Al menos siete muertos y tres personas heridas es el saldo de una nueva masacre en Estados Unidos, esta vez protagonizada por un veterano de guerra y miembro de una organización racista. Cada vez hay más fanáticos de la supremacía racial blanca y aumentan los crímenes de odio, sobre todo en el norte y en el sureste del país. Varios policías están involucrados en una sucesión de asesinatos de jóvenes afroamericanos.

El veterano de guerra Wade Michael Page de 40 años ingresó el domingo a un templo Sikh en Oak Creek, Wisconsin, abrió fuego y mató a siete personas antes de ser abatido por patrulleros. La masacre ocurrió apenas 16 días después de que un joven desquiciado inició una balacera en un cine de Aurora, Colorado, asesinó a 12 personas e hirió a otras 58.

El autor de la masacre del templo de Wisconsin sirvió en el ejército estadounidense durante seis años, donde trabajó como especialista en operaciones psicológicas en las bases de Fort Bliss, Texas y Fort Bragg, Carolina del Norte, y fue expulsado de forma deshonrosa en octubre de 1998 por causas aún no reveladas, informó la cadena CBS.

La matanza de Milwaukee fue un caso de terrorismo doméstico perpetrado por un sujeto fanático de la supremacía racial blanca. Page era miembro de una organización racista, y tenía tatuada en su cuerpo una promesa de venganza por los ataques del 11 de septiembre de 2001, confirmó el Buró Federal de Investigaciones (FBI). (1)

Los Sikhs constituyen una religión monoteísta fundada en el siglo XV en la región india de Punjab. En Estados Unidos hay 314 mil seguidores de esta doctrina y muchos de ellos son confundidos con musulmanes, sobre todo después del 11 de septiembre de 2001. El presidente del Consejo Sikh sobre Religión y Educación, con sede en Washington, Rajwant Singh, aseguró que en Estados Unidos hay un alto nivel de ignorancia sobre esta doctrina y los confunden con seguidores de Osama Bin Laden y miembros de los talibanes de Afganistán, informó el diario USA Today.

Pesaroso e indignado, el gobierno de la India repudió el acto “violento y sin sentido” y lo calificó de particularmente doloroso por estar dirigido contra un lugar de devoción. El primer ministro Manmohan Singh, miembro de la comunidad sij india, envío su pésame a las familias de las víctimas y pidió a las autoridades estadounidenses que tomen medidas para evitar la repetición de ataques similares.

En Nueva Delhi y otras ciudades indias, miembros de la comunidad sij -son unos 25 millones en todo el país, sobre una población de mil 210 millones de personas- efectuaron marchas de repudio, incluida la quema de banderas de Estados Unidos. En Washington, directivos de la religión Sikh exigieron a la administración del presidente Barack Obama una exhaustiva investigación y anunciaron que enviarán un grupo de representantes a Washington para reunirse con el embajador indio con el fin de exigir la protección de sus fieles en el país.

El presidente Obama llamó al gobernador de Wisconsin Scott Walker, al alcalde de Oak Creek Steve Scaffidi, y al síndico del templo Charanjeet Singh para expresar sus condolencias y ofrecer ayuda federal si las investigaciones lo ameritan. La Policía de California aumentó el número de patrulleros asignados a los cuatro templos Sikh de la ciudad de Los Ángeles, tanto en el suburbio de la Alhambra como en la comunidad de Buena Park, en el Condado de Orange, reportó el diario La Opinión. (2)

Aumentan los crímenes de odio en EE.UU.

Según el foro Southern Poverty Law Center, que monitorea y estudia a los grupos de odio en Norteamérica desde hace 30 años, el número de agrupaciones racistas repuntó desde hace dos años, de 602 en 2010 a 1.274 en la actualidad. Algunas de las causas del fenómeno, localizado sobre todo en el norte y en el sureste del país, son la hostilidad blanca hacia el presidente Obama, los cambios raciales demográficos, la mayor brecha entre ricos y pobres, y el aumento de inmigrantes ilegales. (3)

Solo como ejemplo, el 8 de mayo fueron arrestados en Florida siete individuos por organizar un grupo racista con entrenamiento paramilitar, al cual pretendían denominar los Confederados Hammerskins (piel de martillo). Los jefes de la banda eran Marcus Faella, Patricia Faella y Mark McGowan, informó el tribunal del condado Orange-Osceola. (4)

También en mayo de este año la oficina del sheriff de Los Ángeles suspendió a siete oficiales acusados de integrar la pandilla Jump Out Boys, un grupo que promueve la agresividad, el uso de la fuerza y la utilización indiscriminada de armas de fuego. El periódico Los Ángeles Times explicó que el nombre de la organización proviene de las pandillas que describen lo rápido que los oficiales abandonan sus coches policíacos.

