En 2011 el gobierno del Presidente Evo Morales ha promulgado la Ley 144 sobre la Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria, para que a corto plazo -disposiciones transitorias- se pueda garantizar la Seguridad Alimentaria de los bolivianos en base a 9 políticas orientadas a revolucionar la producción de alimentos básicos.

Aunque se afirma que esta Ley ha sido trabajada por varias instituciones, algunas como la Coordinadora de Integración de Organizaciones Campesinas de Bolivia (CIOEC), han hecho conocer sus reparos y han advertido que esta ley no garantizará la seguridad alimentaria (El Diario, Junio 2011) porque excluye a algunos actores que promueven el desarrollo productivo y solo apoya a los sindicatos campesinos, organizaciones sociales campesinas afines al gobierno.

Asimismo, la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) llama a la reflexión (La Razón, junio 2011) indicando que si bien esta ley es interesante, no contempla la solución de problemas apremiantes para dar seguridad a la producción de todo el sector agropecuario – empresas agropecuarias, pequeños y medianos productores y otros, que se ven amenazados por el avallasamiento de sus tierras, por la burocracia que impide la aprobación ágil de planes de desmontes, ordenamiento predial, quemas controladas y otros; así como los trámites de saneamiento y titulación de tierras.

Todos estos aspectos, según ANAPO, generan un ambiente de inseguridad para la inversión en la producción agropecuaria, por lo que convoca al gobierno a retomar el tratamiento de algunos temas contenidos en la Agenda Productiva tales como la seguridad jurídica, acceso a recursos financieros, liberación de exportaciones, infraestructura caminera, diversificación tecnológica, entre otros. De la misma manera (La Razón 3 de julio de 2011) se indica que pueden surgir algunos problemas entre las Organizaciones Económicas de Comunidades Campesinas y las Organizaciones Comunales.

A pesar de estas observaciones y sugerencias, La Ley 144 es muy importante para el país por los objetivos que se plantea, entre los que destaca el de paliar y solucionar la crisis alimentaria que afecta al país debido a varios factores:

Entre algunas causas del desabastecimiento temporal y espacial de algunos alimentos, está principalmente los efectos de los cambios climáticos que derivan en la disminución de las precipitaciones en los primeros meses de la época de lluvias e intensificación en los meses de enero, febrero y marzo. El incremento de las lluvias está incidiendo en el deterioro de los suelos de ladera por erosión hídrica y pérdida de su capacidad productiva (principalmente en las regiones áridas, semiáridas y sub húmedas secas del país); mientras que los aumentos de temperatura promedio pueden acelerar las tasas de mineralización de la materia orgánica, componente fundamental para la fertilidad física, química y biológica de los suelos, que ya en sí es baja en gran parte de las tierras de estas regiones. También estos aumentos de temperatura pueden acelerar, los procesos de salinización y/o alcalinización de los suelos en zonas planas y donde las precipitaciones (P) son menores a la evapotranspiración potencial (ETP), afectando aun más su productividad. Asimismo, los cambios climáticos favorecen el incremento de plagas y enfermedades de manera alarmante y, por consiguiente, provocan la pérdida de cosechas.

El aumento de la demanda y de los precios en el mercado internacional para algunos productos nacionales como la quinua, favorecen su exportación o contrabando, tornándose inaccesibles para gran parte de la población nacional.

La crisis de los hidrocarburos durante los años 2007 y 2008 -el precio del barril alcanzó cerca de los 145 $US- obligó a que muchos países de América y Europa inicien una serie de emprendimientos para buscar alternativas que remplacen a los derivados energéticos del petróleo. Para tal fin se comenzó a utilizar algunos productos agrícolas, que tienen alto contenido de carbohidratos (yuca, trigo, cebada, maíz, mijo, soya, sorgo y otros) para la obtención de los llamados agrocombustibles o biocombustibles, aspecto que incidió notablemente en el incremento de los precios a nivel mundial.

