Afirmamos que en Bolivia actual no existe un Estado plurinacional del que hablan los gobernantes y sobre todo el Vicepresidente. Consideramos, asimismo, que es imposible un nuevo Estado sin que haya sido destruido el viejo [1] (burgués, dependiente y atrasado).

Anotamos que aquí no fue destruido el viejo Estado porque las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana —organismos represivos para someter a los opositores— siguen sin reformas que es lo menos que se esperaba ¿y se espera? Reformas que, en la práctica, no han ocurrido por lo que sostenemos, además, que cuando el Presidente definió al ejército como anticolonial y antiimperialista expresó deseos, en el mejor de los casos. Asimismo, el momento en el que un ex comandante del Colegio Militar “Gualberto Villarroel” dijo que la institución castrense es antiimperialista y socialista, pretendió desinformarnos y, probablemente, asegurar su continuación en el mando de ese instituto. La burocracia gubernamental ha sido cambiada en parte, pero no demuestra que sea eficiente o al menos eficaz.

Tenemos, pues, definiciones de lo que se espera sea un Estado plurinacional. Sin embargo, quizá se alegue que existen las bases materiales y espirituales: económicas, sociales, ideológicas, políticas y culturales para constituir ese Estado, lo que es aceptable.

Sobre ese Estado el Vicepresidente anotó:

“De un lado está el Estado con carácter popular y progresista y al frente están los medios enfrentados al Estado y al Gobierno. Entonces, si el Estado asume actitudes cada vez más progresistas, los medios privados con vinculación política-conservadora aparecen con actitudes cada vez más contrarrevolucionarias, incluso golpistas”.

Para los que compartimos este espacio periodístico un Estado popular y progresista debe defender los intereses del pueblo y, por tanto, esa maquinaria de dominación debe ser “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” y los cambios que promueva deben ser avanzados. En tanto que la fuerza motriz de esos cambios tiene que ser el pueblo[2] en todos los campos: social, nacional, económica, cultural, ideológica y política.

El Estado boliviano, o más propiamente la actual fase estatal, y con mayor precisión aún, el gobierno de Juan Evo Morales Ayma es de los medianos propietarios (cocaleros, colonizadores, cooperativistas mineros, propietarios del transporte, comerciantes) en alianza con empresarios criollos y transnacionales. Un gobierno que genera las condiciones para que los banqueros ganen 191,1 millones de dólares en el primer semestre del año que corre, según los diarios paceños La Razón (24-VII-12) y Página Siete (de la misma fecha), entre otros.

Si las medidas del actual gobierno boliviano fueran cada vez más progresistas con seguridad de que el imperialismo y los afectados internos, ante esas medidas, organizarían la oposición más resuelta e incluso conspirarían y quizá articularían un golpe de Estado. Aunque sobre el riesgo de tal golpe, en este momento, hace semanas dijimos que la denuncia de golpe fue, básicamente, para generar apoyo al gobierno y al Presidente.

En cuanto a los medios de difusión el segundo mandatario, en la citada reunión con periodistas, del país agregó:

“Hoy lo que caracteriza al sistema de información en Bolivia es el sistema estatal de radio, televisión y periódico; y los sistemas privados, algunos con una lógica empresarial de acumulación del dinero y otros estrictamente políticos, es decir, que son capaces incluso de perder dinero con tal de mantener la audiencia; la frecuencia de la red para influir políticamente en temáticas antigubernamentales, difundir y ser sujetos de carácter político de sectores antigubernamentales”

Acotó que los medios tienen como método la “manipulación descarada” y que incurren en la “histerización” de la noticia.

Para nosotros, reiteramos lo dicho en “De sábado a sábado 204”, la mayoría de los medios de difusión en Bolivia, todos los días, censuran, se autocensuran, dicen medias verdades, manipulan y matan a la verdad o lo intentan. Yapamos que esos medios publican o dejan de publicar una noticia según las leyes de la oferta y de la demanda vigentes en el mercado, es decir, para ellos la noticia es una mercancía como el dólar.

Lo que no ha dicho el Vicepresidente es que su gobierno ha comprado cuando menos tres medios de difusión en La Paz, con palos blancos que quizá un día queden al descubierto. Además, el acuerdo con los empresarios criollos y transnacionales con los gobernantes compromete a los medios señalados por lo que varios de éstos ahora son menos “agresivos” con la gestión gubernamental o callan los elementos que consideran lastimarían a los inquilinos del Palacio Quemado.

Los medios de difusión, desde que aparece el primer periódico en Amberes (Bélgica), cumplen tareas ideológicas y políticas, es decir, difunden ideas por los cambios o contra éstos y, asimismo, respaldan o combaten una propuesta política. No hay medios de difusión neutrales. Incluso cuando asumen un comportamiento aparentemente neutral tratan de favorecer a una determinada política o propagan alguna idea. Por acción o por omisión los medios cumplen la misión para la que se organizan. También hacen negocios o dejan de ganar temporalmente.