No es el primer caso de brutalidad policial en el Condado de Los Ángeles. En otro caso investigado tiempo atrás, un juez federal describió a un grupo ilegal denominado los Vikingos de Lynwood como una pandilla racista neo-nazi que había participado en enfrentamientos raciales. Además, en 2011 fueron despedidos seis oficiales del sistema penitenciario acusados de pertenecer a una pandilla conocida como “3000”.

Los crímenes interraciales aumentaron en Estados Unidos durante los últimos 30 años, con un costo para el Gobierno y la ciudadanía de 460 mil millones de dólares anuales. Los territorios norteamericanos más violentos son Louisiana, Tennessee, Nevada, Florida, Arizona, Missouri, Texas, Arkansas, South Carolina y Alabama.

Desde 1982 hasta la fecha los asesinatos de negros a manos de blancos se incrementaron 1,1%, y las incidencias en todas las combinaciones raciales subieron desde tres hasta 5%. Este panorama criminal y la pérdida de productividad derivada cuestan al contribuyente estadounidense un promedio de 3.200 dólares, según un estudio del grupo independiente Scripps Howard News Service, que revisó informes sobre más de medio millón de homicidios archivados por el FBI.

Las estadísticas de Scripps salieron a la luz en momentos de conmoción en la comunidad afroamericana por una sucesión de crímenes, interpretados como delitos con visos racistas. Todos estos incidentes registrados este año tuvieron un denominador común: involucraron actuaciones policiales malintencionadas, irresponsables, o imprecisas, en el mejor de los casos, describió el periodista Jorge V. Jaime, jefe de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

El 26 de febrero un vigilante asesinó a tiros al adolescente negro Trayvon Martín, en la ciudad de Sanford, Florida. A este acontecimiento se sumó la muerte de los jóvenes negros Rekia Boyd, en Chicago, y de Kendrec McDade, en Pasadena, ultimados a balazos en extraños enfrentamientos con la policía.

Martin fue victimado por el vigilante nocturno privado George Zimmerman de ascendencia hispana. El guardia de 28 años había argumentado que el muchacho lo persiguió, lo amenazó y finalmente lo golpeó en la cabeza y cara. Sin embargo, la cadena ABC News divulgó un video policial donde Zimmerman aparece completamente sano y sin moretones o huellas de pelea, minutos después de haber asesinado al joven negro en plena calle.

Los padres de la víctima dirigieron una demanda al Departamento de Justicia para que el organismo federal revise el comportamiento del fiscal estadual Norm Wolfinger, criticado por torpedear pesquisas relacionadas con el proceso. El asesinato de Martin desató protestas en grandes ciudades norteamericanas y denuncias públicas de personalidades como el ex candidato presidencial Jesse Jackson, el reverendo Al Sharpton, el cineasta Spike Lee y el congresista demócrata Bobby Rush. Las movilizaciones acontecieron luego de que el Departamento de Policía de Los Ángeles, California, reconoció por primera vez en 35 años la existencia de racismo entre sus oficiales. (5)

Cuando el asesinato del joven Martin aún resonaba en todo Estados Unidos, otro expediente judicial indignó a la comunidad afroamericana. A Howard Morgan, ex policía negro de Chicago, cuatro agentes blancos le dispararon 28 veces; sin embargo la justicia castigó a la víctima sentenciándola a 40 años de prisión.

En Chicago, el 21 de marzo perdió la vida la joven negra Rekia Boyd, luego de que un patrullero disparó contra un sujeto que conversaba a pocos metros de ella y que supuestamente esgrimió una pistola. Boyd recibió un proyectil directo en la cabeza, y otros transeúntes resultaron heridos, pero hasta ahora no se conoce el nombre del oficial que disparó 10 veces en el área de Douglas Park.

