Los seres humanos heredaron genes de los Neandertales y Denisovanos y el cruzamiento con ambas especies de homínidos les confirió una protección natural contra ciertas enfermedades, según expertos de la Universidad de Stanford. Al parecer, los mestizos son menos propensos a sufrir esclerosis lateral amiotrófica (ELA), revela el primer estudio sobre la frecuencia de esa enfermedad neurodegenerativa en poblaciones con una alta mezcla étnica.

Los Neandertales habitaron Europa y partes de Asia occidental durante el Pleistoceno medio y superior desde hace 230 mil hasta 28 mil años atrás. Se cree que en un periodo convivieron en los mismos territorios con los Hombres de Cro-Magnon, primeros humanos modernos en el continente europeo.

Hace 400 mil años ocurrió la separación entre las tres especies prehistóricas de homínidos. Los Neandertales abandonaron África para dirigir sus pasos a Europa y Asia Occidental, mientras que sus parientes Denisovanos salieron de allí rumbo a Asia oriental y Oceanía.

Las hembras de homínidos que vivieron hace 2,2 millones de años se movilizaban a otros lugares para hacer familia, mientras que los machos se quedaban en su lugar. Hasta ahora se creía que eran los machos quienes abandonaban el grupo, pero análisis de piezas dentales de especies de austrolopitecus africanus y de Paranthropus robustus evidencian que entre los homínidos ellas eran las exploradoras, algo que ocurría probablemente para evitar la endogamia.

El equipo de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, analizó el elemento químico estroncio en los dientes de esas especies porque este cambia según el ambiente. Estudiaron si las homínidos se desplazaban durante las diferentes estaciones. Así observaron que si bien los dientes grandes no evidenciaron variación alguna, los más pequeños muestran que pertenecieron a individuos criados en otro sitio.

Investigadores que no intervinieron en el estudio señalaron que las piezas dentales analizadas no son suficientes como para lograr a un resultado concluyente. Sin embargo, Sandi Copeland, autora del estudio, indica que ello podría sugerir el inicio de sentido de comunidad, la cual tuvo ventajas evolutivas y se mantiene en muchas sociedades.

Los seres humanos heredaron genes de los Neandertales y Denisovanos que los protegen de enfermedades. Comparaciones de varios genes y segmentos de ADN revelaron que el cruzamiento con ambas especies de homínidos confirió al ser humano moderno una protección natural contra ciertas enfermedades, según expertos de la Universidad de Stanford, dirigidos por Peter Parham.

Esos genes llamados HLA resultan claves para que el sistema inmunológico humano reconozca y combata los agentes patógenos, explicaron los científicos en un artículo difundido por la revista Science. El mestizaje entre Neandertales, Denisovanos y humanos permitió una mayor presencia de variantes de genes HLA (HLA-B) en poblaciones asiáticas y otra variante, la HLA (HLA-A), más común entre los habitantes de Asia oriental y Oceanía.

Llamó también la atención de los científicos que estas variantes genéticas abundan más entre europeos y asiáticos, pero no en africanos. Estudios previos mostraron que el cruzamiento entre estas especies prehistóricas ocurrió hace 60 mil años en Eurasia. Por esa razón, el equipo de antropólogos siguió las pistas de las huellas genéticas de las especies de homínidos desaparecidas y encontraron que los europeos portan 2,5% de ADN Neandertal, mientras que en poblaciones asiáticas se registró la huella genética de los Denisovanos, principalmente en la Melanesia.

Entre las personas que viven allí prevalece 6% de ADN ancestral. Este mestizaje no solo fue un hecho casual, sino que aportó una mayor fortaleza genética a los Homo Sapiens, señaló Parham.

El mestizaje puede proteger contra enfermedad neurodegenerativa

Con un alto grado de mezcla en los componentes genéticos -lo que se cumple para todos los seres vivos- coinciden menos genes recesivos en el genoma, lo que al parecer, hace a los mestizos menos susceptibles a la ELA, enfermedad cuyas causas aún se desconocen, declaró a Prensa Latina Tatiana Zaldívar Vaillant, del Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana.

Todavía no se han encontrado genes protectores contra la ELA, pero tal vez la clave contra ese mal pudiera hallarse en poblaciones con alta mezcla étnica, consideró la experta. La incidencia de esa enfermedad neurodegenerativa en Cuba es de 0,83% 100 mil habitantes, muy baja en comparación con países con una población mayoritariamente caucásica como los Estados Unidos, donde es de 2,0 por cada 100 mil habitantes.

Entre las personas de raza blanca en la isla su frecuencia es de 0,97 por cada 100 mil habitantes, entre los negros de 0,87 por cada mil habitantes y entre los mulatos de 0,55 por cada mil habitantes.

El estudio cubano explica algo que los estadounidenses no pudieron en un trabajo difundido en el 2005: ¿por qué la incidencia de ELA resulta mayor en personas con ancestros caucásicos que en individuos con antepasados negros?

La investigación concluyó que la baja incidencia en Cuba no se debe al libre acceso a los servicios de salud, sino que las personas mestizas tienen una mayor protección genética contra esta enfermedad, precisó Zaldívar, especialista en genética clínica del Departamento de Neurogenética de la mencionada institución.

Existen tres genes que cuando están mutados expresan clínicamente esta enfermedad: el gen de la proteína superóxido dismutasa (SOD1), el gen de la proteína TGP 43 y el gen FUS, entre otros. También en la aparición de la enfermedad están presentes factores no genéticos: los futbolistas, las personas que realizan trabajo físico fuerte y los expuestos a tóxicos presentan probabilidades de padecerla.

La esclerosis lateral amiotrófica causa debilidad muscular progresiva, debilidad de los músculos de la orofaringe que dificulta la ingesta de alimentos, la respiración y finalmente la muerte del paciente.