Si después de cuatro horas de sueño despierta en la madrugada no se preocupe, póngase a leer o haga otra actividad porque es muy probable que a las dos horas caiga rendido nuevamente por otras cuatro. La idea vigente de dormir un bloque de ocho horas continuas podría ser antinatural, y causa de algunos trastornos del sueño en la actualidad.

Para especialistas como Thomas Wehr, que han investigado el sueño durante décadas, lo normal es que este sea fragmentado porque el organismo tiende a mantener un patrón de descanso y vigilia.

Explica que lo natural es descansar plácidamente por cuatro horas, luego despertar por una o dos horas y después conciliar nuevamente el sueño por cuatro más aproximadamente.

El sueño fragmentado es antiguo, escribió el historiador Roger Ekirch, del Virginia Tech en su libro At Day‘s close: Night in the past” (La noche en el pasado) publicado en el 2001. Este volumen recoge 16 años de investigación que desempolvan más de 500 referencias sobre la costumbre de dormir en dos tiempos. Ejemplo de ese hábito podemos encontrarlo en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra.

“Cumplió don Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo, bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena complexión y pocos cuidados”, citó el experto. Mucho antes, en la Odisea, el poeta Homero se refirió al descanso dividido, del que también hizo mención Charles Dickens en su obra “Barnaby Rudge”, añadió.

En tiempos pasados, cual intermezzo, las dos horas normales de vigilia eran aprovechadas como deseara el individuo. En ese tiempo algunos solían visitar a los vecinos, fumar o ir al baño, escribir, rezar o disfrutar de los placeres de la carne, porque se decía que era mejor concebir en la madrugada que en las últimas horas de la noche. Cuando esta se convirtió en un momento oportuno para realizar diversas actividades, la vida nocturna comenzó a cobrar auge.

Con el alumbrado público, que empleaba cirios de cera en lámparas de cristal y la proliferación de cafés, la noche tomó pedigrí y se consideraba una pérdida de tiempo permanecer en cama. Prueba de ello es un diario médico que aconsejaba a los padres acostumbrar a sus hijos a no dormir más allá del primer sueño.

“Salvo en caso de enfermedad o accidente, no necesitarán más descanso que el que ofrece el primer sueño, que deberán acostumbrarse a terminar de forma natural a la hora normal. Y entonces, si vuelven a intentar dormirse, deberá enseñárseles que eso es una mala costumbre que no redunda en su beneficio”, señalaba la antigua guía médica.

A finales del siglo XVII las referencias al primer y segundo sueño comenzaban a desaparecer y ya para la segunda década el siglo XX esa idea se extinguió por completo. En la actualidad las personas se han adaptado a dormir ocho horas seguidas, pero Ekirch cree que muchos de los trastornos del sueño en la actualidad podrían explicarse por la tendencia del organismo de fragmentarlo y por la existencia de la luz artificial.

Según el historiador esta sería la causa del llamado insomnio de mantenimiento, un problema que consiste en que los afectados presentan dificultades para volver a dormir después de despertar en medio de la madrugada. Las primeras referencias a este problema comenzaron a aparecer en los finales del siglo XIX cuando la costumbre del sueño fragmentado se difuminaba.

Russel Foster, profesor de la Universidad de Oxford, tambié cree que la creencia de dormir ocho horas continuas es dañina. Piensan que el sueño fragmentado constituye un mecanismo para regular el estrés de forma natural.

Genética, culpable de morosidad al despertar

Suena el despertador, inoportuno aviso de que es hora de abandonar el calor de las sábanas y levantar la cabeza de la almohada. Ese es el momento en que dan ganas de arrojar el molesto aparato y quedarse “un ratico más”, cinco minutos que se convierten en media hora. Cuando al fin la persona se levanta, tiene que asearse y vestirse a toda prisa para no llegar tarde al trabajo.

¿Cuál es la causa de que a algunos cueste desperezarse a tiempo y a otros sean suficientes cuatro horas de sueño? Al parecer, la culpa es de una variante genética llamada ABCC9 que no se expresa igual en todos los individuos, según expertos de las universidades de Edimburgo, Escocia, y de Ludwig Maximilians en Munich, Alemania.

Este gen está implicado en la detección de los niveles de energía de las células en el organismo, explicaron los expertos, quienes difundieron los resultados de su investigación en la revista especializada Molecular Psiquiatry (Psiquiatría Molecular). Para determinar el papel que esa variante genética desempeña en el sueño, los expertos realizaron cuestionarios a 10 mil personas de las islas Orcadas, al norte de Escocia, Alemania, Croacia, Italia, Holanda y Estonia.

A cada una se le preguntó cuántas horas suelen dormir, así como los patrones de sueño en días laborables o de ocio, cuando se puede estar todo el tiempo deseado en la cama, en caso de que no existan otras obligaciones o vecinos inconscientes. También los científicos tomaron en consideración el consumo de medicamentos para conciliar el sueño y los turnos de trabajo. Además se tomaron muestras de sangre para determinar como se expresaba el gen.

Los resultados del estudio ponen en evidencia que la variante genética ABCC9 influye en el tiempo de descanso que tienen las personas. Aquellas con el gen activo necesitan dormir por lo menos ocho horas para sentirse bien, mientras que a otros es suficiente solo cuatro horas para comenzar las labores del día con mucha energía.

Resultados similares encontraron los investigadores escoceses y alemanes en experimentos adicionales con moscas de la fruta, modelos biológicos utilizados con frecuencia en estudios para determinar el comportamiento de un gen o grupo de genes que también se expresan en las personas. Como sucede en los humanos, hallaron que los insectos sin la variante genética dormían tres horas menos que sus congéneres con el ABCC9, que eran mucho más dormilones.