Tres días después, el 24 de marzo, fue acribillado a balazos en un callejón de la ciudad de Pasadena, California, el adolescente negro Kendrec McDade. Trascendió que los patrulleros acusados del asesinato Jeffrey Newlen y Mathew Griffin incumplieron ordenanzas elementales del Departamento Policial de Pasadena (DPP), y nunca activaron el sistema de grabación de video de sus carros en el proceso de detención de la víctima.

Otro múltiple asesinato de afroamericanos ocurrido a principios de abril en Oklahoma tensionó aún más el conflicto racial en Estados Unidos. Dos hombres blancos, Alvin Watts (32 años) y Jake England (19) asesinaron a balazos a tres negros y dejaron dos heridos en la comunidad de Tulsa. Voceros policiales explicaron que la única relación entre las víctimas era que paseaban o simplemente caminaban por un área pública en un radio de cinco kilómetros cerca de Tulsa.

Los asesinos trataban de vengar la muerte del padre de England, ocurrida hace dos años a manos de un hombre de raza negra. Según el portavoz de la policía Jason Willingham, en una nota publicada en Internet, England culpó, lleno de ira, a un hombre negro por la muerte de su padre e hizo comentarios racistas. Fiscales en Oklahoma los acusaron de homicidio en primer grado y hostigamiento malevolente.

El reverendo Warren Blakney, presidente de la Asociación Nacional por la Gente de Color, pidió a las autoridades actuar rápido y formalizar cargos contra los acusados en Tulsa. “Hemos visto ya demasiadas de estas situaciones durante las últimas semanas. Entre mi gente hay recelo, desconfianza, va a ser difícil controlar a mis hermanos que busquen justicia”, subrayó.

Nos hemos convertido en una nación desatinadamente violenta. Si un negro mata a un blanco, para el primero es la cárcel rápido. Si un blanco mata a un negro, entonces significa que es tiempo de revueltas, comentó el reverendo Jesse Jackson. El Nuevo Partido Panteras Negras fue más lejos y ofreció una recompensa de 10 mil dólares por la captura del asesino de Martin. El líder de la organización radical Mikhail Muhammad advirtió que este será “un evento de ojo por ojo y diente por diente, 10 mil negros se preparan para aprehender a Zimmerman. Si la policía no lo hace, lo haremos nosotros”.

Notas:

1. Entre marzo de 2010 y mediados del presente año, Page colocó 250 mensajes en un sitio en internet con el fin de reclutar adeptos y exhortar a sus partidarios a actuar de manera más decisiva en apoyo a su causa. Se auto describía como miembro del grupo Hammerskins Nation, con sede en Texas y ramas en Australia y Canadá, reveló el diario Usa Today.

2. Por si fuera poco, el fin de semana un incendio destruyó totalmente una mezquita de la Sociedad Islámica de Joplin, en el suroeste del estado de Missouri. Fue la segunda vez en menos de un mes que la mezquita se convirtió en pasto de las llamas, aunque no se lamentaron pérdidas humanas.

3. Los grupos de odio racial y étnico aumentaron en un 69% en los últimos 12 años y en la actualidad existen más de mil organizaciones de ese tipo en casi todos los estados de la Unión, aunque son más numerosas en Florida (55), California (84), Georgia (65), New Jersey (47) y Mississippi (41), informó el diario Usa Today.

4. Agentes del FBI detectaron que los Confederados Hammerskins habían establecido una especie de comando central en un rancho ubicado en el área rural de Holopaw, y recordaron que los Faella habían tenido problemas con la justicia en 1993, cuando lideraron la agrupación de cabezas rapadas Hammerskins.

5. Desde 1970 el DPLA recibió demandas contra un centenar de policías en la región californiana, pero hasta la fecha todos fueron absueltos luego de que fiscales alegaron que “no había manera de comprobar la veracidad de las denuncias”. Hace poco, una investigación interna encontró culpable al patrullero Patrick Smith, con 15 años de servicio, de aplicar un perfil racial a la hora de aplicar multas de tránsito. El caso de Los Ángeles no es el único y tendencias similares se registran en la policía motorizada de Connecticut, Milwaukee, y Wisconsin, entre otros territorios de Estados Unidos. Los conductores negros en Milwaukee son detenidos siete veces más que los blancos, mientras que a los latinos les imponen cinco veces más multas de tránsito que a los choferes anglosajones, según una indagación patrocinada por el diario Milwaukee Journal Sentinel.

Con información de las corresponsalías de Prensa Latina en Washington, Nueva Delhi y La Habana.