A estos problemas, se suman otros de carácter socioeconómico como la parcelación excesiva de la tierra, el incremento de la frontera agrícola, el aumento de la presión sobre la tierra por disminución de los periodos de descanso, monocultivo, etc., así como la pérdida de la visión del manejo integral de los recursos naturales por los comunarios y pobladores, la complejidad de las condiciones territoriales, sociales y culturales, los problemas de contaminación de los recursos hídricos en algunos sectores y otros, que hacen pensar que la implementación y el logro de las políticas plasmadas en esta importante ley no van a ser muy fáciles y rápidas.

Ante esta problemática, se requiere buscar soluciones. Uno de los caminos es hacerlo en base a investigaciones básicas y aplicadas, para lo cual es necesario y prioritario que el Instituto Nacional de Innovaciones Agropecuarias y Forestales (INIAF), creado durante el gobierno del Presidente Morales, retome el papel central de la investigación impulsada por el Estado que cumplía el Instituto Boliviano de Tecnología Agropecuaria (EX IBTA) antes de ser eliminado durante los gobiernos neoliberales.

Sin embargo, hasta el momento parece que el INIAF no está pudiendo cumplir a cabalidad su misión, visión y objetivos para apoyar la soberanía alimentaria y la revolución productiva por diversos motivos como un presupuesto insuficiente o nulo del TGN para la investigación, falta de continuidad e institucionalidad de los cargos jerárquicos y de los investigadores y técnicos de algunos programas, entre otros. En ese sentido, es necesario e imperante que el gobierno nacional fortalezca y apoye al INIAF en todos los aspectos de tal manera que la Revolución Productiva y Soberanía Alimentaria sean una realidad y fortalezcan y apoyen de manera efectiva la producción de alimentos sanos y nutritivos, sin perder de vista principalmente las cadenas productivas, la sostenibilidad y un manejo adecuado de nuestros recursos naturales (suelos, agua, praderas y bosques).

Las investigaciones del INIAF deben estar orientadas a resolver los problemas centrales que aquejan a la agricultura y pecuaria de las diferentes regiones del país y en base a las demandas que tienen los productores. Además, las propuestas de solución deben ser viables a nivel técnico, económico, social y ambiental, aprovechando las ventajas que tiene el país gracias a sus diferentes pisos ecológicos que le permiten ser un centro importante de diversidad genética de especies y variedades con alto potencial para la alimentación humana.

Si analizamos la situación agropecuaria en los países vecinos, veremos que la producción de alimentos es muy importante dentro de sus políticas para garantizar la demanda a nivel interno y para la exportación con valor agregado. Para tal efecto, estos países cuentan y apoyan adecuadamente a sus centros de investigación agropecuaria con el propósito de fomentar e impulsar el desarrollo agropecuario en base a la generación de tecnologías adecuadas, variedades resistentes a diferentes limitaciones, manejo sostenible de sus recursos naturales y otras demandas.

Los centros de investigación existentes en países como Brasil (EMBRAPA), Argentina (INTA) Chile y Perú (INIA), entre otros, han obtenido y siguen obteniendo resultados importantes para apoyar la producción de alimentos. Este apoyo esencial de los gobiernos a la investigación está justificando que la inversión a corto, mediano y largo plazo en investigación agropecuaria, que incluye salarios de investigadores, logística, equipamiento, capacitación de cuadros, etc., es muy importante y a la larga llega a ser rentable para el país, a condición de que los mismos sean manejados con independencia, responsabilidad y, principalmente, sin la injerencia política que aún es característica de nuestro país.

En los países vecinos, la investigación agropecuaria recibe un apoyo fundamental con fondos propios del tesoro general. De acuerdo a la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Interamericana e Iberoamerica (2006), los gastos totales para la ciencia, tecnología e investigación en el Brasil representan más del 1% del PIB (promedio entre los años 1990 a 2003), seguida por, Cuba , Chile, México y Argentina, mientras que según esta fuente en Bolivia no alcanza al 0,25 del PIB. Si bien, la intensidad de investigación total de Brasil es alta comparada con los niveles de América Latina, sigue siendo realmente insuficiente comparada con los niveles de países desarrollados como los Estados Unidos (2,55%) y Alemania (2,26 %).