Quizá la idea que sobresale en el discurso vicepresidencial es la que resume el diario Cambio (LP-20-VII-12). Citamos:

“La defensa del Estado, como articulador de los cambios en la sociedad, fue el corolario de la amplia explicación que hizo García Linera acerca de las transformaciones que se ha experimentado en los últimos años en Bolivia”

Ese funcionario público, en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el momento de posesión del actual Defensor del Pueblo, pidió a éste que defienda al Estado, como no se lo hizo —según él— cuando se alzó la derecha en la llamada media luna contra el gobierno y se intentó allí lo que desde la trinchera oficialista se definió como un intento de golpe civil. La Constitución Política y la Ley del Defensor del Pueblo disponen que ese funcionario público defienda a los ciudadanos respecto de los abusos del Estado. La defensa de éste por el Defensor del Pueblo es de la cosecha del Vicepresidente, por tanto, una falacia.

García Linera, como salida a la situación catastrófica que describió sobre la actividad de los medios, propuso la democratización de la información, la autorregulación y el ingreso de la sociedad civil a esos medios y la organización de medios comunitarios.

Los trabajadores de los medios en Bolivia y en el mundo luchamos hace años por la democratización de la información y de la comunicación (de la opinión y de la interpretación adicionamos nosotros). La autorrelación, combinada con las normas existentes (que por ahora bastan) es algo que periodistas y comunicadores, que postulamos un nuevo periodismo como posible, buscamos materializar cotidianamente. Y los más avanzados de este oficio tratamos de que el “pueblo irrumpa” en la noticia, a lo que se opone la mayoría de los medios de difusión.

La defensa del Estado por la sociedad civil es un nuevo llamado a que el pueblo boliviano defienda a Evo Morales y le ayude en una tercera elección suya.

Al Vicepresidente, desde esta columna, le vamos a creer cuando en los medios estatales y/o gubernamentales de Bolivia haya algo de lo que propuso en la reunión mencionada. Es decir, cuando en ellos se democratice la información, la comunicación, la opinión y la interpretación. Más aún, tras que en esos medios haya autorregulación y se apliquen las normas bolivianas (como la organización de sindicatos), el momento en el que, además de los llunkus del Presidente, en esos medios, opinen los que tienen criterios discrepantes con los oficialistas.

Que los gobernantes empiecen la caridad por casa. Caridad de la que hablan y practican poco los de Eklesía, iglesia evangélica, una de las aliadas de los gobernantes.

Notas:

1. Cualquiera sea la forma con que se encubra una república, por democrática que sea, si es una república burguesa, si conserva la propiedad privada de la tierra, de las fábricas, si el capital privado mantiene a toda la sociedad en la esclavitud asalariada, es decir, si la república no lleva a la práctica lo que se proclama en el programa de nuestro partido y en la Constitución soviética, entonces ese Estado es una máquina para que unos repriman a otros. Y debemos poner esta máquina en manos de la clase que habrá de derrocar el poder del capital. Debemos rechazar todos los viejos prejuicios acerca de que el Estado significa la igualdad universal; pues esto es un fraude: mientras exista explotación no podrá existir igualdad. El terrateniente no puede ser igual al obrero, ni el hombre hambriento igual al saciado. La máquina, llamada Estado, y ante la que los hombres se inclinaban con supersticiosa veneración, porque creían en el viejo cuento de que significa el Poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza y afirma: es una mentira burguesa. Nosotros hemos arrancado a los capitalistas esta máquina y nos hemos apoderado de ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote, para liquidar toda explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del mundo, cuando ya no haya propietarios de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya una situación en la que unos están saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya desaparecido por completo la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura. Entonces no existirá Estado ni explotación. Tal es el punto de vista de nuestro partido comunista. Espero que volveremos a este tema en futuras conferencias, volveremos a él una y otra vez. (De: Lenin. Acerca del Estado, conferencia en la Universidad Comunista I.M. Sverdlov, segundo semestre de 1919).

2. Cuando hablamos de pueblo —dice Fidel Castro—no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la nación, a los que viene bien cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postrándose ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo. Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre. La primera condición de la sinceridad y de la buena fe en un propósito, es hacer precisamente lo que nadie hace, es decir, hablar con entera claridad y sin miedo. Los demagogos y los políticos de profesión quieren obrar el milagro de estar bien en todo y con todos, engañando necesariamente a todos en todo. Los revolucionarios han de proclamar sus ideas valientemente, definir sus principios y expresar sus intenciones para que nadie se engañe, ni amigos ni enemigos. (En: Fidel Castro. La Revolución Cubana 1953/1962, selección y notas de Adolfo Sánchez Rebolledo, El hombre y su tiempo, Ediciones era, quinta reimpresión, México, 1988).

* Periodista editor de http://www.semanarioaqui.com