La necesidad de sueño varía de una persona a otra, puede asimismo estar influenciada por la edad, latitud, la estación y los ritmos cicardianos, conocidos como ritmos biológicos, que son oscilaciones de variables biológicas en períodos regulares de tiempo, explicaron los científicos en la publicación. Este nuevo conocimiento sobre la biología del sueño tiene implicaciones importantes en la salud, porque su calidad se encuentra relacionada con la hipertensión, la obesidad y las enfermedades cardiacas.

“Tanto dormir mucho como dormir muy poco están asociados a problemas de salud como hipertensión, obesidad y enfermedad del corazón. Tratar de entender la relación entre el sueño y estas enfermedades es un área muy importante”, indicó Jim Wilson, uno de los autores principales del estudio.

Hasta ahora han sido descubiertos una docena de genes vinculados a los patrones de sueño, y aunque los resultados de este trabajo son interesantes, los genes en este caso resultan irrelevantes a menos que se “aprenda a obedecerlos y nadie hace eso”, opinó el especialista en sueño, Neil Stanley, quien no participó en el estudio.

En base a los resultados de este estudio es posible recomendar entonces que si usted es de esas personas que se queda pegado a las sábanas con frecuencia, acuéstese mas temprano o deje programado el despertador para una hora antes de la que se suele levantar, así tendrá tiempo de estar más tiempo en la cama y hacer las cosas con calma para no tardar.

Consulta Médica: Hipersomnia, señal de un problema de salud

El tiempo necesario de sueño se modifica a lo largo de la vida y es específico para cada individuo. Incluso en un mismo sujeto la necesidad varía con la actividad física, estados emocionales, cambios hormonales, enfermedades que padece, entre otros factores. Aunque la mayoría de los adultos duerme entre 7 y 8 horas diarias, el espectro es amplio: desde 4 hasta 12 horas.

La hipersomnia, conocida como excesiva somnolencia diurna, se caracteriza por la dificultad para mantenerse despierto en cualquier circunstancia, aun en situaciones que requieren elevado nivel de alerta, indica la doctora Yaimí Rosales Mesa, especialista en Neurofisiología Clínica, quien se desempeña en el Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, de La Habana, Cuba.

Este síntoma adquiere particular importancia en la enfermedad denominada narcolepsia, entendida por ataques de sueño inesperados e irresistibles, como consecuencia de las alteraciones que produce en los mecanismos encargados de la vigilia; y, también, en el Síndrome de Apneas Obstructivas del Sueño (SAOS), en el cual la vía aérea superior (faringe) se obstruye en repetidas ocasiones mientras la persona duerme.

P. ¿La hipersomnia se puede producir por otras dolencias e incluso como efecto secundario de ciertos medicamentos?

R. Sí, puede ser consecuencia de enfermedades neurológicas, psiquiátricas, infecciosas, respiratorias o endocrino-metabólicas como el hipotiroidismo. Además es producida por el consumo de medicamentos (sedantes, antihistamínicos, relajantes musculares) y el uso o abstinencia de drogas.

P. De acuerdo con su experiencia clínica, ¿qué provoca la hipersomnia con más frecuencia en nuestro medio?

R. El insuficiente sueño voluntariamente inducido, que se produce cuando el ritmo de vida conduce a la privación del sueño. En la consulta especializada la primera causa es el SAOS.

P. ¿Se manifiesta por igual en el sexo masculino y el femenino y a cualquier edad?

R. El sexo y la edad en que se manifiesta dependen de la causa subyacente. Si está relacionado con el SAOS predomina en el hombre entre los 30 y 60 años, mientras que en la narcolepsia es común que comience en la adolescencia. Su incidencia es similar en ambos sexos.

P. ¿Podría referir qué otros trastornos acompañan a una persona con hipersomnia?

R. Son diversos y orientan hacia un diagnóstico en particular. Podemos citar como ejemplo el ronquido intenso e interrumpido por apneas obstructivas (pausas en las que el paciente continúa haciendo esfuerzos para respirar), típico del SAOS. Un segundo ejemplo: la aparición de cataplejía (pérdida brusca de la fuerza muscular ante emociones intensas) en el curso de la narcolepsia.

P. ¿Cómo saber con certeza que este síntoma responde a un trastorno real del sueño?

R. El diagnóstico se basa en el interrogatorio detallado al paciente y su acompañante, el examen físico, escalas en forma de cuestionarios que evalúan el grado de somnolencia, el registro diario de eventos relacionados con el dormir, y otros exámenes generales. Ante determinadas sospechas clínicas se realizan estudios en el laboratorio de sueño.

P. ¿Tiene tratamiento? En general, ¿cuál es el pronóstico de estos pacientes?

R. El tratamiento y el pronóstico van a ser específicos de la enfermedad causal. Se recomienda no dormir menos tiempo del necesario y evitar el empleo de medicamentos que producen somnolencia. De ahí que el pronóstico sea mejor en casos de sueño insuficiente o de fármacos que pueden ser retirados. Las opciones terapéuticas para el SAOS incluyen disminución del peso corporal, intervenciones quirúrgicas o dispositivos que impiden la obstrucción al paso de aire. Aunque para la narcolepsia no se dispone de cura, están indicados los estimulantes que aumentan el nivel de alerta y siestas breves varias veces al día.

Los trastornos del sueño no deben ser subestimados, como tampoco convertirse en motivo de burlas e incomprensiones. Son una señal de problemas de salud que afectan la calidad de vida, provocan accidentes y otras causas de muerte.

* Periodistas de Prensa Latina.