Ante esta situación, preocupa que el gobierno no apoye con fondos del Tesoro, de manera más contundente, la Investigación Agropecuaria y Forestal y, al mismo tiempo, no impulse la institucionalización de los cargos de los investigadores y técnicos. Esta situación incierta no es aconsejable para una investigación seria, continua y efectiva que pueda aportar a mediano y largo plazo con soluciones reales a los problemas que aquejan al área rural. Depender de fondos internacionales, puede crear cierta dependencia y condicionamiento sobre el tipo y las prioridades en materia de investigaciones que se deben realizar a nivel nacional.

A ello se suma que algunos componentes imprescindibles para la producción agropecuaria agua, producción agrícola, tierras y otros- siguen atomizados en diferentes Ministerios o Viceministerios, sin posibilidades de una coordinación adecuada para dar respuestas ágiles a los problemas que se presentan durante la gestión agrícola, tales como plagas y enfermedades nuevas por los cambios climáticos, desastres naturales y otros problemas relacionados al mercado y la globalización. Asimismo, en la primera gestión del actual gobierno, se han eliminado áreas estratégicas del Ministerio de Agricultura como, por ejemplo, la Dirección de Suelos, que en el pasado impulsó importantes estudios de suelos en gran parte de las zonas con potencial agropecuario en el país.

En décadas anteriores, la investigación agropecuaria y desarrollo agrícola, ha funcionado gracias a un Sistema Nacional de Investigaciones que contaba con el apoyo gubernamental e internacional, y que ha permitido la obtención de importantes resultados y avances en temas como fitomejoramiento, ganadería, fertilización y otros. Lastimosamente también se han tenido experiencias negativas, debido a que los temas de investigación en algunos casos han sido muy puntuales y verticales, situación que no ha permitido la participación directa de los agricultores y por lo tanto los resultados obtenidos no han sido adoptados, porque estos eran poco aplicables a la realidad de los agricultores u otros factores.

Por otro lado, la politización de los cargos de dirección en el EX IBTA y cambios constantes de sus directores durante la década del 2000, han provocado la falta de políticas y estrategias claras o han sido muy cambiantes, favoreciendo la destrucción completa del mencionado sistema de investigación, disminuyendo drásticamente el apoyo gubernamental a la investigación agropecuaria (salarios, infraestructura, insumos, equipos, etc.), y provocando el desbande de los profesionales -muchos de ellos capacitados en universidades del exterior- así como la perdida de material genético, germoplasma, resultados de investigación y otros. El abandono por parte tanto del gobierno nacional como de las prefecturas ha llegado a tal nivel que algunas estaciones de investigación del Estado han sido desmanteladas y saqueadas por los propios pobladores y campesinos.

En ese sentido, es necesario recalcar que para que este Instituto cumpla con sus objetivos, visión y misión y apoye realmente a la producción agropecuaria, debe tener un carácter descentralizado e independiente a nivel financiero, además debe contar con recursos suficientes y continuos del Estado, tanto para salarios, insumos, equipos e infraestructura, sin condicionamientos de ninguna naturaleza. Asimismo, es imperante la institucionalización de los cargos jerárquicos y de los investigadores y otros, condición fundamental para la continuidad de la investigación a corto, mediano y largo plazo. La no injerencia política en la designación de cargos debería ser uno de los requisitos para que la investigación funcione adecuadamente y sea el componente esencial para apoyar a la mencionada Revolución Productiva, generando tecnología adecuada, variedades resistentes a los cambios climáticos, manejo de suelos, plagas y enfermedades, maquinaria agrícola y aperos de labranza, adecuados a los diferentes tipos de suelos, clima y cultivo, ganadería, forrajes y manejo de praderas, sistemas agroforestales, riego, etc.

Por otro lado, es importante que el Viceministerio de Ciencia y Tecnología, creado con el propósito de diseñar políticas que promuevan e incentiven la ciencia y tecnología para fortalecer los sectores productivos y desarrollar mecanismos de articulación y concertación entre el sector generador de conocimientos y el sector demandante de ciencia y tecnología, cuente con los medios y la continuidad necesaria. Este viceministerio, en coordinación con otras entidades públicas y privadas, ha promovido la creación de Redes Nacionales de Investigación en diversos sectores, por ejemplo, Biodiversidad, Bosques, Alimentos, Remediación Ambiental, Recursos Hídricos, Energías, Saberes de los Pueblos, para generar sinergias y maximizar los esfuerzos en materia de investigación que, sin embargo, necesitan continuidad y apoyo financiero.

