor y principio; la moralidad, la rectitud y ecuanimidad son los enemigos principales.

Para ejemplificar esto, solo es necesario ver cuántos buenos dirigentes y políticos que acompañaron y construyeron el Movimiento Al Socialismo (MAS) fueron desplazados y apartados de este.

En consecuencia y conclusión ante este panorama desalentador que presenta Bolivia, se requiere fortalecer valores éticos y morales en todos los campos del cotidiano vivir.

“Nunca la noche es más obscura que cuando va amanecer”. Pero ese nacimiento depende de la formación de dirigentes políticos con vocación de servicio, con un alto grado de compromiso con sus ideales y principios.