Si bien el Viceministerio de Ciencia y Tecnología está impulsando la formulación del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, como un instrumento de planificación y orientador de la investigación, su propuesta, aún está siendo revisada y ajustada. Por otro lado, para apoyar la revolución productiva y la soberanía alimentaria es imperante que la Ley de Suelos y la Ley de Aguas sean aprobadas previa revisión y consenso con todos los actores involucrados en las diferentes regiones del país.

Es importante no perder de vista que debido a que entre los problemas centrales en el occidente del país (Altiplano y Bloque Oriental) están, por un lado, la degradación de suelos (erosión, salinización alcalinización y, por otro, la contaminación de suelos y de los recursos hídricos superficiales y subterráneos, se puede poner en riesgo una producción agrícola y pecuaria estable y también en algunos casos afectar la calidad de los productos alimenticios. También es necesario, retomar y actualizar todo lo realizado en gestiones pasadas sobre la Lucha contra la Desertificación y Degradación de los Recursos Naturales. También el mencionado Instituto de Investigaciones, no debería dejar a un lado temas como la diversidad genética, bancos de germoplasma, sanidad, calidad en inocuidad de los alimentos, etc.

Por otro lado, la misión de este Instituto de Investigaciones debería ser el de crear, captar, adaptar y transferir conocimiento científico y tecnológico, para desarrollar un activo papel en el desarrollo agropecuario del país.

Asimismo, una de las trabas para una investigación agropecuaria efectiva y seria es que la gestión administrativa se rige por el calendario oficial y no por el calendario agrícola. En ese sentido, para lograr una mayor eficiencia sería importante que para las investigaciones y proyectos agropecuarios la gestión administrativa se adecúe al calendario agronómico y de esta manera no se tenga problemas con la asignación fluida de fondos, especialmente durante los meses de mayor actividad (noviembre a abril), periodo en el que generalmente todo el manejo administrativo del Estado está semiparalizado.

Dado que uno de los objetivos de este Instituto es apoyar la producción de alimentos suficientes y sanos de manera competitiva, una de las políticas está orientada a fortalecer y apoyar el riego debido al déficit hídrico que el país soporta en gran parte del año, (especialmente en el occidente y sur del país). En ese sentido, es muy importante considerar la contaminación que sufren nuestros recursos hídricos con metales pesados en varias regiones del país, tanto de manera natural como debido a la actividad minera y otras.

El INIAF debiera centrar su investigación aplicada inicialmente en áreas y cultivos de prioridad nacional en coordinación con universidades, fundaciones y otras, complementando y coordinando la investigación básica con otras entidades. Es también importante, recuperar los estudios de suelos realizados en décadas pasadas, actualizarlos y complementarlos a nivel más detallado para los fines de la mencionada ley.

La consolidación del INIAF constituye una oportunidad para desarrollar un nuevo modelo institucional con el objetivo de apoyar el replanteo de las prioridades de investigación y encauzarlas hacia las necesidades reales de los agricultores, asociaciones y otros y, en esta perspectiva, debe estar asesorado y dirigido por una Junta Directiva, un Directorio Nacional o algo parecido.

Este Directorio o Junta del INIAF como entidad coordinadora de todas las actividades de investigación agropecuaria y forestal pública en Bolivia, debería introducir un conjunto de directrices institucionales y de gestión, como se realiza en otros países entre las que se deberían destacar:

Establecer e instaurar la selección del(os) Directores del INIAF y Estaciones o Centros de Investigación por medio de un proceso nacional de selección pública y no por designación del gobierno, de la misma manera los cargos de los investigadores.Definir un conjunto de políticas, nuevas e integradas, para la comunicación, investigación y desarrollo y, transferencia de tecnologíaEstablecer un sistema moderno de comunicación vía satelital para las unidades del INIAF y otros.Fortalecer la colaboración internacional en Investigación y Desarrollo Agropecuario, mediante la articulación con centros y agencias internacionales de investigación y desarrollo de otros países.Establecer una política agresiva de actualización, capacitación, redistribución del personal técnico de investigación.

El INIAF debería estar también inmerso en un proceso de cambio para responder al entorno dinámico de nuestra sociedad, participando en las trasformaciones del área y realizando para este fin los ajustes necesarios, considerando no solo la situación nacional sino también la internacional y aspectos tales como la liberación comercial, cambios en los estilos de vida, patrones de consumo y estructura de mercado; así como la toma de conciencia en el uso racional de los recursos naturales. Por estas razones, la investigación agropecuaria debe responder a las nuevas exigencias ambientales y, al mismo tiempo, ajustarse a una mayor demanda de alimentos de buena calidad y si es posible con valor agregado, buscando la conservación de los recursos naturales para mejorar la competitividad y sostenibilidad de las tecnologías generadas.

No debería olvidarse, la determinación de las áreas potencialmente aptas para el desarrollo de, por ejemplo, las distintas especies frutícolas en el país (Valles y Amazonia principalmente). Es de fundamental importancia, establecer un marco referencial para una adecuada distribución en el territorio nacional de las diferentes especies potenciales para el mercado nacional e internacional y, por ende, servir de orientación a las políticas de investigación y fomento del sector agropecuario, sin olvidar que uno de los desafíos principales de la investigación es mejorar la productividad de los pequeños productores, determinando el impacto tanto de las nuevas tecnologías como de las tradicionales.

Es importante que la investigación en el ámbito agrícola y pecuario trabaje intensamente en el mejoramiento genético convencional, para buscar variedades que se adecúen a los cambios derivados del incremento de temperaturas, sequias, salinización de suelos y mayor incidencia de plagas y enfermedades y así garantizar la productividad y calidad de la producción de alimentos, para no depender de las transnacionales ni estar expuestos al consumo de alimentos transgénicos u Organismos Genéticamente Modificados (OGM), como ha ocurrido en algunos países.

Asimismo, el manejo integral de plagas y enfermedades y la protección vegetal en los diferentes pisos ecológicos y cultivos, son otros temas importantes. Al ser nuestro país uno de los centros más importantes de biodiversidad del mundo se debe trabajar en la protección de nuestras variedades de tubérculos, raíces, granos y otros para crear nuevas variedades adecuadas a los cambios actuales y conocer con mayor profundidad sus cualidades nutritivas y alimenticias.

El medio ambiente y su sustentabilidad, deber ser tomado muy en cuenta en la producción agrícola a corto, mediano y largo plazo debido a los problemas de contaminación que se están registrando en algunas zonas del país, para que la intensificación de los procesos productivos no alteren los recursos naturales ni la biodiversidad.

Entre otros temas, hay que introducir los temas relativos a la agroindustria, debido a que los mercados en los que participa el país exigen productos agroindustriales que requieren materias primas de alta calidad y procesos agrícolas de gran productividad.

Si bien la Ley de la Revolución Productiva, también pretende impulsar el acceso a la mecanización del agro, es importante considerar y analizar esta situación con una mayor cantidad de elementos. Por ejemplo, ante los interesantes precios y la alta demanda del grano de quinua en el mercado internacional, en los últimos años se ha intensificado su cultivo en el Altiplano Sur con el uso de maquinaria agrícola (tractores) e implementos como el arado de discos y otros. A pesar de que la mecanización agrícola aliviana y facilita las labores de campo, su uso inadecuado y excesivo, puede favorecer el deterioro de suelos frágiles a nivel de sus propiedades físicas, químicas y biológicas, hasta el punto de provocar la erosión de los suelos tal como sucede en el Altiplano sur y otras zonas.

Para este efecto, sería muy necesario impulsar la capacitación de los productores en el uso adecuado de los mismos y, asimismo, contar en el INIAF con un departamento técnico de investigación para estudiar todo lo relativo a aperos de labranza y equipos adecuados a las condiciones locales (tipos de suelo, clima y cultivo). Actualmente a nivel mundial existe una tendencia a disminuir el uso excesivo de la maquinaria agrícola -labranza convencional- y más bien trabajar en lo que se denomina labranza conservacionista que tiene el propósito de alterar el suelo lo menos posible (especialmente en zonas secas) y así evitar su deterioro.

La ampliación de la frontera agrícola, con ayuda de la mecanización en el Altiplano, esta también alterando sus frágiles ecosistemas, provocando la pérdida de la biodiversidad o desequilibrios entre las áreas dedicadas al cultivo y la ganadería, las mismas que en los sistemas tradicionales, eran manejadas de manera equilibrada y racional. Se están debilitando y, en algunos casos desapareciendo, las prácticas de manejo del espacio comunal de manera integral.

Es también preocupante la ampliación de la frontera agrícola, con ayuda de la tala y quema, para el cultivo de la coca en las zonas de Los Yungas, debido a que –entre otros impactos- está provocando cambios importantes en el comportamiento hidrológico de las cuencas. En ese sentido, todos los municipios del país deberían contar con normas claras para el Ordenamiento Territorial de sus espacios geográficos y con el propósito de conocer las cualidades y limitaciones de sus suelos y sus otros recursos y determinar y planificar pautas para su uso sostenible. Asimismo, es necesario fortalecer a las organizaciones productivas y trabajar en la implementación, adecuación o mejora de las normas y reglamentos a nivel comunal para el uso adecuado de sus recursos.

Las investigaciones a ser llevadas a cabo en el futuro, deberían ser realizadas por equipos multidisciplinarios, conformados por investigadores y técnicos capaces, pero también comprometidos con sus regiones y el país, y seleccionados con criterios de excelencia, ética y otros aspectos que garanticen la obtención de resultados que ayuden a resolver los problemas del agro. Desde la identificación de los problemas hasta la realización de las investigaciones deben ser compartidas desde su inicio con los propios agricultores y comunidades rurales, en razón de que sus criterios y percepciones sobre el manejo tradicional de los recursos y sus variedades, son el resultado de la acumulación ancestral de conocimientos.

El INIAF todavía está en fase de mejoramiento y complementación, no debe ser concebido con la visión del antiguo ex IBTA, sino como un centro muy amplio, donde las investigaciones se realicen de manera directa con los agricultores y en sus parcelas, convirtiendo sus predios en lugares de validación de prácticas contrastadas con el manejo propio de los agricultores, sitios demostrativos para los pobladores de las comunidades aledañas, de tal manera que los resultados obtenidos puedan ser a la larga adoptados por éstos bajo un seguimiento y monitoreo adecuados.

Por otro lado, se debe contar con subestaciones en las diferentes zonas del Altiplano, Valles, Chaco y Oriente del país, para trabajar bajo condiciones de suelos, clima, cultivos y condiciones socioeconómicas y culturales diferentes.

Toda esta propuesta de investigación, es de suma importancia si se considera que la población mundial se volverá a duplicar en 40 años y dado que la producción de alimentos, productos y sus derivados guarda cierta relación con este cambio, la demanda de alimentos también se duplicará en ese lapso de tiempo.

Por los factores arriba mencionados o por falta de una planificación adecuada para su uso sostenible, en Bolivia, las tierras productivas son cada vez sean más escazas y pobres. Ante esta situación, la investigación aplicada e integral en el campo de la agricultura, ganadería y otros, de manera seria y continua permitiría la generación y aplicación de conocimientos para los múltiples problemas que aquejan al agro sin perder la visión de nuevas oportunidades -valor agregado a la producción primaria, cadenas productivas, aprovechamiento del potencial nutritivo y cualidades especificas de nuestras diferentes variedades y especies que se tiene en el Altiplano, Valles y el trópico.

* Ingeniero agrónomo, Ph.D., docente Investigador de la UMSA, vicepresidente de la SBCS. Mis agradecimientos a la Lic. Zulema Alanes B, Ingenieros Diego Coca, Isidro Calisaya y Alejandro Valdivia por sus comentarios y sugerencias.